• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos)
Cargando...
Gays

Carlos y Aníbal, amigos y rivales 2

Relato mis encuentros con Carlos y Aníbal, a quienes conocí cuando trabajé de maestro..

 La celebración de nuestro primer año juntos fue memorable. Carlos me cocinó; había aprendido a hacerlo, aunque su especialidad siguen siendo las ensaladas de atún. Me encantaba verlo sin camiseta en la cocina, mejor aún solo con sus pantalonetas del futbol, pues una de sus excusas para salir era que iba a jugar con los amigos. Esto era perfecto porque luego llegaba cansado y todos asumían que era por el juego. Por mi parte, le regalé una camiseta original de su equipo favorito; se la puso y no se la quitó más, por lo que terminó empapada después de la tarde que tuvimos y así se fue. Según me contó, a regaños su madre logró que se la quitara para lavarla.

 

En los últimos días de marzo, me comenta que se está organizando un reencuentro de amigos de colegio. Un escalofrío recorrió mi cuerpo; el pasado quería volver. Intenté armar un viaje para llevármelo lejos, pero se negó, dijo que tenía muchas ganas de reencontrarse con sus amigos. Este se realizaría el sábado en la tarde, por lo que decidió quedarse en su casa para poder ir al tan esperado encuentro, así que no nos vimos este día. Como a las 9 de la noche me escribe: «Hola, te extrañé, quiero verte». «Hola, yo también, ven, te espero», le respondí de inmediato. Sentí una alegría tremenda; al parecer todo seguía normal. Me preparé muy feliz para su llegada, pero luego me vuelve a escribir: «Los muchachos me llevan a tomar unas cervezas, no me pude escapar, lo siento, prometo que antes de ir a casa paso a verte».

 

Volví a la sosobra; esa juntada de machos era más peligrosa. No me quedó más que esperar lo mejor. Las horas se hicieron eternas esperando; me quedé dormido sin darme cuenta hasta que escuché que me llama. Ingresó a la habitación: «Hola, amor». Esas palabras hicieron que volviera a la vida. Me lancé sobre él para besarlo; fui bien correspondido. Quise arrancarle la ropa, pero me detuvo: «Espera, no puedo, mi madre me espera; ya le dije que iba en el taxi, solo vine a verte como te lo prometí». Nos besamos como queriendo expresar todo el amor que sentíamos en esos segundos; luego de esto se marchó.

 

Quería bailar de la alegría, busqué mi teléfono para chatear con él hasta que llegué a casa. Recién me doy cuenta de que ya era más de medianoche; apenas había enviado un par de mensajes cuando escucho que tocan la puerta. «Decidió quedarse», dije en mi interior. Corrí a abrir. «Qué pendejo fui», ahora que lo pienso, ya había entrado solo antes, ¿por qué ahora tocaría? Abrí la puerta y me encontré con un tipo vestido de militar. Enseguida esta persona se lanza sobre mí, me toma por la camiseta y me empuja dentro de la casa. «¿Qué haces?», dije intentando reaccionar. «Sabía que eras tú», finalmente dice con tono fuerte. Pude distinguir su rostro. «Aníbal», dije con la voz cortada, «¿qué haces aquí?».

 

Soltándome, responde: «Sí soy yo, el pendejo al que le decías que era el único mientras también te revolcabas con uno de sus amigos. Estaba tomado, sin duda, tenía el pelo corto, obviamente, como todo militar, pero mantenía ese porte de macho semental, pelo en pecho, que había llamado mi atención desde el primer día que lo vi vestido de estudiante en el patio de aquel colegio donde trabajé como maestro».

 

Sabía que era la misma foto, jueputa, lo sabía, dice gritando en media sala. Cuando la subiste en febrero, pensé: «¿A qué pendejo le habrá tocado ahora?». No entendía nada, no recuerdasverdad, ¿?, me dice molesto. Hace un año me llevaste a mí de viaje en esa misma fecha. Recordé y efectivamente era cierto, hace un año había viajado con Aníbal a la playa. Te estás cogiendo a otro de mis amigos, me grita, pero ¿de qué me sorprendo si es lo que siempre hiciste, agarrarnos de juguete? Pero ya me cansé de que nos veas la cara, le voy a contar todo a Carlos. —¿De qué foto hablas? —pregunté aun sin entender; la que hoy Carlos nos mostró mientras nos contaba del viaje que había hecho, era la misma puta puesta de sol que subiste.

No podía creer que por esa estúpida foto habíamos sido descubiertos. Recordé la promesa que él mismo nos hizo hacer a Rafael y a mí de no decir nada a nadie de nuestros encuentros pasados; ahora él quería romperla. —¿Cuál es tu problema? —dije agarrando valor, viendo que todo mi mundo se derrumbaba—. Prometimos que no íbamos a decir nada y debes cumplirlo. Lo que pase entre Carlos y yo no debe importarte. —Sí me importa porque es mi amigo —me refuta—. Te preocupa que se entere de lo que hiciste con nosotros. La verdad, había dado en el clavo; me senté y comenté Si hubiera sabido que al final terminaría con Carlos, me hubiera quedado solo con él desde aquel primer día que lo conocí y ya no hubiera tenido nada con ustedes. Como me grita: «Estuviste con Carlos antes que nosotros», me quedé mudo, había soltado algo que no debía. «¿Qué hp?», exclama agarrándose la cabeza con ambas manos.

 

Después de unos segundos de procesar la noticia, reacciona: «¿Desde cuándo andas con Carlos?». «No te puedo decir nada más», respondí nervioso. Se sienta y empieza a comentar: «Nunca dijo nada ese cabrón. Rafa y yo contábamos todo lo que hacíamos, pero él no, se quedó callado y todavía nos criticaba por lo que hacíamos, y él lo hacía a escondidas. Nos vio la cara, es un hp», dice golpeando su propia pierna con el puño. Al parecer, la nueva información había derrumbado gran parte de su ira; entendió que su amigo no era tan ingenuo como pensaba. No era bueno para su amistad, pero para mí me ayudaba mucho; quizás desistiría de contarlo todo, viendo que su amigo no había sido del todo sincero.

 

Después de un rato y ya más calmado, saca su celular. «Mierda, es muy tarde para llamar», se dice a sí mismo. «¿A quién vas a llamar?», pregunté. «A tu noviecito para decirle que me voy a quedar contigo», me responde con algo de molestia, pero enseguida se da cuenta de que fue grosero y, mirando al techo, comenta: Me escapé del cuartel y no puedo ir a casa porque mi viejo se enteraría; iba a llamar a un amigo para pedirle posada, pero ya es muy tarde, así que no tengo dónde pasar la noche.

 

—¿Por qué hiciste eso? —pregunté. —Porque a los hp del cuartel no les dio la gana de darme permiso. Quería venir a la reunión de amigos y no me autorizaron la salida, ni porque les dije que mi madre estaba enferma, así que me volé con la ayuda de un compañero. Hoy en la mañana salió mi grupo rumbo a otra ciudad y regresan el domingo a las 6 de la tarde. No me embarqué; mi amigo me cubrió diciendo que me habían ordenado quedarme en el cuartel haciendo otros trabajos, así que debo viajar mañana al mediodía para alcanzar a llegar y aparentar que fui normal a ese viaje. Mi amigo piensa que de verdad salí a ver a mi madre.

 

—Te puedes quedar aquí —le propuse—. Necesitaba tener más tiempo para lograr convencerlo de que no cuente nada y se vaya en paz. No tengo otra opción —dice, aceptando. Se levanta y empieza a quitarse el uniforme. —¿Qué haces? —le increpo—. Quitarme la ropa para ducharme. Ahora te va a escandalizar verme desnudo, ¿temes no controlarte? Se queda en bóxer. —¿Dónde es el baño? —me pregunta. Se lo señalé y se mete sin perder tiempo. Después de varios minutos, salió secándose con una toalla. No se molestó en cubrir su sexo, puso la toalla en el mueble y se sentó sobre ella. Si antes era hermoso, ahora era otro nivel; el corte de pelo y el cuerpo definido por el ejercicio militar le habían favorecido sobremanera.

 

Puso sus brazos atrás de su cabeza, viéndolo más tranquilo. Insistí con mi pregunta: «¿Cómo llegaste hasta aquí?». «Seguí a tu noviecito, no quiso compartir taxi, supuse que vendría a ver a su putita, así que me hice atrás y aquí estoy, no me equivoqué». «¿Y qué tal estuvo la reunión?», pregunté como para cambiar de tema. «Muy bien», me responde sin dudar, «pasamos un buen rato, como hace tiempo no lo hacíamos. Luego los muchachos decidieron ir a rematar la noche a un bar, allí estuvimos hasta que se nos acabó el dinero, pero ya deja de hacerte el loco y dime desde cuándo eres la putita de Carlos».

