Con Chuyito, ya de 11. Parte 10
¡De nuevo es mío por completo mi pollito!.
Comencé a acariciar su espalda y nalgas, le besé y lamí ahí, abrí sus nalguitas para deleitarme con la vista hermosa de su cuevita, sus pliegues, besé y lamí su hoyito y metí en el tanto como pude mi lengua mientras él gemía de placer sin poderse contener y, no pudiendo aguantar más mi deseo, coloqué la punta de mi glande en la entrada de su cuevita, presioné un poco, y…
¡Y fue muy placentero e increíble sentir como su capullito se abría para recibir de nuevo mi virilidad!
La vista era bellísima: mi amorcito gimiendo de placer y dolor mientras sus esfínteres apretaban mi glande de nuevo y su recto se amoldaba a mi pene mientras éste desaparecía devorado por el infantil ano de Chuyito.
Continué empujando un poco más y cuando había entrado apenas la mitad, Chuyito me pidió parar un poco pues le dolia, dijo. Esperé que el dolor pasaba mientras le decía lo feliz que me hacía hacerlo mío de nuevo y lo rico que me apretaba su culito. Él se relajó un poco y me pidió empujar de nuevo, pero de manera lenta, y así lo hice.
Cuando mis vellos púbicos rozaron sus nalguitas me preguntó si ya había entrado toda pues se sentía lleno y con ganas de hacer del baño.
Le dije que faltaba muy poco, unos dos centímetros o menos. Entonces él se mordió sus labios y echó su bello cuerpo hacía atrás para que mi pene lo penetrara por completo.
Soltó un fuerte gemido de dolor mezclado con placer y se disculpó por ello.
–No debes disculparte por nada, puedes gemir, pujar, llorar o gritar, estamos solos y nadie nos verá ni escuchará, amorcito…
— Ay, padrino, es que siento muy rico, pero me arde mi culito, me siento lleno y siento como un piquetito en mi pancita…
–Mira, tienes bien paradito tu pene, señal que te está gustando…
–Siiiiii, es que siento que con la cabeza de su pito me frota algo por dentro, y aunque me duele, se siente muy bien, como un calorcito en mi pancita…
–Amorcito, voy a empezar a cogerte, a hacerte el amor, sentirás algo de dolor, pero sé que lo disfrutarás también, aun más que cuando estabas pequeño…
–¿Cómo, padrino?
–Voy a retirar un poco mi verga de tu culito…
–Ah, ¿lo va a sacar?
–Poquito, pero luego lo voy a meter de nuevo y lo haré así muchas veces, hasta que mi pene sienta tan rico, que derrame su semen en tu interior, bien adentro…¿Puedo?
–Siiiiiii, maestro, siiiiii….
Y entonces empecé a follarlo lentamente y él después de un rato empezó a gemir y yo a acelerar mis embestidas …
–Padrino, siento muy rico en mi pito, con ganas como de orinar…
–A ver…
Y parando un poco, tomé con una de mis manos sus genitales, los acaricié y apreté un poco mientras él arqueaba su linda espaldita y paraba aun más su colita invitándome a seguirlo cogiendo.
Sentí duro su penecito y resbaloso su glande y comprendí que iba a tener su primer órgano, llené con su presumen su penecito y lo empecé a masturbar. Él gimió con mayor fuerza y solito empezó a hacerse para atrás y hacia adelante un poco para empalarse solo.
De pronto, echó lo más posible sus nalguitas hacia atrás y yo hacia adelante mi pelvis. Exhalando un fuerte y lleno de placer gemido, eyaculó en mis manos.
Su canal rectal y esfínteres apretaron aún más mi pene y con mi mano en su hombro, sentí una corriente de placer supremo correr desde mis testículos hasta mi uretra y explotando en copiosos chorros de semen, me descargué en su interior.
Jadeando, me dejé caer en él …
–¡Oh, Dios, qué rico se sintió! ¡Gracias, mi pollito güero, por dejarme amarte de nuevo! ¡Fue increíble sentir de nuevo la calidez y suavidad de tu culito y lo estrecho que aún está!
–Ay, maestro, ¡yo también sentí muy rico cuando su pene se hizo un poco más grueso y palpitó al dejarme su lechita adentro!
–¡Ufffff, ahijadito, es que me apretaste bien rico!
–Siiiii, y sentí bien rico en mi pito también, hasta me oriné en su mano…
— No te orinaste, amor…tuviste tu primer orgasmo y tu primera lechita está en mi mano…pruébala, ¿Quieres?
Y acerqué mi mano a su boca, y él con su lengüita, dejó limpia la palma de mi mano.
–Mmmmh, sabe rica, maestro…¿Así sabe la suya?
–No, Chuyito, el semen de los adultos es más espeso y menos transparente, ah, y tiene un sabor más saladito y fuerte.
–Ah…
–Cuando eras niño y tenias seis o siete añitos, te gustaba mucho chuparme la verga y comerte mi lechita…
Salí de su interior y se escuchó el rico sonido como de descorche, lo giré y abracé a mí para acariciarlo y llenarlo de besos, mismos que él, torpemente correspondía abriendo su boca y sacando un poco su lengüita que besé y froté con la mía y mordí un poco.
Mi pene, ante su contacto, se puso duro de nuevo y nos metimos al agua para refrescarnos un poco y lavar mi pene muy bien con agua y jabón.
Cuando terminamos, salimos del agua y tendí una toalla grande para recostarme en ella boca arriba. Él se sentó a mi lado y tomando con sus manos mi pene para descubrir su glande, me preguntó:
–Maestro, ¿Puedo chupar su pito y tomarme su lechita, por favor?
–Claro, mi pollito, esperaba que me lo pidieras, por eso me lo lavé muy bien, adelante, Solo recuerda tener cuidado para no lastimarme con tus dientitos.
–Siiiii, maestro…gracias
Y, con un ligero temblor en sus manitas y cuerpo, producto de los nervios tal vez, empezó a hacerme el mejor sexo oral de mi vida.
Besaba, masturbaba y acariciaba con gusto, deseo y placer mi pene y testículos y con su lengüita, lamía toda la extensión de mi verga y mis huevos, los cuales chupó uno a la vez provocando oleadas de placer en mí, que levantaba mi espalda ante tanto placer que sus labios, boca y lengua me hacían sentir.
–¡Así, así, sigue, oh, que rico siento! Mmmmmhggg! ¡No pares, sigue, oh Dios! ¡Qué rico me lo chupas! ¡Aaaaaah, sigue, sigue!
Abrió lo más que pudo su boquita y puso sus labios cubriendo sus dientes para introducir lentamente mi glande y poco más de la mitad de mi miembro hasta tocar su garganta, tosió un poco y sacó mi pene sintiendo arcadas.
–Perdón, maestro…
Me dijo, dulcemente apenado.
–No te preocupes, lo estás haciendo muy bien, sigue…
–Es que me gustaría me entrara toda, pero no aguanto…
–En serio quieres intentarlo?
–Siii, maestro…
Entonces, lo hice acostarse boca arriba y me senté en su pecho, poniendo mis piernas dobladas a los lados, le dije que abriera muy bien su boca y levantara su barbilla, luego, le pedí que contuviera la respiración un poco y metí mi pene hasta el fondo, hasta sentir la campanilla de su garganta en la punta de mi glande y mis testículos chocar en su barbilla. Mantuve unos pocos segundos mi pene ahí y me retiré al ver sus ojos lagrimear un poco y ponerse rojo su rostro.
De nuevo tosió un poco y se limpió la saliva y babas que de su boca salieron.
–¿Ves que sí se pudo? ¡Eres todo un campeón! ¿Quieres que lo hagamos de nuevo?
Y el asintió y lo hicimos así varias veces hasta que él dijo que le dolía su boca y mandíbula.
Entonces, me acosté de nuevo y el continuó chupando mi pene y testiculos, lamiendo y besando mi verga con pasión y placer hasta que, no pudiendo aguantar más, le llené su boquita hermosa con mi semen que él devoró y tragó vorazmente.
Lamió y exprimió mi ariete hasta dejarlo limpio.
Entonces, lo acosté boca arriba en la toalla de nuevo. Le pedí recoger un poco y flexionar y separar sus piernas para exponer sus hermosos genitales . Me extasié y deleité ante la sensual y maravillosa vista de su pequeño cuerpo desnudo y dispuesto para mis más oscuros deseos.
–Es mi turno, amorcito…quiero probar tu rico semen…¿Puedo hacerlo?



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