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Gays

El comienzo de todo

Hola amigos, es la primera vez que comparto por aquí. Debo decir que nunca me imaginé en la penosa situación de compartir mi historia y experiencias personales, pero bueno, al final me convenció un amigo..

Mi nombre es Danilo, soy de piel clara, mido 1.77, soy algo delgado y fino. Actualmente tengo 20 años. Dicho esto, puedo empezar a contarles cómo inició esta parte de mi vida.

Todo comenzó cuando estaba cursando la secundaria, tercero de secundaria para ser específico. En aquel tiempo solía tener el cabello más largo y era más delgado. También debo decir que siempre he sido introvertido, y más aún en aquella época. Yo era un estudiante nuevo en aquella escuela porque me había mudado a otra residencia, así que estaba bastante nervioso por volver a ser el chico nuevo. Recuerdo haber estado muy callado mi primera semana, no hablaba con nadie.

Hasta que un día, cuando ya todos estaban afuera jugando fútbol o haciendo cualquier otra actividad, vi a dos chicos que se quedaron en el aula. Se fueron a una mesa y sacaron unas cartas de Pokémon. A mí me llamó mucho la atención su juego y me acerqué. Ellos me notaron y me preguntaron si conocía el juego. Les respondí que no, entonces se ofrecieron a explicármelo.

(Aquí hago una pequeña pausa para describir físicamente a estos chicos):

Alejandro: era un chico bastante alto, de piel clara, algo recio y con pelo corto.

Jordan: era un chico de baja estatura, de piel morena, más recio y un poco mayor, también de pelo corto.

Después de que me explicaran el juego y hablar un rato, me di cuenta de que teníamos mucho en común. Finalmente había conseguido un grupo de amigos en esta nueva escuela. Hablábamos de anime y de varias cosas relacionadas. Ya no me sentía tan solo.

Con el paso del tiempo empezamos a hacernos bromas más seguidas, sobre todo entre Alejandro y yo. Al principio, como era más tímido, no le ponía mucha resistencia. Solía hacerme cosquillas y burlas en buen plan. Hasta que un día, no sé qué mosca le picó, se le ocurrió tocarme las nalgas. Me sentí muy apenado al sentir sus manos sobre mis glúteos. Después de tocarme, Alejandro me dijo:

—“Tienes un buen perro, Danilo”.

Me sentí muy avergonzado y le respondí:

—“¿Qué te pasa, Alejandro? No seas marica”.

Él se rio y yo le seguí la corriente. Pasaron los días y Jordan, Alejandro y yo la pasábamos muy bien juntos.

Un día Alejandro empezó a llamarme “trapito”. No entendía el término hasta que me mostró en su teléfono a Astolfo (el trapito de un anime). Después de verlo me reí y le dije que estaba loco, que dejara sus maricadas. Pero él insistió en llamarme así todo el tiempo. Más adelante empezó a decirme que yo era su trapito. Eso me apenó y no pude evitar sonrojarme, lo que lo incentivó a seguir con el juego.

Más tarde ese mismo día, mientras jugábamos a los golpes de broma con Jordan, este me empujó hacia Alejandro hasta quedar pegado a él. Alejandro quedó detrás de mí, contra la pared, me agarró desde atrás con sus brazos para que no me moviera. Intenté zafarme, pero solo lograba que mi cuerpo se doblara más hacia atrás. Empecé a sentir cómo seguía el movimiento de mis caderas. Jordan nos interrumpió y Alejandro me soltó. Hicimos como si nada hubiera pasado.

Poco a poco iba notando un ligero cambio en mi mente y en mis pensamientos. Algo en mí estaba cambiando.

Una noche Alejandro me mandó un mensaje por WhatsApp: “Hola cariño”. Luego me envió unas imágenes de femboys o trapitos bastante explícitas, diciéndome que le gustaría verme en una situación como esa. Le respondí que eso jamás pasaría.

Al día siguiente noté que empezaba a manosearme cada vez que tenía oportunidad: me tocaba las nalgas y la cintura. Debo decir que ya me estaba empezando a gustar todo lo que me decía y hacía. Por curiosidad investigué por mi cuenta sobre el tema. Terminé en grupos de trapitos y viendo algunos videos porno. Me sorprendió ver cómo un chico travestido disfrutaba mucho al ser penetrado.

Eso me llevó a crear un perfil falso en Facebook para mis “fechorías de trapo adolescente”. Me puse el nombre de Teirumi Trapito. Empecé a subir fotos con filtros y edits que me hacían lucir más fino y afeminado. Recibí mucha atención en esos grupos.

Ya un poco más documentado, intenté meterme un dedo por el ano. Salió mal porque solo usé saliva y me dolió demasiado. No pude ni meterlo completo. Aun así, esa idea quedó grabada en mi mente: la idea de ser penetrado.

Las cosas se calmaron por un tiempo por los exámenes finales. El último día de clases, Alejandro, pensando que no volvería a verme porque le había dicho que posiblemente me cambiarían de escuela, me dio un fuerte abrazo y un beso en la mejilla que me sonrojó muchísimo. Cuando lo notó, me llamó gay. Yo le respondí que él era más gay por besarme. Así culminó mi tercer año de secundaria.

En vacaciones estuve tranquilo subiendo contenido en mi perfil de trapito. Hasta que un día conocí a otro trapito del mismo país. Hablamos mucho, nos contábamos nuestras experiencias, ambos éramos vírgenes de clóset. Intenté inducirlo a que se metiera un dedo y ambos lo intentamos. A él le salió mal, pero yo logré meter todo el dedo, aunque dolía mucho.

Seguí hablando con ese amigo de internet y subiendo fotos más hot que llamaban mucho la atención. Recibía montones de mensajes con fotos de penes, y eso empezó a excitarme bastante.

Alejandro seguía mandándome mensajes de vez en cuando y pidiéndome fotos. Un día se dio cuenta por una marca de agua de mi perfil falso y descubrió mi secreto. Se jactó de ello y empezó a pedirme más fotos.

Cuando regresamos a cuarto de secundaria, pude ver la sonrisa de los chicos al verme llegar. Ese año las cosas arrancaron fuerte. Había una chica nueva que empezó a hablarme y parecía que le gustaba. Pero Alejandro, con más confianza que antes, empezó a tocarme más seguido y a pasar más tiempo conmigo. Nos sentábamos siempre juntos. En el aula ya rumoreaban que éramos pareja. La chica terminó espantándose.

Los compañeros nos bromeaban diciendo que si estábamos tan entretenidos hablando, mejor saliéramos al balcón, que ellos no juzgaban. A mí me gustaba que Alejandro me tocara el culo, sentir sus manos en mi cintura, saber que quería follarme… pero seguía siendo muy tímido.

Un día, por un trabajo grande del colegio, fuimos a la casa de Jordan (quien suele estar solo porque tiene familia en el extranjero). Después de terminar el trabajo, Jordan se fue a bañar y nos quedamos solos en la sala.

Yo estaba acostado en el sofá jugando con el teléfono. Alejandro se acercó y empezó a hacerme cosquillas. Terminamos en posición de misionero. Me tenía sometido, agarrándome las manos. Me decía cosas como:

—“Amor, estás muy linda hoy. No puedo evitar pensar en todo lo que quisiera hacerte”…

Yo le respondía frío para hacerme el de rogar, pero en realidad me encantaba. Luego empezó a besarme la mejilla, el oído, y me contaba con detalle cómo quería follarme: sin condón, en cuatro, hasta preñarme… Me tenía en llamas.

Terminamos besándonos en la boca. Después me dio la vuelta, me bajó el pantalón un poco y empezó a darme nalgadas fuertes mientras me llamaba “puta”, “zorra”, “maldita”. Luego me dijo:

—“Este culo es mío. Tú eres mi putita”.

Estábamos muy cachondos. Me dio la vuelta otra vez y, cuando empezó a desabotonarme el pantalón, puse resistencia y le dije que eso era ir muy lejos. Él me reclamó:

—“He esperado mucho tiempo para tener una oportunidad contigo. Dime cuándo serás mío, Dani. Yo sé que tú quieres, puta. Mira hasta dónde me has dejado llegar”.

En ese momento escuchamos que Jordan salía de la ducha y rápidamente nos arreglamos, haciendo como si nada hubiera pasado.

Continuará…

12 Lecturas/21 julio, 2026/0 Comentarios/por Chicotimido4702
Etiquetas: amigos, colegio, culo, gay, mayor, puta, secundaria, vacaciones
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