Con Chuyito de 6 (ya de 11) Parte 9
El reencuentro con mi pollito güero, cinco años después.
Les saludo y pongo a su disposición este nuevo relato, esperando sea de su completo agrado y lo disfruten como yo lo hice al escribirlo y recordar esos bellos momentos.
Si sienten el deseo de hacer realidad este relato, y tienen a la mano algún niño, no lo duden mas… ¡Háganlo! Les aseguro que no se arrepentirán…
Me la pasé rico con Jesús esa noche y por la mañana del día siguiente ni se diga.
Nos despedimos del administrador y de sus bellos sobrinos y después de tomar dos autobuses foráneos, llegamos por la tarde noche de ese día a mi casa, donde lo presenté a mi madre Y nos instalamos en mi cuarto. Al día siguiente lo llevé a la playa. Se sorprendió y emocionó mucho y saltó a mis brazos para darme muchos besos en las mejillas en señal de agradecimiento.
Fuimos a los arroyos cercanos donde, a salvo de miradas indiscretas, lo hice mío muchas veces. Él se ponía como perrito después de mamar mi pene y con una de sus manitas lo ponía en su entradita para luego hacer hacia atrás sus nalguitas y clavarse solo.
Igual aprendió a montarme y los dos disfrutamos mucho.
Al volver a clases después de las vacaciones de verano, hubo la oportunidad de cambiarnos de centro de trabajo y lo hicimos.
Él lloró al saberlo, me abrazaba y pedía no me fuera. En verdad me desgarrada por dentro y llorando con el abrazado, le prometí volver algún día, promesa que no cumplí si no hasta cerca de cinco años después.
Toda la familia se había ido a la capital del estado en busca de mejores oportunidades de vida y al encontrarme a uno de sus tíos me dio su dirección y número de teléfono y me pidió visitarlos.
Así lo hice. Todos se alegraron, pero más mi pollito güero, que tenía ya once años y estaba por terminar su educación primaria.
Conversamos largamente y al despedirme de ellos, la abuela de él me preguntó si no deseaba ser el padrino de Jesús en su graduación y encantado acepté, e incluso les dije que como parte de su regalo, lo llevaría unos días a la playa, si ellos lo permitían claro está, y aceptaron.
Así fue como meses después lo llevé a comprarse ropa y zapatos para su graduación y ropa de playa que guardé en una pequeña maleta.
Asistí a su graduación y comida, y luego lo conduje al mi auto para dirigirnos a mi pueblo en.la costa del Pacífico.
Durante el trayecto preguntó por Pedro y Daniel, sobrinos míos y con quienes él había hecho buena e inocente amistad cinco años atrás.
Pedro y él eran de la misma edad y Daniel dos años menor. Cansado de las emociones del día, empezó a quedarse dormido y yo lo cargué en brazos y acosté con cuidado en los asientos traseros y lo aseguré muy bien. Al contacto de su piel y verlo así, dormidito y confiado, mi cuerpo recordó los dulces y ricos momentos vividos años atrás, y, no pudiendo contenerme, deposité un suave y delicado beso en sus pequeños labios. Él, instintivamente, echó sus brazos alrededor de mi cuello y correspondió a mi beso.
Tuve que hacer un esfuerzo y contenerme, pues aunque la noche había caído, y aunque me había estacionado a un lado del camino, muchos vehículos transitaban por esa autopista.
Llegamos cerca de la medianoche a mi pueblo, saludé y abracé a mi madre y volví al auto para cargar en mis brazos a mi lindo niño y depositarlo en mi cama. Cené algo ligero y me despedí de mi madre para dirigirme a dormir. Mi pollito sudaba debido al intenso calor. Puse a funcionar un ventilador, abrí las ventanas y desnudé parcialmente a mi niño, dejándolo sólo con sus boxercitos.
Me acerqué a él, desnudo totalmente a él y abrazado por detrás a él, le susurré al oído lo feliz que me hacía tenerlo nuevamente a mi lado. Él, entre sueños, me dio las gracias y nos dormimos. Al día siguiente se extrañó un poco al despertar, me abrazó y cubrió el rostro de besos para despertarme. Nos duchamos juntos y al llamarnos mi madre fuimos al comedor donde ellos se saludaron y desayunamos.
Me pidió permiso para ir a visitar a mis sobrinos y saludarlos y como los patios de nuestras casas se comunicaban, lo acompañé y volví para platicar un buen rato con mi madre.
Como eran vacaciones y Daniel y Pedro le ayudaban a mi hermano en la obra, invité a Chuyito al arroyo, a sacar camarones.
Y después de andar un buen rato, nos sentamos a descansar, le presté mi visor para que jugara a ver animalitos y plantas bajo el agua
Después, nos sentamos a comer el lonche que llevamos y el me dijo: maestro, ¿le puedo decir algo?
Y yo le dije que sí
Entonces, me contó que mis sobrinos le habían preguntado si yo me lo cogía y él les había dicho que no
Y que luego le preguntaron si me la mamaba y también lo negó…
-‘Maestro…por qué me preguntaron eso? Ellos se la maman o dejan coger por usted?
Le pregunté:
–¿en serio quieres saber lo que hacemos ellos y yo?
Y él asintió
–¿Te acuerdas cómo jugábamos tú y yo hace como 5 años?
– Muy poco, maestro, ¿A poco yo también se la mamaba y me la metió por atrás?…
–Sí, pero pocas veces pues nos cambiamos de comunidad y ya no te volví a ver, hasta hace poco tiempo…
Y entonces le hice prometer que lo que platicáramos quedaría entre nosotros
Y ya le conté que al no tenerlo a él, un año después comencé a jugar con Daniel y que semanas después con Pedro, al estar enfermito Carlos unas noches…
Cómo una cosa nos había llevado a otra
Y sí se los cogió a los dos? Preguntó
–Sí, cuando tuvieron edad para ellos…¿A tí no te cogió nadie después que nos separamos?
Y entonces me contó que un tío quiso cogerlo pero los encontró uno de sus hermanos y corrió a decirle a sus abuelos.
Que estos le habían metido una buena chinga y lo habían mandado al Norte con sus otros hermanos
Lo cierto es que ese tío me agarró coraje porque Chuyito me quería más a mí que a él, y era medio amanerado
Me tenía celos, creo…
Y luego me preguntó si no les había dolido a mis sobrinos cuando los cogí…
Un poco, le dije, sobre todo las primeras veces y porque los empecé a coger desde los 8
–¿Y ya no les duele ahora?
–A Carlos un poco aún, pero ya me la aguanta toda
–¿Y les salió mucha sangre, maestro?
–No mucha, porque se las fui metiendo poco a poco mientras se acostumbraran…
–Aaah…
–A los de secundaria ya les entra mejor, me imagino, maestro…
–Puede ser, porque ya están grandecitos, ya de 10 en adelante aguantan mejor la verga…Y bueno…¿por qué tantas preguntas, Chuyito?
–Nomás, me da curiosidad…
–Ah…y dime…¿No te gustaría que jugáramos como cuando tenías 7 años? Como juego con Carlos y Toño?
Yo no he olvidado lo bien que la pasaba a tu lado…y ahora que estás más grandecito, me sigues gustando…¿puedo quitarte la playera y tu short para admirarte desnudo? me imagino que debes tener unas nalguitas y un culito muy hermosos…
–¿Y usted también se va a desnudar, maestro?
–Si tú quieres, sí…
Y nos desnudamos. Él se sorprendió al verme la verga erecta y babeante…llevé sus manos a ella y le hice masturbame un poco, me recosté y puse mi pene cerca de su boca, llevé su cabeza a mi miembro y le pedí chuparla un poco y lo hizo.
Luego, yo le mamé sus genitales largo rato, lo coloqué de espaldas a mí y le pedí ponerse como perrito y parar su linda colita…
–¿Me la va a meter, maestro?
–Aún no, Chuyito…
–Ah…
Comencé a acariciar su espalda y nalgas, le besé y lamí ahí, abrí sus nalguitas para deleitarme con la vista hermosa de su cuevita, sus pliegues, besé y lamí su hoyito y metí en el tanto como pude mi lengua mientras él gemía de placer sin poderse contener y, no pudiendo aguantar más mi deseo, coloqué la punta de mi glande en la entrada de su cuevita, presioné un poco, y…
C O N T I N U A R Á…


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