• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (3 votos)
Cargando...
Gays

Carlos y Anibal, amigos y rivales 1

Relato mis encuentros con Carlos y Aníbal, a quienes conocí cuando trabajé de maestro..

Me llamo Cristóbal, tengo 30 años, mido 1.70, mi piel es clara, pero no soy blanco, tengo un buen físico; no hago mucho ejercicio, pero por mi trabajo ejecutivo siempre estuve bien cuidado. En marzo del año pasado inicié una relación con Carlos, un chico que conocí mientras era maestro en su colegio.

 

Carlos recién cumplió los 18 años hace poco; por ello nuestra relación ha permanecido en secreto. Piel canela, buen físico a causa del futbol, típico chico de barrio que vuelve loca a las chicas; frente a nuestras familias somos dos amigos, pero dentro de las paredes de una habitación las cosas son muy diferentes. Cómo llegamos a este momento es una historia larga; si desean conocerla, pueden buscar “Carlos, Aníbal y Rafael, mis estudiantes sobresalientes”. Pensé en ya no escribir más, pero los últimos acontecimientos merecen ser contados.

 

Ahora que Carlos estudia la universidad, tenemos más oportunidad de pasar tiempo juntos; tiene excusa para salir todos los días. Ha dicho que sus clases se extienden hasta los sábados; pasamos ese día juntos y hacemos todas las cosas típicas de una pareja normal. Conseguimos un departamento cerca de la universidad, para que Carlos en sus horas libres pueda ir a pasar allí. Le dijimos al dueño de casa que viviríamos los dos, que éramos familia y que vinimos de fuera de la ciudad por trabajo y estudio. El señor vive a la vuelta de la calle, así que tenemos más libertad.

 

Todo es perfecto, solo agregaría que Carlos se pueda quedar unas noches completas conmigo, pero ha sido imposible; a excepción de un par de veces que nos fuimos de viaje, la mayoría de nuestras juntadas son en el día y los fines de semana. El día que no podemos vernos, nos escribimos. Dato chistoso: tanto él como yo nos tenemos registrados con el nombre de la chica del colegio que hizo posible que nos conociéramos; así podemos escribirnos a toda hora, sin importar dónde estemos.

 

En el feriado de febrero quisimos viajar; esta vez el destino fue un complejo turístico, donde se ofrecía hacer senderismo. La verdad, no era de mi total agrado, pues vengo del campo, y era pagar para ver monte, el cual había visto toda mi vida gratis, pero es imposible negarte si te lo piden al oído mientras te tienen bien abotonado.

 

Partimos bien temprano el domingo; por suerte, no fue muy largo el viaje. Llegamos y nos instalamos rápido en nuestra cabaña porque nos indicaron que pronto saldría el grupo de senderismo. La ruta no estuvo tan mal; íbamos debajo de los árboles, así que no recibimos sol directo, pero calor sí hacía. Muchos de los hombres empezaron a quitarse las camisetas; Carlos fue uno de los primeros. La verdad, a mí me dio pena hacerlo. Después de una hora de caminar, llegamos a una laguna, donde descansaríamos.

 

Nosotros, por llegar al final, no habíamos escuchado las indicaciones, así que no llevábamos ropa de baño, pero Carlos no quiso perderse el agua y se metió en bóxer. Me invitó a hacer lo mismo, pero solo me quité la camiseta y me metí con los pantalones cortos. Disfrutamos por casi una hora, hasta que nos indicaron que debíamos continuar la ruta. Algunos empezaron a cambiarse la ropa mojada en unos pequeños privados de madera que estaban instalados; yo debía continuar mojado, no tenía otra opción. Carlos quiso sacarse el bóxer mojado. Cuando salió, sus pantalones se le bajaban de más porque no tenía ropa interior; casi le llegaban a la base de su amiguito. Una chica no se perdió el momento, se comió con la mirada a mi hombre, por lo que enseguida le pedí que se los subiera, además de que estábamos rodeados de familias enteras con niños y podían molestarse por la imprudencia. La chica pertenecía a un grupo de jóvenes integrado por dos chicas y cuatro chicos, seguramente amigos de estudio.

Continuamos nuestra caminata y al final regresamos al campamento, donde nos dieron nuevas indicaciones sobre las demás actividades que se podían realizar en el complejo, como andar en caballo, jugar futbol y saborear la comida típica. Nosotros optamos por comer y luego descansar en las hamacas. Al rato, un chico se acercó a Carlos y le pregunta si quería jugar futbol; les faltaba un jugador, era del grupo de 6 jóvenes. Este aceptó encantado, corrió a la cabaña por su equipo; yo decidí descansar un poco más antes de ir a verlos jugar.

 

Entre partido y partido se fue la tarde; empezaba a retirarse la gente que solo había ido para el día. Veo a la chica que antes se había comido con la mirada a mi hombre acercarsele y hablarle; luego se despiden con beso y todo. Carlos se percata de que ha sido visto y camina hacia mí sonriendo, como diciendo: «No pasa nada». Me abraza por el hombro y me dice: «Vamos a la cabaña, ¿sí sabes que estás sudado y apestoso?». Me aprieta más fuerte a él y cuando te ha molestado mi olor, nunca le digo, pero hoy hueles a zorra. Ríe a carcajadas. Entonces, ¿sí viste a la chica que se me acercó? «Sí, sí la vi a la puta esa». Río más ante mi comentario. «No fue nada, tú eres mi novio; si me llega a escribir, no le voy a hacer caso». Entonces, ¿le diste tu número? «Sí, pero solo porque me lo pidió y se me hizo feo no hacerlo». Me toma de la mano y me arrastra hacia un lado de la ruta, para escondernos atrás de unos arbustos. Sin decir nada, me besa, dejándome sin aire. «Para que te olvides de la zorrita, pues todavía me acuerdo un poco». Me vuelve a besar y ahora, ahora sí parece que ya se me está olvidando. Empezamos a darnos picos.

 

Se estaba dando una espectacular caída de sol, así que tomé una foto para publicarla. Carlos también tomó algunas. Luego de descansar y del respectivo aseo, salimos a buscar algo de comer y ver qué ofrecía el lugar para los que nos habíamos quedado a pasar la noche. Gente no había mucha; no todas las cabañas se veían ocupadas. Había un bar donde estaba la mayoría tomando, unos cuantos niños jugaban y otras personas estaban sentadas en el césped mirando al cielo, disfrutando del paisaje nocturno.

 

Permanecimos poco tiempo allí; optamos por regresar a nuestra cabaña para estar más cómodos. Estas tenían dos áreas: al frente, las paredes eran de un metro de altura con techo donde había dos hamacas y, atrás, la habitación cerrada, con dos camas y baño. Carlos enseguida se quita su camiseta y se acuesta en una de las hamacas para continuar tomando las cervezas que habíamos comprado. Me invita a acompañarlo; me acuesto a su lado y utilizo su brazo como almohada. Me comparte de su bebida.

 

Después de un rato empezamos a besarnos; con mi mano recorro su torso desnudo. Éramos la típica pareja de enamorados que disfrutaba de un momento íntimo aprovechando la oscuridad de la noche. Escuchamos cómo los vecinos llegaban, pero no nos importó; por suerte había unos cuantos metros de distancia. «Quiero que me la chupes», me dice mi hombre. «Vamos a la cama», le dije sin demora. «No, aquí quiero que lo hagas». Se levanta y ve que no hay nadie cerca, se afloja el pantalón y con todo interior se lo baja, quedando totalmente desnudo. «¿Qué haces?», le digo, casi susurrando. Se vuelve a acostar junto a mí.

 

—Estás loco. —No, estamos locos —me corrige—. Te toca. —¿Qué? —Yo no voy a hacerlo. —Vamos —me ruega, tomando mi cara para besarme—. Un ratito y de allí nos vamos adentro. Con un poco de duda me levanto y me cercioro de que no haya nadie cerca antes de despojarme de mi ropa. Apenas lo hice, me tiré a la hamaca como buscando protección; por suerte, esta era ancha y de tela, así que daba buena protección. Continuamos nuestro desenfreno; éramos dos pubertos descubriendo el sexo. Con un poco de esfuerzo nos acomodamos para poder cumplir con la petición de mi machito. Estaba duro y listo para ser devorado. Chillo al primer contacto de mis labios con su sexo. —Soy tuyo —me dice, levantando las manos sobre su cabeza para aferrarse a la soga de la hamaca como quien está en peligro de caer.

 

Se retuerce de placer como si fuera la primera vez; su miembro casi se atoraba en mi garganta. Le bajaba la piel para dejar libre su cabeza y la succionaba como si fuera el fruto más dulce. «Ahh, ahh», chillaba mi hombre al sentir cómo su hombría era mi alimento. Fueron unos minutos intensos, hasta que no soportó más y, dando alaridos, dejó salir toda su leche directo a mi boca. La cantidad fue mucha, inundó mi garganta. «Eres el mejor», me dice con la voz entrecortada, recuperándose de su frenesí.

 

Me volví a tirar sobre él y me acomodé sobre su pecho; me encantaba el olor de su cuerpo. Volvimos como al principio a disfrutar de nuestros cuerpos desnudos, solo cubiertos por la noche, retomamos la bebida y los besos. Su mano había llegado hasta mi cola, me tocaba y manoseaba sin el menor pudor. «Te quiero comer el chochito», pero en la habitación le propongo: «No, aquí». Me besa apasionadamente; no pude negarme a tan suplicante pedido. Como pudimos, me giré sobre mi hombre para dejar mi cola cerca de su cara; enseguida sus manos se apoderan de ella y la recorren completamente.

 

Me golpea haciéndome dar un brinco; se notaba que el alcohol lo tenía eufórico; no era de sorprenderse, era el que más había tomado. Enseguida abre mis posaderas y siento como su lengua recorre mi entrada, haciéndome estremecer. «Qué rico chochito tienes, mi amor, te lo voy a comer todo». Doy un grito de sorpresa al sentir que vierte cerveza helada en mi cola; enseguida se pega a recogerla toda con su boca. «Me encanta tomar cerveza así», repite esto una y otra vez. Mi macho me come el chocho con delirio; aprieto los dientes para no gritar de placer. Chillé al sentir cómo uno de sus dedos ingresa en mi ser; quise alejarme, pero no me lo permitió. Continuó en lo suyo, entregado a la lujuria; mientras tanto, yo luchaba para no gritar de placer. Me encantaba sentir la virilidad con la que estaba siendo tomado.

 

El juego de sus dedos entrando y saliendo me hacía estremecer, más aún sentir su lengua recorriendo toda mi entrada, acariciando mi intimidad. Hubo un momento tan intenso que me levanté y casi quedé sentado sobre su cara. Me sentía una hembra entera, siendo devorada por su macho. No sabría decir si fue el lugar o la situación, pero fue un momento intenso. Vuelvo a mi lugar, pero esta vez agarro su sexo y empiezo a devorarlo; era eso o gritar. Estaba sintiendo demasiado placer; su mástil estaba firme, como si no hubiera ya descargado. Continuamos en lo nuestro, olvidándonos del mundo, solo guiados por el placer que nos dan nuestros cuerpos. Empiezo a masturbarme; necesitaba liberar de alguna forma tanta calentura. Mi hombre, al darse cuenta, aleja mi mano, como diciendo: «Solo yo te puedo dar placer».

 

Nuevamente llegué al clímax, me levanté casi sin pensarlo, mientras mi hombre hacía círculos con su lengua dentro de mí. «Ay, cabrón», dije entre chillidos. Lo tomé del cabello y lo jalé para presionarlo contra mi cola, como buscando que su lengua entre más dentro de mí. «Amor, qué rico siento, eres todo un macho», volví a caer. Carlos aprovechó para separarse y tomar aire, pues prácticamente lo estaba ahogando en mi cola. «Jueputa, qué arrechera», dice casi gritando, «te voy a reventar el chocho». Esto lo acompaña con una cachetada a mi cola; luego continuó su tarea.

 

Nos devorábamos con locura nuestros sexos; mi macho sabía complacer a su hembra. Me enloquecía sentirlo jugar con mi entrada. Me levanté de nuevo y busqué nuevamente presionarlo contra mi cola; mi cuerpo temblaba, apretaba los dientes. Siento que me empuja, haciéndome volver a mi postura de perrito. Se escurre de alguna forma, casi nos caemos, pero logra ponerse de rodillas atrás de mí. Sabía lo que venía y lo esperaba con ansias. Guía su mástil a mi entrada, pero a la primera no entra. «Jueputa», grita frustrado, «pero si te tengo bien abierto». Escupe en su mano para lubricar su sexo, vuelve a presionarlo sobre mi entrada. «Vamos, mi amor, entrégame el chochito». Sentí claramente cómo mi anillo cede, grité sin el menor pudor; no era que me faltara dilatar, era su miembro que estaba demasiado hinchado. Sentía claramente cómo se abría paso dentro de mí. «Estás grande», chillé. Mi macho no paró hasta tenerme totalmente ensartado.

