• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (5 votos)
Cargando...
Gays, Zoofilia Hombre

Amante de mi perro

En memoria de mi antiguo perro Thor, adopté uno que se convirtió en mi amante.
Me llamo Jorge, ya tengo treinta años. Ya les he contado antes mis historias con los perros, el tiempo ha pasado. Ahora vivo en la colonia Roma, en un departamento del tercer piso con balcón que da a un árbol de jacaranda. Nadie que me conozca sospecharía lo que ocurre detrás de la puerta de mi recámara. Para mis amigos soy el diseñador gráfico que siempre tiene planes para el fin de semana, el que organiza las cenas, el que sabe qué vino pedir. Para mi familia soy el hijo que nunca se casó, el que tiene «ese perro enorme» que ocupa la mitad del sofá. Pero la verdad es otra. La verdad es que hace dos años dejé de tener citas con hombres. Dejé de abrir Grindr, dejé de ir a bares en la Zona Rosa, dejé de fingir que me interesaban las conversaciones sobre series de Netflix y tés de moda. Todo cambió la noche que adopté a Thor (si, aun sigo recordando a Thor, aquel perro que mi ex y yo adoptamos en el pasado y que me follaba a cada rato incluso frente a mi ex estando dormido). Mi nuevo Thor llegó a mi vida como un accidente. Un amigo de un amigo necesitaba dar en adopción urgente a un pastor alemán de dos años que había sido rescatado de una situación de abandono. Cuando lo vi por primera vez, enorme, de orejas erguidas y mirada intensa, supe que había algo diferente. No era solo un perro. Era una presencia. Un peso. Una promesa. Las primeras semanas fueron normales. Paseos, comida, juguetes. Pero una noche, después de una cita especialmente decepcionante con un tipo que no paraba de hablar de sí mismo, llegué a casa borracho y frustrado. Me senté en el piso de la sala y Thor se acercó, apoyó su cabeza en mi regazo. Empecé a llorar. No sé por qué. Y entonces, sin pensarlo, comencé a acariciarlo de otra manera. Mis dedos se enredaron en su pelaje negro y denso, bajaron por su pecho, por su vientre. Él jadeaba, tranquilo, confiado. Su calor era real. Su olor era real. No juzgaba. No esperaba nada de mí. Esa noche descubrí algo que cambió mi vida para siempre. Ahora, dos años después, Thor y yo tenemos una rutina. Una rutina que va más allá de lo que cualquier persona cuerda llamaría «normal». Pero yo dejé de preocuparme por la cordura el día que entendí que el placer no tiene que ser humano para ser real. Mi despertador suena a las siete. Thor ya está despierto, moviendo la cola, apoyando su hocico húmedo en mi brazo. Me estiro, lo abrazo, entierro mi cara en su cuello. Huele a tierra, a pelo, a él. Bajo mi mano por su lomo, siento los músculos tensos bajo el pelaje. Él gruñe suave, no de amenaza, sino de contento. Se voltea panza arriba, las patas dobladas, el vientre expuesto. Confianza absoluta. Yo también me desnudo. Es parte del ritual. Thor me lame la cara, la barbilla, el cuello. Su lengua es áspera, cálida, insistente. Me recuesto boca arriba y él se coloca sobre mí, su peso aplastándome contra el colchón. No hay prisa. No hay expectativas. Solo el ritmo de su respiración y el mío. Bajo mi mano entre sus patas traseras, encuentro su verga. Ya está erecta, palpitante, envuelta en su vaina. La acaricio con suavidad al principio, sintiendo cómo se desliza, cómo se hincha, cómo el bulbo en la base se inflama bajo mis dedos. Thor gime, un sonido bajo y gutural que vibra en su pecho. Me inclino y tomo su verga en mi boca. El sabor es intenso, salado, a carne viva. La punta se desliza entre mis labios y yo la chupo con dedicación, con devoción, moviendo la cabeza en un ritmo que he perfeccionado durante meses. Thor empuja suavemente, sin brusquedad, enterrándose más en mi garganta. Yo lo dejo hacer, abriendo la mandíbula, relajando los músculos, sintiendo cómo el bulbo se hincha hasta quedar atrapado detrás de mis dientes. No puedo tragar. No puedo respirar bien. Pero eso es exactamente lo que quiero. Él se queda quieto un momento, su verga anclada dentro de mí, y yo siento cómo los espasmos comienzan, cómo el semen caliente y espeso llena mi boca en oleadas. Trago todo. Cada gota. Porque es suyo. Porque es mío. Después de eso, me doy la vuelta y me pongo en cuatro. Thor entiende. Siempre entiende. Monta mis caderas, su pecho contra mi espalda, su aliento caliente en mi nuca. Su verga encuentra mi entrada sin dificultad—ya estoy abierto, listo, preparado—y se hunde dentro de mí en un solo movimiento largo y profundo. Grito. No puedo evitarlo. Es demasiado. Es todo. Su verga llena cada centímetro de mí, su bulbo roza mi próstata en cada embestida, y yo me derrito, me deshago, me convierto en un receptáculo de su placer. Él monta con ritmo, sin prisa, a veces rápido, a veces lento, a veces deteniéndose por completo solo para sentir cómo me aprieto a su alrededor. Terminamos juntos, o más bien él termina dentro de mí, su semen caliente llenándome, y yo me vengo sin tocarme, solo con la presión de su cuerpo y el sonido de su jadeo en mi oído. Así empiezan mis días. Pero mi vida no es solo esto. Tengo amigos, tengo trabajo, tengo una vida social activa. Los jueves salgo con mis compañeros de la agencia a tomar cerveza en la Condesa. Los sábados voy al gimnasio. Los domingos desayuno con mi mamá en Coyoacán. Nadie sospecha nada. Soy bueno disimulando. Pero siempre, siempre, vuelvo a casa. Thor me espera. Su cola golpea el piso cuando escucha mis pasos en la escalera. Su lengua lame mi mano cuando abro la puerta. Su cuerpo se presiona contra el mío mientras le cuento cómo me fue, como si entendiera cada palabra. Y cuando el hambre matutina no fue suficiente, cuando la noche cae y el deseo vuelve a crecer, planeamos nuestras excursiones. Los fines de semana, cuando el clima lo permite, tomo el coche y manejamos hasta el Ajusco. Llevo una mochila con agua, comida, una cobija. Thor va en el asiento trasero, la cabeza fuera de la ventana, las orejas al viento. En el camino de terracería, encontramos un lugar apartado, un claro entre los pinos donde nadie nos ve. Ahí me arrodillo en la tierra húmeda y él monta mis caderas otra vez, sus garras arañando el suelo, su lengua lamiendo mi nuca mientras el viento frío de la montaña golpea mi piel desnuda. El riesgo de que alguien nos vea es parte de la excitación. La posibilidad de que un senderista, un ciclista, un niño perdido, se tope con la escena y grite, se escandalice, se aleje corriendo. Pero nunca pasa. Y si pasara, no me importaría. Porque esto soy ahora. Esto quiero. Esto elegí. Thor no es solo un perro. Es mi compañero, mi amante, mi dueño. Yo soy su novio, su sirviente, su sumiso. Y no cambiaría esta vida por nada del mundo. Cuando lo miro a los ojos, veo algo que nunca vi en ningún hombre: lealtad sin condiciones, afecto sin juicio, deseo sin vergüenza. Y eso, para mí, es amor. El amor verdadero no entiende de especies. No entiende de normas. No entiende de lo que la gente dice que está bien o mal. El amor es esto: una lengua áspera en la mañana, un cuerpo caliente en la noche, un latido que se sincroniza con el tuyo mientras el mundo allá afuera sigue girando, ajeno, ignorante, condenado a nunca entender lo que se siente ser amado por una bestia.

21 Lecturas/9 junio, 2026/0 Comentarios/por luappalup
Etiquetas: amigo, amigos, culo, hijo, metro, montaña, semen, verga
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
LA OPORTUNIDAD PERFECTA
Negros de buen corazón y buena verga VII
RELATOS DE UN CORNUDO EXPERTO, VIVIDAS POR SU ESPOSA Y EL
fin de semana con mi primo sebastian
SOY CASADA PERO ME GUSTA 8
CAMPAMENTO GITANO 1
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.486)
  • Dominación Hombres (4.593)
  • Dominación Mujeres (3.323)
  • Fantasías / Parodias (3.702)
  • Fetichismo (3.001)
  • Gays (23.068)
  • Heterosexual (8.987)
  • Incestos en Familia (19.421)
  • Infidelidad (4.758)
  • Intercambios / Trios (3.364)
  • Lesbiana (1.212)
  • Masturbacion Femenina (1.103)
  • Masturbacion Masculina (2.127)
  • Orgias (2.240)
  • Sado Bondage Hombre (486)
  • Sado Bondage Mujer (211)
  • Sexo con Madur@s (4.740)
  • Sexo Virtual (281)
  • Travestis / Transexuales (2.567)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.721)
  • Zoofilia Hombre (2.335)
  • Zoofilia Mujer (1.722)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba