• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...
Fantasías / Parodias, Gays, Zoofilia Hombre

El chacal rata

Por estar drogado y borracho pasó lo inimaginable, una rata involucrada.
Soy Alex, un chavo gay de veinticuatro años de Ecatepec, Estado de México. Atlético puro, con cuerpo marcado por horas en el gym: pectorales firmes, abdominales tallados, piernas musculosas y un culo redondo, duro como piedra, que hace que los vatos me miren babear en la calle. Mido uno ochenta, piel morena, pelo negro cortito y una verga de dieciocho centímetros que se para sola cuando huelo a macho sudado. Me encanta el cruising, esa adrenalina de follar con desconocidos en lugares sucios y oscuros. En Ecatepec hay sitios perfectos: el parque atrás del mercado municipal, los baños de la central de camiones o los callejones cerca de las vías del tren, donde los ferrocarrileros se sueltan la verga sin preguntar. Nada me pone más que un pito gordo entrando en mi culo sin condón, o mamar huevos peludos hasta que me corran en la cara.

 

Esa noche decidí ir a full. En mi depa chiquito de la colonia San Cristóbal, me avané tres chelas frías con tequila, luego un churro de mota bien prensada que me dejó los ojos rojos y la cabeza volando. Para rematar, esnifé unas rayitas de tusi que un compa me había pasado, puro cristal que me hizo temblar las piernas y poner la verga tiesa como fierro. Salí tambaleándome al parque de las vías, el spot clásico de Ecatepec para maricones como yo. Eran como las dos de la mañana, el aire húmedo olía a orina y basura, las luces de los postes parpadeaban tenues sobre el concreto agrietado y los arbustos secos.

 

Llegué al rincón de siempre, donde los vatos se juntan para chuparse y cogerse sin hablar. Me quité la playera negra ajustada, dejando mis tetas duras al aire, pezones marrones ya parados por el frío y la excitación. Bajé el pantalón de mezclilla hasta los tobillos, saqué mi verga gruesa y la meneé lento, goteando precum. ‘Vengan, cabrones, métanmela’, gruñí bajito, con la boca seca por la mota. Un ferrocarrilero grandote, con barba espesa y brazos tatuados, se acercó primero. Me escupió en la boca, yo abrí y tragué su saliva espesa. Se arrodilló y me lamió el culo, metiendo la lengua en mi hoyo, chupando mis nalgas sudorosas. Yo gemí, agarrándole la cabeza.

 

Luego me volteó y me clavó su verga gorda de veintiún centímetros directo en el ano, sin lubricante más que su escupitajo. ‘¡Aaaah, sí, revuéntame el culo, pinche macho!’, grité mientras me embestía contra la pared de concreto, mis abdominales contrayéndose con cada golpe. Su pito me raspaba las paredes internas, tocándome la próstata hasta que corrí sin tocarme, semen caliente salpicando el suelo. Él siguió follando, sudando sobre mi espalda, hasta que me llenó el recto de leche espesa, chorros calientes que me chorreaban por las piernas.

 

No paré ahí. Otro vato, flaco pero con verga curva y venosa, me puso de rodillas y me la metió en la garganta. La chupé profundo, garganta abierta, babeando saliva por su pubis negro. ‘Trágatela toda, puta’, me dijo, cogiéndome la cara como un coño. Le mamé los huevos también, lamiendo el sudor salado, succionando hasta que explotó en mi boca, semen amargo inundándome la lengua. Tragué todo, lamiéndome los labios. Un tercero se unió: un chavo joven, de gym como yo, me levantó una pierna y me penetró de lado, su verga lisa deslizándose en mi culo lubricado por la corrida anterior. Me folló rápido, pellizcándome los pezones, mientras yo me pajeaba la verga tiesa.

 

La tusi y el tequila me subieron de golpe. Después de la cuarta verga que me había dilatado el ano –un viejo con pito grueso como lata que me corrió dentro dos veces–, me senté en el suelo sucio, jadeando fuerte. Mi culo palpitaba abierto, chorreando semen blanco por mis nalgas. Intenté pararme, pero el mundo giraba como trompo. ‘Sólo un ratito…’, murmuré, recostándome contra un montón de llantas viejas y cartones mojados. Los vatos se largaron riendo, ‘Qué maricón colocado, déjenlo pa’ los perros’.

 

En la penumbra, oí pasos. Dos cholos de la colonia, con cadenas y gorras ladeadas, me vieron tirado. ‘Órale, mira al joto desnudo’, dijo uno. Me quitaron las converse sucias, los calcetines con agujeros, el pantalón empapado de sudor y corrida, el bóxer rasgado y la playera. Intenté moverme, pero estaba demasiado ido, balbuceando ‘Nooo…’. Me dejaron en pelotas, semi-inconsciente, verga flácida sobre los abdominales, ano expuesto goteando leche ajena al aire fresco de la noche. Mi cuerpo atlético brillaba con sudor, mugre y semen seco bajo la luna.

 

El parque estaba lleno de ruidos: goteras de tuberías rotas, viento en las bolsas de plástico, crujidos en la basura. Yo flotaba en un subidón de placer y aturdimiento, piernas abiertas instintivamente. Sentí un cosquilleo en las nalgas. Abrí los ojos a medias y vi una rata grande, parda, con ojos rojos y cola larga. Venía de las alcantarillas, atraída por el olor a culo follado y semen fresco. Olfateó mis huevos colgantes, luego mi ano dilatado. En mi delirio, no me espanté. Al revés, mi hoyo se contrajo invitándome. ‘Ven, pinche rata… métete’, mascullé, separando más las piernas musculosas.

 

La rata trepó por mis muslos firmes, sus patitas arañando la piel sensible, dejando rayitas rojas leves. Su cola escamosa barrió mis huevos, haciendo que mi verga se endureciera despacio. Metió el hocico rosado en mi ano, lamiendo los restos de corrida con su lengua rugosa y áspera. ‘¡Joder, qué chido!’, gemí arqueando la espalda, mis pectorales contrayéndose. La lengua me raspaba el interior, chupando la leche pegajosa. Luego empujó la cabeza entera, estirando mi esfínter laxo. Sentí el cráneo chiquito abriéndose paso, pelaje mojado rozando mis paredes rectales.

 

‘¡Sí, entra toda, cabrona!’, rugí, agarrándome los muslos para abrir más. El cuerpo delgado de la rata se retorció, avanzando centímetro a centímetro: patitas delanteras arañando suave mi próstata, vientre peludo frotando las terminaciones nerviosas. ‘¡Aaaah, me estás follando por dentro!’. Toda entró, solo la cola colgando fuera, meneándose como un vibrador vivo. Dentro, se movía frenética, explorando mis entrañas calientes y viscosas, patitas rascando, hocico empujando profundo. Cada espasmo me mandaba ondas de placer al cerebro drogado. Me pajeé la verga dura, glande hinchado goteando, mientras la rata me ‘cogía’ desde adentro.

 

‘¡Más rápido, puta rata! Revuélveme las tripas’, jadeé, corriéndome fuerte: semen espeso salpicando mi pecho marcado, abdominales y cara. La rata se agitó más, como respondiendo, su cola azotando mi perineo. Corrí dos, tres veces más, ano chupando la cola como una boca hambrienta, ordeñándola. El roce constante era brutal: arañazos leves en la próstata que me hacían temblar entero, pelaje áspero masajeando cada pliegue interno. Sudaba ríos, cuerpo atlético convulsionando en éxtasis animal.

 

De las grietas del concreto y la basura cercana, atraídas por mis gemidos y fluidos, salieron cucarachas. Grandes, cafés oscuras, caparazones brillantes, antenas vibrando. Treparon por mis pantorrillas musculosas, rodillas, muslos internos. Una se posó en mi verga tiesa, caminando por el tronco venoso hasta el glande. Otra subió por mi abdomen, rozando los surcos de mis six-pack. Varias en los pectorales, pinchando pezones duros; otras en el cuello y orejas. Yo, aún con la rata en el culo moviéndose, las miré vidrioso. ‘Vengan, pollas chiquitas… las quiero mamar’, murmuré, lengua afuera.

