• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter    Grupo de Telegram
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (3 votos)
Cargando...
Gays

Carlos y Aníbal, amigos y rivales 3

Relato mis encuentros con Carlos y Aníbal, a quienes conocí cuando trabajé de maestro..
Acepta que también querías hacerlo, me increpa, se acerca para besarme, pero me niego. ¿Quién lo diría? Tantas veces soñé con que me besara y ahora que quiere hacerlo, no lo dejo. Insiste en su cometido. «No sigas con esto», le insisto, «ya te dije que estoy con Carlos». Me empuja. Primero Rafael, ahora Carlos, ¿cuándo me toca a mí? Se aleja molesto, toma su ropa militar y empieza a vestirse. Entendí que se marchaba. «Espera, ¿qué va a pasar con…?», con tu noviecito, me interrumpe. No le voy a decir nada si es lo que te preocupa; poco me interesa ayudarlo, que él solo descubra con quién se ha metido.

 

Busca vestirse lo más rápido posible, pero el uniforme no lo ayuda. Molesto, tira la camiseta al piso diciendo: “Me emputa que prefieras a Carlos”. Se sienta con los pantalones a medio poner e intenta contenerse. Se da un momento de silencio; se notaba en su cara que estaba realmente afectado. Me sentí culpable por haber generado esta situación, así que decidí contarle mi lado de la historia.

 

Me gustaste desde el primer día que te vi en el colegio, vestido de uniforme y rodeado de chicas que te agarraban del brazo con cualquier excusa. Soñaba con algún día ser yo el que te tocara. Siempre te vi lejano, con ese aire de macho que hacía imposible creer que algo podía pasar entre nosotros, pero que al mismo tiempo era lo que más me gustaba de ti. Lo que pasó en el baño fue un arranque de locura; te encerré sin medir consecuencias, ya no soportaba verte tan cerca y no poderte siquiera tocar, necesitaba hacerte mío aunque sea una vez. Después de eso no esperé más nada, pero empezaste a buscarme y eso me hizo pensar que lo imposible era posible, pero desapareciste y eso me dio a entender que todo lo vivido había sido solo un instante de suerte.

 

Después de eso empecé mi relación con Carlos, con el que he pasado un año increíble, pero debo aceptar que verte de nuevo me ha hecho volver a sentir algo o mucho de lo que pensaba ya estaba olvidado.

 

Se dio otro momento de silencio, hasta que Aníbal empezó a hablar: Todo esto lo tomé como un juego, el cual creí que controlaba; por eso te buscaba para molestarte y en el fondo repetirlo porque me había gustado, pero descubrí lo de Rafael y entendí que tú sabías jugar mejor. Eso me molestó, así que quise terminarlo, pero todo se complicó luego cuando terminamos haciéndolo por primera vez. Me metí tanto que en el viaje le dije al tipo que te quería invitar a su hotel, que eras mío. Te besé en la calle más tarde; allí me di cuenta de que el dichoso juego se había salido de control».

 

Después de eso solo vi una salida, alejarme; por eso me fui al ejército a pesar de que no quería hacerlo. Era la oportunidad de dejar todo atrás, pero solo funcionó hasta hoy que todo regresó con la puta foto. Se me metió en la cabeza que eras tú el que estaba con Carlos y no paré hasta confirmarlo. Sentí mucho coraje, según por el engaño que le hacías a mi amigo, pero ahora debo aceptar que no era eso, sino saber que estabas con otro.

 

Así expusimos nuestros sentimientos; la conversación continuó por un buen rato más hasta que entendimos que había una nueva realidad. Yo estaba con Carlos, su amigo; por ende, no podía pasar nada entre nosotros. Aníbal insistió en marcharse de inmediato, pero le pedí que se quedara; ¿a dónde iría a las 3 de la mañana? No tenía otro lugar disponible.

 

Nos preparamos para dormir. Aníbal se levanta, se quita los pantalones nuevamente, sonríe al darse cuenta de que era una imprudencia hacerlo frente a mí, así que busca rápido ponerse la pantaloneta que le había prestado para cubrirse. Su lecho era donde me encontraba sentado; lo había olvidado por completo.

Cuando se acercó, me levanté como resorte y quedamos muy cerca; fue un momento en el que ninguno supo qué hacer. «Me voy a mi habitación», dije tartamudeando y posando mi mano en su pecho; había sentido la necesidad de tocarlo. Disculpa, le digo alejándome, pero enseguida me detiene y volvemos a quedar frente a frente. No podía dejar de ver sus labios, esos que tantas veces soñé besar. En ese momento me di cuenta de que haberle pedido que se quedara había sido un error fatal. No pudimos resistirnos más y nos besamos; no sé decir quién besó a quién. «Espera, esto está mal», comenté. «Cállate», me dice agarrándome la cara para seguir besándome. Recordé que siempre había esquivado mis besos como buen hetero, pero ahora era él quien me sostenía para que siguiéramos haciéndolo.

 

Me levanta con sus brazos y me lleva contra la pared; terminé abrazándolo con mis piernas por su cintura. Continuamos comiéndonos la boca, luego nos abrazamos; podía sentir su respiración en mi cuello. «¿Qué estamos haciendo?», dije con las últimas gotas de cordura que me quedaban. Permanecimos así en silencio hasta que Aníbal dice muy bajito cerca de mi oído: Regalémonos esta noche, olvidemos a los demás y solo seamos los dos. Regresa a mirarme buscando aprobación. Le tomó de la cabeza con ambas manos como queriendo destrozarlo por ponerme en una situación tan difícil. Hace por besarme, pero lo detengo, lo miro a los ojos por unos segundos y hasta allí llegó mi juicio; lo besé con desesperación.

 

Esa fue la llave que lo liberó todo. Me llevó cargado hasta un pequeño recibidor junto a la puerta de entrada y me sentó allí. De inmediato, tiró de mi pantalón para dejar mi cola expuesta; mis rodillas quedaron tocando su pecho. Se bajó la pantaloneta y pone saliva en su sexo para lubricarlo. Necesitaba con desesperación penetrarme. Presiona mi entrada y me arranca un chillido que fue seguido de un grito al sentir que había empezado a entrar. Me dolió, no lo voy a negar. Me besa para callar mi grito. Nos quedamos quietos, sintiéndonos uno solo. Lo rodeé con mis brazos por su cuello mientras él sostenía mis piernas con ambas manos.

 

Me penetraba una y otra vez mientras nos seguíamos besando. Nos abrazamos para gemir cada quien en el oído del otro. Me aferré a sus hombros para resistir tanto placer. «Me vengo», me dice, dándome estocadas profundas. No, todavía no», le respondí, abrazándolo fuertemente. Se detiene, dejándome toda su hombría dentro. Sentía lo abierto que me tenía. «Lléname a la cama», le pido al oído. No lo pensó, sencillamente obedeció. Me tomó en sus brazos y de inmediato me llevó a la habitación. Me acostó con delicadeza, se puso encima de mí. Recorro su pecho; me encanta tocarlo. Nos miramos como todavía no creyendo lo que estábamos haciendo. Continuamos besándonos sin pensar en nada más. Giré mis caderas para ofrecerle mi cola. No perdió tiempo y empezó a tocarme. Levanté mi pierna para exponer mi entrada. No me hizo esperar y enseguida buscó penetrarme. Chillé al sentirlo de nuevo. Bajé mi mano para palpar nuestros sexos. Sus bolas estaban al filo de mi entrada; el resto estaba dentro. Me tomó así de lado lentamente, regalándome placer puro.

 

Teníamos todo el tiempo del mundo para nosotros, nos tocábamos, nos besábamos; cuando me di cuenta, estaba boca abajo y él encima de mí, aplastándome con su cuerpo. Sentía su respiración atrás de mi cuello. Toma mis brazos y los lleva hacia arriba; entrelazamos nuestras manos como señal de entrega del uno al otro. Me penetraba con delicadeza, me agarraba del pelo y me tiraba hacia atrás para morder mi cuello; me enloquecía que lo hiciera. Empujaba mi cola hacia atrás para que la penetración fuera profunda; gemía disfrutando de mí. Trató de alargar el momento, pero era demasiado placer el que sentía. Con un chillido fuerte, empezó a llenar mis entrañas por segunda vez. «Qué rico eres», me decía al oído extasiado mientras terminaba de inyectarme su esencia.

 

Después de un rato se tumba a mi lado boca arriba, complacido por su reciente corrida. Me levanté de inmediato y busqué montarlo. «¿Quiere más?», me pregunta algo sorprendido. «Lo quiero todo», respondí sin dudar. Me clavé su hombría sin demora, me tomó de las caderas y empezó a penetrarme.

 

Tomé sus manos, lo guié a que las ubicara atrás de su cabeza. «Ya me hiciste tuyo, ahora te voy a hacer mío», le comentó dándole un beso. Levanté mis piernas como quien va a hacer sentadillas y empecé a brincar, enterrándome toda su hombría. Chillaba por la intensidad con que lo tomaba. Intenta agarrarme con sus manos para controlarme. Me detengo de golpe, entiende que no debe meterse y regresa sus manos a donde estaban. Retomé mis movimientos, me la clavaba toda y con su verga enterrada movía mis caderas en círculos. Me giré con su miembro dentro; esto lo enloquece. Le doy la espalda y continúo haciéndolo mío. Puso una almohada en su cabeza; no quería perderse el espectáculo de su mástil entrando y saliendo de mí.

 

—Te gusta cómo te cojo. —Me encanta. —Responde de inmediato. —Sigue cogiéndome con tu chuchita. —Así lo hice. A ratos me detenía y dejaba a su vista mi cola abierta. —¿Qué rico se ve ese chochito? —Me la volvía a meter y de nuevo le ofrecía mi cola abierta. En una de esas se levanta y me agarra de las caderas. Jueputa, qué rico chochito tienes. Empezó a comerme todo. Sentí su lengua dentro de mí. Abría mis posaderas para llegar más profundo. Pasaba su lengua por todo lado, haciéndome chillar como toda una hembrita. Me pide que continúe montándolo. —Así lo hice. —Jueputa, qué rica chuchita tienes, mi amor —me dice entre chillidos mientras va entrando en mí. Se agarró de la cabecera de la cama con ambas manos. —Vamos, mi amor, monta a tu macho.

 

Se retorcía de placer con los ojos cerrados. Me giré para quedar frente a frente, puse mis manos sobre su pecho y continué montando fieramente. «Aah, sí, así, rompeme la verga», decía, perdido en el placer, gritaba aferrándose con todas sus fuerzas a la cama, para no correrse todavía. «Aah, aah, jueputa», chillaba con mis embestidas. Cuando vi que ya no daba más, me levanté y lo dejé con su mástil latiendo a punto de correrse. «Jueputa», gritó frustrado. Hice por volverme a montar, pero no lo hacía; levantaba sus caderas buscando alcanzar mi cola. «Quieto», le dije, aplastando su abdomen con una mano. Volví a metérmela. «Aah, jueputa, qué rico», chilló; empujaba sus caderas como buscando entrar más o hacer que brincara sobre él.

 

So, caballito, como que nunca lo han amanzado a usted, ya vamos a ver qué tan macho eres. ¿Te quedan dudas?, me dice, dándome fuertes estocadas. Lo monté un poco más, enloqueciéndolo, hasta que de un solo envión me ubiqué entre sus piernas, tomé su sexo con una mano y, bajándole toda la piel, liberé su cabeza que ya estallaba. Me la metí a la boca y empecé a mamar con el becerro más hambriento.

 

—¡Aah, jueputa! —gritó al ser tomado por sorpresa. Le comí su sexo con desenfreno, haciendo que se retuerza de placer. No demoró mucho y acabó en mi boca; a pesar de ser la tercera, fue una buena cantidad lo que recibí en mi boca. No paré allí y continué comiéndole su hombría, que ahora estaba en extremo sensible. —¡Aah, jueputa! —Espera, cabrón —dijo entre chillidos. No lo escuché, se retorcía. —¡Aah, mi verga! ¡Me metía! —chillaba toda su cabeza a la boca. —Aguanta, macho —le decía entre chupadas. —¡Aah, jueputa! —decía con los dientes apretados, soportando como todo un semental, hasta que lo liberó, dejando que descanse. Se encogió, tomando su sexo con ambas manos. —Puto cabrón —me dijo mi potro recién amanzado.

 

Pensé que así terminaría tan frenética jornada; me acosté para descansar también, pero después de unos minutos se levanta, sale de la habitación y regresa con dos botellas de cerveza. Me ofrece una, se sienta en la silla del escritorio que tengo en mi habitación a beber la suya; sobando su miembro, me dice: «Te voy a coger hasta que amanezca». Su cuerpo brillaba por el sudor que lo cubría; era todo un semental, pelo en pecho.

 

Nos perdimos en el placer y la lujuria que sentía el uno por el otro; no hubo lugar en la cama que no usáramos. Para cuando me di cuenta, ya aparecían los primeros rayos de sol por la ventana. Aníbal estaba sobre mí, penetrándome; mis piernas temblaban por el cansancio después de tan larga jornada. «Ya está amaneciendo», comenté. Enseguida levanta la cabeza y sonríe victorioso, pues había cumplido su cometido.

Nos miramos como diciéndonos gracias por tan inolvidable noche. Se levanta para quedar sentado sobre sus tobillos, soba su miembro como felicitándolo por haber aguantado la jornada, me jala hacia él y abre mis piernas como compás, me penetra suavemente; chillé al estar muy sensible después de tanto. Gotas de sudor corrían por su cuerpo; la vista de su torso mojado era única, sin contar la cara de satisfacción que tenía. Suelta mis piernas y coloca sus manos atrás de su cabeza; era un espectáculo verlo perdido en el placer, dándome estocadas, mostrándome aún su virilidad. Agarré mis piernas y le ofrecí completamente mi maltrecha cola; eso le encantó. Bajó sus manos y ahora las puso atrás de su cintura para ayudarse a empujar la penetración. Se notaba lo cansado que estaba, pero no quería dejar de hacerme suyo. Se resbala y cae para atrás, saliéndose de mí bruscamente. Ay, cabrón, chillé cerrando mis piernas.

 

Aníbal se recupera y se tumba sobre mí, buscando seguir, pero yo cubro mi entrada con mi mano. Me besa; sabía muy bien que besándome conseguiría todo de mí. «Un poquito más», me dice entre besos. Toma mi mano y la quita de mi entrada; sin perder tiempo, me penetra. Ay, chillé. Lo agarré de las caderas como queriendo controlarlo, pero no paró hasta metérmela toda. Enseguida empezó con movimientos lentos para que no lo rechazara. Sin darme cuenta, clavé mis uñas en su espalda. Eso, mi amor, destrozame la espalda que yo te rompo el chocho. Aceleró sus embestidas. «Ay, despacio, aguanta», me dice entre besos.

 

Nuestros cuerpos resbalaban. «Jueputa, qué rico eres», me decía, tomándome por última vez. Levanta su torso con ayuda de sus brazos, abría la boca extasiado por el placer que sentía penetrándome. Me vine por última vez; apenas y salió algo, pues también ya llevaba algunas corridas. «Aah aah, ya acabó», decía mi hombre. «Un poco más, aah aah». —¡Ay, mi verga! —gritó. Se dejó caer sobre mí. «Ay, jueputa», decía casi llorando. Todo su cuerpo temblaba; cada espasmo era una punzada en su sexo vacío que no tenía ya nada que expulsar después de tantas corridas. «Ay, jueputa».

 

Permaneció encima de mí un buen rato recuperándose; finalmente, se tumba a mi lado, toca su sexo como queriendo confirmar que sigue allí. Se notaba que se le habían escapado un par de lágrimas. Eso te pasa por cabrón, te dije que ya era demasiado. Mis piernas temblaban y qué decir de mi cola, que latía destrozada. Nos quedamos quietos uno al lado del otro. Me invita a descansar sobre su pecho; lo obedezco y enseguida me rodea con su brazo. No nos importó el estado en el que estábamos, solo cerramos los ojos y buscamos descansar.

5 Lecturas/2 julio, 2026/0 Comentarios/por Anonimo
Etiquetas: amigos, baño, colegio, culo, hotel, militar, sexo, viaje
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
El Juego Prohibido
ESPIANDO A TODO GRUPO DE ADOLESCENTES Cap1
La fiesta y mi ex
Mi padre borracho
Sexo con mi suegro y su novio
Morbo Con Homeless / Indigente
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter
Únete a nuestro grupo en Telegram

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.502)
  • Dominación Hombres (4.655)
  • Dominación Mujeres (3.397)
  • Fantasías / Parodias (3.785)
  • Fetichismo (3.064)
  • Gays (23.241)
  • Heterosexual (9.107)
  • Incestos en Familia (19.675)
  • Infidelidad (4.825)
  • Intercambios / Trios (3.412)
  • Lesbiana (1.226)
  • Masturbacion Femenina (1.129)
  • Masturbacion Masculina (2.165)
  • Orgias (2.290)
  • Sado Bondage Hombre (495)
  • Sado Bondage Mujer (216)
  • Sexo con Madur@s (4.837)
  • Sexo Virtual (285)
  • Travestis / Transexuales (2.597)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.774)
  • Zoofilia Hombre (2.359)
  • Zoofilia Mujer (1.734)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba