aprendiendo desde pequeño pt1
cuando somos pequeños somos un libro en blanco esperando que alguien nos llene.
Cuando eres pequeño desconoces muchas cosas por lo que en esas edades siempre deben tener un ojo encima porque es fácil mal encaminarse, pero hay cosas que sabemos que están mal y de igual modo experimentamos con el riesgo de ser atrapados, uno de ese momento fue a mis 4 años cuando fui a orinar con un amigo y ambos nos quedamos mirando nuestros penes señalando cada una de sus características y pues las nalgadas que recibí fueron intenso.
A mis 5 años comencé a vivir en casa de mis padrinos, como solo vivía con mi papá y el trabajo que consiguió le dificultaba cuidarme, entonces mis padrinos me acogieron durante casi 4 años cuya estadía no fue nada normal, no por mi madrina ni por mi padrino si no por su hijo Santiago, en aquel entonces era un chico moreno delgado de 11 años.
Santiago no me trató mal, pero debido a que había mucho tiempo que nos quedábamos a solas nada bueno saldría de eso, aunque transcurrió como 1 mes cuando una noche me empezó a recostar su verga contra mí.
—¿la tienes parada? —, me susurra y luego posa su mano sobre mi pequeña verga, —si la tienes parada—.
Yo también muevo mi mano hacia él y este me lo guía hasta el suyo: lo acaricié, lo agarré y pude sentir lo duro y grande que era.
Esa noche no hicimos mucho más que tocarnos, pero fue el inicio de todo; “vamos a coger” esa frase en la noche desataba nuestro morbo. Como dormíamos en calzones, solo bastaba echarlo hacia un lado para sentir como rozaba su verga contra mí y después se le ocurrió el probar nuestros miembros. Esa idea inicialmente no me convencía, pero al sentir su boca en el mío me vi obligado a hacer lo mismo.
Sin saber me había vuelto su juguete, cada vez que nos dejaban solos Santiago me decía para jugar y como vivíamos en un apartamento además que no existía el internet para nosotros, no había muchas opciones de entretenimiento así que Santiago aprovechó eso, en el caso de que yo no quisiera el simplemente me “amenazaba” con dejarme de hablar, aunque tampoco es que me disgustara hacer aquello; mi corazón latía rápido y con fuerza, mi pene se ponía muy duro y con el tiempo le fui agarrando cierto gusto al chupárselo.
Pasado 1 año yo parecía más una muñeca inflable, era el juguete más conveniente que alguien podía tener: era dócil, chupaba con ganas y su verga rascaba mi culo todas las noches. No penetraba por completo solo la superficie, era como meterte el dedo para rascarte por lo parásitos.
Llegado las vacaciones escolares, nos fuimos de viaje al campo a casa de sus familiares, lógicamente no conocía a nadie de los presentes, pero era un niño y me encantaba viajar otra cosa fue que como dormíamos todos en una misma habitación no podíamos hacer nada “malo” y supongo que debido al ambiente Santiago no parecía tener el lívido activo, una que otras veces cuando fuimos al rio fue que tuvo ciertos antojos, pero no hicimos mucho.
Pero un día tuve una experiencia bastante diferente, aquel día mientras exploraba el lugar ya por casualidad me encontré a Héctor en calzones con un par de cabras.
—¿qué haces? —.
Héctor se asusta y se aparta de las cabras —¡eh, eh! Ah… eres tú. Me asustaste —, inocentemente me rio.
—¿y por qué andas por aquí? —.
—estaba aburrido así que estaba jugando solo—.
—mmm… ya—, y quedamos en un breve silencio, —mmm, ¿quieres ver algo? —.
—sí, ¿qué? —.
—pero debes prometer que no le dirás a nadie, debe ser un secreto —.
—está bien, ¿qué es? —.
—ven, ponte aquí —, me hace apoyar contra el tronco y me baja la ropa, —ya sabes, no debes contarle a nadie—, de igual manera Héctor se baja su ropa y deja ver tremendo vergón de 15 cm. Héctor tenía 17 y el tamaño que tenía su miembro era muy superior al que tenía Santiago.
—¿qué vamos a hacer? —.
—nada, tu quédate así—. Héctor se escupe la verga y me unta otro poco en mi culo para luego comenzar a presionar con su verga, podía sentir como su caliente trozo de carne me empujaba el asterisco a la vez que me pedía que aflojara. —no puedo creer que esté haciendo esto—, susurró Héctor, después me pregunta: —¿estás bien, te gusta? —, yo solo alzo mis hombros y él se pone más intenso.
—me estás puyando duro—.
—shh… lo estás haciendo bien —, me da 3 leves nalgaditas —afloja, afloja—, y empuja lento, pero firme.
—duele—, digo al sentir como su verga me estiraba, era como soltar un gran mojón, excepto que este quería entrar
—aguanta, ya entró la cabeza—. Entretanto yo le continuaba diciendo que dolía, pero Héctor ignoraba mis palabras, poco después se aparta y separa mis nalgas —ya tienes se está abriendo el culito—, y nuevamente siento como entra su ensalivada verga.
En esta ocasión pude sentir al detalle cómo se deslizaba por mi ano. —viste, como ahora si te entra—.
—ay ya—, expresaba casi entre dientes cada vez que era penetrado, me daba como un dolor de barriga, pero la sensación en el culo no era tan mala sobre todo cuando lo sacaba y lo volvía a meter. Pero después de un rato de manera repentina empezó a ser más brusco —¡ah, ah! así no—, respiraba fuerte y sus vaivenes eran rápidos por lo que no pude evitar las lágrimas y empecé a llorar.
—no llores, ya casi, ya casi— poco después luego me la mete a fondo —tómalo, perrita— dijo Héctor casi como un gruñido al mismo tiempo que su verga palpitaba dentro de mi culo. Mientras yo continuaba llorando —te dije que me dolía—.
—perdón fui malo, pero se sentía muy rico—
—no, eres malo…—, podía sentir abierto mi adolorido culo, pero al mismo tiempo estaba suavecito y más sensible al punto que una simple brisa provocaba cierto cosquilleo
—anda, perdóname. Te compraré lo que quieras cuando vayamos a la tienda—.
Pero luego algo más se agregó a mi confusión y fue cuando sentí esa baba que salía de mi ano, —¿qué es esto? —, pregunto con intriga.
—leche, sale cuando el pipí se siente rico—.
—pero a mí no me sale—
—solo le sale a la gente grande—
Rato después ya más clamado y “arreglado” por enésima vez me dice que no le cuente a nadie y pues tampoco es como que quisiera que se enteraran de que estaba haciendo ese tipo de cosas, el resto del día tuve la cabeza hecha un caos y la sensación de tener la verga dentro fue tan intensa que esa noche soñé que me lo hacían otra vez.
El resto de las vacaciones terminé por aprender muchas cosas, pero eso se contará en un próximo relato


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