 

Agarré la primera con los dedos, una gorda de tres centímetros, patitas pataleando contra mi palma. La acerqué a mi boca abierta, oliendo su aroma terroso y rancio. La metí entera, labios cerrando alrededor del cuerpo acorazado. ‘Mmm, qué verga dura y crujiente’, succioné fuerte, lengua envolviendo el abdomen segmentado, lamiendo las junturas. La chupé como pito erecto: arriba-abajo, girando la cabeza, saliva empapándola. Sentí las alas vibrar en mi garganta, patitas rozando el paladar. La mastiqué suave, caparazón partiéndose con chasquido, jugos salados explotando en mi boca. Tragué vivo, el cuerpecito retorciéndose bajando por mi esófago.

 

Otra cucaracha trepó a mi mejilla; la lamí primero, lengua plana desde la cola hasta antenas, saboreando el polvo y mugre. ‘Deliciosa polla sucia’, la engullí, mamándola con labios fruncidos, succionando como felación profunda. Tres más invadieron mi boca: las metí todas, boca llena de insectos pataleantes. Las chupé en pandilla, lengua revolviéndolas, dientes rozando caparazones. ‘¡Fóllenme la garganta, putas cucarachas! Corran en mi boca’. Algunas escaparon por las comisuras, pero las cacé con labios, lamiendo culos y ovipositores antes de tragarlas. Babeaba profuso, semen de rata-fantasía y saliva mezclados.

 

Me corrí otra vez viendo cucarachas recorrer mi cuerpo: una en cada pezón, pinchándolos como dedos; dos en los huevos, cosquilleando el escroto arrugado; una metiéndose en mi ombligo, saliendo con mi sudor. Las devoraba glotón: agarraba, lamía, mamaba, masticaba, tragaba. Una grande se coló entre mis nalgas, rozando la cola de la rata; la saqué y la chupé doble: rata meneando adentro, cucaracha en boca. ‘¡Pandilla de vergas vivas! Llenenme de todo’. Mi verga escupía chorros interminables, cuerpo cubierto de bichos que yo comía con hambre obscena, ano ordeñando la rata hasta que salió resbalosa, cubierta de moco rectal y semen.

 

La rata huyó chillando, pero yo seguí con las cucarachas. Docenas ahora, ejército negro sobre mi piel morena. Las mamaba sin parar: una tras otra, boca convertida en coño para insectos erectos. Sentía sus patitas en lengua, antenas tickleando, jugos crudos bajando. Corrí hasta secarme, exhausto, semi-inconsciente aún. El sol empezaba a salir cuando paré, cuerpo desnudo lleno de marcas de mordidas leves, ano destrozado palpitando, estómago revuelto de cucarachas digeridas.

 

Me levanté cojeando, verga colgando satisfecha, sonriendo como idiota. ‘La mejor noche de cruising en Ecatepec… mañana repito por más ratas y cucas’. Caminé a casa en pelotas, sin importar miradas, listo para la próxima follada animal.

6 Lecturas/1 mayo, 2026/0 Comentarios/por luappalup
Etiquetas: cruising, culo, follando, follar, gay, joto, puta, semen
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Mis inicios en el incesto con mi papito parte 3.
Cómo inicié a mi primo a los 9 años
Convierto a mi mejor amiga en mi puta personal 2
Soñando a Isaac
Más que intercambio, hicimos el amor y usamos a nuestros maridos
Maldita noche de verano
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.460)
  • Dominación Hombres (4.480)
  • Dominación Mujeres (3.252)
  • Fantasías / Parodias (3.632)
  • Fetichismo (2.938)
  • Gays (22.854)
  • Heterosexual (8.856)
  • Incestos en Familia (19.187)
  • Infidelidad (4.699)
  • Intercambios / Trios (3.313)
  • Lesbiana (1.203)
  • Masturbacion Femenina (1.083)
  • Masturbacion Masculina (2.070)
  • Orgias (2.195)
  • Sado Bondage Hombre (477)
  • Sado Bondage Mujer (204)
  • Sexo con Madur@s (4.644)
  • Sexo Virtual (278)
  • Travestis / Transexuales (2.544)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.686)
  • Zoofilia Hombre (2.307)
  • Zoofilia Mujer (1.716)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba