El dulce panadero, el dulce niño, y la dulce leche (Parte 1)
Don Juan, un panadero grande y fornido disfruta de darle la crema especial a su nietecito de 7 años..
—Hola papá, que bueno que pudiste venir— Dice Georgina abriendo la puerta dejando pasar a su padre— Alex está en la sala, yo ya tengo que irme.
—¿A dónde con tanta prisa?— pregunta el hombre quitándose su abrigo — no estarás consiguiendole un hermanito a Alexito, ¿O sí?
—¿Cómo crees papá? Solo voy con unas amigas— insiste rodeándolo y sale de la casa— ¡Adiós! ¡Los quiero!
— Sí, sí — responde el hombre quitándole importancia.
Don Juan no suele ser así de flexible con sus otros hijos, la verdad es que con Georgina tampoco lo es tanto pero por su hermoso nieto puede hacer algunas excepciones.
—¡Abuelito! —saluda el pequeño corriendo a los brazos de su abuelo siento alzado al instante.
—Hola mi vida— responde sonriendo y le da un par de vueltas — ¿Te has portado bien Alex?
—Si.
—Muy bien, anda a ver la tele, yo voy en un rato —pide dejándolo de nuevo en el suelo. —Anda, ve.
—¿Hoy no trajiste pan especial?
—No mi amor, hoy no pude traer pero tal vez el martes que pases por la panadería ya te pueda dar tu pan especial.
El pequeño niño hace un puchero con sus labios con resignación pero asiente y va de nuevo a la sala para seguir viendo sus caricaturas. Se sienta en el suelo a solo centímetros de la televisión, no debe hacer eso porque su abuelo se enoja pero es su forma de castigarlo por no traer su postre favorito.
El hombre ríe enternecido y ve a su hermoso niño haciendo un berrinche silencioso. No lo culpa por hacer esas cosas, él mismo se ha encargado de malcriarlo así que tiene que cargar con la responsabilidad.
Suele darle un pan especial que hace solo para él, una enorme empanada hecha con masa de donas cubierta de chocolate y rellena con la crema pastelera casera que tanto gusta a sus clientes. Pudo traerle una, hay muchas en la panadería esperando a ser comidas pero la de su nietecito es especial, hecha con el amor más puro que un abuelo puede tener. Porque en esa dulce crema pastelera lleva la leche especial del abuelo, leche espesa y caliente que sale de su enorme verga peluda, ordeñada por el mismo claro, para darle a la crema el sabor tan exquisito que tanto le gusta a su nieto.
Es una costumbre que tiene desde que el niño tuvo suficiente edad como para comer papillas, no quería espantarlo y tampoco lastimarlo, el jamás le haría daño a su pequeño Alexito, solo es una forma de amarlo, de encargarse de que crezca grande y fuerte. ¿Y que mejor manera que dándole su leche especial?
Lo ha entrenado desde bebé para que reconozca su leche de macho, por eso es inútil que intente engañarlo al darle un pan relleno de crema común, lo ha intentado pero Alexito es muy inteligente y distingue que la leche especial del abuelo no está en esa crema ordinaria.
Dos Juan sonríe excitado viendo como su amado nieto sigue molesto, años volviéndolo adicto de forma sutil a su dulce esperma ha dado sus frutos y ahora teniendo la edad suficiente puede continuar con su forma de amar tan especial.
—Alexito, no te enojes conmigo — pide el hombre con tono triste— ya aléjate de la televisión, perdoname.
—No, dijiste que hoy me darías pan especial y no lo trajiste— se niega cruzando sus brazos.
—Te lo iba a traer pero ya no tengo leche dulce para hacer la crema— llama su atención haciendo que el niño gire— por eso no pude hacer tu pan.
—¿Leche dulce?— pregunta el infante con una ceja arqueada.
—Si, ¿Recuerdas la leche dulce? Una lechita especial y muy sabrosa, la leche que consigo especialmente para ti, te traería un pan con crema pastelera normal pero no te gusta tanto como la cremita dulce del abuelo.
—¿Y dónde conseguimos más? ¿En dónde la venden?
—Ah, es que por eso es especial, esa lechita dulce sale de mi, tu abuelo.
Para este punto la excitación del anciano es muy notoria aún con su pantalón puesto. La sola idea de que sus planes morbosos hayan causado efecto y por fin esta noche podrá concretarse algo delicioso lo vuelve loco.
—¿En serio? — pregunta asombrado, se pone se pie y se acerca a su abuelo quedando justo a la altura de su erección— que rico, lechita del abuelo.
—Así es mi vida, la dulce leche del abuelo —acaricia su cabello y juguetea con él, los ojitos del pequeño lo miran con asombro ante esa confesión — es lechita muy especial que ordeño para ti.
—¿Y en dónde está? ¿De dónde sale?
—De aquí— responde presionando fuertemente su hombría, el contorno de su enorme verga sobresale de la tela, puede notarse que su mano pese a ser grande no es capaz de abarcar toda su longitud — De mi polla sale la leche que tanto te gusta mi cielo.
—Guao abuelito, no sabía eso— dice el niño con curiosidad — del mío solo sale pipí.
El anciano ríe con ternura y niega con la cabeza. La ingenuidad de Alexito siempre lo pone caliente.
—Entonces Alexito, si tanto quieres tu pan especial… Puedes ayudarme a ordenarme, así sacaré mucha leche dulce, mucha más de la que he sacado antes y podré hacer mucho pan para ti.
—¡Sí! ¡Leche dulce! — el niño aplaude con sus manitas y da saltitos emocionado mientras que el anciano sonríe con depravación absoluta. —¿Qué tengo que hacer?
—De hecho es muy sencillo mi hermoso bebé, primero déjame enseñarte mi vergota, para el paso uno es necesario que la conozcas.
Con rapidez el dulce abuelo baja sus pantalones y su ropa interior, su polla gorda queda a la altura de su pequeño nieto que por su corta estatura sin importar qué esté de pie es capaz de alcanzarla.
El niño mira maravillado la jugosa hombría de su amado abuelo, pelos blancos abundan por su pelvis y sus testículos, de la punta rosada parece excretar un líquido transparente y transparente. Con un dedito toca el hoyito de la verga, en efecto, es un líquido extraño y pegajoso.
—¿Esta es la leche dulce?— pregunta llevando su dedo mojado por líquido preseminal a su lengua, la saborea y hace un gesto de desagrado— no sabe dulce.
—Es que esa no es la leche dulce mi tierno angelito, esa es una babita que sale de mi vergota, y sale porque mi leche dulce quiere salir con solo verte.
—Que emoción abuelo, nunca he visto como se hace la leche dulce, ¿Qué tengo que hacer?
—Puedes empezar chupando la cabecita de mi pito, ese es el primer paso, lamela con confianza, así como chupas las paletas de caramelo.
El niño asiente emocionado, toma la verga de su abuelo con ambas manitas para que se esté quieta y pasa su lengua por la puntita como su abuelo le dijo.
Don Juan siente como la inexperta lengua de su nieto pasa de arriba hacia abajo de su glande, juega mucho con su ojito, le pone mucha atención a ese lugar.
Las sensaciones que salen del abuelo no son pocas. Tantos años reprimiendo sus instintos de hombre han rendido frutos, volvió a su niño favorito un adicto a su semen, lo volvió dependiente de su esencia y está listo para llevarlo al siguiente nivel.
—Ahora Alexito, abre la boca grande grande, pon tus manitas en mis nalgas y traga la carne de tu abuelo, quiero que te la metas hasta el fondo pequeñito o sino la leche sabrá amarga.
El inocente niño asiente y coloca sus manos en las nalgas peludas de su abuelo, abre la boca a mi máximo que puede, acomoda la polla lo mejor posible y la mete poco a pocona poco a su húmeda boca.
Sus pequeños labios no parecen ser suficientes para aguantar el ancho de la hombría de su abuelo pero intenta con todas sus fuerzas meter esa jugosa carne a su boca, no quiere echar a perder la leche a su abuelo le cuesta tanto producir.