 

Se tumba sobre mi espalda y con voz agitada me dice: «Qué apretadito estás, mi amor». Permanecimos así un momento; sentía claramente su sexo atorado en mis entrañas. De a poco empiezan los movimientos de cadera, se escuchaban sus jadeos: «Ahh, ahh, qué rica verga, papi, soy tuyo, tómame». Me agarra de las caderas y continúa su faena; me hacía gemir con cada estocada que me daba, al punto de sentir que me iba a desmayar. Esta vez ni masturbarme ayudaba, era demasiado placer el que sentía. Me vine casi al instante, quedando en un estado de sumisión, siendo tomado de forma tan frenética. Al poco tiempo escucho sus gritos y alaridos: «Jueputa, jueputa», decía al sentir que su corrida era inminente. «Me vengo, ahh, ahh», grito sin control al momento que su leche se abría paso a través de su verga para salir disparada directo a mis entrañas. Chillaba descargando hasta la última gota dentro de mí. Cayó desfallecido sobre mi espalda, respirando agitado después de tremendo frenesí.

 

—Cómo me encantas, mi amor —me dice besándome la espalda. Permanecimos así pegados, sintiendo en la piel el aire fresco que intentaba apagar el fuego que habíamos encendido en esa hamaca. —No me quiero salir de ti —me dice al oído—. Te quiero seguir cogiendo. Empieza a guiarme para tumbarnos de lado. Pasé mi brazo atrás de su cabeza para que podamos besarnos. En ningún momento nuestros sexos se separaron. Carlos tomó una de mis piernas y la levantó un poco para dejar mi cola más expuesta. Entre beso y beso, sentí cómo empezaba nuevamente a hacerme el amor, esta vez de forma lenta. Su reciente corrida le ayudaba en su trabajo; entraba y salía de mí sin problema.

 

Cabroncito, ya empezaste de nuevo, le dije tomándole del cabello. Me respondió mordiéndome el cuello; esto me hizo gemir y mover la cola como entregándome a sus deseos. Continuó recorriendo con su boca todo mi cuello y hombro; me estaba enloqueciendo sentir cómo me hacía su hembra nuevamente. Solo se escuchaba nuestra respiración agitada; no teníamos prisa de nada, teníamos la noche entera para disfrutar. «Ay, qué rico coges», le decía mordiendo la hamaca. Empinaba más la cola para recibirlo mejor. «Ay, ay», chillaba. Bajé mi mano y palpé mi sexo completamente ocupado por mi macho; sus bolas chocaban en mi entrada. Las acaricié como agradeciéndoles tanto placer. Empecé a mover las caderas en círculos para restregármelas; estaba extasiado de placer.

 

Despues de un buen rato de estar pegados se separa, estaba empapado de sudor, se acomoda entre mi piernas, toma una de ellas y la pone en su hombro, de un solo movimiento soy ensartado nuevamente, empieza a clavarme con mas fuerza que antes, que rico estas mi amor, aproveche para manosear toco su pecho y brazos, me hacia ver estrellas con cada estocada que me daba, empece a gritar sin importar ser escuchado, esto lo encendio mas que respondio acelerando sus embestidas, que rico me coges macho grite, pase mis uñas por todo su pecho, todo el techo de la cabaña temblaba por la fuerza que hacian los cabos de la hamaca para sostener nuestro desenfreno, los jadeos de mi hombre seguramente eran escuchados a varios metros a la redonda, pero no nos importaba, mi pierna se resbalo del hombro y mi macho cayo encima de mi, aproveche para besarlo, esto apasiguo nuestros gritos, pero no nuestras ganas, preñame mi amor le dije en el oido, Carlos lo tomo como una orden, solo tenia una mision, preñar, empezo a bramar, me abraza y me levanta, quedamos sentados en media hamaca, bajo sus manos de mi espalda y abrio mi cola como buscando penetrarme mas profundo, yo respondi besandole el cuello, nos desbalanceamos y caimos al otro lado de la hamaca ahora yo estaba encima, sin perder tiempo me arregle para montarlo, movia mis caderas en circulos con mucho desenfreno, ahh jueputa, que rico mi amor, me vas a deslechar asi, sigue, sigue sacamela toda, golpea mi cola con ambas manos, gemiamos sin control, ahh ahh, que rico mi amor, ahh ahh, no resisti mas y tuve mi segunda corrida, la cual cayo sobre mi hombre que reacciono levantandose  y agarrandome para regresar a la postura inicial, sus embestidas eran freneticas, ahh ahh ahora era yo el que gritaba sin control, sintiendo su virilidad, clave mis uñas en su espalda, gritandole que me preñara, finalmnete dando alaridos como si le arrancaran algo empezo a vaciar su leche nuevamente en mis entrañas ahh, ahh que rico, ahh ahh jueputa que rico, me besa como agradeciendome tanto placer, movia sus caderas lentamente buscando dejarme hasta la ultima gota dentro, finalmente con la respiracion acelerada cayo sobre mi pecho y se quedo en silencio.

 

Después de un buen rato y luego de haber recuperado el aliento, Carlos me habla: —¿Crees que nos hayan escuchado coger? —Es lo más seguro —contesté. Continuamos en silencio; no hacía falta hablar, ya nos habíamos demostrado todo. Carlos dio un ligero ronquido. —Oye, no te duermas, tenemos que ir a la habitación. —No quiero —me dice—. Durmamos aquí. Y se volvió a dormir. No tuve opción; como pude, lo acomodé un poco y luego también busqué dormir. Estaba muy cansado también.

 

La noche pasó en un instante. Me despertaron los pájaros que cantaban: «Despierta, dormilón, debemos entrar a la habitación». «No», dice como niño malcriado, y continúa durmiendo. Como pude, alcancé algo de nuestras ropas para cubrirnos. Carlos, muy relajado, continuó durmiendo, aprovechando que lo cuidaba. El macho que me había hecho ver estrellas en la noche ahora era un niño que necesitaba cuidado. No me fijé en qué momento me volví a dormir. Cuando desperté, ya era completamente de día. Se escuchaban algunas voces a lo lejos. Me asusté, pero enseguida Carlos me dice: «Tranquilo, solo están pasando, no te levantes, vámonos agachados para la habitación». Así lo hicimos, no recogimos nada, solo nos escurrimos buscando refugio. «Báñate tú, yo recojo las cosas», me dice. Se coloca una pantaloneta y sale así descamisado.

 

Cuando estuvimos listos, decidimos ir a buscar desayuno. Eran más de las 7. Apenas salimos de la habitación, se escucha un buenos días. Era una pareja que pasaba frente a nuestra cabaña, al parecer los vecinos. «Es un día muy bonito», dice la mujer, «pero no es nada comparado con la noche que pasaron ellos», responde el hombre casi riendo. «No los molestes», dice la mujer, «bien que sacaste provecho». «Eso sí, nos hicieron dar ganas también», levanta el pulgar como aprobándonos. «Cállate», le dice la mujer, «no seas imprudente, mejor vamos a desayunar». «Hasta luego», se despide ella.

 

Nos miramos y solo pudimos reír; por suerte, nadie más nos había escuchado. Decíamos esto porque mientras desayunábamos, nadie más nos miraba con picardía como la pareja vecina. Finalmente, era hora de marcharnos, terminaba nuestra aventura; liquidamos la cuenta de la habitación y partimos de regreso a casa, felices de haber tenido una experiencia única e inolvidable.

 

15 Lecturas/1 junio, 2026/0 Comentarios/por Anonimo
Etiquetas: amigos, amiguito, baño, colegio, mayor, sexo, vecina, viaje
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
burritas y yeguas !!! delicia
Matilda, por un simple descuido pasó a ser una de mis colegialas preferidas. Parte I
Con su tremenda verga, mi cuñado inauguró…mi garganta con su pija (1)
BARQUITO 15
La Familia Fetichista Parte II
Mi primera vez una trans parte 2
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.486)
  • Dominación Hombres (4.592)
  • Dominación Mujeres (3.322)
  • Fantasías / Parodias (3.700)
  • Fetichismo (2.999)
  • Gays (23.059)
  • Heterosexual (8.981)
  • Incestos en Familia (19.411)
  • Infidelidad (4.753)
  • Intercambios / Trios (3.362)
  • Lesbiana (1.212)
  • Masturbacion Femenina (1.102)
  • Masturbacion Masculina (2.126)
  • Orgias (2.238)
  • Sado Bondage Hombre (486)
  • Sado Bondage Mujer (211)
  • Sexo con Madur@s (4.739)
  • Sexo Virtual (281)
  • Travestis / Transexuales (2.565)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.721)
  • Zoofilia Hombre (2.333)
  • Zoofilia Mujer (1.722)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba