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Fetichismo, Gays, Travestis / Transexuales

Secreto de clóset: La novia que Santiago necesitaba. (Parte 1)

Era Alejandro: serio y reservado. Santiago, mi mejor amigo, estaba deprimido por el rechazo. Para animarlo, crucé una línea usando el uniforme de mi hermana. Lo que empezó como un juego en mi cuarto, cambió nuestras vidas para siempre..

​Mi nombre es Alejandro, actualmente tengo 31 años y vivo en Monterrey, México. Pero está historia sucedió cuando estaba pasando de secundaria a preparatoria a los 15 años.

Yo siempre he sido un tipo serio, reservado, de esos que prefieren observar antes de hablar. Físicamente soy alto, bastante delgado y de facciones estilizadas. Santiago, en cambio, era mi completo opuesto: alto, de complexión fornida por el ejercicio, y con un carácter animado y protector que le caía bien a todo el mundo. Éramos mejores amigos desde kinder.

​Todo comenzó cuando lo rechazaron por segunda vez consecutiva. Se le había declarado a una niña de otro salon y le dijeron que no. Estaba devastado. Aunque yo no soy de demostrar emociones, verlo tan apagado me calaba en el fondo. El problema era su forma de desahogarse; tenía una visión sumamente inocente del romance y se la pasaba repitiendo que solo quería una novia para tomarla de la mano y besarla. Todos los días era la misma queja al salir de la preparatoria, y mi paciencia empezó a agotarse.

​Una noche, navegando en modo incógnito por puro aburrimiento, me topé con videos de hombres transformándose en mujeres. La curiosidad me atrapó, pero luego sentí un chispazo de excitación que me descolocó. Ahí, en la intimidad de mi computadora, una idea absurda y arriesgada empezó a tomar forma en mi mente.

​Santiago llegó a mi casa a jugar Xbox. El ambiente en mi cuarto era el mismo de siempre: el sonido de los videojuegos de fondo y él quejándose en el colchón. Aunque yo lo apoyaba de verdad, me harté del drama. Ese era su único tema de conversación cuando estábamos juntos, y después de días de escucharlo, empecé a cansarme de la misma queja. Me puse de pie con mi típica cara inexpresiva y le dije que ya volvía.

​Caminé en silencio al cuarto de mi hermana, dos años mayor que yo. Sabiendo que no estaba, abrí su cesto de ropa sucia. Saqué unas bragas rosas, su falda y playera del uniforme escolar, y las calcetas blancas altas. Me cambié rápido ahí mismo. Al verme en el espejo, me quedé helado. Mi cuerpo, largo y lampiño, encajaba perfectamente; si no miraba mi rostro, parecía el de una mujer real. La falda me quedaba bastante corta, mostrando mucha pierna. Me quedé unos segundos pensando en la locura que estaba por cometer, pero me tragué los nervios: “Estoy harto”, pensé.

​Regresé a mi cuarto y abrí la puerta.

​Santiago se volteó y se quedó congelado. Su naturaleza animada ganó y soltó una carcajada limpia.

​—¿Por qué estás vestido así, Alejandro? —me preguntó, riéndose. Casi burlándose.

​El orgullo me dio un vuelco. Me sentí increíblemente expuesto, como si se estuviera burlando de mi esfuerzo. Me puse rojo de la vergüenza, pero contuve la humillación detrás de mi máscara seria y ataqué a la defensiva:

​—Estoy harto de escucharte llorar porque siempre te rechazan y que quieres a alguien para abrazar y besar. Así que yo voy a ser tu novia para que ya te calles.

​Me senté a su lado en la cama, dándole la espalda de golpe, mirando hacia la pared.

​El silencio que siguió fue sepulcral. Las risas de Santiago se apagaron poco a poco. Pasaron los minutos y el peso de estar en ropa de mujer frente a mi mejor amigo me hacía querer desaparecer. De pronto, sentí el roce de su mano. Santiago, con una delicadeza que no le conocía, buscó mis dedos y me tomó de la mano con suavidad. No me soltó. Estar así, tomados de la mano sin decir nada, congelados en la cama, fue una tensión insoportable e incómoda.

​Después de lo que pareció una eternidad, su voz rompió el silencio con una ternura profunda:

​—Gracias… —susurró, pegándose un poco más a mí—. Te queda bien el uniforme. ¿Es de tu hermana?

​—Sí —contesté seco, con las mejillas ardiendo.

​Él, intentando recuperar su tono juguetón pero con los ojos fijos en mí, soltó:

​—¿Entonces vas a ser mi novia?

​—Si eso hace que dejes de quejarte… sí —le respondí, todavía a la defensiva.

​—También dije que quería una novia para besarla —añadió Santiago, perdiendo la broma en la voz.

​—No, eso no —dije de inmediato, mirándolo de reojo.

​Pero Santiago insistió. Su tono amoroso y suplicante terminó por doblar mi rigidez. Cedí. Me volteé despacio y nuestras miradas chocaron. Nos acercamos con el pulso a mil por hora hasta que nuestros labios se juntaron. Fue un beso torpe, áspero, el primero para ambos. Nos volvimos a buscar, esta vez con más fuerza, y sus manos bajaron a mis piernas desnudas.

​Cuando sentí su palma subir por mi muslo y tocar el borde de la falda, el instinto me hizo ponerle una mano en el pecho para frenarlo. Mi mirada seria regresó.

​—No… ¿Qué haces? —le reclamé—. Dijiste que querías una novia para agarrarse de las manos y besarse. Eso es todo.

​Fui tajante con el límite. Santiago, siendo el caballero que era, asintió y se detuvo. Volvimos a los videojuegos, pero el ambiente ya era otro. Empezó a tratarme con una dulzura extrema, hablándome como si de verdad fuera su novia y no el Alejandro de la escuela. Aunque era rarísimo para mi carácter, ese trato lindo me generó una calidez extraña. Pasamos un par de horas relajándonos, y yo, metido en el papel, empecé a soltarme un poco: me reía de sus chistes y le tocaba los brazos sutilmente.

​Cuando se hizo de noche y tuvo que irse, nos paramos en la puerta de mi cuarto. Nos despedimos con un último beso en la boca, largo y suave.

​—Muchas gracias por hacer esto por mí, Ale —me dijo con una sonrisa brillante antes de salir de la casa.

​En cuanto cerré la puerta principal, la adrenalina me golpeó. Corrí a mi cuarto, me arranqué la ropa de mi hermana y la devolví al cesto sucio. Esa noche, acostado en mi cama en la oscuridad, me masturbé con una desesperación salvaje pensando en cada segundo de la tarde. No entendía la confusión en mi cabeza ni mi propia seriedad, solo sabía que jamás me había sentido tan excitado.

5 Lecturas/20 junio, 2026/0 Comentarios/por Ale1995
Etiquetas: amigo, amigos, escuela, hermana, mayor, mujer, novia, secundaria
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