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Siguió dándome guebo como a una perra y en menos de un minuto ya estaba acabándome en el culo, mientras me mordía un hombro y se deslechaba dentro de mí como si fuera un toro. No duró mucho acabando y enseguida lo sacó; me sentí un poco vacío  y quer.
No sé si les pasa, pero a mí me encantan los heterosexuales. No sé por qué, pero siempre he sentido que irradian un morbo mayor, un deseo sexual mucho más grande.

Conmigo los heterosexuales que conozco no se portan tan mal, me tratan bien, no se meten en mis cosas ni me critican por lo que me gusta ni por lo que soy y por como soy. Dos de esos héteros son amigos de mi hermano mayor. Mi hermano tiene 30 y yo 18. Ellos vinieron a ver películas a mi casa, porque siempre se la pasan aquí metidos. No hay quien los saque.

Les describo a los dos sujetos: Ambos tenían un muy hermoso cuerpo, al menos para mí. No eran de gimnasio pero estaban definidos, cosa que me gusta mucho más en un hombre, y si es hétero, pues más. Uno se llama Gabriel, al que yo le dijo cara e’ barbie, por lo lindo que es, chamo no muy alto, de estatura promedio, corte de cabello estilo militar, sonrisa perfecta, piel trigueña, ambos son algo quemados por el sol, pero son blancos, realmente. Y el otro se llama Manuel, un poco más alto que yo y que Gabriel. Es muy bonito también, nariz perfilada, cabello un poco más largo, normal, algo menos papeado que Gabriel, pero igual de bello y de cuerpo lindo.

La noche en la cual sucedió todo fue hace poco, estábamos viendo una película de terror y a media película mi hermano se quedó dormido, lo despertamos y dijo que la película era aburrida, dijo que tenía mucho  sueño y que se iría a su cuarto, se fue y nos dejó a sus amigos y a mí viendo la película. Faltaba media hora para que terminara, cuando terminó ya era tarde para que ellos se fueran a su casa, era muy de noche y al final les dije que se podían quedar ahí en mi cuarto, que les sacaría un colchón que tenía debajo de mi cama para cuando venía  visita, y aceptaron. Dije que me iba a bañar y que si querían les ponía otra película, y no me sorprendió cuando me preguntaron lo siguiente:

—No vale, ya es tarde, más bien deberías ponernos una porno, ¿en tu computadora no tienes?

—Jajaja, si eres loquito Manu, sí, sí tengo, pero yo tengo es porno de maricos, aunque si quieres se las pongo jajaja —dije mientras buscaba en mi computadora la carpeta.

—No vale, ¿tú eres marico? ¿pa qué quiero ver yo a dos tipos cogiéndose?

— Jajajajaja, habla claro Manuel —decía Gabo.

— Ay, bueno, no sé, ahí está la pc, busquen algo, algún video de música y qué sé yo, veamos otra peli.

—Anda a bañarte es lo que es —dijo Gabo— y después vemos otra película será.

—Sí, anda a bañarte, relajao —dijo Manuel.

Les hice caso y me fui a bañar. Y la verdad es que sí, siempre les había tenido ganas a esos dos hombres, por separado, y juntos más. Pero como eran amigos de la casa, ya se me había esfumados los malos pensamientos con ellos. Me bañé bien por un buen rato, y me afeité y limpié todo, por fuera y por dentro jajaja, «uno nunca sabe», pensé.

Cuando salgo del baño, aun estoy en paño, entro a mi cuarto y lo que veo me deja en shock: ambos sentados uno al lado del otro se están haciendo la paja viendo un video porno GAY!!!!!!!!!. Se asustaron al verme entrar, porque me dijeron que pensaron que era un familiar o algo.

— ¿Qué hacen? ¿Están locos? —les pregunto, riéndome.

—Marico, pensaba que era tu papá — dijo Gabo.

— Yo dije, nada, entró la hermana. —decía Manu.

—Ellos no entran aquí, solo mi hermano… No entendí nada, pensé que no verían a «tipos cogiéndose» —dije, imitando el tono de voz de Manuel en estas últimas dos palabras.

—Bueno mano, cuando hay ganas, se agarra lo que venga, dígalo. —le decía Gabo a Manuel, dándole un golpe leve en el pecho.

—No vale, ¿tú eres marico chamo? —preguntaba Manu a Gabo.

—Ay sí te vas a poner con esa ahorita que estamos los dos aquí viéndonos el guebo. —respondió Gabo.

—No mano, tú lo que estás es crazy. —le dijo Manuel.

— Ah vaina, quédate quieto… ¿y tú qué? ¿Te gusta? —me preguntó Gabo a mí mientras se meneaba el guebo de un lado a otro. No supe qué responder. Manuel me veía y lo veía a él, como impactado.

— No te puedo responder a eso porque no se te ve bien —le dije a Gabo mientras me secaba con el paño, desnudo y dejando que se me viera el culo (cosa que tengo como atributo y por la cual todos siempre me dicen «avispita»)

—Bueno, aquí tienes pa que lo veas pues —dice Gabo poniéndose de pie y mostrándome el guebo en dirección a mí.

Se le veía grande, más grande de lo que lo debería tener. Solo sonreí y no dije nada porque pensé que me estaban era jodiendo y que se quería era burlar de mí, pero la reacción de Manuel me confirmó que Gabo hablaba en serio y no en juego.

— No vale par de pargos los dos —decía Manu viéndonos a Gabo y a mí— Tan es locos los dos.

—Quédate quieto mano —le decía Gabo a Manu— que yo quiero saber si eso que dicen por ahí es verdá.

— ¿Qué «dicen por ahí»? —pregunté. Sabía por dónde iban las cosas, solo quería más firmeza de ambos o de alguno, que me dijera que querían cogerme, qué sé yo.

— Que ustedes los maricos lo maman mejor que las tipas. —Me dijo. Y Manu no decía nada.

—Bueno, eso tienes que confirmarlo tú por tu cuenta. —dije, mostrando más el culo “sin querer”.

—Te volviste loco y no avisaste mano —le decía Manu a Gabo.

—Mano pero es que mírale ese culo, provoca es partírselo en dos para que aprenda a ser serio.

Manu estaba pensativo, así que Gabo volvió a hablar, esta vez, viéndome a mí.

—Bueno, ven pues. Aquí tienes. —dijo enseñándome el guebo.

No me resistí y me le fue de boca. Me puse de rodillas frente a él, le observé el guebo por unos segundos, se lo examiné. No mucho vello, nada de marcas, liso, sin venas que se brotaran y recto, sin ir a la derecha o a la izquierda. Le pase la lengua desde la base hasta el glande. Le pasé la lengua por toda la cabeza y en seguida me lo metí hasta lo más profundo de mi boca (obviamente no me entró todo) y cuando hice eso, Gabo soltó un leve «ahhh»  y Manuel se sorprendió más y se paró de la cama y se dirigió a la puerta.

—Quejeso mano, maricos les dije ya, ábreme la puerta que yo me voy. —me dijo.

—Es…toy ocu…pad…o… —respondí yo mientras le mamaba el guebo a Gabo.

—Abre, abre, abre, que me voy.

—Quédate quieto mano, que me lo está mamando sabroso de pana ninguna jeva me lo ha mamado así.

—Yo no sirvo pa esta mariqueras. Abre la puerta vale.

—Ay no, espérate al menos a que se lo mame, ya deja el show. Siéntate a ver, o espérame en la sala, en un ratico te abro la puerta —le dije.

—No vale, tú de aquí no te mueves todavía. —me sentenció Gabriel.

Manuel no dijo más nada, pero tampoco salió del cuarto a esperarme en la sala, porque en el fondo yo sabía que lo que le daba era algo de pena o miedo a qué pasaría después, qué dirían, por eso lo dejé sin decirle nada y le seguí mamando el guebo a Gabo, que lo tenía bien rico por cierto. Manu que resolviera su peo mental.

—Qué rico está este guebo vale —dije mientras me quitaba la saliva de la boca que tenía regada.

— ¿Sí? ¿Te gusta, perrita?

—Me encanta este guebo.

— Y a mí me encanta esa boquita rica que tienes, putica. Mama, mama guebo. Eso. Trágatelo todo, todo.  —me decía Gabriel mientras me ponía la mano en la cabeza y me empujaba para que me llegara a la garganta.

—Uffff qué rico que lo mamas putica. Así, eso, uyy vale qué ricura. Ahora me lo vas a mamar cada vez que venga.

Después de estar mamándoselo por un buen rato, me cansé y me intenté acercar a Manuel, que no había dicho ni una palabra, seguía pegado a la puerta, pero no se iba a la sala.

—No vale, echa pa allá, maricón. Yo no soy marico. —decía.

—Pero mano¸ quédate tranquilo, que este mariquito lo mama rico. Cierra los ojos y listo.

Manu no respondió. En el fondo quería, así que me le acerqué más y seguía poniendo resistencia, pero cada vez más leve. Y cuando quedé frente a él, que comencé a tocarle el guebo, él habló, cambiando radicalmente su opinión.

— ¿Quieres que te metan el guebo? ¿Eso es lo que quieres? Pélate ese culo pues. Pa partítelo en dos.

No me moví, no sabía si darle el culo de una. Y como vio que no me movía, agarró de la cabeza y me lanzó al piso, hacia donde estaba Gabriel, quedando yo en cuatro. Seguidamente siento su peso detrás. (Gabo solo se reía, como celebrando) Yo quedé inmovilizado, con mis piernas estiradas, porque las piernas de él no me dejaban moverme. En seguida sentí que me lo intentó meter y me dolió en el alma. Gabo lo notó.

—Mano pero escúpele el culo pa que le entre mejor, no seas bruto. —decía, acercándose a mi culo y escupiéndolo un poco.

—Nada, este maricón quería que me lo cogiera, pues le voy a partir tanto el culo que mañana no se va a poder parar de la cama.

Gabo reía y yo no decía nada, solo gemía un poco. Y gracias a la saliva de Gabriel me entró “un poco mejor” pero igual me dolió porque me lo metió de un solo golpe. Grité un poquito.

—Cállate maldito marico que nos van a escuchar —me decía Manuel, pegándome por la cabeza.

—Se arrechó el hombre jajaja —decía Gabo.

—Ah, ah, ah, así, qué rico guebo. Dame más.

—Ah ¿quieres más? Toma más pues, mardito marico.

Y comenzó a darme durísimo por el culo. Tanto, que le pedí que parara que me dolía.

—El coño e tu madre, maldito. ¿Quería guebo? Aprovecha porque no te voy a volver a coger.

Y siguió dándome. Me impresionó un poco su agilidad: en un segundo me volteó dejándome boca arriba, mi espalda pegada al piso y mis piernas en sus hombros. Cuando me lo metió duro, sin avisar, de mi boca salió un gritico.

—Que te calles te dije —dijo Manu dándome dos cachetadas.

—Me duele, ay, ay.

—Esto es lo que tú querías marico de mierda. —Dijo escupiéndome una, dos, tres veces.

Gabriel se acercó más y con sus manos me estrujó la saliva por toda la cara, a para después taparme la boca con las dos manos.

—Ahora sí dale más duro pa ve si va a gritar el marico este. —le dijo Gabo a Manuel.

Manuel no esperó dos segundos cuando ya me estaba metiendo el guebo como una ametralladora. En seguida empecé a gemir como la perra que era. Me dolía un poco pero me gustaba esa clase de dominación.

Después de unos minutos así, me dijo que iba a acabar. Gabo me destapó la boca y le dije a Manu que me acabara en la boca.

—Negativo. En el culo es que te voy a acabar, perra —dijo y me volvió a escupir.

Siguió dándome guebo como a una perra y en menos de un minuto ya estaba acabándome en el culo, mientras me mordía un hombro y se deslechaba dentro de mí como si fuera un toro. No duró mucho acabando y enseguida lo sacó; me sentí un poco vacío  y quería que me lo metiera pero todavía me quedaba Gabo así que guardé mis ansias para después.

Cuando tenía el guebo afuera, me agarró por el pelo y me llevó hasta su guebo.

—Ahora me lo limpias, cabrón. —me dijo Manuel.

Pude ver con más claridad la magnitud de guebo que me había acabado de tragar. Tenía más vellos que Gabo y era igual de grande, pero algo más delgado, blanquito y con muchas venas. Se lo succioné hasta que quedó pulcro. Me lo sacó de la boca, me dio una cachetada algo duro y me preguntó.

— ¿Así era que quería que se la cogieran, señorita putica? — y me escupió otra vez, para luego darme una patada en el pecho que me lanzaría hasta donde  Gabo.

Gabriel me vio tirado en el piso frente a él y me señaló el teléfono que tenía en su mano. No pude entender bien.

—Aquí está tu recuerdito en video para que no olvides esa cogida que te echaron y para que menos olvides la que te voy a echar yo. Háblale mano —dijo Gabo lanzándole el teléfono a Manuel, que estaba tirado en la cama, aun respirando algo apresurado.

— ¿Me grabaste? —pregunté y él asintió.

— ¿Quieres que te lo envíe a tu instagram? ¿Cómo es que es? ¿ @alfrestrada ?

—Sí. —dije.

—Bien. Pero primero comienza por mamarme el guebo.

Continuará…

Dos héteros amigos de mi hermano me cogen como a una perra

 

No sé si les pasa, pero a mí me encantan los heterosexuales. No sé por qué, pero siempre he sentido que irradian un morbo mayor, un deseo sexual mucho más grande.

Conmigo los heterosexuales que conozco no se portan tan mal, me tratan bien, no se meten en mis cosas ni me critican por lo que me gusta ni por lo que soy y por como soy. Dos de esos héteros son amigos de mi hermano mayor. Mi hermano tiene 30 y yo 18. Ellos vinieron a ver películas a mi casa, porque siempre se la pasan aquí metidos. No hay quien los saque.

Les describo a los dos sujetos: Ambos tenían un muy hermoso cuerpo, al menos para mí. No eran de gimnasio pero estaban definidos, cosa que me gusta mucho más en un hombre, y si es hétero, pues más. Uno se llama Gabriel, al que yo le dijo cara e’ barbie, por lo lindo que es, chamo no muy alto, de estatura promedio, corte de cabello estilo militar, sonrisa perfecta, piel trigueña, ambos son algo quemados por el sol, pero son blancos, realmente. Y el otro se llama Manuel, un poco más alto que yo y que Gabriel. Es muy bonito también, nariz perfilada, cabello un poco más largo, normal, algo menos papeado que Gabriel, pero igual de bello y de cuerpo lindo.

La noche en la cual sucedió todo fue hace poco, estábamos viendo una película de terror y a media película mi hermano se quedó dormido, lo despertamos y dijo que la película era aburrida, dijo que tenía mucho  sueño y que se iría a su cuarto, se fue y nos dejó a sus amigos y a mí viendo la película. Faltaba media hora para que terminara, cuando terminó ya era tarde para que ellos se fueran a su casa, era muy de noche y al final les dije que se podían quedar ahí en mi cuarto, que les sacaría un colchón que tenía debajo de mi cama para cuando venía  visita, y aceptaron. Dije que me iba a bañar y que si querían les ponía otra película, y no me sorprendió cuando me preguntaron lo siguiente:

—No vale, ya es tarde, más bien deberías ponernos una porno, ¿en tu computadora no tienes?

—Jajaja, si eres loquito Manu, sí, sí tengo, pero yo tengo es porno de maricos, aunque si quieres se las pongo jajaja —dije mientras buscaba en mi computadora la carpeta.

—No vale, ¿tú eres marico? ¿pa qué quiero ver yo a dos tipos cogiéndose?

— Jajajajaja, habla claro Manuel —decía Gabo.

— Ay, bueno, no sé, ahí está la pc, busquen algo, algún video de música y qué sé yo, veamos otra peli.

—Anda a bañarte es lo que es —dijo Gabo— y después vemos otra película será.

—Sí, anda a bañarte, relajao —dijo Manuel.

Les hice caso y me fui a bañar. Y la verdad es que sí, siempre les había tenido ganas a esos dos hombres, por separado, y juntos más. Pero como eran amigos de la casa, ya se me había esfumados los malos pensamientos con ellos. Me bañé bien por un buen rato, y me afeité y limpié todo, por fuera y por dentro jajaja, «uno nunca sabe», pensé.

Cuando salgo del baño, aun estoy en paño, entro a mi cuarto y lo que veo me deja en shock: ambos sentados uno al lado del otro se están haciendo la paja viendo un video porno GAY!!!!!!!!!. Se asustaron al verme entrar, porque me dijeron que pensaron que era un familiar o algo.

— ¿Qué hacen? ¿Están locos? —les pregunto, riéndome.

—Marico, pensaba que era tu papá — dijo Gabo.

— Yo dije, nada, entró la hermana. —decía Manu.

—Ellos no entran aquí, solo mi hermano… No entendí nada, pensé que no verían a «tipos cogiéndose» —dije, imitando el tono de voz de Manuel en estas últimas dos palabras.

—Bueno mano, cuando hay ganas, se agarra lo que venga, dígalo. —le decía Gabo a Manuel, dándole un golpe leve en el pecho.

—No vale, ¿tú eres marico chamo? —preguntaba Manu a Gabo.

—Ay sí te vas a poner con esa ahorita que estamos los dos aquí viéndonos el guebo. —respondió Gabo.

—No mano, tú lo que estás es crazy. —le dijo Manuel.

— Ah vaina, quédate quieto… ¿y tú qué? ¿Te gusta? —me preguntó Gabo a mí mientras se meneaba el guebo de un lado a otro. No supe qué responder. Manuel me veía y lo veía a él, como impactado.

— No te puedo responder a eso porque no se te ve bien —le dije a Gabo mientras me secaba con el paño, desnudo y dejando que se me viera el culo (cosa que tengo como atributo y por la cual todos siempre me dicen «avispita»)

—Bueno, aquí tienes pa que lo veas pues —dice Gabo poniéndose de pie y mostrándome el guebo en dirección a mí.

Se le veía grande, más grande de lo que lo debería tener. Solo sonreí y no dije nada porque pensé que me estaban era jodiendo y que se quería era burlar de mí, pero la reacción de Manuel me confirmó que Gabo hablaba en serio y no en juego.

— No vale par de pargos los dos —decía Manu viéndonos a Gabo y a mí— Tan es locos los dos.

—Quédate quieto mano —le decía Gabo a Manu— que yo quiero saber si eso que dicen por ahí es verdá.

— ¿Qué «dicen por ahí»? —pregunté. Sabía por dónde iban las cosas, solo quería más firmeza de ambos o de alguno, que me dijera que querían cogerme, qué sé yo.

— Que ustedes los maricos lo maman mejor que las tipas. —Me dijo. Y Manu no decía nada.

—Bueno, eso tienes que confirmarlo tú por tu cuenta. —dije, mostrando más el culo “sin querer”.

—Te volviste loco y no avisaste mano —le decía Manu a Gabo.

—Mano pero es que mírale ese culo, provoca es partírselo en dos para que aprenda a ser serio.

Manu estaba pensativo, así que Gabo volvió a hablar, esta vez, viéndome a mí.

—Bueno, ven pues. Aquí tienes. —dijo enseñándome el guebo.

No me resistí y me le fue de boca. Me puse de rodillas frente a él, le observé el guebo por unos segundos, se lo examiné. No mucho vello, nada de marcas, liso, sin venas que se brotaran y recto, sin ir a la derecha o a la izquierda. Le pase la lengua desde la base hasta el glande. Le pasé la lengua por toda la cabeza y en seguida me lo metí hasta lo más profundo de mi boca (obviamente no me entró todo) y cuando hice eso, Gabo soltó un leve «ahhh»  y Manuel se sorprendió más y se paró de la cama y se dirigió a la puerta.

—Quejeso mano, maricos les dije ya, ábreme la puerta que yo me voy. —me dijo.

—Es…toy ocu…pad…o… —respondí yo mientras le mamaba el guebo a Gabo.

—Abre, abre, abre, que me voy.

—Quédate quieto mano, que me lo está mamando sabroso de pana ninguna jeva me lo ha mamado así.

—Yo no sirvo pa esta mariqueras. Abre la puerta vale.

—Ay no, espérate al menos a que se lo mame, ya deja el show. Siéntate a ver, o espérame en la sala, en un ratico te abro la puerta —le dije.

—No vale, tú de aquí no te mueves todavía. —me sentenció Gabriel.

Manuel no dijo más nada, pero tampoco salió del cuarto a esperarme en la sala, porque en el fondo yo sabía que lo que le daba era algo de pena o miedo a qué pasaría después, qué dirían, por eso lo dejé sin decirle nada y le seguí mamando el guebo a Gabo, que lo tenía bien rico por cierto. Manu que resolviera su peo mental.

—Qué rico está este guebo vale —dije mientras me quitaba la saliva de la boca que tenía regada.

— ¿Sí? ¿Te gusta, perrita?

—Me encanta este guebo.

— Y a mí me encanta esa boquita rica que tienes, putica. Mama, mama guebo. Eso. Trágatelo todo, todo.  —me decía Gabriel mientras me ponía la mano en la cabeza y me empujaba para que me llegara a la garganta.

—Uffff qué rico que lo mamas putica. Así, eso, uyy vale qué ricura. Ahora me lo vas a mamar cada vez que venga.

Después de estar mamándoselo por un buen rato, me cansé y me intenté acercar a Manuel, que no había dicho ni una palabra, seguía pegado a la puerta, pero no se iba a la sala.

—No vale, echa pa allá, maricón. Yo no soy marico. —decía.

—Pero mano¸ quédate tranquilo, que este mariquito lo mama rico. Cierra los ojos y listo.

Manu no respondió. En el fondo quería, así que me le acerqué más y seguía poniendo resistencia, pero cada vez más leve. Y cuando quedé frente a él, que comencé a tocarle el guebo, él habló, cambiando radicalmente su opinión.

— ¿Quieres que te metan el guebo? ¿Eso es lo que quieres? Pélate ese culo pues. Pa partítelo en dos.

No me moví, no sabía si darle el culo de una. Y como vio que no me movía, agarró de la cabeza y me lanzó al piso, hacia donde estaba Gabriel, quedando yo en cuatro. Seguidamente siento su peso detrás. (Gabo solo se reía, como celebrando) Yo quedé inmovilizado, con mis piernas estiradas, porque las piernas de él no me dejaban moverme. En seguida sentí que me lo intentó meter y me dolió en el alma. Gabo lo notó.

—Mano pero escúpele el culo pa que le entre mejor, no seas bruto. —decía, acercándose a mi culo y escupiéndolo un poco.

—Nada, este maricón quería que me lo cogiera, pues le voy a partir tanto el culo que mañana no se va a poder parar de la cama.

Gabo reía y yo no decía nada, solo gemía un poco. Y gracias a la saliva de Gabriel me entró “un poco mejor” pero igual me dolió porque me lo metió de un solo golpe. Grité un poquito.

—Cállate maldito marico que nos van a escuchar —me decía Manuel, pegándome por la cabeza.

—Se arrechó el hombre jajaja —decía Gabo.

—Ah, ah, ah, así, qué rico guebo. Dame más.

—Ah ¿quieres más? Toma más pues, mardito marico.

Y comenzó a darme durísimo por el culo. Tanto, que le pedí que parara que me dolía.

—El coño e tu madre, maldito. ¿Quería guebo? Aprovecha porque no te voy a volver a coger.

Y siguió dándome. Me impresionó un poco su agilidad: en un segundo me volteó dejándome boca arriba, mi espalda pegada al piso y mis piernas en sus hombros. Cuando me lo metió duro, sin avisar, de mi boca salió un gritico.

—Que te calles te dije —dijo Manu dándome dos cachetadas.

—Me duele, ay, ay.

—Esto es lo que tú querías marico de mierda. —Dijo escupiéndome una, dos, tres veces.

Gabriel se acercó más y con sus manos me estrujó la saliva por toda la cara, a para después taparme la boca con las dos manos.

—Ahora sí dale más duro pa ve si va a gritar el marico este. —le dijo Gabo a Manuel.

Manuel no esperó dos segundos cuando ya me estaba metiendo el guebo como una ametralladora. En seguida empecé a gemir como la perra que era. Me dolía un poco pero me gustaba esa clase de dominación.

Después de unos minutos así, me dijo que iba a acabar. Gabo me destapó la boca y le dije a Manu que me acabara en la boca.

—Negativo. En el culo es que te voy a acabar, perra —dijo y me volvió a escupir.

Siguió dándome guebo como a una perra y en menos de un minuto ya estaba acabándome en el culo, mientras me mordía un hombro y se deslechaba dentro de mí como si fuera un toro. No duró mucho acabando y enseguida lo sacó; me sentí un poco vacío  y quería que me lo metiera pero todavía me quedaba Gabo así que guardé mis ansias para después.

Cuando tenía el guebo afuera, me agarró por el pelo y me llevó hasta su guebo.

—Ahora me lo limpias, cabrón. —me dijo Manuel.

Pude ver con más claridad la magnitud de guebo que me había acabado de tragar. Tenía más vellos que Gabo y era igual de grande, pero algo más delgado, blanquito y con muchas venas. Se lo succioné hasta que quedó pulcro. Me lo sacó de la boca, me dio una cachetada algo duro y me preguntó.

— ¿Así era que quería que se la cogieran, señorita putica? — y me escupió otra vez, para luego darme una patada en el pecho que me lanzaría hasta donde  Gabo.

Gabriel me vio tirado en el piso frente a él y me señaló el teléfono que tenía en su mano. No pude entender bien.

—Aquí está tu recuerdito en video para que no olvides esa cogida que te echaron y para que menos olvides la que te voy a echar yo. Háblale mano —dijo Gabo lanzándole el teléfono a Manuel, que estaba tirado en la cama, aun respirando algo apresurado.

— ¿Me grabaste? —pregunté y él asintió.

— ¿Quieres que te lo envíe a tu instagram? ¿Cómo es que es? ¿ @alfrestrada ?

—Sí. —dije.

—Bien. Pero primero comienza por mamarme el guebo.

Continuará…