Con Chuyito, ya de 11 PARTE 12
Contentando a Pedro, mi sobrino de 12 años.
Con Chuyito, ya de 11 PARTE 12
Se fue Daniel y rato después llegó Pedro, su hermano, molesto también por lo que Chuy les había contado sobre lo que hicimos en el arroyo.
–¿Y estás enojado por eso? No deberías molestarte tanto con Chuyito, sólo está de visita…
–Sí, tío, pero desde que empezó a cogerse a mi hermano Daniel a mí ya casi no me invita a dormir con usted o a llevarme de paseo a los arroyos o playa como a él.
–Mira, Pedrito, tú sabes que me encariñé mucho con tu hermanito desde que él tenía 5 años porque él es mas complaciente y juguetón conmigo. Tú, por ejemplo, nunca has querido mamarme la verga y él desde la primera vez lo hizo. Tampoco te gusta que me coma tú culito y jamás has querido que juguemos los tres juntos.
–Sí, tío, pero es que a mí me da asco meterme su pito en la boca y chuparlo y tampoco me gustaría hacer algo con mi hermanito o con usted y que él nos viera…
–¿Ya ves, qué es lo que te digo? Sí tú me hubieras complacido como tu hermanito y Jesús lo han hecho, jamás me hubiera fijado en ellos. Ya lo ves, tú fuiste mi primer amor y te estoy muy agradecido por haberme entregado tu culito virginal y eso siempre lo recordaré con mucho cariño.
–¿Entonces ya no me va a meter su verga, tío?
–Si tú ya no quieres, pues no…
–Es que yo sí quiero, pero me da coraje que pase mucho tiempo sin hacerlo conmigo.
–Pues…si tú quieres, la casa está sola, tu abuela salió a rezar y llega hasta como dentro de dos horas mínimo…tú dirás…
Y al decirlo, lo acariciaba con una mano mientras me frotaba mi paquete con la otra.
–¿Ahorita, tío?
–Sí, ahorita, pero sólo si tú quieres…
–Sí, tío, está bien…
Lo tomé de la mano y conduje hacia la casa, entramos a la recámara y comencé a acariciarlo mientras lo desnudaba. Lo coloqué en la orilla de la cama boca arriba y llevé sus piernitas hacia su pecho para que mi boca, labios y lengua se dieran un riquísimo banquete con sus genitales, nalguitas y anillito.
Mi verga estaba durisima y llena de presemen, así que la coloqué en su orificio, empujé y de una se la dejé ir…
–Despacito, tío, aaagggh…aun me duele…
Haciendo caso omiso a sus súplicas, enterré mi verga en lo más profundo de su recto y comencé a embestirlo con mucha fuerza e intensidad, mientras de su boca escapaban ayes de dolor mezclados con gemidos y algunos pujidos al empalarlo con todo.
La habitación comenzó a llenarse de sonidos y olores propios del sexo entre un adulto y un niño.
Lo levanté y él cruzó sus piernitas alrededor de mi cintura y yo coloqué mis manos en sus carnosos, infantiles y bellos glúteos para continuar metiendo y sacando mi miembro.
Gotas de sudor caían de mi frente y se deslizaban por mi pecho y abdomen hasta mezclarse con el sudor de mi pequeño amante, mientras sentía un gozo enorme ante lo estrecho de su recto y lo rico que apretaba mi verga.
Exploté, finalmente, en sus entrañas y su tripita fue regada por mi semen.
Salí de el, lo masturbé e hice sexo oral hasta que él se corrió en mi boca con un prolongado gemido de éxtasis…
–Bueno, tío, ya me voy, me esperan para cenar…
–Nada que te vas…aquí te voy a dar tu cena, Pedrito…mi verga no olvida que fuiste el primer niño que se dejó ensartar por ella.
Y antes de que reaccionara, lo puse en cuatro sobre el colchón y puse mi verga entre sus nalgas hasta sentir su capullito abrazar la punta de mi glande.
–Pero tío, es que me duele aún…
–Nada, nada, ¿Querías verga, verdad putito? ¡Pues verga vas a recibir, perrita! Si bien que te gusta, ¿para qué te haces del rogar?
Y empujé con furia de nuevo mi verga que se deslizó por su canal rectal hasta alojarse por entero en su interior.
Comencé de nuevo a follarme su lindo culo mientras le daba algunas nalgadas fuertes que le hicieron sollozar mientras sus esfínteres rodeaban y abrazaban con fuerza a mi pene.
–Aaaayyyy, tío, despacio, me dueleeee…aaaayyy!
–Esto querías, cabroncito, ¿o no? Si bien que te encanta mi verga, sólo que te gusta que te rueguen, zorrita…
Despues de unos momentos dejó de quejarse y sollozar y profundos gemidos brotaron de sus labios…
–¿Qué te dije, mi niño? Bien que te gusta que el tío te coja y deje a tus primitos bien adentro…¿Quieres que pare?
–Noooo, tío, no…siga, siga…siento bien rico cuando usted me mete su verga bien adentro aunque duela, no pare, más, más, maaaaassss…
Y sin tocarlo eyaculó sobre las sabanas de mi cama mientras su anillo de carne me apretaba aun más el pene.
Así como estaba, lo giré y coloqué boca arriba con sus piececitos en mi pecho para continuar follando su pequeño cuerpo con placer supremo mientras me deleitaba viendo sus gestos de dolor y su camita hermosa.
No pudiendo contenerme más ante lo rico que me apretaba su recto mi verga, chorros de mi semen llenaron en varias oleadas su interior.
Me desplomé sobre él besando su rostro y labios y agradeciendo por dejarse coger mientras le decía una y otra vez lo mucho que lo amaba y deseaba.
Mi pene, flácido, abandonó su interior. Lo cargué y llevé al baño para que, pujando, arrojara en borbotones y entre gases, mi semen mezclado con su popó.
Lo aseé muy bien, lo vestí y llevé a entregar a su casa.
Mi cuñada, madrastra de mis sobrinos, con una sonrisa maliciosa me dijo al vernos llegar felices;
–Vaya, vaya…¿Ya los contentaste, cuñado? Yo hasta pensé que se iba a quedar a dormir contigo…Chuyito y Daniel ya están dormiditos. Les di de cenar y vieron tele un rato y como no llegaba Pedro, los acosté en una cama, por si quieres dejarlo aquí y llevarte a Pedro, sirve que lo acabas de contentar…y al decirlo, me hizo un guiño de complicidad a escondidas de mi hermano.



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