—Ggmngg mmmmm— arcadas sin sentido salen del pobre niño, la polla de su abuelo amenaza con ahogarlo pero no quiere detenerse.
Anhela la leche dulce de su abuelo. Pero es mucho para él, algo decepcionado tiene la intención de sacar esa vergota de su pequeña boca pero su abuelo se lo impide.
—No putito, no espere tanto para que pares ahora— coloca ambas enormes manos contra la frágil cabeza del niño para detener que se detenga— anda, agarra mis nalgas fuertemente porque vas a terminar de ordeñar a su abuelo.
Sin ningún cuidado empieza a embestir la cavidad húmeda de su nietecito, el niño pelea por sacarse del agarré pero es inútil, su abuelo es muy fuerte y sus pequeños bracitos no pueden hacer mucho.
—¡Así mariconcito! ¡Sí putito!— grita ferozmente sin detener su pelvis— comete la verga de tu abuelo, tragatela entera.
El niño apenas puede respirar, su quijada amenaza con ser rota por ese gran pedazo de carne entrando y saliendo a enorme velocidad. Es tanta la presión que puede sentir los pelos de la pelvis de su abuelo chocando contra su nariz.
El abuelo baja la mirada y se queda maravillado al ver a su dulce ángel ahora manchado y arruinado como una puta barata. Sus lágrimas escurren por su mejilla, de su boca sale saliva bañando toda su verga deliciosamente en combinación con sus fluidos preseminales.
—Mgggggg —el niño mira a los ojos a su abuelo, ese dulce viejito que siempre lo cuido. Los ojos del hombre parecen diferentes, llenos de fuego y lujuria.
—¿Ves mi hermoso putito? ¿Ves lo mucho que tu abuelo te ama?— pregunta sonriendo sin detener sus movimientos —mi babita especial solo sale cuando te imagino dándome placer, ahora no es imaginación, ahora te tengo como quiero, y ahora vas a saborear la dulce leche del abuelo de mi verga, como debe ser, fresca, caliente y espesa para ti.
Escupe en su cara dándole a su nariz que en combinación con los otros fluidos no hacen más que volver al pequeño más deleitable a la vista.
—¡Oh sí! Ya viene bebé, ya viene mi dulce lechita, tómala maricon, tómala toda mi pequeño Alexito.
Con aún más fuerza detiene la cabeza de su nieto para que no se aparte, la leche salió disparada llenando la boca de Alexito, tanto semen caliente que es difícil tragar pero al reconocer ese rico sabor lo tomó sin rechistar. Lo sintió recorriendo su garganta y llenando su diminuto estómago, por fin tenía lo que quería. El abuelo soltó su agarre dejando al niño respirar correctamente, la escena es mejor que la de su mente.
Alexito está sudado y despeinado, su rostro está mojado por sus lágrimas, su saliva y la saliva de su abuelo. Algo de la esencia de hombre de don Juan escurre por las comisuras de sus labios y su respiración aún agitada lo hacen ver más hermoso.
—Eso Alexito, lo hiciste muy bien— felicita el abuelo acariciando su cabeza— perdón por hablarte así, te amo tanto que no puedo controlarme.
—Está bien abuelo, me gustó la dulce leche— asegura sonriendo— me gusta más así solita que en la crema pastelera.
—¿De verdad?
—Sip.
Don Juan se agacha a la altura de su niño y lo abraza aún con su verga colgando, creyó que era mucho para Alexito pero aguantó bien su verga en su boca.
¿Qué tal la aguantará en otra parte?
Excelente relato. como sigue?
Como sigue¿?
Uff… que rico, me encanta tu forma de escrbir… Necesito mas de esta historia.
Necesito una continuación
Buen relato dejo mi Telegram arrow40ct por si queréis enviarme cosas ricas
Que relato tan cachondo, necesito saber como sigue.
Wey, es uno de los relatos más excitantes que he leído en el sitio. Escribes bien y la situación que detallas resulta soberbia. Qué ganas de haber tenido un abuelito así.