De Mi Sangre Ocho Final
Hace 15 años fui encarcelado por asesinato y dejé atrás a mi hijo de cinco años. Pensar en él me mantuvo cuerdo. Ahora soy libre y quiero encontrarlo y darle la vida que su madre deseaba. Pero quince años cambian a las personas, y quizá descubra demasiado tarde cuánto..
Epilogo.
Cuatro años después.
—¿Cuánto tiempo se quedarán?
Mientras firmo el registro de nuestra habitación de hotel, aguzo el oído para escuchar a otro huésped coqueteando con Brenda. No lo culpo. Brenda está absolutamente impresionante con su vestido de verano blanco lleno de fresitas. El escote cuadrado deja ver la suave parte superior de sus pechos, y sus piernas están bronceadas. Además, es una coqueta sin vergüenza, siempre hace que algún hombre desprevenido caiga en la lujuria por ella, pero sé que para ella es solo un juego. Cuando termina de flirtear, se quita el tanga solo para mí.
Para ser justos, después de mudarnos a Sacramento, intenté tener algo parecido a una relación normal con ella. Salió con otras personas. Hombres y mujeres, cis y trans. Yo me sumergí en mi trabajo como arquitecto. Tenía años valiosos de experiencia antes de ser condenado, y también terminé de actualizar mi título en prisión.
Entonces, una noche, después de haber salido con alguien más, entró directo a mi habitación, se desnudó y me susurró al oído que nadie la coge como papi. Perdí el control. Ya no pude contenerme más y desde entonces hemos estado en una relación plena. Y los dos somos más felices que nunca, más que cuando salíamos con otras personas. Me siento mejor con toda la situación sabiendo que le di la oportunidad de conocer a otros.
—¿Por qué no nos encontramos más tarde para tomar algo? —le pregunta el tipo.
La recepcionista me devuelve mi identificación junto con la llave de la habitación y la tomo.
—Señor Jones, un botones llegará en un momento para acompañarlos y llevar sus maletas a la habitación.
—Gracias, David —digo, leyendo su nombre en la placa—. Que tenga un excelente día.
Brenda levanta la vista cuando me alejo del mostrador, y sus ojos están llenos de picardía y felicidad. Gracias a Dios por eso. Todo lo que quiero es que sea feliz, y por eso pedí dos semanas libres en el trabajo. Quiero mimarla y cuidarla. La cubro de todo lo que el dinero puede comprar, y a ella le encanta cada centavo que gasto en ella.
—¿Lista? —le pregunto. Nunca interfiero en sus coqueteos, siempre le dejo la puerta abierta por si encuentra a alguien con quien quiera explorar. Hasta ahora, coquetea pero nunca ha estado con nadie más desde que oficialmente nos convertimos en pareja. O lo que sea que se llame cuando estás cogiendo a tu hija y te enamoras perdidamente de ella cada día que pasa.
—Sip, no puedo esperar a tirarme en esa cama grande y cómoda.
—Pero no me contestaste —insiste el tipo—. ¿Nos vemos luego para tomar algo?
—¿Qué opinas, papi? —Bate las pestañas hacia mí y contengo un gruñido— ¿Debería?
—Es decisión tuya, princesa.
Dos pueden jugar a este juego. Le encanta que la llame princesa. Hará cualquier cosa que le pida cuando lo hago.
—Perdón —le responde al tipo—. De todos modos, soy más bien la niña de papi.
Barry se queda con cara de confusión mientras Brenda engancha una mano detrás de mi cabeza, tira de mi cara hacia la suya y me besa.
—Traviesa —murmuro contra sus labios—. ¿Quieres una nalgada para que te portes bien?
Gime.
—Sí, por favor. Luego podemos romper otra cama.
Sonrío y tomo su mano.
—Dudo que podamos romper esta.
Sus cejas se alzan.
—¿Eso es un desafío? Gruño. —Compórtate. Sé una buena chica.
Se derrite contra mí y le paso el brazo por los hombros mientras esperamos a que aparezca el botones.
—Tengo algo que decirte —susurra.
—Puedes decírmelo cuando estemos solos en la habitación.
—Pero es súper importante.
—Brenda.
—Está bien —refunfuña—. Supongo que no es importante decirte que te amo.
Empieza a alejarse. La muy pícara. La atrapo por la cintura y la traigo de vuelta hacia mí.
—¿Qué acabas de decir?
—No me acuerdo.
—¡Brenda!
—Dije que te amo. —Sus mejillas están rojas y tiene esa mirada tímida y traviesa que a veces pone.
—Yo también te amo, bebé.
Jadea como si estuviera sorprendida. Nunca habíamos dicho las palabras, pero tenía que saberlo, ¿verdad? La amo más que a nada ni a nadie en el mundo. Ella es todo mi mundo.
—¿De verdad?
—Sí. Dame unos minutos y te voy a mostrar exactamente cuánto.
Y siempre se lo voy a demostrar mientras estemos juntos, sin importar que sea de mi sangre.
FIN.


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!