Cap. 27: De su hijo a su mujer (El pequeño Mowgli y Baloo)
Parte 27 de mi novela autobiográfica. El pequeño Mowgli y Baloo, una película infantil y un vínculo entre padre e hijo que guarda más de lo que ambos saben explicar. Te recomiendo comenzar por la Parte 1. Disfruta!.
- La leche está en la mesa Benjita – dijo doña Clara saliendo de la sala de estar.
- Gracias Clarita – grité desde el baño de la habitación principal mientras me cubría con la toalla para comenzar a secarme.
Después de que llegamos con papá yo corrí a la ducha, era mi costumbre ducharme todas las noches, después de una ducha calientita y un vaso de leche dormía mucho mejor. Papá se quedó conversando con Don René, así que yo aproveché el tiempo de disfrutar del agua caliente, de limpiar mi culito y mi penecito tal como ya sabía que debía hacerlo.
Me puse mi pijama y me fuí a la sala de estar donde estaba todo preparado tal como papá le había instruido a Don René por teléfono cuando estábamos en el restaurant, a la distancia los escucha conversar sobre las cosas que debían reparar ahora que el clima estaba mejorando, tomé el vaso de leche que Doña Clara me había dejado, la leche aún estaba tibia, así que la comencé a beber mientras esperaba a papá.
- La próxima vendré a tomar las medidas y compraré los materiales
- He… he… bueno. Yo hablaré con mi compadre Moncho, para que me de el contacto de los maestros y le enviaré el número o se lo doy cuando usted venga don Ignacio.
- Perfecto, no me diga Don Ignacio.
- Bue… Bueno. Este… y ahí vemos lo que hay que hacer… y… y …y… todas esas cosas.
- ¿Pasa algo Don René?, lo noto nervioso.
- Este… eh eh, no Don Ignacio
- Ignacio, dígame Ignacio
- Me acostumbraré.
- Pero Don René si usted cuida la casa desde que yo era más chico que él Benja.
- Sí, sí, lo sé, este eeh es que usted es grande ahora y a su papá y a su hermano le digo Don siempre.
- Bueno, a ellos, pero a mí me puede decir Ignacio a secas.
- Sí, así lo haré.
- Muy bien, oiga Don René mañana saldremos a andar a caballo con Benjita después del desayuno, así que prepárese a Gorrión y Espina
- Espina está listo don Ignacio, osea Ignacio, lo domesticamos bien con Manolo y Benjita podrá montarlo sin problema
- Muchas gracias don René
- Un gusto Ignacito.
- Bueno, ya es hora de descansar
- ehh
- ¿Necesita algo más Don René?
- Este es que quería… no, no la verdad no.
- Hehehe, ¿Qué pasó? Dígame
- No, era una lesera, no me debo meter en eso
- Don René, ¿Qué pasó?, dígame con confianza
- Ya es tarde, prefiero que sea otro día
- ¿Seguro? ¿Necesita ayuda?
- No, no. Nada grave
Cuando papá entró en la sala de estar el vaso de leche estaba vacío y la televisión estaba encendida pero en silencio, la luz de las imágenes invadían la sala peleando contra las luces de las lámparas. Papá cerró la gran puerta de la sala de estar, pues no era un espacio completamente aislado como una habitación común, como no teníamos televisión en ninguna habitación, esa noche dormiríamos juntos en el sofá cama que nos había preparado doña Clara.
Papá apagó la luz y yo le pasé la cinta de VHS, esa noche veríamos el Libro de la Selva de Disney, era mi película favorita. Papá la puso en el reproductor y me tiró el control remoto, mientras él se desvestía yo le dí play.
- Puedo dormir solo en calzoncillos bebé
- … – Lo miré y le sonreí
- ¿Esa sonrisita es un sí?
