Recuerdo. 3/3
Tercera parte de cómo usé las nalguitas de una niña para mi placer..
Traté de preguntárselo lo más natural posible, aunque en realidad estaba de chismoso, el maldito morbo me ganó (al igual que ustedes y sé que también quieren saber más, por eso están leyendo mi historia jajaja).
—Entonces ¿qué es lo que tú hermano hace con su novia?
Trató de contener una risa.
—No le vayas a decir a nadie por que no se puede enterar que yo lo ví ¿eh? —me dijo bajito, como si fuera un gran secreto.
Le dije que no se preocupara, yo no le diría nada a nadie.
—Bueno.
Mi hermano y su novia se suben a la azotea de mi casa cuando no están mis papás y se meten a unos cuartitos que están construyendo.
Ahí se besan y él la toca en todas partes.
—¿Y qué más hacen? —le pregunté todo intrigado y esa pregunta fue suficiente para que me contara bastante.
—Pues los dos se tocan.
Primero empiezan a besarse y luego él le agarra las pompas y ella le agarra su pilin y empieza a mover la mano y a veces se lo mete a la boca.
Cuando ella hace todo eso, él hace muchos ruidos, cómo los que tú hiciste ahorita.
Y también hacen lo mismo que hicimos nosotros, pero otras veces él le mete el pilin en la «conchita» así le dice él; lo he escuchado —mientras me contaba todo eso, sonreía nerviosa.
Yo me estaba excitando otra vez.
Esa niña había visto cómo su hermano se agasajaba con otra morra y me lo estaba contando a mí.
—¿Y tú cómo sabes todo eso? —terminé preguntándole.
—Porque los he visto.
Ellos se suben y me dejan en la sala viendo la tele, pero me espero un rato y luego subo despacito para no hacer ruido, me escondo detrás de una de las paredes y desde ahí me asomo.
—¿Y qué más hacen? —seguí preguntando.
El morbo me carcomía.
Afortunadamente ella siguió respondiendo.
—Pues a veces él la pone como perrito y se pone atrás de ella y otras veces él se acuesta en el suelo y ella se pone arriba y brinca como si estuviera montando un caballo.
Ella también hace muchos ruidos.
Ahí tuve claro que no era tan inocente como yo creía, aunque no supiera exactamente qué estaban haciendo.
Quería que ella siguiera contándome más, pero cuando estaba por preguntar más cosas nuestras tías salieron y nos dijeron bromeando que no estuviéramos de chismosos.
Volteamos a verlas y yo les dije que estábamos hablando de fantasmas y brujas ya que en un par de ocasiones se han visto bolas de fuego en el cerro y toda la colonia sabe eso.
Ella me siguió la corriente sin dudarlo.
—Ven a despedirte —le dijo Estela.
Ella obedeció, se despidió de mi tía y luego de mí.
Me dió un beso que se sintió dulce y discretamente me lanzó una mirada cómplice.
Ahí estuve completamente seguro de que la complicidad era real y que no debía preocuparme por que ella le dijera a alguien lo que había pasado.
Se fue y nunca más la volví a ver.
De hecho nunca supe su nombre.
A pesar de que ya han pasado varios años, aún lo tengo muy presente, incluso al escribir esto pude recordar el rico rebote de sus nalgas contra mí.
Además fué la primera vez que me vine, nervioso y todo pero fue restregándome contra unas nalguitas redonditas.
Nalguitas que por cierto me costaron $20 pesotes jajaja.
Y también me dí cuenta de que estuve bien wey, le hubiera bajado los calzones, aunque me cobrara más jajajaja.
Aunque quién sabe si hubiera querido.
Espero que les haya gustado mi historia.
Saludos.


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