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Gays

El amigo de mi sobrino Parte V

continua el enredo entre el Tio, el sobrino y el amigo .
Después de unos minutos sentí que Kev regresaba a la habitación todavía mojado. Traía solo la toalla enrollada en la cintura. Se acercó y me dio un beso suave en los labios. Noté que estaba ligeramente sonrojado.

—¿Qué te tiene tan contento esta mañana? —le pregunté sonriendo.

Se puso nervioso un segundo, pero se recompuso rápido y cambió el tema. Me dijo que su mamá le había marcado, que quería que fuera a desayunar con ellos porque ya casi era un extraño en su propia casa de tanto tiempo que pasaba con nosotros. Le dije que le diera saludos y que lo vería más tarde, que yo también tenía que salir un rato por trabajo.

Se cambió y se fue.

Me levanté, me puse solo unos pants y una playera, y salí a preparar café. Me sorprendió que Alex ya lo hubiera puesto y estuviera sentado en la barra de la cocina, muy pensativo.

—Buen día, chamaco. ¿Cómo va esa aventura romántica tuya? —le dije, refiriéndome a su última conquista.

Alex se puso rojo al instante y empezó a balbucear. Me reí y seguí picándolo un poco:

—Calma, wey. Hasta te pusiste como cuando te cachó jalándotela en mi computadora. Por cierto, aún me debes un teclado nuevo, nunca pude usar ese todo pegajoso.

Agarró la onda, se relajó y soltó una risa nerviosa.

—Nada, tío… todo bien, creo. Aunque si te soy honesto, desde que los descubrí a ti y a Kev, no he podido pensar mucho en ella.

Me serví una taza y otra para él, me acerqué y me senté a su lado.

—¿Y eso por qué, Alex? ¿Aún sigues molesto porque estamos juntos?

—No… para nada. Es solo que no me puedo quitar a Kev de la cabeza. Creo que siento celos.

Lo insistí un poco más y terminó confesando, con la cabeza gacha:

—Me da vergüenza decirlo… pero he tenido pensamientos bien inmorales sobre él.

Esa confesión, sumada a lo que había escuchado en la regadera, me confirmó lo que ya sospechaba: Alex tenía curiosidad y quería probarla con Kev. Con mi Kev.

Fui directo:

—¿Esos pensamientos los tenías antes de vernos a nosotros, o empezaron después?

Con la cara roja contestó:

—Antes también… a veces en las regaderas del colegio se me iba la mirada. Pero después de verlos a ustedes todo se hizo mucho más intenso.

Me quedé callado un momento, procesándolo. No era fácil escuchar que tu sobrino tiene un crush con tu novio, y menos cuando ese novio es también su mejor amigo de toda la vida. Pero entonces lo tuve claro: yo era el mayor aquí. Tenía que manejar esto como adulto.

—Escucha, Alex —dije calmado, mirándolo a los ojos—. Escuché todo lo que pasó esta mañana en la regadera.

Se quedó helado.

—No estoy enojado —aclaré—. Sorprendido sí, y también me calentó un poco, para qué te miento. Pero lo que tengo claro es que esto no se va a resolver escondiéndolo. Kev te gusta. A ti te gusta Kev. Y esta mañana quedó claro que a él tampoco le fue indiferente.

Tomé un sorbo de café y seguí:

—Kev es mi novio y me encanta estar con él. Pero ustedes dos tienen una historia de años. Son como hermanos… y ahora hay algo más. No quiero que termine en pedo, con celos o alguien con el corazón roto. Así que te voy a ser muy claro: si quieres explorar esa curiosidad con él, y si él también quiere, yo no me voy a oponer. Prefiero que sea de frente y no a escondidas.

Alex me miró con los ojos muy abiertos.

—¿En serio? ¿Estarías dispuesto a hacerte a un lado si él quiere estar conmigo?

Sonreí con un poco de tristeza.

—No exactamente “hacerme a un lado”. Pero sí te estoy diciendo que no voy a ponerme en medio como novio celoso. Habla con él con la verdad. Solo te pido una cosa: sé honesto con él, y también conmigo. Si al final Kev elige estar contigo… va a dolerme, pero lo respetaré. ¿Y si te dice que no? ¿Tú qué harás?

—Lo mismo, te lo prometo —respondió.

Me levanté, terminé mi café y me fui a la ducha. Le dije que tenía que hacer algunas cosas del trabajo y que regresaría más tarde. Él me preguntó si podía quedarse un rato más y acepté sin problemas.

Estuve ausente unas cuatro horas. Cuando regresé, pensé en salir a comer algo con Alex. Abrí la puerta con cuidado, con la intención de darle un susto, pero no lo vi ni en la sala ni en la cocina. Me acerqué al cuarto de huéspedes por si se había quedado dormido, y entonces escuché sin querer.

Kev se oía un poco alterado:

—¿Cómo se te ocurre decirme eso justo ahora que estoy iniciando una relación? ¡Y ni más ni menos que con tu tío!

Alex sonaba apenado, pero insistía:

—No lo puedo controlar… Te juro que empecé a sentir atracción desde antes, pero por macho o por tonto nunca me atreví a decir nada.

Kev suspiró con fuerza.

—Esto está jodido, Alex. No sé qué decirte.

Alex contraatacó:

—El hecho de que no digas que no ya me dice que no te soy del todo indiferente.

Kevin habló con voz más calmada:

—Es cierto… pero no sé si lo que siento por ti es algo físico o algo más fraternal, como de hermanos.

A lo que Alex no se dejó amilanar y contraatacó:

—¿Y por qué no lo averiguamos?

Seguido de eso lo besó. Y para mi sorpresa, Kev pareció responder al beso.

Me quedé congelado afuera de la puerta entreabierta, el corazón latiéndome tan fuerte que pensé que lo iban a oír. No podía creer lo que estaba viendo por la rendija: Alex había agarrado la cara de Kev con las dos manos y lo estaba besando con hambre, lengua y todo. Kev al principio se tensó, pero después soltó un gemido bajito y le devolvió el beso, más brusco, casi desesperado. Sus cuerpos se pegaron, las manos de Kev bajaron directo a la cintura de Alex y lo jalaron más fuerte contra él.

—Joder, Alex… —murmuró Kev contra su boca, la voz ronca.

—No hables —le cortó Alex, y lo empujó suavemente hacia la cama.

Kev cayó sentado en el borde. Alex se quitó la playera de un tirón y se quedó de pie frente a él, pecho agitado, la verga ya marcándose dura debajo del pantalón de chándal. Kev levantó la mirada, los ojos nublados, y sin decir nada le bajó el pantalón y el bóxer de un jalón. La verga de Alex saltó libre, gruesa, venosa y completamente dura, la cabeza brillando ya de precum.

Kev no lo pensó dos veces. Se la metió a la boca con ganas.

—Ahhh, mierda… —gruñó Alex, agarrándole el cabello con una mano mientras le empujaba la cabeza hacia adelante.

El sonido era obsceno: la boca de Kev chupando, la lengua lamiendo la cabeza, las arcadas suaves cada vez que Alex le metía más profundo. Kev tenía los ojos cerrados, una mano en la base de la verga de Alex y la otra tocándose su propia verga ya dura dentro del bóxer. Alex gemía bajito, mordiéndose el labio, moviendo las caderas despacio al principio y luego más fuerte, follándole la boca.

—Así, wey… chúpamela rico —susurró Alex, la voz temblorosa de placer.

Después de un par de minutos lo sacó de la boca con un “pop” húmedo, la verga brillando de saliva.

—Quítate todo —le ordenó Alex.

Kev obedeció rápido, se quitó la playera, el pantalón y el bóxer. Su verga estaba durísima, curvada hacia arriba, goteando. Alex lo empujó hacia atrás en la cama, se arrodilló entre sus piernas abiertas y le separó las nalgas con las manos. Le escupió directo en el hoyo y empezó a lamerlo con lengua plana, lento, rodeando el borde y después metiendo la punta adentro.

—Ahhhgg… Alex… —gimió Kev, agarrando las sábanas, las piernas temblando.

Alex lo comió con ganas, babeando, metiendo dos dedos mientras seguía lamiendo. Kev estaba perdido, jadeando, moviendo las caderas contra la cara de Alex como si pidiera más. Cuando Alex consideró que ya estaba listo, se incorporó, se escupió la verga y la colocó contra el hoyo de Kev.

—¿Estás seguro? —preguntó Alex, la voz ronca.

—Fóllame… ya —respondió Kev, casi suplicando.

Alex empujó. Lentamente al principio, centímetro a centímetro, hasta que sus caderas chocaron contra las nalgas firmes de Kev. Los dos soltaron un gemido largo y gutural al mismo tiempo.

—Joder… estás apretado… —gruñó Alex.

Empezó a moverse. Primero despacio, saliendo casi todo y volviendo a entrar profundo. Después más rápido, más fuerte. El sonido de piel contra piel llenaba el cuarto: plap, plap, plap. Kev tenía las piernas abiertas en el aire, una mano en su propia verga jalándosela al ritmo de las embestidas de Alex. Alex lo follaba con fuerza, agarrándole las caderas, mirándolo a los ojos con una mezcla de lujuria y algo más intenso.

—Dime que te gusta, Kev… dime que te gusta mi verga adentro —exigió Alex entre jadeos.

—Me encanta… no pares… más fuerte —respondió Kev, casi sin voz.

Alex aceleró, follándolo como animal. La cama crujía, los gemidos se volvían más altos, menos controlados. Kev fue el primero en correrse: chorros gruesos le salpicaron el pecho y el abdomen mientras Alex seguía metiéndosela sin parar. El orgasmo de Kev hizo que su culo se apretara más y eso fue suficiente para Alex.

—Voy a correrme… —avisó Alex con la voz rota.

—Adentro… lléname —suplicó Kev.

Alex dio unas últimas embestidas brutales y se corrió con un gemido largo y profundo, enterrándose hasta el fondo, el cuerpo temblando mientras se vaciaba dentro de Kev. Se quedó ahí unos segundos, los dos jadeando, sudados, pegados.

Alex salió despacio, un hilo de semen escapando del culo de Kev. Se dejó caer a su lado, los dos respirando agitados, mirándose sin decir nada todavía.

Yo, todavía pegado a la puerta, tenía la verga tan dura que me dolía. El corazón me latía en la garganta. No sabía si entrar, si irme o si hacer ruido… solo sabía que lo que acababa de ver me había dejado más caliente y más confundido que nunca.

Me alejé de la puerta sin hacer ruido, el corazón latiéndome en los oídos y la verga todavía dura como piedra dentro de los pants. No podía quedarme ahí. Si entraba en ese momento, todo iba a explotar de una forma que no estaba seguro de controlar. Me fui en silencio, salí de la casa y caminé una cuadra completa tratando de calmarme. El aire fresco de la tarde me ayudó un poco, pero las imágenes no se me iban de la cabeza: Alex follándose a Kev, los gemidos, el semen escapando de su culo… Todo eso me tenía hirviendo.

Esperé unos quince minutos exactos. Miré el reloj del celular y regresé haciendo ruido a propósito: cerré la puerta principal con fuerza, tiré las llaves sobre la mesa de la entrada y encendí la luz de la sala.

—¡Ya regresé! —grité desde abajo, como si nada.

Oí movimiento rápido en el cuarto de Alex. Pasos apresurados, murmullos bajos. Los encontré en la sala: los dos ya vestidos, pero todavía con la cara roja, el cabello revuelto y la respiración agitada. Kev tenía los labios hinchados y una marca leve en el cuello que seguro le había dejado Alex. Alex no podía ni mirarme a los ojos; miraba al piso, las manos metidas en los bolsillos del pantalón como si quisiera desaparecer.

—Hola… —dijo Alex con la voz entrecortada—. Yo… ya me voy, tío. Gracias por dejarme quedarme.

Ni siquiera esperó respuesta. Agarró su mochila y prácticamente huyó hacia la puerta. Antes de salir me lanzó una mirada culpable, mezcla de vergüenza y algo que parecía miedo. La puerta se cerró detrás de él con un clic suave.

El silencio que quedó fue pesado.

Kev y yo nos quedamos solos en la sala. Él estaba de pie junto al sofá, todavía con la respiración un poco acelerada. Me miró y trató de sonreír, pero le salió torcido.

No dije nada. Me acerqué en dos zancadas, lo agarré por la nuca y lo besé con fuerza, casi con rabia. Mi lengua entró en su boca sin pedir permiso, buscando la suya. Kev soltó un gemido sorprendido, pero me correspondió. Lo empujé contra la pared, mi cuerpo pegado al suyo, y sentí que su verga ya empezaba a endurecerse otra vez.

—¿Te cogieron rico, verdad? —le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo—. Te oí gemir como puta mientras Alex te metía la verga.

Kev se tensó, pero su respiración se volvió más pesada.

—Yo… no sabía que…

—Shhh. —Le metí la mano dentro del pantalón y le agarré la verga todavía húmeda y medio dura—. Ahora me toca a mí. Y te voy a coger más duro de lo que él te cogió.

Lo jalé del brazo hacia la habitación. Apenas cruzamos la puerta lo empujé sobre la cama boca abajo. Kev ni siquiera intentó resistirse. Le bajé los pantalones y el bóxer de un tirón hasta las rodillas, dejándole el culo al aire. Todavía tenía el hoyo rojo e hinchado, brillante por el semen de Alex que aún se escapaba un poco.

—Joder… —murmuré, pasando el dedo por su entrada—. Todavía estás lleno de él.

Escupí directo en su culo y metí dos dedos de golpe, abriéndolo sin piedad. Kev soltó un gemido ahogado contra la almohada.

—Santi… ahhh…

—No te quejes. Hoy te voy a recordar a quién le pertenece este culo.

Me bajé los pantalones solo lo necesario, saqué mi verga dura y palpitante y la coloqué contra su entrada. Sin más preámbulos empujé todo de una sola vez, hasta el fondo. Kev gritó, el cuerpo arqueándose.

—¡Ahhhgg! ¡Está muy grande…!

Empecé a follarlo salvaje, sin ritmo, con embestidas brutales y profundas. Cada golpe hacía que su culo rebotara y que el sonido de piel contra piel resonara fuerte en la habitación. Lo agarré del cabello con una mano y con la otra le di una nalgada fuerte.

—¿Te gustó que te cogiera tu mejor amigo? —le gruñí al oído mientras lo taladraba sin parar—. ¿Te corriste rico con su verga adentro?

—Sí… sí… —jadeó Kev, la voz rota.

—Pues ahora vas a correrte con la mía.

Lo follé más fuerte, más rápido, como si quisiera borrar cualquier rastro de Alex. La cama golpeaba contra la pared. Kev gemía sin control, las manos agarrando las sábanas, el culo apretándome la verga con cada embestida. Le metí la mano debajo y le jalé la verga al mismo ritmo, dura otra vez.

—Voy a llenarte… —avisé entre dientes—. Voy a echarte toda mi leche encima de la de él.

Kev soltó un gemido largo y se corrió primero, chorros calientes salpicando las sábanas mientras su culo se contraía alrededor de mi verga. Eso me llevó al límite. Di unas últimas embestidas salvajes y me enterré hasta el fondo, corriéndome con un gruñido animal. Chorros gruesos y abundantes le llenaron el culo, mezclándose con los restos de Alex.

Me quedé unos segundos dentro de él, respirando agitado, sudando. Luego salí despacio y vi cómo mi semen empezaba a escurrir de su agujero abierto y rojo.

Kev se quedó tirado en la cama, exhausto, el cuerpo temblando ligeramente. Me acosté a su lado, lo jalé contra mi pecho y lo abracé fuerte. Pasé una mano por su espalda sudorosa, acariciándole la nuca con los dedos, besándole la frente y el cabello revuelto.

—Ven aquí… —murmuré bajito, mimándolo.

Kev soltó un suspiro largo y se dejó hacer. Se acurrucó más contra mí, escondiendo la cara en mi cuello, una pierna enredada entre las mías. No dijo nada, solo respiraba profundo, relajándose poco a poco bajo mis caricias. Le acaricié la espalda en círculos lentos, le besé el hombro, le pasé los dedos por el cabello húmedo. Sentí cómo su cuerpo se iba aflojando, cómo su respiración se volvía más pausada y pesada.

Poco a poco le ganó el sueño. Su respiración se hizo profunda y regular, el peso de su cuerpo completamente rendido contra el mío. Me quedé ahí, abrazándolo, oliendo su piel mezclada con sudor y sexo, sintiendo los latidos de su corazón contra mi pecho.

No sabía qué iba a pasar mañana con Alex, ni cómo íbamos a manejar todo esto. Pero en ese momento, con Kev dormido y vulnerable entre mis brazos, solo quería protegerlo… y al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en lo caliente que había sido verlo con mi sobrino.

Cerré los ojos, todavía abrazándolo fuerte, y dejé que el cansancio también me llevara.

 

Nota del Autor: Perdón por la demora, pero aquí esta la siguiente entrega, por favor dejen sus comentarios para saber si les esta gustando

17 Lecturas/25 abril, 2026/0 Comentarios/por Kojiseki2
Etiquetas: colegio, culo, hermanos, mayor, orgasmo, semen, sexo, tio
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