Asentí con la cabeza y con mi dedo entre mis labios, me encantaban esas situaciones pero aún me ponía nervioso. Habían pasado tantos meses sin tener a papá y desde esta mañana las cosas estaban yendo tan rápido que me sentía extraño. Pero deseaba todo con él, sacó su polera y sus pectorales gigantes se movían imponentes, al flectar sus brazos sus bíceps se marcaban, su cuerpo era hermoso, no tenía músculos grandes, pero era un hombre muy bien formado sin necesidad de ejercicios extremos o de gimnasios. En esos años, los últimos de los ochenta no era común ir a gimnasios y me da la sensación que los hombres tenían una estructura diferente, lucían más masculinos, más naturales. Mis ojos no se despegaron de su barriga casi plana, de su hermoso ombligo de como desabotonaba su jeans, desde que se habían puesto de moda los jeans con botones, papá solo usaba de esos, y es por eso que hasta ahora aún me gustan y cuando veo uno lo primero que se me viene a la cabeza es el paquete de papá y como se marcaba con esos botones, lo hacían parecer más delicioso, si es que era posible que lo fuera. Cuando sus piernas ya estaban desnudas al quitarse por completo el pantalón y sus pelos no tan abundantes aparecieron, mi penecito dio un respingo bajo mi pijama.
La película ya había iniciado cuando papá se subió a la cama y fue directo a mi, me tomó y me acomodó en su brazo, él me abrazaba y mi pequeño cuerpo descansaba en su fuerte cuerpo. En la televisión la pantera había dejado la cesta del pequeño Mowgli en la entrada de la cueva de los lobos, papá me besó en mi cabello, mi mano derecha se apoyó en su abdomen y su brazo me atrajo más hacia él, podía sentir su mano grande en mi cadera izquierda, el calor de su piel traspasaba mi pijama. Me acomodé para quedar medio de lado con mi culito parado hacia afuera y ahora podía apoyar una mano en los pectorales de papá y la otra en su abdomen desnudo. En la película el pequeño Mowgli ya era un niño. Un niño de diez años, uno más que yo, era tan delgado como yo, tan pequeño como yo. Verlo casi desnudo con un simple taparrabos rojo me excitaba, ya entendía en ese momento que era la excitación, ya la había experimentado muchas veces, y cosas tan simples como dibujos animados me provocaban cosas muy intensas internamente, como cuando la pantera ayudaba a Mowgli trepar el árbol y para impedir que se cayera tuvo que sostenerlo recibiendo todo el culito de Mowgli en su mano (pata abierta), me dió risa y papá me dio una suave nalgada juguetona por encima de mi pijama, mi mano seguía jugando en su abdomen y la suya quedó pegada a mi culito redondo pequeño y blanco, mucho más grande que el del pequeño Mowgli de la película. Yo era claramente más culoncito y mucho más blanco que él. Los dedos de papá comenzaron a moverse acariciando un poco tímidos mis nalguitas y pude ver como su pene comenzó a dar saltitos abajo de su slip blanco.
Mis pequeños dedos llegaron abajo de su ombligo, donde los pelos de papá aparecían y comencé a recorrer el camino hasta encontrarme con el borde de su slip, a esa altura su pene ya había crecido muchísimo, y se marcaba perfectamente debajo de la tela. Podía ver la curvatura del glande haciendo presión como intentando salir, el pene de papá es sin circuncidar, y su prepucio es muy grande y largo, por lo que es difícil que sí está totalmente cubierto, se note la cabeza totalmente bajo la tela, como alguno que se les marca. El de papá era un mástil completo, grueso de manera uniforme de la base hasta la punta y sólo su cabeza era redonda, como los desodorantes de roll-on que él usaba. Ver su pene ya en su máximo esplendor hizo que se me hiciera agua la boca, y sin poder controlarme a mí mismo hice mi culito más afuera, y al pararlo hizo aún más contacto con su mano, la que aprovechó el movimiento para colarse por debajo del pijama y posarse directamente sobre mi lechosa piel, suave y blanca. Ahora el calor era más intenso, me quedé así tranquilo y me dediqué a mirar como el chico de la película cantaba con su amigo oso. Los dedos intrusos de papá comenzaron a meterse en la rajita de mi culito y su pene saltaba al ritmo del movimiento que ellos hacían. No pude evitar dar un respingo sutil y un suspiro profundo cuando uno de sus dedos alcanzó la entrada rugosa pero muy suave de mi culito infantil. Mi cabeza proyectó mi culito y en mi imaginación lo transformé en una vagina y de manera casi automática me sentí una niña, no me había ocurrido eso antes, fue así de rápido, y eso provocó que otro gemido saliera de mi interior, mi pequeño culito se empinó un poco más. Sin decirle a nadie, solo sintiéndome niña e imaginando que mi culito era una vagina me sentía el ser más afortunado del mundo. Aunque sabía que era un niño y que no tenía vagina.
Mi cuerpo era delgado, mi cintura muy estrecha, pero mis nalgas, pese a mi delgadez eran redondas, muy redondas y abultadas, por lo que la sensibilidad en ellas era extrema. Me moví un poco, para darle más acceso a papá a mi pequeña vagina de niño, al moverme mi pecho se acercó a su estómago e inevitablemente mi cara a su blanco slip que guardaba ese maravilloso trozo de carne que se movía incesante, ese trozo de carne que diez años antes había penetrado a mamá para depositar la leche que me crearía, y que estoy seguro que jamás imaginó que después estaría sobre él dándole el placer que de seguro le estaba dando.
No habían palabras, solo gemidos suaves, roces intensos, movimientos cargados de pasión contenida, decidí sentir a papá y me quité la parte de arriba de mi pijama, mi pequeño pecho entró en contacto con su estómago hirviente, antes de acomodarme completamente sus manos hábiles tomaron mi pantalón del pijama y en menos de un segundo lo sacaron del camino haciendo ahora que toda mi piel pudiera sentir la de papá. Ya saben que me gustan todas las cosas de papá, su sonrisa blanca y perfecta, de ahí heredé la mía, su cuerpo grande muy diferente al mío, pequeñito y delicado, como el de niño de nueve años que en realidad aparentaba siete. Pero lo que más amaba de papá eran sus manos, esas manos grandes, de dedos gruesos pero no toscos, uñas siempre limpias, cortas, sus manos eran tan elegantes. Eran suaves, esponjosas pero con una firmeza que las hacía sentir demasiado exquisitas al adherirse a mi piel casi transparente. Sus dedos al colarse por entre mis nalgas lo hacían con una expertise que hasta ahora no puedo encontrar en otra persona. Sus yemas al tocar mi rosado anito que a esa altura no paraba de abrirse y cerrarse se resbalaban con suavidad entre los pliegues de los pequeños labios que se formaban en él, dándole aún más aspecto de una vagina de niño.
Mi cuerpecito infantil estaba entregado al placer que mi padre me estaba dando tan solo con sus dedos, su poder sobre mi era tal que, sólo con algo tan simple lograba que yo me entregara por completo. Volteé mi cabeza para mirarlo y él me sonrió, ambos mirábamos la película, pero a la vez nos dábamos placer tan solo con sentirnos así tan cerca uno del otro. El pequeño Mowgli se divertía con Baloo el oso que le enseñaba a disfrutar de la vida, la canción que cantan juntos en esa escena es una de las que más me gustaba y papá siempre me la cantaba. En la escena de la película el oso está dándose un baño en el río, acostado boca arriba y mientras la corriente suavemente los lleva el pequeño Mowgli se subía sobre la panza del oso para cantar junto a él sin dejar de abrazarlo. En ese momento esa escena tuvo otro significado para mí, mi padre sin ser un oso y sin tener esa panza, era así de grande, era así de diferente en tamaño, era así de cariñoso y preocupado de mí, lo abracé tal como la caricatura de la película lo hacía, sus pelos bajo el ombligo se pegaron a mis mejillas, mi mano llegó hasta su cadera, que estaba cubierta por el algodón de su ropa interior, el pene seguía tan erecto como desde que su mano tocó mis nalguitas. Y sin darme cuenta me tomó, me levantó y me puso sobre su pecho, yo sin decir nada me dejé hacer y de pronto sus labios se pegaron a mis nalgas, su barba, la misma que esa mañana me había rozado mis labios y mejillas ahora estaba haciendo lo mismo con la piel tersa de mis nalgas blancas, un gemido salió por mi garganta y lo acompañó otro al sentir las manos masculinas de papá separando mi carnoso culito para dejar a la vista la entrada que se abría y se cerraba como si tuviera vida propia, la respiración agitada de papá comenzó a golpear la piel de entre mis nalguitas y la punta de su lengua hizo contacto con la rosada carne de los labios de mi culito. Mis pocos vellos se erizaron, mis manitas se aferraron a sus caderas y ahogué un gemido profundo y lleno de placer abriendo mi boca y atrapando el trozo de carne de papá que se movía como si estuviera electrificado abajo de su slip blanco, mis labios se cerraron en el tubo de carne, atravesado de lado a lado en mi pequeña boquita. El vaho de mi aliento comenzó a calentar y a humedecer su slip, eso hizo que su pene se moviera aún más, sentir como bombeaba mientras mis labios lo intentaban sostener me hicieron volver a darme cuenta de lo poderoso que era ese hombre y de lo inferior y delicado que era yo a su lado, esa mezcla, esa diferencia me encantaba. Me sentía tan vulnerable ante su poder, me sentía tan pequeño ante su inmensidad y ahora al tenerme sobre él disfrutando de su lengua humedeciendo mi culito hacía que todas estas sensaciones se multiplicaran. Mis labios soltaron su pene y un suspiro de placer salió de su boca inundando mi culito, apoyé mis manitos en sus muslos y tiré mi cuerpo hacia atrás, de esa manera pegué más mi culito a su boca y pude tener una visión completa de su pene que tenía marcada la humedad de mi boca en la mitad del su trozo de carne que se transparentaba en el algodón blanco, además de la gran mancha de su jugo que había comenzado a botar y su ropa interior estaba absorbiendo.
Recordé el sabor empalagoso de su líquido, la textura de jarabe y la suavidad que le propinaba a mi boca al mezclarse con mi saliva. Mientras su lengua no dejaba de lengüetear efusivamente mi infantil coñito, mi boca traviesa se apoderó de la cabeza de su pene, que ahora se veía perfecta gracias a ese jugo de macho que papá estaba desperdiciando, mi boca sedienta se aferró a la tela y comencé a chuparla, mi saliva la humedeció más y el sabor que estaba impregnado comenzó a mezclarse con ella, mi pequeña lengua salivaba más que lo normal y ya no podía más de las ganas de no tener nada entre mi boca y el pene de papá. Cómo si tuviésemos una conexión sobrenatural o como si me leyera la mente, papá soltó mis nalguitas que se cerraron en su cara atrapando su boca y su nariz, en dos segundos levantó su cadera, tomó su slip y lo deslizó con fuerza y entusiasmo hacia sus rodillas, lo que hizo que su pene se liberara de esa prisión de algodón, era tanto su excitación, tanta la sangre que su corría por las venas su sexo que la erección era increíble, el slip se aferró a la carne que con el último tirón hizo que rebotara y se devolviera con fuerza y potencia, el peso de su glande esponjoso y firme ayudó a que la velocidad fuese aún mayor y la comisura de mis pequeños labios, con la mejilla izquierda recibieron el golpe seco que su pene le dió a mi delicada cara, el sonido y el golpe más que asustarme me excitaron más, mi pene dio un saltito y mi culito presionó la lengua de papá que ya había logrado dilatar bastante como para sentir unos tres o cuatro centímetros de ella en mi interior. Sus manos volvieron a mis nalgas, pero en vez de separarlas, las tomó firme de las caderas, sus dedos pulgares se aferraron casi a la división de mis nalguitas y con ellos hizo el trabajo de volverlas a separar. De esta manera y con la fuerza de sus masculinos brazos me tomó atrayéndome a él para que mi culito se pegara aún más, y con los pulgares abrió las nalgas de su pequeño hijo para darle más y mejor acceso a su lengua y a sus labios. El sonido del chupeteo de papá en mi culo se escondía con las canciones que cantaba el Rey de los chimpancés en la película, pero el placer no se podía esconder.
Mi boca traviesa se abrió otra vez y metí la masculinidad de papá en mi, su glande seguía cubierto por su largo prepucio y fue ahí cuando mi lengua encontró el lugar perfecto para inspeccionar, sin separarme ni un milímetro y sin abrir mi boca, la metí en el inicio del prepucio y la moví hasta llegar al hoyito de su glande, desde donde emanaba ese delicioso néctar que me tenía embobado, hice un juego con la boca, con mis dientes de manera muy delicada y el prepucio descubrió todo el glande de papá dentro de mí, era difícil enfocarme en solo un punto de placer; por una parte mi pequeña boquita estaba inundada de su líquido preseminal, y por otro lado mi culito estaba chorreando la mezcla de saliva de papá y de los jugos que mi mismo culito ya era capaz de producir para lubricarse. Quería mirar su glande que estaba todo dentro de mi boquita, me lo imaginaba gigante y rojo, porque el calor de la cabeza del pene de papá era muy intenso, no podía creer que esa trozo de carne pudiese calentarse tanto, sus venas estaban tan hinchadas, que cuando mi mano agarró el tronco, podía sentir la potencia de la sangre atravesando ese gigante pene de papá. Apreté la boca y comencé a subir, quería que mis labios apretaran el glande al momento que este iba saliendo, para captar el calor y estrujar todo el líquido que estaba saliendo, así que mis rosados y delicados labios de aferraron al tronco, a escasos centímetros más abajo del glande, y comenzaron a apretar como succionando, quería gemir porque en ese momento la lengua de papá se metió más en mi culito, pero me contuve para no abrir la boca y cumplir con mi cometido.
El glande esponjoso estaba siendo absorbido por mi boca que se cerraba cada vez más al acercarme a la separación y fue justo en el momento que mi boca soltó el pene y sonó tal como cuando sacamos un chupa-chups que chupamos que yo levanté la cara para contemplar la masculinidad de papá, fue ahí que mi culito se abrió aún más, su lengua entró con intensidad y un trallazo de semen salió del pene de papá elevándose y pasando la altura de mi cabeza, lo seguí con la mirada mientras sentía la pelvis de papá tiritar en mi pecho y un nuevo trallazo salió, el otro recién venía de regreso, saqué mi lengua, puse mi cara y recibí el primer trallazo sobre mi mejilla, estaba hirviendo, cuando el tercero salió mi lengua lo alcanzó a interceptar y fue en el momento exacto que el segundo ya venía de regreso y calló en mi frente. El cuarto, el quinto, el sexto y el séptimo entraron directo en mi boca, mis labios estaban cerrados dispuestos a no dejar escapar nada. Papá gemía sin separar su boca de mi culito, sin soltar mis nalgas, muy por el contrario, cada trallazo de semen fue un apretón extra en mi culito, tan firme, tan duro, tan intenso. Cuando mi garganta estaba tragando el semen de papá, abrí mi boca, presioné el pene que nunca solté y una última gran gota, muy blanca, muy espesa estaba saliendo. La miré y mientras en la televisión aparecía la serpiente hipnotizando a Mowgli, yo estaba hipnotizado por la leche de papá que sin dejar de verla sorbí haciendo sonar mis labios con el semen, como cuando tomas algo caliente e intentas hacer pasar aire frío junto con el líquido.
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La historia cuenta actualmente con 133 capítulos, incluidos episodios especiales inéditos, algunos acompañados de fotografías y videos. La novela continúa escribiéndose, así que todavía queda mucho por descubrir. Puedes preguntarme por el acceso directamente en Telegram.
Gracias por leerme. Espero que la historia te esté gustando.
Besitos,
Benja

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