Con Chuyito de 11 Parte 11
Daniel, mi celoso sobrinito de 10, me reclama….
Continúo narrando más de mis candentes vacaciones con Chuyito. Morrito Daniel, de 10 se me pone celoso…
–Es mi turno, amorcito…quiero probar tu rico semen…¿Puedo hacerlo?
–Siiiii, maestro….
Respondió ante mi pregunta sobre degustar sus genitales y semen con mis labios, lengua y boca.
Y recorrí entonces con mis labios y lengua toda su geografía corporal, desde su frente hasta sus pies, dejando su tesoro de 11 centímetros al final.
Él gemía ante el placer que experimentaba, separé un poco más sus piernas y dirigí hacia su pubis, genitales y perineo, mis labios y lengua.
Él colocaba sus manos en mi nuca y guiaba mi felación, mientras arqueaba su espalda y levantaba sus glúteos para penetrar mi boca.
Yo lamía y besaba con ansiedad y deseo incontrolables sus pequeños testículos y penecito y los introducía por entero en mi boca provocando jadeos, gemidos y risas de placer en mi pequeño amante.
–Espere, maestro…
–¿Por qué mi pollito güero, me pides eso?
–Es que…me gustaría mucho cogerlo, para ver qué se siente, padrino…
–Adelante, yo encantado de que mi cuerpo sea tuyo por completo.
Y entonces me puse en cuatro, él me lamió y llenó con saliva mi orificio anal, colocó su pene en mi entrada y empujó. Después de varios intentos fallidos sentí como me penetraba y se reía al ver su pene entrar y desaparecer en mi ano.
Yo gemía de placer al sentir su miembro entrar en su totalidad y él, poniendo sus manos en mi cintura, inició un lento mete y saca que fue aumentando de intensidad.
Cuando estaba por acabar, lo sacó y puso en mi boca para correrse en ella y darme a probar su semen que gustoso degusté.
Mi pene, entretanto, había recuperado su firmeza y me acosté en la toalla de nuevo para pedirle me dejara cogerlo una vez más y el aceptó.
Sostuve con una mano mi miembro y le pedí sentarse poco a poco en él, con mucho cuidado, hasta que le entrara todo.
Así lo hizo él aunque deteniéndose un poco hasta acostumbrar su recto al tamaño y grosor de mi verga, hasta que finalmente sentí sus nalguitas posarse en mi pubis y lo escuché gemir de placer al empalarse por completo.
Comenzó a moverse muy sensualmente en pequeños círculos y después a subir un poco y bajar hasta clavarse toda mi verga. Podía verse en su estómago una pequeña protuberancia al entrar mi mástil por entero en su recto y los gestos de dolor y placer que hacía me excitaban más.
Luego de un largo rato, pues ya me había corrido dos veces, sentí engrosarse mi pene y palpitar fuertemente mientras llenaba su culito, por segunda vez, con mi semen.
Agotados y sudorosos, nos dimos un buen baño y comimos los sándwiches, golosinas y bebidas que había llevado.
Nos vestimos y emprendimos el regreso a casa.
Al llegar, comimos y vimos tv un rato. Al estar por caer la noche me pidió permiso para salir a visitar a mis sobrinos y acepté. Rato después, Daniel, el menor de mis sobrinos me llamó al patio y después de saludarme me preguntó muy serio:
–Tío, ¿Hoy que fueron al arroyo a donde nos ha llevado a Pedro y a mí, se cogió a Chuy?
–¡Cómo crees, amorcito? Si solamente te amo a ti, a tu hermano lo toqué muy pocas veces y lo sabes.
–Mmmh…no le creo, tío
–¿Por qué no me crees, Daniel?
–Es que Chuyito nos contó todo lo que hicieron hoy, cuando le preguntamos mi hermano y yo si habían hecho algo.
–Lo debe haber inventado para que ya no lo estuvieran molestando con eso…
–No, tío, hasta se bajó su short y trucitas y nos enseñó su culo, pujó y le salió mucha leche de usted por su agujero.
Y se abrazó a mí mientras su pecho convulsionaba por el llanto contenido, que finalmente brotó de sus lindos ojos y me hizo sentir el más miserable de los mortales.
Me agaché y lo abracé a mí tratando de consolarlo.
–Perdóname, mi niño hermoso, debes saber que te amo más que a nadie, pero a Chuyito lo conocí años antes de comenzar a amarte a ti, y hoy que volví a estar con él a solas no pude resistir la tentación de volver a hacerlo mío.
–Sí, tío, pero yo no me he dejado coger por nadie que no sea usted. Usted sabe que un vecinito de mi edad quería que me lo dejara mamar y se lo metiera por el culo y no lo hice, igual con otro jotito más grande que yo en el arroyo, el que nos pidió le enseñáramos mis amigos y yo el pito y al ver que yo lo tenía grande para mi edad hasta me ofreció dinero y no acepté, y….
Me decía entre sollozos e hipeando de tristeza.
–Lo sé, mi niño, lo sé, y sé también que a un vecino adulto le ofreciste mamarle su pene a cambio de un poco de dinero, pero éste le dijo a mi hermano y te castigó y aunque te preguntó muchas veces quién te había enseñado a hacer eso, nunca me denunciaste. Y todo eso te lo agradezco, de verdad y me duele haberte fallado. ¡Perdóname por favor…!
Poco a poco su llanto fue disminuyendo, me miró con sus ojos tristes y llorosos y me preguntó si ya no lo quería o si ya no gustaba jugar con él.
–¡Claro que me gustas y te sigo amando, hoy más que nunca, mi niño hermoso, mi lindo burrito güero! ¡Mira nomás cómo me tienes!
Le dije, y llevé sus manos a mi paquete…
–¿No me la quieres jalar y chupar para demostrarte cuánto te quiero y deseo?
–¡Ay, tío! ¿Aquí?
Dijo y brillaron de alegría sus ojitos…
–Sí, aquí nadie nos ve, o vamos atrás de esos arbustos, anda…
Lo tomé de la mano y se dejó conducir al lugar señalado.
Bajé a las rodilla mi pantalón y ropa interior, mi verga saltó como resorte y él llevó sus manitas para acariciar mis testículos y pene y luego se arrodilló y acercó su trémulo rostro a mi ariete, lo besó y lamió como sólo él sabía hacerlo.
Acercó su boca abierta y engulló en ella, rodeando con sus delgados labios la circunferencia de mi glande y mi erecta verga hasta su base.
Luego, comenzó a chupar mi verga y en ocasiones la sacaba de su boquita para meterse en ella y chupar mis testículos, provocando interminables oleadas de placer en mi cuerpo, mente y genitales, a la vez que posaba sus manos en mis glúteos para afianzarse mejor.
Llenó con su saliva y mi presemen dos de sus delitos que introdujo en mi cavidad anal para frotarlos, metiéndolos y sacándolos con velocidad creciente mientras ambos gemíamos.
Cuando estaba por acabar, dejó de chuparme la verga, se bajó pantalón y trucita y me ofreció su hermoso, infantil y estrecho anillo de carne para que, de una, metiera hasta el fondo mi verga, mientras nuestros cuerpos se sacudían ante el placer y sensaciones que nos recorran.
Después de unos cuantos minutos exploté empujando hasta el fondo mientras lo atraía fuertemente hacia mí para regar, con varios chorros de caliente y espeso semen, sus infantiles entrañas.
Después de vestirnos, lo abracé, besé y acaricié con pasión mientras le repetía una y otra vez lo lindo y rico que estaba y le agradecía su amor y entrega a mí.
–Tio, mi hermano Pedro también está enojado con Usted por lo que nos contó Chuy…
–Dile que venga, para hablar un rato con él, por favor…



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