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— ¿Viste que sí eres putica? —me preguntaba el moreno. —Déjalo quieto vale, que me lo vas a espantar —decía el flaco mientras pasaba su brazo por encima de mi cuello, abrazándome. — ¿Y…? —pregunté..
Dos héteros me sedujeron en un camión /Venezuela/

Cuando salía del trabajo camino a casa, estaba pensando en que ya tenía unos cuantos meses sin echarme a un hombrecito serio, a un hetero pues. Los cuales son las mejores cogidas que hay en este mundo y quienes lo han probado lo saben. Fue entonces cuando decidí esperar bus en una parada de aquí de Valencia. Pero para los que aun no lo saben, Venezuela está en la peor crisis de la historia de las crisis; no importa en qué miserable país del mundo vivas: Venezuela está peor. Y el transporte no se queda atrás. Ya no hay autobuses sino que ahora la gente se monta en camiones. De esos en los que transportan cochinos. Sí. El que vive aquí lo sabe.
La cosa comienza cuando decido montarme en uno de esos camiones porque de verdad era demasiado tarde, o al menos eso me parecía a mí. Estando ya arriba, me apresuro a colocarme cerca del frente del camión. Es decir, no me quedé cerca de ninguna de las dos barandas de los lados. Para mí todo transcurría normal, hasta que veo que dos chamos obviamente héteros y con pinta de malandritos se montan pero por las barandas, como si fueran animales.
Por inercia se coloca cada uno a mi izquierda y a mi derecha. El de mi derecha era bastante lindo, era alto, más alto que yo. Tenía la piel algo quemada por el sol. Cabello negro corto. Y era flaco. El de mi izquierda era de mi tamaño. Tenía el cabello corto igual, negro, era acuerpado. Se notaba que o hacía ejercicio o desenvolvía algún trabajo forzoso. Era algo moreno. Si pueden, entren a mi perfil de instagram / @alfrestrada / para que vean mi color de piel. Este chamo era un poco más oscuro.
Al principio todo recurría normal. Yo casi ni les había prestado atención, o no al menos de una manera sexual. Estaba tan concentrado viendo el atardecer que ni los escuchaba hablar. Ah, cabe destacar que iban hablando durante el camino, es decir, que yo estaba como atravesado entre los dos. Captaron mi atención cuando escuché la palabra “marico” que aquí equivale a homosexual, aunque a veces de manera ofensiva. Decían algo así:
—Menor, por la casa está un marico que afeita calidad.
— ¿Sisa, menor?
/Sisa: Sí/
—Sisa, gafo. Si tú quieres te llegas pa la casa y yo le digo que te afeite. Ese no te cobra nada.
— ¿No cobra?

—No mano, lo que pasa es que siempre ha querido que yo me lo coja, pero nega.
/Nega: Negativo/
—Jajajaja, habla claro que te la pasas cogiéndote al marico.
—No vale, ¿tú eres marico?
—Habla claro, habla claro menor.
—No mano, yo no cojo marico. —decía el flaco alto.
— ¿Y yo sí?
—Bueno, qué sé yo. Jajajaja
— ¿Tú eres gafo?
—Aunque ahora que lo pienso, ese marico tiene un madre culo. —le decía el flaco al moreno en voz baja. Lo cual era inútil, porque yo estaba en el medio.
Ambos se echaron a reír unos segundos por lo que había dicho el flaco. Yo no pude evitarlo y me reí también, a lo cual me respondieron la risa con más risa e intentaron como medio incluirme en su conversación. Como todo venezolano salío.
—Háblale, mano —dijo el flaco dándome un manotón en el brazo a modo de incluirme en su conversa. Yo solo me reí un poco.
— ¿Tú qué? ¿Sí te cogerías a un marico? —me preguntó el moreno. El flaco se partió de risa.
—Bueno… —dije, pero el flaco me interrumpió.
— ¿Tú eres gafo, mano? ¿No ves que el convive aquí es marico?
/Convive: pana, amigo, se refería a mí/
Cuando dijo eso me dio algo de pena, es que ni siquiera podía negar nada, porque no me trataba mal, sino que me trataba con toda la confianza del mundo y sin incomodarse. El incomodo era yo. Luego, comenzaron a decir cosas más subidas de tono, que hasta me dio pena o miedo que la gente que estaba ahí escuchara. Pero como el viento hace ruido, era poco probable que alguien escuchara más que nosotros tres. Además, se notaba que estos estaban tan locos que les sabría a mierda si alguien dijese algo ahí. También se notaba que no eran unos loquitos cualquiera que andan por la vida rodando y ya, porque hablaban hasta de vainas que si facebook, que si el instagram de tal chama y cosas así.
—Bueno yo sí. Marico que se me resbale me lo cojo. —dijo el flaco.
—Yo igual. Si lo que quieren es guebo, pues guebo hay que darles, ¿cierto? —me preguntaba el moreno.
—Supongo —fue lo que respondí.
—Habla claro, menorcito. ¿Nos vas a caer a coba a nosotros? Si se ve que eres mariquito. —decía el flaco.
/Caer a coba: decir mentiras/
—Hasta carita linda tiene y todo, ¿cierto? —le preguntaba el moreno al flaco.
—Sí, tiene cara de que le gusta mamar guebo en banda.
/En banda: mucho, bastante/
Yo no decía nada, pero de reojo veía como ellos se reían por lo bajo. Ya faltaban tres paradas para llegar a la parada de mi casa, cuando veo que buscan bajarse.
—Ya ya mano, dejémoslo quieto, que mira como se puso serio.
— ¿Y por qué se va a poner serio? ¿Te arrechaste porque te queremos dar guebo? —me pregunta el falco.
El moreno se ríe. Y el flaco antes de bajarse me dice que me vaya con ellos. Me invita a su casa y me dice que la vamos a pasar muy rico. Yo no dije nada. Pero obvio que a estas alturas quería era guebo a morir y quería irme con los dos pero no sé por qué todavía tenía algo de pena. Cuando saltaron del camión el flaco me pregunta:
—Habla, ¿sí o qué? —dice moviendo su cabeza a manera de invitación. Y mientras ellos caminaban a su destino, decidí que sí y me lancé del camión rápido antes de que arrancara. Silbé y los dos voltearon.
— ¿Viste que sí eres putica? —me preguntaba el moreno.
—Déjalo quieto vale, que me lo vas a espantar —decía el flaco mientras pasaba su brazo por encima de mi cuello, abrazándome.
— ¿Y…? —pregunté.
—Bueno, ya vas a ver lo que viene —dijo el moreno.

No caminamos mucho. De hecho, fueron como dos cuadras y a la izquierda estaba la casa del moreno. Entramos y al principio me dio un poco de miedo porque nunca había entrado a casa de extraños y menos en esta situación pero se me pasó enseguida. La casa era bonita, aunque ni siquiera estuve pendiente de eso sino de que alguno diera el primer paso a lo que fuese a pasar. Me ofrecieron sentarme y el moreno me dio agua. Luego se sentaron los dos a mi lado. Uno de un lado y el otro del otro lado. El flaco comenzó a acariciarme el cuello, como dándome un masaje, mientras yo bebía el agua. Obviamente yo ya tenía el guebo parado, pero traté de disimularlo. Aunque, ¿para qué iba a disimular si ya sabía a lo que iba?
El moreno me quitó el vaso de las manos antes de tomarme el agua por completo.
—A lo que vinimos pues. —le dijo al flaco.
—Así mosmi.
/mosmi: mismo/
Tanto uno como el otro me agarraron de la mano y me la pusieron en sus guebos. En menos de un minuto ya ambos tenían el guebo afuera. El guebo del flaco era largo, pero delgado. El del moreno era más pequeño pero grueso. Ambos eran venosos. No aguanté y me le fui de boca al guebo del negro, era tan jugoso. Mientras se lo mamaba, masturbaba al flaco. No duré dos minutos mamándoselo al moreno, el flaco me agarró del pelo y me puso a mamar.
—No quieres dejar pa nadie, chamo. —decía el flaco.
—Es que lo mama cartelúo, compa.
/Cartelúo: bien, excelente / Compa: compadre/
Me levanté y me arrodillé frente al flaco. Se lo mamé como si lo fuese a dejar paralitico. Así estuvimos como unos diez minutos. Y mientras se lo mamaba al moreno, el flaco comenzaba a meterme mano en el culo. No aguanté dos pedidas y me quité el pantalón.
—Este culito si se ve rico, vale. —decía el flaco con un tono tan morboso que me excitaba.
—Mámaselo pa que veas cómo se pone como una perra. —le decía el moreno, mientras yo seguía mamando.
— ¿Sisa, mano?
—Sisa. —respondía el moreno.
—Voy pa esa, entonces.
El moreno se reía. Me encantaba la complicidad que tenía el uno con el otro, eran de esos amigos héteros que eran capaces de todo. Hasta de cogerse a un mariquito y seguir creyéndose héteros.
Sentir cuando me mordía una nalga y después la otra casi me volvía loco. Yo me estaba dejando llevar más de lo que debía y no podía volverme loba cuando ellos no estaban totalmente extasiados. Esperé a excitarlos más. Le agarraba la cabeza al flaco para que me lo mamara más. Le decía que me encantaba, que siguiera y que no parara. Él me chupaba el culo un ratico, se detenía, me daba dos nalgadas y luego seguía chupando.
A los cinco minutos ya estaba sintiendo cómo me estaba comenzando a meter el guebo.
—Ya va, ya va, ponte un condón primero.
—Qué condón ni qué condón. Abre ese culo es lo que es.
Estaba tan excitado que obedecí sin poner presión. Puse mi cabeza en el sillón y abrí mi culo de par en par. El moreno se puso a un lado para que le mamara el guebo mientras el flaco me metía la cabeza. Eso hice. Me abrí las nalgas con las dos manos. El flaco escupió en mi culo y mientras lo metía echaba saliva. Cosa que me encantaba porque lo que hacía con eso era lubricar bastante. Y así entraba mejor.
—Uff —se me salió de los labios.
—Ahhh, ¿Es que así te gusta, no? —preguntaba el moreno.
—Uff, síiii. Así. Así, lento.
— ¿Te gusta, perrita? —me preguntaba el flaco acercándose a mi oreja.
— Uff, sí, me encanta así. Ah, ahh. —mientras yo decía esto el flaco me mordía una oreja.
Luego continué mamándoselo al moreno. Mientras me lo metía a la boca, se lo babeaba lo más que podía porque hacerlo me parecía sexy y me encendía más las hormonas de perra. A veces el moreno me metía el guebo hasta la garganta. Mientras tanto, el flaco me daba guebo como debía. Como un macho le da a una perra.
A veces me lo sacaba lo más que podía hasta quedar solo la punta metida, para seguidamente metérmelo de golpe y por completo. Eso me volvía loco.
— ¿Qué pasó mano, pa mí no hay es?
—Sisa, mano, ¿cómo es, pues?
Cuando el flaco me saca el guebo del culo, lo que siento es un vacío. Seguidamente el moreno se pone detrás de mí y me lo ensarte de una. Cosa que causa un poquito de dolor porque él lo tenía más grueso, aunque esperé que me lo metiera más pero me toqué y sentí que ya lo tenía todo dentro, o sea que él lo tenía un poco más pequeño. Luego comenzaba a bombearme rápido, sin esperar a que me pasara el dolor ni nada.
— ¡Qué culo tan rico!
— ¿Te gusta? —le pregunté mientras gemía.
—Claro, putica.
— ¿Lo parte de pinga, cierto?
—Sí, mano.
Así, en cuatro, ambos me dieron un buen rato. Tanto así que las piernas me comenzaron a fallar. Fue entonces cuando el flaco me dio la vuelta con una sola mano y me tiró en el sillón, quedando yo viéndolos a ambos, y así, estando como estaba, me levantaron las piernas, y quedé expuesto a que hicieran de mí lo que quisieran. El moreno se puso detrás del sillón y me tenía las piernas, mientras que el flaco comenzaba a metérmelo.
—Uff, así, que rico papi. —dije, sin pudor. A lo cual ellos respondieron riéndose.
—Qué perra eres.
—Sí, sí, soy tu perra, dame guebo, dame.
—Uyy, así, pídeme más guebo, que eso me excita.
—Dame, dame más.
—Pídeme más.
—Dame más duro, dame así, no pares. Dale, dale. Uff, uff.
—Uff, qué rica putica eres, bebé. ¿Te encanta el guebo, no?
—Sí, me encanta. Dame guebo.
— ¿Te gusta así? Toma guebo, por perra. —decía el flaco, mientras me daba cachetadas algo suaves.
—Me toca —dijo el moreno.
Cuando me lo metía el moreno, me daba la pálida. Me temblaban más las piernas y me fallaban los brazos. Como lo tenía más grueso, me daba más dolor, y cierto placer.
Al final, el moreno y el flaco me dieron guebo hasta en la cédula. El flaco me pidió que lo cabalgara y así me acabó adentro. Mientras el moreno me acaba en la boca. Me hicieron acabar sin tocarme. Cuando ya se les había pasado el deseo sexual, ustedes saben que viene como el arrepentimiento. Cuando llegó el arrepentimiento de ellos, enseguida me corrieron de ahí.
—Dale, dale. Pírala mano.
/Pírala: vete/
—Sí, sí, arranca, camínala menor.
/Arranca: vete/ Camínala: vete/
No contesté nada y me arreglé para luego irme. Pasaron varios días y luego los volví a ver pero me ignoraban, solo me saludaban con un gesto de cabeza y ya, aunque también hubo un día en que los vi medio tomados a ambos, estaban en una licorería de por aquí, pero eso ya sería otra historia. ¿Ustedes qué les pareció esta? Díganmelo en los comentarios y/o escríbanme por instagram /@alfrestrada/. Por cierto, también soy dueño de un blog al que quedan totalmente invitados a entrar / alfrestrada.blogspot.com / y donde pueden ver otras cosas que escribo.
¡Saludos!

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