 

Somos novios desde marzo del año pasado; la vez que estuvimos los tres fue la despedida a mi soltería. Desde allí solo estoy con él, entonces sí es verdad lo que me dijo Rafa, que después de eso ya no le aceptaste más citas. Así es, me alejé porque inicié mi relación con Carlos, ¿y tú qué has hecho? Yo tengo novia, con la que me veo cuando salgo libre; vive con los viejos, por eso no pude ir con ella. Viejos, con el cabrón que la mantiene ha de ser. Sonríe, acerté, dije riendo. Es una puta que tiene marido, solo nos vemos para coger.

 

Con todo lo que tienes y solo te alcanza para eso, ¿qué más quieres? Si paso encerrado en ese puto cuartel, toca agarrar lo que caiga, y ya no me mires que te vas a antojar. Se cubre sus partes con un cojín. Más bien, préstame ropa; ¿no ves que me escapé solo con lo que tenía puesto? Me levanté diciendo: «Te toca dormir aquí, ya te traigo unas sábanas y una pantaloneta para que tapes esas miserias, jaja, bien que te atascabas», me dice acariciando su miembro.

 

Una vez acomodada la visita, me fui a mi habitación. Cuando ya casi estaba dormido, escuché un ruido en la sala. Decidí levantarme a ver de qué se trataba, salí y vi que Aníbal dormía con su brazo colgando del sofá y su celular en el piso; eso era lo que había caído. Con su otra mano tenía agarrado su miembro; había estado masturbándose, pero le había ganado el cansancio. Reí en silencio ante tan pintoresca escena. No pude obviar el video que se reproducía casi en silencio: un chico penetrando a una chica por atrás.

 

Verlo desnudo era una tentación; me invadió el deseo de tocarlo, de sentir el calor de su cuerpo. Recordé la vez que dormí sobre su pecho con su brazo rodeándome la espalda. «¿Qué prueba me pone la vida contigo?», dije en mi mente. Mis ojos se resistían a dejar de mirar. Con gran fuerza de voluntad me alejé y escapé a mi habitación. Me acosté, pero no pude dormir por un buen rato, pensando en cómo salvar mi relación con Carlos, qué más podía decirle a su amigo para que desista de contar nuestro pasado. Sentí mucha sed, me levanté para ir a la cocina por agua antes de dormir. Traté de no hacer más ruido del necesario. Aníbal dormía; ya su celular no estaba en el piso.

 

Mientras bebía, lo escuché moverse, pero lo ignoré; pensé que solo se acomodaba, hasta que lo escucho decir: «También quiero». Pensé de inmediato que me pedía agua, así que busqué un vaso para servirle. Al instante, siento un cuerpo que me apoya por detrás; con su brazo me rodea el cuello. «¿Qué haces?», dije sorprendido. Quise safarme, pero me fue imposible. Con su mano empieza a recorrer mi cola. «Para», le insistí, pero continuó tocándome a su antojo. Me tumbó de frente sobre el mesón, tiró de mi pantalón, echó saliva en sus dedos e de inmediato buscó mi entrada. «Espera, ya te dije que tengo novio». «Al diablo tu puto novio», responde. Estaba descontrolado, se agacha y siento que muerde una de mis posaderas; eso me hizo chillar. Continuó jugando con sus dedos hasta que me penetra. «Tienes cerradito el chocho». Traté de detenerlo nuevamente, pero me dominaba. Se agacha y pasa su lengua por mi entrada; me hizo temblar. «Qué rica chuchita». «Para, nos vamos a arrepentir de esto». «Soy el novio de tu…». No alcancé a terminar mi oración porque nuevamente acaricia mi entrada con su lengua, haciéndome gemir. Empezó a comerme la cola; era demasiado desenfreno junto, me devoraba todo, sentía su lengua jugar con mi entrada, sus labios hacerme el amor.

 

Tiro de mis pantalones para que salieran del todo, tomo una de mis piernas y la levanto para que quede sobre el mesón, dejando así mi entrada más expuesta. Apretaba mis dientes para no gemir; me daba placer al máximo, sin duda era la mejor comida de chocho que me había hecho. Abría mis posaderas y jugaba con mi entrada con su lengua. Se levanta y se baja la pantaloneta con desesperación, lubrica su mástil y busca penetrarme. Era un hierro lo que tenía entre las piernas. Presiona para entrar, pero su sexo estaba demasiado hinchado; me hizo chillar solo con el intento.

 

Abre el chocho, putita, me dice dándome una nalgada. Intenta nuevamente meterla y lo consigue; gritamos juntos al sentir que nuestros sexos se unían. Abría mis entrañas; era placer mezclado con dolor. No paró hasta tenerme totalmente ensartado. Grita al ver que me ha tomado por completo; de inmediato empieza a darme placer. La estancia se llenó de gemidos y sonidos de dos cuerpos chocando sin control. Me toma con desesperación como si fuera la primera vez que estábamos juntos; mis piernas temblaban por la fuerza de sus embestidas; si no fuera por el mesón, quizás habría caído al suelo.

 

Sus manos firmes sobre mi espalda me mantenian prisionero de sus deseos, solo podia morder mi propia camisa para soportar tanta lujuria, entraba y salia de mi una y otra vez, que rico decia dandome unas estocadas que me levantaban del piso, se tira sobre mi aplastandome con su propio cuerpo, levanto mi camiseta y la subio a mis hombros como queriendo quitarmela, metio sus manos y empezo a agarrar mi pecho como si fueran cenos, los apretaba con fuerza, asi putita me dice cerca del oido, entregate a tu macho, movia sus caderas en circulos con toda su hombria dentro de mi, su pecho caliente acariciaba mi espalda, me senti totalmente suyo, era mi macho y yo su hembra, asi me tuvo por un buen rato totalmente sometido a el, dejandome claro quien era el que mandaba.

 

Retomo sus movimientos de mete y saca, pero esta vez ya no eran con tanta fuerza; había entendido que ya me había entregado a él y no iba a dar más resistencia. Me disfrutó completamente; mis gemidos le hacían notar que lo aceptaba y sus bramidos me decían que lo estaba complaciendo a plenitud. Disfrutamos el uno del otro, ya sin ningún reparo; olvidamos el mundo y solo nos concentramos en el presente.

 

Después de un rato, siento que está a punto de correrse; cada fibra de su cuerpo temblaba, necesitaba descargar tanto placer retenido. «Aguanta, cabrón», se decía a sí mismo mientras trataba de retrasar su inminente corrida. «Me vengo», grita, «aah aah», acelera sus embestidas, grita a todo pulmón sintiendo cómo su leche se abría paso para salir disparada a mis entrañas, «aah aah, qué rico», decía, moviendo sus caderas, disfrutando hasta el último segundo de su orgasmo. Cayó rendido sobre mí, respirando agitado; me besa la espalda y me abraza extasiado. Nos quedamos así unidos en total silencio.

 

Después de recuperar el aliento, comenta: «Tenía muchas ganas de cogerte, putita, estuviste mejor que la primera vez». Movía sus caderas ligeramente mientras me mantenía abotonado. «No te da remordimiento haberte cogido al novio de tu amigo», dije, tratando de liberarme de culpa. «No le debo nada a ese cabrón; si no tuvo la confianza de hablar antes, yo no tengo la obligación de cuidarle nada ahora, solo tomé lo que es mío». «¿Qué cosa?», dije un poco confundido. «No te acuerdas, me dijiste que eras mío y que podía tomarte cuando quisiera». «Eso lo dije cuando estaba libre, ahora estoy con Carlos». «No me interesa, tú eres mío». Finalmente, nos separamos. «Lo hecho, hecho está», dice, sobando su miembro victorioso por haberme tomado.

 

Tomé mis cosas y busqué escapar a mi habitación, pero me detiene del brazo. Vas a negar que también lo querías hacer, ¿crees que no me di cuenta de cómo me mirabas desde que llegué? No quería aceptarlo, pero tenía razón, lo había deseado y eso me hacía sentir culpable.

 

9 Lecturas/15 junio, 2026/0 Comentarios/por Anonimo
Etiquetas: amigos, baño, colegio, madre, militar, playa, sexo, viaje
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Un amanecer de domingo muy caluroso. 4
ENAMORADO, DE LA MUJER DE MI CORNUDO
Terremoto
🖤UN MUNDO NEGRO 🖤 EL POLICIA ( PARTE 1 )
toda una nena 3
Aventura con mi sobrina
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter
Únete a nuestro grupo en Telegram

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.494)
  • Dominación Hombres (4.616)
  • Dominación Mujeres (3.356)
  • Fantasías / Parodias (3.734)
  • Fetichismo (3.032)
  • Gays (23.122)
  • Heterosexual (9.038)
  • Incestos en Familia (19.516)
  • Infidelidad (4.789)
  • Intercambios / Trios (3.387)
  • Lesbiana (1.218)
  • Masturbacion Femenina (1.108)
  • Masturbacion Masculina (2.144)
  • Orgias (2.261)
  • Sado Bondage Hombre (491)
  • Sado Bondage Mujer (211)
  • Sexo con Madur@s (4.777)
  • Sexo Virtual (282)
  • Travestis / Transexuales (2.571)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.739)
  • Zoofilia Hombre (2.347)
  • Zoofilia Mujer (1.728)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba