Siempre te espere Capitulo Tercero “Los Padres de Clara”. (Revisión 2026)
Para esposas descarriadas es un decir… pues era de esposas mal atendidas. Tu sabes algunas somos mas calentonas que otras y los ministros de la iglesia, no quieren que las esposas de sus fieles con rango, vallan por el camino de la carne. – Y a ti… ¿cómo no te gusta la carne? – ¡Ah! Si me encanta. A.
Siempre te espere Capitulo Tercero “Los Padres de Clara”. (Revisión 2026)
Como el público se renueva… Allí va!
Siempre te espere capitulo Tercero
Capitulo Tercero “Los Padres de Clara”.
Después de un día de escuela, nos encontrábamos nuevamente en tren. Allí siempre aprovechamos a contarnos cosas de ambos, y a calentarnos mutuamente.
- Recuerdas el curso de reacondicionamiento, que ibas los fines de semana, me habías empezado a contar, que duraba seis meses, y era para las esposas descarriadas…
- Jajaja… Para esposas descarriadas es un decir… pues era de esposas mal atendidas. Tu sabes algunas somos mas calentonas que otras y los ministros de la iglesia, no quieren que las esposas de sus fieles con rango, vallan por el camino de la carne.
- Y a ti… ¿cómo no te gusta la carne?
- ¡Ah! Si me encanta. Allí conocí mujeres con los mismos problemas y por qué no decirlo, también con los mismos gustos.
- ¿Podrías seguir contándome no?
- Claro… ¿por qué no?
Todo esto me lo contaba mientras viajábamos bajo una luz tenue, los reflejos de las luces pasantes que entraban por la ventanilla. Con una manta cubriendo nuestras piernas por el frio. Ella pasaba su mano por debajo de la manta, apoyada en mi hombro para hablarme al oído. Momento que aprovechaba para masturbarme muy lentamente… Acrecentaba mi morbo, que todo esto lo hacíamos delante de sus hijas, sin que ellas se dieran cuenta o por lo menos era lo que yo creía.
- Como ya sabes desde muy chica, me soñaba casada y como buena esposa sacándole la leche a mi esposo todos los días y ya verás por qué, fui criada así y todo se lo debo a mi madre. Me imaginaba, buscando situaciones… Sensaciones fuertes, de lo más morbosas para mi placer y el placer de mi esposo… Soñaba disfrutando de esos momentos inolvidables para una mujer… Que es tener una pija en sus manos… ( “como esta…” me dijo apretándome con sus dedos y mirándome con picardía.) Hasta que el me regalara todo su placer, recompensando mi trabajo, mis caricias y mi amor… Mientras mis bragas tratando de contener mis flujos, a mas no poder. Y como ya te darás cuenta eso nunca sucedió…
- Esther: Mama, yo no encuentro los guantes, y tengo las manos frías. Búscalos bien deben estar en mi bolso.
Al oído me dijo.
- Dime rápido. Que fue lo que te dio más morbo o sea lo que más te gusto, cuando te conté de mi reacondicionamiento… Si me dices lo que estoy pensando. Te doy una pequeña alegría. Así que piénsatelo bien…
- Me habías dicho que, en esas reuniones, había algunas madres que llevaron a sus bebes y los estaban amamantando, en plena reunión… Y que una noche una reunión termino muy diferente, y todas se desmadraron un poco… Entre preguntas y confesiones de lo que era amamantar por primera vez y para que todas sintieran en carne propia la misma sensación de placer al dar el pecho, se intercambiaban los nenes…Y las madres en un gesto de total depravación se los cedían una a otras incluso a las que no eran madres, para que también participen, aunque ellas no tuvieran leche en sus pechos…
- Si, mi degenerado, asqueroso… lo sabía… Tenía la sospecha, que era esa parte la que más te calentó degenerado… Si todas terminamos todas llenas de baba de bebe y las que tenían leche, les corría por sus tetas hasta manchar sus faldas, fue increíble ver como todas disfrutaban de sus cuerpos. Los pechos de las que tenían leche, por la degeneración reinante, producían más leche todavía. Era el dominio de la piel y la sin razón. Seria por el sentimiento imperante, totalmente morboso, que se los expriman con desesperación… De alguna forma, sobrepasando todo tabú.
El ambiente fue ganado por el morbo, era un ámbito de libertad inusual, sin ningún tipo de ataduras… Era solo disfrutar. En un momento dado, ninguna tenía ningún reparo al demostrar sus más ocultos instintos, pues eran ellos los que ya gobernaban todo el cuarto. Era tal la desesperación, que algunas se metían las manos bajo sus faldas corriendo sus calzones por la calentura que tenían… ¿sabes? Ver madres amamantado a sus hijos propios o de extraños, mientras se pajeaban furiosamente… fue lo más… No podía creer que yo estuviese allí y por otra lado daba gracias, fue lo mas fuerte que experimente en esos cursos.
- Clara te prometo, momentos como esos… Los buscaremos juntos y juntos los disfrutaremos…
- Terminaron todas metiéndose mano como adolescentes, como tú lo haces con mis hijas, cuando estamos ocultos de las miradas indiscretas…
- Esther: Mamá, te digo que no están…
- Bueno mi amor. Ven pone las manos, bajo la manta para calentarte… A si mi amor…
Clara me susurraba al oído:
- Como me encanta, pajearte… Te parece que agreguemos un ingrediente más morboso algo degeneradito..
- ¿Cómo cuál?
- Las manitos frías de mi niña… con sus deditos, los míos y lo que te voy a contar hoy vas alucinar. Y yo de solo saber que voy a pajearte con la ayudita de mi hija… guau… es algo que nunca me imagine, tengo un rio entre mis piernas.
- ¿Algo mas de la noche de las madres?
- Otro día te cuento, con todos los detalles. Aunque se trata de una madre también, en este caso la mía. Sabes que todo esto que tengo con vos se relaciona con un recuerdo que llevo desde mi niñez.
- ¿Tu madre?
- Sabes me vino a si de repente, las imágenes de mi casa y los recuerdos afloraron…
- Cuando era chica le ayudaba a mi madre a ordenar toda la casa, y estando en su habitación había un almohadón que ella cuidaba mucho y le pregunte para que lo usaba… ella lo miro… Sonrió y me volvió a mírame, cuando seas más grande y te cases… mama te lo explicara, te lo prometo mi amor… Cambiando de tema rápidamente, lo dejo cuidadosamente en su lugar.
Hasta que una vez por fin, descubrí para que lo usaba. Ella con mi padre tenían como un ritual, el cual llevaban a cabo casi todos los días. Cuando el regresaba de trabajar o después de cenar antes de dormir. Al llegar el me saludaba, me preguntaba que estuve haciendo, la escuela etc. Y momentos más tarde le decía a mi madre, que iba a cambiarse a su habitación. Unos minutos más tarde lo seguía mi madre por si necesitaba algo, eso era lo que ella me decía. No si antes, ponerme a hacer los deberes o estar segura de que estuviera entretenida mirando algo en la televisión.
Un día la curiosidad me desbordo, salí al patio y rodeando la casa fui a espiar por la ventana de la habitación de mis padres.
Mi padre estaba ya sentado en la cama sin pantalones y mi madre se encontraba entre sus piernas, posada en el almohadón tan preciado de mi madre se encontraba debajo de sus rodillas…
Ambos comenzaban hablar, y mientras ella con una sonrisa en sus labios, sacaba su pija sin erección de su calzoncillo y mojándola de saliva comenzaba suavemente a masturbarlo… suavemente y entre susurros comenzaba a dialogar preguntarle si la había extrañado y cosas del trabajo.
Así, cada tanto se lo introducía en la boca, hacia su pielcita hacia atrás y le daba pequeñas lamidas a la cabeza, para luego continuar con todo el tronco de mi padre. Mi padre casi inmediatamente adquiría una hermosa rigidez, bajo la habilidad de los dedos y lengua de mi madre. Ella era toda una experta, no solo usaba sus manos y boca, sino que también envolvía todo en miembro con su pelo para masturbarlo.
Padre: Sabias, mi amor… que a las putas les gusta mucho chupar pijas.
Madre: Si, mi amor, es por eso estoy haciendo un esfuerzo por imitarlas. Pero una buena esposa debe saber realízale felaciones a su esposo. Para que cuando tus bajos instintos salgan a flote, se vean satisfechos por tu cónyuge. Piensa mi amor libremente en tus deseos más oscuros y qué harías con esas putas que ves por la calle. Deja salir a tus demonios para liberarte de esa presión del día a día, y del pecado de la carne nos tiene atados.
Padre: Si mi amor, eres la mejor esposa.
Madre: Así, espero que con mis besos y con mi lengua pueda satisfacerlos… Así recorriendo tu pija, saldrá tu lechita caliente purificándonos a ambos.
Padre: Nuestra religión, determina que todo se cuece en casa, y en casa se curan todos los males.
Madre: No creas que no lo sé, lo tengo bien asumido. También esas putillas tratan de corromper a gente decente como nosotros. Yo misma te he contado como me resisto a las tentaciones y como cristiana también sucumbí a ellas, pues somos débiles, y gracias al supremo, tú siempre estuviste allí para ayudarme a encaminar mis deseos oscuros.
Padre: Ah mi amor no sé, que haría, si no te tuviera a ti. En que caeríamos.
Madre: Ambos nos apuntalamos mutuamente para poder sobrepasar estos tiempos sin moral. En realidad, ambos nos complementamos, para apartar los malos pensamientos y solucionarlos en familia.
Padre: Es que esas ateas tratan inculcar sus vicios, corrompiendo nuestras mentes. Provocando con su falta de convicciones a personas como nosotros.
Mi padre, iba acariciando su rostro y su larga cabellera, con mucha ternura. Cuando ella se introducía todo su miembro, yo podía ver su saliva, caer por las comisuras de sus labios y por los huevos de mi padre. Ella parecía amar ese instante, pues no hacia ningún esfuerzo por limpiarse, es más disfrutaba viendo correr su baba por los huevos de mi padre y parte por sus tetas. Ella comenzaba a preguntarle como había viajado… el decía que mal como se viajaba siempre en los trenes…
Padre: Como ya te imaginas todos apretados, con mucho olor a muchedumbre cansadas y transpiradas, viajamos soportando empujones, como siempre uno que otro degenerado, aprovechan tal situación.
Madre: ¡¡Si!!… Y hoy has tenido que viajar, viendo a esos asquerosos, que se abusan de esas mujeres fáciles que no dicen nada, mientras las tocan y se dejan hacer de todo……
Mi padre, contestaba con su vos entre cortada, por la masturbación… sintiendo las delicadas manos de mi madre, apenas podía contestar…
Padre: Si algunos y algunas…
Ella aceleraba el ritmo de la paja y lo incitaba a que le cuente como había sido el viaje.
Madre: Por favor, mi amor… no seas malito cuéntame. Por favor contarle a tu esposa que viste hoy, sabes que puedo hacerte sentir mucho mejor y sacarte al maligno…
Porque cuando me cuentas, esas porquerías que tuviste que soportar a tu pesar. Y sabes cómo yo me pongo más cariñosa.
Padre: ¿Hay como eres… y la nena donde esta?
Madre: Clara, esta entretenida viendo la tele. No te preocupes, ella no vendrá a interrumpirnos… Pero por favor Cuéntame todo, pero no te olvides de los pequeños detalles… Quiero saber todo lo que hacen esas lascivas viciosas…Cuéntame, tú sabes cómo me gusta que me cuentes todas esas cosas sucias…
Padre: Ellas, no son como nosotros…
Madre: Si lo se mi vida. No hay punto de comparación, entre ellas y las familias de nuestra iglesia… Aunque no todas, después tengo mucho que contarte, semana a semana me voy enterando de cada historia. Creo realmente, que dimos un buen paso al cambiarnos a esta pequeña ciudad.
Padre: Así, dime…
Madre: Ya te contare pero primero sigue tú, por favor estoy que no doy más… Cuéntame como se dejan manosear esas laicas. A mí me contaron las chicas de la iglesia, que hay madres que se dejan manosear por cualquiera y algunas hasta les gusta ser manoseadas por algunos adolescentes y es más por chicos también.
Padre: Por chicos también…
Madre: Puedo corroborar eso, mi amor. Yo misma las he visto en la escuela de Clara. Todo esto muy disimulado sabes, pero he visto a maestras que se dejan manosear cuando nadie las ve, por algunos de sus queridos alumnitos y sin límite de edad. Y se dé cositas que les gusta hacerles, cuando es el momento indicado…
Padre: Si es verdad, son docentes nada decentes, les gusta sentir esas pequeñas, tiernas e inexpertas manitos por debajo de sus faldas…
Madre: Y tú también llegaste a verlo en tus viajes con esas degeneradas…
Padre: Una vez vi, como una madre que llevaba su niño chico a su lado, y otro en sus brazos, al parecer a este último le estaba dando el pecho y mientras conversaba, con su amiga…
Llegue a escuchar una conversación de lo más normal, al principio después fue cambiando de tono. Se trataba de cómo había cambiado su vida con su esposo, por la llegada del nuevo bebe… Pero mientras ambas mantenían su conversación, por debajo sucedía otra cosa…
Madre: No me enciendas más, por favor cuéntame…
Padre: El niño que estaba a su lado tenía la mano bajo la falda de la amiga de su madre y ella no decía nada, mientras continuaba hablando con la madre, disimulando mientras le acariciaba los hombros al nene, mientras disfrutaba del manoseo que le proporcionaba el chico… En la conversación, llego a preguntarle con toda picardía: Si el más grande, (que en se momento la manoseaba) no estaba un poco celoso, al darle el pecho a su bebe… y la madre miro para los costados y se le acercó al oído y le digo: Esto no lo sabe nadie y menos mi esposo, por las noches cuando lo voy a arropar a su cama antes de dormir, le dejo mamar de mis pechos….
Ósea que este diablito también bebe de tu leche… Esto al parecer, le disparo la libido a la amiga y acerco al chico contra su cuerpo… diciéndole a la madre. ¿Mira el cabroncito también está disfrutando de tus pechos y no esta grandecito para esto? Todo esto al parecer llevaba a excitarla más aun, que las manos del hijo de su amiga. Disimulando con una supuesta ingenuidad frente a la madre. Mientras que el chico la dedeaba a su gusto… ¿Y cuál de los dos se dedica mejor a la tarea, amiga mía.? Dijo sonriendo.
No seas indiscreta…
Lo lamento…
La madre (acercándose un poco más y susurrando). La diferencia, son los dientes…
Pero a pesar de los dientes, dime la verdad con el más grande debe ser lo más…
Tiene un morbo, que ni te cuento Amiga.
Si es verdad, pero no es lugar, para contarte los detalles… Ya en casa te cuento mas detalles.
Mientras tanto el chico cada vez más descaradamente le metía mano, tanto que su falda se había subido más de lo debido, que yo estando tan cerca podía verle sus pantis.
Madre: ¡¡¡Verdad de qué color eran!!! … ¡Seguro que ya su parte baja de sus bragas estaban llenas de flujo! ¡¡¡Viciosas!!!… Que asquerosas que son esas mujeres, por eso no las respetan… Pero si yo misma las he visto que al subir a los trenes, los hombres las ayudan a subir, pasando sus sucias manos por sus nalgas, y ellas como si nada, pero incluso hay algunas les sonríen disimuladamente, como agradeciendo las caricias, incluso estando con sus maridos a su lado.
Padre: Tenia unos pantis rosa pálido…
Madre: ¡¡Uno de tus colores favoritos, mi vida!! A que tentaciones, te enfrentas mi amor. Decime con todas las letras lo que son… esas asquerosas. Por favor no tengas tanto respeto al hablar de ellas…
Mi madre ya había llevado su otra mano bajo su falda y bajaba desesperadamente sus calzones hasta las rodillas y comenzaba a tocarse también.
Padre: Son unas asquerosas y por sobre todo muy putas…
Madre: Eso es. Mi amor, son muy putas… putas, asquerosas… Que no respetan ni a sus maridos, ni al altísimo. Solo buscan la manera de que sus bragas siempre estén mojadas.
Padre: Si son muy putitas, no son nada decentes como nosotros. Ante la sociedad hay que tener decoro y no ser tan explícitos.
Madre: Putitas solteras, putas casadas… Aunque seguramente algunas tienen ya hijos o hijas… Pero lo putas lo llevan en la sangre. Son y lo seguirán siendo. Cuéntame cómo te fue hoy… Por favor… Mi amor… Como buena cristiana, tengo que saberlo pues tengo que estar enterada del mundo degenerado que nos rodea… Aunque no soy tonta ya sé que está cambiando y cada día que pasa, se está tornando más y más perdido. He visto a los hombres pajeándose en las plazas viendo a las nenas jugar y las madres vistiéndolas con polleritas cortas, para que eso suceda, mientras ellas disfrutan de tales escenas, viendo como mayores que podrían ser sus padres disfrutan de los encantos e inocencia de sus hijas… Y podría decirte mucho más.
Padre: Y para que veas a donde hemos llegado. Hoy en el tren por la cantidad de gente, no le fue muy fácil a una madre llegar a la mitad del tren. O sea, donde yo me encontraba. Se me acerco muy despacio y disimuladamente fue quedando de espalda a mí. Yo la tuve frente a mi como invitándome a que proceda a manosearla.
Madre: De veras mi amor, seguramente quería que la manosearas… la muy guarra, ¡¡¡y que hiciste!!! Dime…
Padre: La señora disimuladamente cada vez acercaba su cuerpo hacia mi…
Madre: Le habrás metido toda la mano, sin ningún reparo. Por eso era lo que estaba buscando. Y si no lo haces son capaces de decirte que eres un maricón, las muy perras degeneradas.
Padre: Si, así lo hice.
Madre: Bien echo mi amor… ¿y como la manoseaste?, Dame más detalles
Padre: Tomando el borde de su falda, se la fui subiendo, poco a poco …
Madre: ¡Si!… Así se hace, a esas puercas no hay que respetarlas, se lo tienen merecido por calentar a los machos honestos de otras mujeres. Y sobre todo por aparentar ser mujeres decentes, como yo o las de nuestra congregación. Hay que dejarlas al descubierto a esa sucias y cochinas. Que se hundan en su depravada desesperación.
Padre: Pero sabes, hoy tuve un poco de miedo…
Madre: ¿Por qué dices eso mi amor? Si ya sabes cómo me gusta que me cuentes todo… Tú sabes que confesándonos aquí en casa, ambos cicatrizamos nuestros más oscuros deseos. Yo también descubro los míos más ocultos, para que nos desfoguemos. Pues yo sé que te gusta que te hable al oído mientras te acaricio tú falo, estando en nuestra cama y voy diciendo mis deseos más impuros, sin ningún pudor…
Tú sabes que yo siempre seré tu pura y santa esposa. Y esto es solo para limpiamos y relajar nuestros cuerpos, gastando mutuamente nuestros sexos. De la misma forma que seguro lo hacen esas putas viciosas.
Mírame ya me bajé la bombacha y ya tengo dos dedos en mi conchita. Además, desgastando nuestros sexos mutuamente, sin que nadie nos vea y en la privacidad muestra habitación, nadie nos condenara.
Solo Dios… Pero él sabe que lo hago, solo por ser una buena esposa… y una vez limpios nos estaremos alejándonos de esas vidas sin moral…
Padre: Entonces, tú también decímelo con todas las letras… Que hacemos juntos para limpiarnos… Dilo que me encanta sentirlo de tus labios limpios y puros… Que sabes que me encanta, cuando dices esa palabra impura en los momentos justos. Pues te recuerdo cuando estas en misa rezando, y en mi mente resuenan tus palabras, y me pone tanto como estoy ahora por vos mírame como estoy mi amor…
Madre: De verdad, mi amor… Te calientan mis palabras… Está bien te lo diré como te gusta, mi amor. Nos pajeamos. ¡Nos pajeamos juntos mi amor…! ¡Nos pajeamos!… ¡¡¡Porque realmente nos gusta muchísimo mi amor… Realmente somos unos verdaderos adictos a las pajas… Pajeros clandestinos… Muy… ¡¡¡Pero muy Pajeros!!! Y lo disfrutamos a mas no poder. Por qué nos encanta, desde siempre… Desde antes de casarnos y como lo seguiremos haciendo por siempre, manoseando nuestros sexos de las maneras más sucias, así limpiamos nuestras mentes.…
Te recuerdas cuando éramos novios, lo hacíamos en cualquier parte, cuando íbamos al cine, sin interesarnos que película daban y estando allí nos contábamos cosas sucias y pasábamos horas pajeandonos y no éramos los únicos… Pues veíamos a parejas como nosotros masturbándose todas las tardes. Y recuerdas, cuando vimos a una madre, pajeando a su hijo, fue increíble. Vos sabes que soy muy pajera, eso me viene desde muy chiquita. Mi madre me descubrió una mañana con mis manitos dentro de mi bombachita. Ella me vio, cerro la puerta tras ella y en vez de censurarme… Fue ella mi madre… la que termino enseñándome cómo hacerlo. Su excusa era que lo hacía por mi seguridad para no dañarme mis partes… Vamos ella también me pajeo varias veces y claramente fue ella la que me alentaba a hacerlo…. También recuerdo sus palabras de advertencia: Yo te voy a enseñar, todo lo que debes saber, al tener novio y lo que debes y no debes antes de casarte. Pero esto no se lo puedes contar a nadie, ni a tu mejor amiga.
- No mami…
- Yo sé por qué te lo digo, mi amor. Acuérdate que mami sabe muchas cosas. Mami sabe que hacen ambas, cuando ella se queda a dormir en casa… Pero no te preocupes de eso, lo mas importante que llegues al casamiento virgen. Así lo dice la palabra. Pero no dice nada de darte una alegría con tu amiga.
Padre: Que mas recuerdas… Eso no me lo habías contado nunca.
Madre: Cuando mi padre trabajaba de noche, eran las noches que ella me enseñaba a pajearme. Ambas nos calentábamos, antes de empezar, pues ella comenzaba preguntarme. Como comenzamos a tocarnos con mi amiga. Le contaba que al terminar la reunión en la iglesia ambas íbamos al costado del recinto de la iglesia, al final de la cancha de futbol había una banca. Íbamos a ver el atardecer, ambas sentadas quedábamos de espalda a la iglesia. Nadie sospechaba que esas dos niñas inocentes que miraban la caída del sol… En realidad están haciendo algo prohibido. Ese lugar era nuestro refugio para estar solas y comenzar a meternos mano… Hablando de lo que haríamos con chicos lindos y de las cosas que nos hacían viejos sucios. Que eran las cosas que más nos calentaban, no tardábamos mucho tiempo en estar pajeando una a la otra, así acabábamos con las manos llenas de flujo de la otra y chupándonos nuestras tetitas.
Mi madre para ese entonces ya tenía su mano bajo sus bragas metiendo se los dedos también… Antes del clímax, las preguntas eran más picantes.
- Ya me viene el gustito, mama.
- A mí también mi amor, lo hacemos juntas. Decime… No me mientas… Ya se chuparon las conchitas, vos y la zorrita de tu amiga…
- Si mama, ya me la chupo y le acabe en la boca.
- Que linda cochinita, que tengo en casa… me has hecho acabar mi amorcito…
- Padre: Me encanta siempre tenemos cosas para contarnos. Yo también recuerdo cómo te gustaba que te cuente cuando robaba las prendas de mi madre. No puedo contabilizar cuántas veces me pedias que te vuelva a contar, como me pajeabas con las bombachas de mi madre y te conté hasta el cansancio cuando ella me descubrió…
Madre: Y nunca me voy a cansar de esa historia, que ya son parte de nuestro repertorio privado y más caliente… Y yo me siento identificada, pues ella misma termino proveyéndotelas a espaldas de tu padre.
Padre: Si al principio ella estuvo callada un tiempo. Después de pensarlo varios días, ella misma me las entregaba. Y me decía, ten cuidado de que no te las vea tu padre. Pero inmediatamente cambio su proceder de entregármelas. Seguramente pensó que era peligro que se enterase mi padre. Entonces ella misma por las noches me las dejaba después de haberlas llevado todo el día, debajo de mi almohada. Al venir de noche y darme un beso y acariciaba mi pelo sonriendo de decía: Te las traje para que te diviertas antes de dormir “pajerito mío”.
Recuerdas que ambos también llegamos a disfrutar de sus bragas sucias.
Madre: Yo era muy chica en ese entonces y me quedaban bastante grandes te acuerdas… Me calentaba mucho al ponérmelas y volverlas a mojarlas de fluyo, sobre el fluyo seco de tu madre, era lo más. Después con el tiempo no solo te dejaba las bragas, ¿no?
Padre: Había noches que se quedaba un rato más, conmigo conversando o leyendo una revista juntos…
Madre: ¿Si, pero la revista era solo una excusa no?
Padre: Si en verdad era una excusa que ella le daba a mi padre, para ausentarse de la habitación mientras él se iba quedando dormido viendo televisión. Con el correr de las noches, ella me fue introduciendo en su juego. Ella entraba en mi cuarto, sutilmente fue enterándome de las reglas de aquel juego. Mientras ella comenzaba a leerme supuestamente para que me durmiera. Me decía que mientras ella me esté leyendo, le gustaría ver cómo me pajeaba con sus bragas…
Noche tras noche, se fue haciendo una costumbre, también la lectura había cambiado, mirábamos o comentábamos alguna revista erótica, que ella ocultaba entre las hojas del libro o supuesta revista que me estaba leyendo.
Mientras ella me leía cosas eróticas, con el propósito de calentarme y cuando no encontraba la adecuada, ella misma las inventaba. Al notar que yo ya estaba a punto de llegar, ella me decía imperiosamente. Mírame a los ojos, quiero que me esté mirando a los ojos cuando te salte la leche, entonces yo veía que sus ojos que se tornaban vidriosos en el momento que mi leche saltaba manchando las bragas que ella me traía y ya había puesto sobre mi estómago. Con el tiempo fue perfeccionando su técnica, ella se presentaba con una bata y también traía una toallita húmeda para limpiarme después de haberme derramado sobre sus bragas, ella decía irónicamente. Así mi amor… así ni una gotita queda en las sábanas, todita en mis bragas…
Poco después tuvo otra variante, cuando venía con su salto de cama. Atenta siempre mirando hacia la puerta por si mi padre se presentaba sin avisar. Ella me hablaba de sus amigas, si me gustaría tener sus pantis o tocarle el culo alguna de ellas o sus pechos. Seguramente ella ya me había pescado espiando bajo sus faldas, mientras ella iba suavemente aflojando el lazo de la bata como de casualidad… y poco a poco me permitía ver sus pechos. Llegándome a prometer las bombachas de sus amigas.
Madre: Seremos nosotros tan puercos, con nuestros hijos…
Padre: Como. Dices esas cosas mi amor…
Madre: Perdóname… me sobrepase… fue demasiado.
Padre: No mi amor… No quise dar a entender eso, sino todo lo contrario… Me gustaría que seas como mi madre con nuestros hijos… O sea con nuestra hija.
Madre: Pues te prometo, que yo lo seré… y bajo tu consentimiento, seré la más puerca de todas, y más que tu madre también… Desde ya tienes mi consentimiento. El cual ya lo tienes, desde que te conocí. Para hacerlo con tu pequeña princesa. O sea… Te ayudare a realizar todo lo que desees.
Padre: Bueno ya lo pensaremos juntos.
Madre: Sabes, lo que me hacía calentar… Fue cuando, me contaste que cuando tu primita te visitaba y se quedaba por las noches en tu casa, tu madre la hacía dormir en tu cuarto y en tu cama…
¡¡Que bárbaro!! Tu también tuviste una madre, de lo mejor…
Padre: Si mi prima era muy dócil y sumisa…
Madre: Si lo sé, fue mucho antes de salir juntos. ¿era con ella que descargabas tus vicios incestuosos no? Recuerdo con que pasión me la describías, con sus escasos pelitos y sus pequeñas bombachitas. Y la complicidad de tu mama, que por las mañanas se apuraba a recuperar sus braguitas para lavarlas, para borrar toda huella. O sea que ella también era participe, y disfrutaba dejándote en tus manos a tu primita.
También recuerdo como me ponía cuando me describías su conchita sin pelitos… Y yo como siempre te jure complacerte. Y te vuelvo a jurar que nunca dejare de hacerlo… Por eso me depilaba y te decía a los gritos, mientras me cojias, por el culo… Así mi amor cojete a tu primita, como cuando eran chicos… goza nuevamente de su pequeño culito… Y tú me llenabas el culo de leche, pastosa y caliente. Recuerdo cómo me ponía hecha un rio entre mis piernas, mientras me contabas todos los detalles, sus gemidos y expresiones… Yo me pajeaba mi tierna conchita con una desesperación. Que lindos recuerdos… Y cuando tu tía se dio cuenta de lo que hacían, por las noches, y te reprocho que hablaría con tu madre. Pero unos días más tarde fue ella misma termino alentándolos mientras que nadie se enterara. Y una vez hasta ella se quedó a ver como lo hacían… Y seguramente masturbándose, mientras su hija era en culiada por su primito… ¡¡¡Por lo demás de puerca la hermana de tu madre también!!!
Padre: Si lo recordare siempre, como disfrutábamos no solo con mis experiencias, si con las tuyas y con tu amiguita, siempre buscaban nuevas sensaciones… Recuerdo cuando me contabas que casi todos los viejos en el tren trataban de manosearte, o cuando entraban en el bus. También recuerdo que de esas épocas eras tan precavida que siempre llevabas un pañuelo para limpiarte la leche antes de entrar a la escuela. Esa costumbre la conservaste porque en nuestros encuentros, que eran en cualquier lado, no importara donde fuere, querías que deje manchadas tus prendas, pero que no te chorrearan las piernas.
Madre: Mi madre se enteró, lo que pasaba en esos viajes, y en vez de reganarme, la idea de llevar siempre un pañuelo fue de ella. Incluso cuando empezamos a salir, ella fue más exigente con eso, según ella era para cuidar mi virginidad hasta cuando nos casásemos. El pañuelo que me daba mi madre, al terminar día me lo pedía, después que vos te ibas de casa, ella aparecía reclamándome el pañuelo. Para corroborar que te había hecho acabar en él y que tu leche no tocara mi conchita. Ella lo guardaba en su brasier… Y me decía… Para que no lo vea tu padre, este será otro de nuestros secretos.
Así que todas las noches antes de acostarme iba a mi cuarto y me pedía explicaciones, mas bien que le contara todos los detalles de dónde y cómo te sacaba la leche. Y si te había gustado. Ella me aconsejaba que, si me quería casar cuál era la mejor manera de hacértela la próxima vez.
Padre: No sabía eso. Así que tu madre, sabía lo que hacíamos.
Madre: Si mi amor, Para ella esa era su manera de aconsejar su hija y ser una buena madre. Pues quería que nos casemos, ella te quería mucho. Pero también deseaba que yo llegara virgen al matrimonio. Bueno no del todo, porque mi culito… bueno eso es otra historia y tú la conoces muy bien.
Padre: ¿Cuantas historias no?
Madre: Y por qué, tuviste miedo el día de hoy… por favor continua que ya no doy mas…
Padre: Es que estaba con su hija.
Madre: Pero, si ya te dije mi amor, que algunas mujeres se dejan tocar, hasta por los muchachitos incluso por chicos de la primaria. En la escuela sabemos que hay dos o tres maestras que les permiten a sus alumnos entre los juegos que ellas mismas inventan y cuando nadie las miran. Ellas disimuladamente y con mucha cautela les dejan que les miren y toquen sus pechos o sus partes más íntimas. Después, te voy a contar, lo que hacen, cuando los llevan a los baños. Hay un grupo de madres, al cual pertenezco estamos pensando hacer algo, con ese problema. Y ya nos hemos dispuestos a hablar con estas maestras.
Padre: Si me lo dijiste, pero no se… me dio algo de vergüenza ¿sabes
Madre: No mi amor, nunca tengas vergüenza frente a mí, y menos estando frente a esas puercas, ellas se lo buscan… Seguí me Contándome todo, que ya estoy manchando todo el almohadón con mis flujos, mírame ya lo he mojado casi todo.
Padre: Si ya siento, tu olor a concha caliente que tanto me fascina, inundando toda la habitación, esa fragancia que tanto me gusta y me transporta…
Madre: Mi amor, puedo percibirlo entre mis dedos, como la tienes de dura y a tus huevos desbordantes de leche… Yo te los he vuelto a cargar, ¿contándonos nuestras aventuras… las manoseaste a las dos…no?
Padre: Si a la madre y a su pequeña hijita…
Madre: Sí seguí cuéntame, por favor… Tenía la edad de la nuestra.
Padre: era un poco más chica.
Madre: ¡No… de veras! ¡Mas chica que la nuestra nena… Guau!¡Guau!. Cada día las madres vienen más degeneradas y las chicas más asquerositas. Te la habrás tocado todita a la nena, a esa edad la piel es suavecita e inmaculada… seguro recordando, el culito durito de tu primita… ¡Ah! mi amor… Mírame por favor … mi concha como late. La próxima vez te prometo que me depilo enterita para que, cuando me cuentes, al mirarme recuerdes todos los detalles de una bella conchita sin pelos. Hacía mucho tiempo que no hacemos eso, a mí me encanta resucitar el pasado… Imagina a si se debe sentir una conchita tan pequeña.
Ella entre cerrando el índice y el pulgar, y haciendo presión en la cabeza gorda de mi padre, para que el sienta una mayor presión al pasar por entre sus dedos.
Como me gusta revivir antiguas perversiones. Despertar viejos vicios, perversidades tan nuestras, ¿no te parece? No lo puedo creer, lo caliente que estoy…
Padre: Salen a la calle con ropas para provocar, tanto la madre como la hija…. Aunque no me extraña, estas cochinas visten a sus hijas con unas falditas, que apenas se sientan o se agachan se les ven sus calzoncitos.
Madre: Se que como hombre, como debes sufrir, si yo misma lo veo en los cumpleaños cuando la llevo a Clarita o cuando voy de compras y hasta en la iglesia… lo puedes creer…
La conclusión es simple, las llevan así poder calentar a los hombres… Para luego gozar como perras, por partida doble… Mirando a sus hijas cuando las admiran y poder también disfrutar viendo las primeras caricias no santas en sus hijas y el recuerdo de su infancia que ello implica. Todo siempre y cuando sean discretos, sin levantar sospechas de las personas a su alrededor. Ellas consienten todo, bajo ese manto de discreción, estando pendientes de las miradas a su alrededor, para resguardar su honor de madre e hijas respetables. Yo las veo a esas madres sin poder apartar sus ojos de sus niñas, permitiendo que a sus niñas las toquen, que las gocen… apoyándolas y manoseándolas frente a sus ojos…
Sabes… Yo misma he oído a madres, hablar con sus hijas, en los cuartos de los baños…
Padre: ¿cómo fue eso?
Madre: la primera vez, fue de casualidad… Pero ahora cuando sospecho algo inusual, entre madre e hija las sigo y casi nunca me equivoco.
Padre: Y qué fue lo descubriste…
Madre: Ya dentro del cuartito del baño, me ubique en cuartito contiguo para escuchar mejor. Por los ruidos y conversaciones en susurros… Con mucho cuidado van revisando los calzoncitos de sus niñas, mientras las interrogan de cómo se han ensuciado… Seguramente ya mirando de la leche del hombre que la estuvo magreando. Con delicadeza las van limpiando, y escuchando a su pequeña explicar cómo fue que esta así de sucia su ropitas. Puedes ellas disfrutan el ir recogiendo el semen dejado sobre sus hijas. Y esto también porque temen que sus maridos se den cuenta de talles maniobras, que ellas permiten e incitan a realizar a sus hijas. Mientras mojan sus prendas, con su placer oculto y lo prohibido.
- Mi amor levanta tu pollerita, deja ver a mamita. ¡Ah! tienes la bombachita muy manchada hoy.
- Yo, creo que, si mama, la siento mojadita.
- Déjale ver a la mamita, te voy a sacar una fotito, antes de limpiarte.
- Yo tuve mucho cuidado, de no sentarme para que no marchar la falda.
- Lo se mi amor, hoy había mucha gente, y todos estábamos apretados, sabes que algunos, les gusta tocara las chicas lindas como tú y a sus mamitas también. Así sin dase cuenta te pueden ensuciar todita, y dejarte todo un enchastre las braguitas.
- Si lo se, mama…
- Pero vos no te preocupes por eso, mami siempre está preparada y trae en su cartera toallitas y bombachitas limpias para que te cambies y que papi no vea, ni se entere como a su pequeña hija le dejan en su colita, los lechazos de lo señores calientes, un poco degenerados. Tu padre nunca debe enterarse que en su ropita de niña inocente, pero algo sucia, como su mama.
- Mama me puedo cambiar.
- Por mí no debes preocuparte, entre madre e hijas, podemos hablar de ciertas cosas. Pero te repito por favor, que tu papi no debe saber nada de esto entiendes. Nunca debes hablar de esto. Pues él se enojaría mucho… Y no le gustaría saber lo que otros hombres nos hacen a las dos, y que dejamos que nos derramen leche sobre nosotras. Esto es un juego entre madres e hijas buenas.
- Si mami, lo se… es un secreto, y mi me gusta mucho.
- Bien mi amor, es nuestro secreto y yo sé que a ti le gusta mucho que acaricien tu culito, como lo hace tu maestro o el tío que tanto quieres.
- Este fin de semana puedo dormir con el tío.
- Ya veremos, como se dan las cosas, hay pensarlo bien.
- Bueno, a la mamá también le gusta dormir con el tío.
- Podemos dormir las dos un día, si no dices nada ¿sabes?
- Sabes en realidad, yo también disfruto de verlos juntos, mi amor. Y mucho más cuando él te manda a mi cuarto, toda sucia para que te limpie la conchita. Me pone un poco nerviosa ver te entrar en el cuarto y subir a la cama mientras tu padre duerme a mi lado, y tu conchita llena de leche calentita de mi hermano.
Como sé que ambas disfrutamos al ver como los extraños, meten sus manos bajo nuestras faldas, para sentir nuestras colitas. A mí me encanta muchísimo que me dejen acabadas de leche calentita, sobre tus ropas íntimas y también en las mías.
- Si mami… A mí también me gusta mami… se siente calentito.
- Lo se mi amor. Por eso te digo siempre, que cuando sientas que te están tocando, me haces señas para yo vigilar, que nadie este mirando y además para poder ver, mientas te tocan el culito. A mami, eso le gusta mucho mirarte y ver cómo te dejas hacer de todo, porque yo sé que te gusta lo que te hacen. Y mi ver la cara de lujuria que ponen esos cochinos. Siempre que mama te esté vigilando, ya te puedes dejar manchar la bombachita.
- La tienes muy manchada hoy…
- Vamos a cambiarnos la ropita.
- Bien… Tu ya sabes, que las dos podemos jugar y divertirnos mientras nos cambiemos juntas, como nos gusta a las dos.
- Sabes este es un secreto que no todas las madres tienen con sus hijas. Así que tampoco se lo puedes contar a tus amiguitas.
- Ni a Claudia…
- Bueno, ya hablaremos de Claudia. Tengo que conversar algo con la madre antes sabes.
- A mí me gusta mucho jugar con ella cuando se queda a dormir en casa.
- Ya hablaremos, en casa de eso. Claudia es especial, sé que las dos le gusta darse besitos y tocarse cuando se queda a dormir. Pero yo tengo que hablar con ella y su madre sabes.
- Bueno mami, no te enojes.
- Sabes, algunas madres, que tienen este secreto con sus hijas. ¿Ellas nunca se enojarían, con sus hijas pues ambas juegan como nosotras cuando se cambian sabes?
- Quienes juegan como nosotras mama.
- Tengo una amiga que tiene una chica como tú, su hija tiene un años menos que vos, y yo sé que ellas también juegan como nosotras, te gustaría que un día juguemos las cuatro juntas.
- Si, cuando…
- Bueno lo tengo que hablar con ella primero sabes…La conocí en la feria te acuerdas.
- La ves que aquel señor, que mientras estamos en la feria escuchando música, te acariciaba la colita… y tuviste miedo de decirme…
- Yo no sabia.
- Ahora ya lo sabes, mami siempre te estará, mirando como ya te dije. Tu cuando te tocan debajo de tu faldita, te tienes que quedar quieta, porque así se comportan las buenas niñas, nosotras nunca debemos hacer escándalos, ni decir nada… Eso calienta mucho a los hombres, sabes, así les sale mucha más leche.
- Si mami… Nosotras nunca decimos nada…
- Pero después me tienes que contármelo todo… solamente a mama sabes…contarme con todos los detalles que paso y si te gusto, mientras yo te cambio.
- Mami hoy me las mancharon, otra vez de leche…
- Si claro… Mira cuanta te dejaron hoy. A ver mi vida… Sabes hoy a mami también se las mancharon, apúrate mi amor sácate la bombachita, antes que termine el sermón y déjame la verla, que yo te muestro la mía.
- A ver mi amor…Oh, si y cuanta lechita… mira esta calentita todavía…
- Y la tuya mami…
- Espera que ya me la saco mi amor. ¿Mira, me la tiro por toda la cola…que atrevido y degenerado no?
- La podemos probar como la otra vez mami…
- Tomalá, yo me chupo la tuya y tú la de mami…
- Mientras nos tocamos nuestras conchitas.
- Méteme la manito en mi concha de mami, así mi amor… Así…métela y sácala rápido
En ese momento, yo ya me estaba pajeando violentamente y sin darme cuenta se me cayó el bolso… y creo que se dieron cuenta que no estaban solas… y ambas callaron… Yo tuve que salir rápidamente del baño, sin saber el final de la conversación entre madre e hija.
Padre: vas a tener que ir más seguido a esos baños.
Madre: Ya te dijo: Se que ellas también reciben lo suyo mientras tienen a sus hijas más pequeñas de sus manos, y reciben de buenas ganas las manos de los extraños.
Padre: Estuve más de veinte minutos, metiendo mano a la madre, mientras la hija me miraba.
Madre: Que putas… una gozando y otra aprendiendo. Dame tu mano, todavía debes tener su olor entre tus dedos todavía, déjame ver… hum, voy a chupártelos y quiero que me mires cuando te los chupos, pues tus dedos están llenos del fluyo de una extraña impura, y yo sé cómo purificarte. Seguro que todavía debes tener sabor a ellas. Y yo debo limpiarte los dedos mi amor, con lengua o con mi boca y sacarte ese olor a concha sucia.
Padre: Yo sé que, eso te gusta esto linda…. chúpamelos mi amor. Pero como un buen esposo, extraño los flujos de mi mujer pura y fiel a su marido.
Mi madre, saco su mano de entre sus piernas, y la llevo a la boca de mi padre. Mientras ella seguía chupando los dedos de mi padre… mientras decía… tienes los dedos con el olor muy fuerte, seguro la hiciste acabar en tu mano, como buenas putas que son… como habrán gozado esa perra y su vástago… putas, asquerosas e infieles amorales.
Padre: Creo que me estoy viniendo, mi amor.
Madre: Espera un poquito más. Por favor, Cuéntame algo más de la nena, que mi imaginación no da más… Mas chica que Clara… que precoz, me imagino la situación, sorprendida viendo a su madre magreada por un desconocido, mientras que tus manos también estaban explorando su pequeña colita… veo sus pantaletas estar recibiendo sus primeros flujos de calentura.
Padre: Yo detrás de ella, ya la tenía afuera del pantalón, súper parada.
Madre: ¡¡Y ella te la miraba!!… la nena te la miraba… wow!!! Mi amor mira el almohadón como lo moje hoy, totalmente lleno de flujo… me siento sucia como una de esas… Nenitas putitas vestidita con unas minifalditas que apenas se agachan se les ve todo el calzoncito con dibujitos, me imagino mirando tu pija lechosa, pegajosa sobre el culo hambriento de verga de su madre.
Padre: Si la tenía en su raja…
Madre: Seguramente la madre, sabia del espectáculo que le estaba dando a su hija… La madre que la pario!!
Padre: ¿Sabes qué? con mi otra mano manoseaba a su hija. Así estuve largo rato, tenía todas mis venas hinchadas, ya sentía llegar mi leche y estaba a punto de explotar. Mientras ella miraba a su costado, para verme como manoseaba a mi antojo a su niña, y debes en cuando me sonreirá.
Madre: wow!!! Que asquerosa!!!
Padre: En eso creo que se dio cuenta que estaba a punto de acabar… y paso su mano detrás y me agarro la pija. Me llevo hacía el costado donde se encontraba su hija y frotándola contra su pollera y comenzó a pajearme… imagínate.
Madre: Si si…me imagino seguí por favor así Siii… tu leche derramada sobre su pollera negra…
Padre: Mi pija había quedado entre la carita de la niña y la cadera de su madre… mientras ella seguía masturbándome más rápidamente… cuando estaba por acabar me soltó y con su mano acerco la cabeza de su niña, y como acariciándola, la arrimo a su cadera. Quedando mi pija entre su cadera y la carita de su hija.
Madre: Que hija de puta… asquerosa… es demasiado… que asquerosa, seguro acabaste…
Padre: Si mis tres lechazos, ensuciaron la falda de la madre y dos en la cara y el pelo de la niña…
Madre: ¡¡guah!! Mi amor no las ensuciaste… Mi amor ellas ya son sucias, por su sucio vicio. Así mi amor mírame como ya tengo los cinco dedos en mi concha del gusto. Me encanta que le hallas dado una buena lección y una buena ración de leche, a esa madre perdida por la lujuria.
Padre: ¿Sabes? Después ella se agacho, y con un pañuelo procedió con mucha ternura y morbosidad a limpiar la carita de su hija. Fue todo tan rápido, que yo no me la había guardado y aun la tenía media parada… la tenía babeando gotas de leche… se la metió en su boca delante de la hija, termino de limpiarla, pasando lentamente su lengua y después le dio un beso en la boca a su nena… Yo las miraba, y vi como la madre de reojo nuevamente me sonrió…
Madre: No puedo más, es demasiado…
Padre: Espera. Espera… que te tengo un regalo…
Madre: Un regalo…
Padre: Era tal la degeneración y la atmosfera que se había creado entorno de los tres, que le dije al oído a la madre. Me podrías dar los calzoncitos de tu nena. Ella me miro, como incrédula y excitada por mi demanda. Y me dijo: Te gustaría quitárselos tu o se los saco yo. Me gustaría que se los quite su madre, y me muestres si los ha mojado…
Madre: Seguro que si… es chica, pero tan caliente como la madre seguramente.
Padre: Y allí mismo, mientras yo la tapaba por si hubiera una mirada indiscreta, le dijo algo al oído de su hija, luego levanto apenas la pollerita y le saco su bombachita, con una destreza, que solo una madre puede tener… Dio media vuelta la prenda, mostrándome su pañito todo húmedo. Y me dijo: Imagínate como tengo las mías, tómela guárdela de recuerdo. Buenas pajas!
Madre: Que puta… Muéstramelas por favor…
Padre: Mira que olorosas y sucias están.
Los ojos vidriosos de mi madre, no lo podían creer. Toda su cara se había transformado, en algo que solo reflejaba sucia lujuria incontrolable…
Madre: A ver… esto no es el panty que una madre decente le compraría a su hijita… Joder como las mojo la pendeja. No te dije, las madres se las compran y las arreglan las prendas, para que ajusten a sus colita y hacerlas más sexy así sus pequeñas hijas, logran calentar a los hombres… pero que putas que son…
Padre: No te gustan, mi amor.
Madre: Si mi vida, solo que nunca me dejan de sorprender, que sean tan degeneradas…
Padre: Pero estando aquí solos, a puertas cerradas en nuestra casa, tu podrías ser tan degenerada o más que ellas, si lo deseas…
Madre: Si yo siempre seré devota a nuestras pequeñas perversiones y deberes, los maritales y los dominicales. Así como también de alimentar nuestros vicios privados, mi amor… Y tú lo sabes… Mira en cuanto, Clarita comience a interesarse en el sexo. Serás tú, su propio padre, quien verificara como moja sus braguitas, se las hare llevar durante todo el día. Y en las noches ambos disfrutemos de ellas, y solo después de nuestros disfrutes las llevare a lavarlas inmediatamente, para eliminar nuestros fluidos. Mil veces me imagine sacándoselas para después guardártelas para ti… Y ofrecerte lo mejor que una esposa puede dar a su marido. Vos las vas a tener primero, para poder supervisarlas personalmente… te lo prometo.
Padre: Gracias, mi amor…
Madre: Sabes… Además, ya la estoy preparando, como hizo mi madre conmigo acostumbrándome a lavativas semanales. Pues fue así fue como ella, me acostumbro, preparándome para cuando tenga novio y poder satisfácelo con mi culito. Pues la conchita es para el matrimonio.
Esa fue la manera tu pudiste disfrutar de mi culito cuando estábamos de novios. Así pude llegar virgen al matrimonio. Y como buena madre que soy, no voy a poder darte todo… Pues nuestra hija elegirá, a su tiempo con quien perder su virginidad. Para posteriormente pasar a satisfacer a su pareja y crear los lazos de vida junto a su esposo como lo manda el señor… Pero desde ya te prometo, que tendrás su primera virginidad, sin que nuestra hija se dé cuenta, podrás usar su culito.
Padre: De donde, sacas esas ideas…
Madre: Bueno como ya te conté de mi madre y su comportamiento. Pero en realidad desde que me dedico en la iglesia a aconsejar a madres, ellas me confiesan cosas que no se las dicen a nadie… y sabes tengo mucho que contarte todavía.
Como te decía, también estuve conversando con una madre, que conocí en las reuniones consejeras de la iglesia y me dio varias ideas, para que podamos gozar de ciertos placeres prohibidos…
Padre: Que también tiene una hija…
Madre: Tiene dos y las tiene bien entrenadas, y ambos las gozan.
Padre: ¿Ambos?
Madre: Si, mañana te cuento…
Padre: No esperes más… métela… métetela las braguitas en la concha, mientras te terminas de pajear… Así hermosa pajeate con la bombachita de la nena. Métela todita dentro de tu babosa y hermosa conchita, mójala, inúndala con tus flujos…
Madre: Si… si mírame… mírame por favor… como me la meto, así despacito para que vos disfrutes. Están chiquita que la voy a empapar completa.
Como desde esa primera vez que me metiste la bombacha de mi vecina. Te acuerdas, yo misma le robe para poder pajearte con ella y que después de llenarla de leche, me la metiste en la chocha, mientras me rompías el culo… Un de los primeros recuerdos de casados.
Mira en lo puta que puede ser tu mujercita, como se mete cualquier cosa que desees en su concha… Mira soy la más asquerosa de las pajeras, tengo ya los labios rojos de frotarlos y mis dedos resbalan dentro de mi concha… Puedes ponerme lo que desees en esta conchita que es tuya y úsala como desees…
Gritaba, mi madre mientras acababa, cayendo de espalda y sus dos manos furiosas entre sus piernas.
Antes de terminar de decir las últimas palabras, mi padre ya había descargado toda su leche sobre mi madre, estando ella enajenada pajeandose a dos manos, y tratando de recibir en su boca la leche de mi padre. Mientras el fregaba sus huevos en sus tetas, dirigiendo su falo hacia su boca, para seguirla llenándola de semen.
Madre: Me gusta que me cuentes, como limpias a esas putas de la calle con tu leche consagrada.
Padre: No hay más sucia y puta que tú.
Madre; ¡Ah! Mi amor…

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