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Gays, Heterosexual, Infidelidad

EL MEJOR AMIGO HETERO DE MI NOVIO

A veces el placer lo encuentras en los amigos de tu pareja.
Soy José. Tenía 22 años y estaba completamente enamorado de Paolo. Creía que nuestra relación iba por buen camino, hasta que un día descubrí que me había engañado con su ex… en nuestra propia cama. Esa fue la primera grieta de una historia que todavía no terminaba de romperse.

Meses después ocurrió algo que jamás imaginé.

Era un viernes por la tarde. Paolo y yo habíamos quedado para entrenar juntos en un gimnasio de Lince y luego regresar al departamento. Todo estaba planeado, hasta que me llamó para decirme que iría a pasar el fin de semana con su familia en San Juan de Miraflores.

Como ya estaba listo, decidí ir de todas maneras.

Después de casi dos horas de entrenamiento terminé mi rutina y fui a las duchas. El lugar estaba casi vacío. Mientras me secaba, vi a un chico de espaldas, alto, de piel clara y con un físico muy trabajado completamente desnudo. Cuando se dio vuelta, me quedé inmóvil.

Era Carlos.

El mejor amigo de Paolo desde la secundaria.

—¡José! —dijo sonriendo mientras se acercaba a saludarme—. ¿Qué haces por aquí?

Nos abrazamos con la confianza de siempre y pude sentir su enorme miembro. Carlos y yo nunca habíamos sido íntimos, pero sí muy cercanos gracias a Paolo. Siempre me había parecido atractivo, aunque nunca le di importancia porque, al menos según todos, era completamente heterosexual y tenía novia.

Mientras nos cambiábamos conversamos un buen rato. Me preguntó qué haría el fin de semana y le conté que me quedaría solo en el departamento.

—Entonces vamos por unos tragos —propuso—. Hace tiempo que no hablamos sin Paolo.

Acepté.

Compramos una botella de vodka y unas cartas para jugar casino en el departamento. Entre ronda y ronda las conversaciones se hicieron más personales. Hablamos de relaciones, de infidelidades y de lo complicado que era confiar en alguien después de una traición.

El alcohol empezó a hacer efecto.

En un momento me levanté para cambiarme la ropa interior porque el suspensor que había usado para entrenar me estaba incomodando. Entré al cuarto sin pensar que Carlos me seguiría.

Cuando me di vuelta, él estaba apoyado en la puerta.

Nos quedamos mirándonos varios segundos.

—Nunca había notado el culazo que te manejas —dijo

Sentí un nudo en el estómago.

Intenté hacer una broma para romper la tensión, pero ninguno de los dos se rió. El ambiente había cambiado por completo.

Carlos se acercó a mí y me tocó las nalgas, que aún estaban con el suspensor puesto. Me tiró en cuatro sobre la cama y, arrodillado, comenzó a lamer con desesperación mi agujero.

Pude sentir cómo su húmeda lengua se deslizaba, chupando mi hueco a su antojo. Nunca habría pensado que fuera hetero, porque mordía y besaba mis nalgas y luego, con su lengua, lamía de arriba abajo mi ano. Le daba círculos y yo sentía estremecedoras sensaciones que recorrían todo mi cuerpo cada vez que hacía eso.

El alcohol jugaba a nuestro favor y yo estaba tan arrecho que solo opté por no cuestionar su sexualidad e hincarme al piso para bajarle toda la ropa que le quedaba puesta. Cuando le saqué el bóxer, salió la polla grande que le había visto en las duchas del gym, pero ahora estaba muy dura y derramaba un culo de líquido porque estaba muy excitado.

Sin dudarlo más, me metí ese trozo de carne a la boca y le di una mamada hasta el fondo, deteniéndome por momentos al sentir las arcadas. Esa polla estaba muy húmeda y viscosa entre mi saliva y sus mecos. Lo escuchaba decirme:

—Eres una rica putita. Eso, chupa pene, putita.

Yo, excitado por eso, le comía todo. Le enseñaba mi culito mientras estaba de rodillas complaciéndolo con mi boca y le decía:

—Sí, Carlos, yo seré tu puta esta noche.

Él comenzó a decirme:

—¿El cornudo de Paolo no te da verga, eh, putita? ¿La tiene chica ese cornudo? Hoy vas a comerte una buena trola, perrita.

Estaba en el cielo. Sentía cómo mi ano se dilataba mientras yo lo lubricaba con mis dedos usando la baba que caía del pene de Carlos. En eso, él me levantó del piso y me ordenó que fuera su mujer esa noche. La verdad, me sentí raro porque me gusta sentirme varoncito, pero estaba tan excitado que me guardé mi incomodidad.

Me puse en cuatro sobre la cama. Él se colocó detrás y comenzó a jugar con su pene, rozándolo en mi agujero mientras me decía:

—¿Quieres pene, eh, puto? ¿Quieres que te folle, mi amor? ¿Quieres que yo sea tu hombre?

No se imaginan cómo lubricaba mi pene con todo el placer que sentía. Comencé a rogarle que me la metiera.

—Métela, Carlos. Hazme tuyo. Seré tu perra hoy.

Y él, jugando aún con mi ano, me decía:

—¿No te han cogido aún?

Y en eso metió de golpe su pene. Por un momento me hizo ver estrellas, pero me tomó por la espalda, abrazándome, y me apretó los huevos con su mano en una postura que le permitía penetrarme de la forma en que lo hizo. Entraba y salía de mí y yo sentía cómo ese hombre me hacía suyo. Sentía mi culo tan mojado que Carlos me penetraba con tal facilidad y, a la vez, lo escuchaba decir:

—Eres una rica puta.

Y me escupía en la cara. En cada embestida que daba lo escuchaba gemir:

—Oh, papi, qué rico culito, bebé.

Un rato después de haber estado en esa pose le dije que se acostara. Me pidió que siguiera con el suspensor, pero con el pene y las bolas afuera, y así lo hice.

Comencé a brincar tan rápido y tan fuerte que me pidió que parara, pero yo me movía en círculos cuando me decía eso porque me provocaba ver su cara de placer y que estaba a punto de correrse. Aun así, quería un poco más de acción, así que le pedí que me tumbara en la cama y así lo hizo.

—Hoy yo seré el puto jefe de esta casa, ¿lo entiendes, putito? —dijo Carlos.

—Sí, papi. Hoy tú eres el jefe y dueño de mi húmedo culo —le respondí.

Me acosté en la cama, flexionando las rodillas hacia mi pecho y con mis piernas puestas sobre sus hombros, mientras sentía todo el peso de su sudoroso cuerpo. Como ese pene entraba profundamente en mis entrañas, comencé a tirar chorros de semen sin siquiera tocarme.

Con la voz agitada y lleno de placer le dije:

—Ah, Carlos, sigue así. ¡Folla justo ahí, por favor!

Y él respondió:

—Me encanta que mi mujercita lo disfrute. Córrete todo lo que quieras, culón.

Me pidió que me sentara encima de él dándole la espalda. Así lo hice y, en ese momento, tomó mi culo con sus manos. Me pidió que recostara mi espalda sobre su cuerpo y comenzó a cargarme de las nalgas con esas manos de hombre que, hacía un momento, habían tenido sus dedos en mi boca.

Sentía cómo mi culo se desgarraba, pero de placer. Sentir cómo un hombre sale y entra de ti a su antojo es lo más delicioso.

Él no pudo más y comenzó a gritar que se corría. Yo le pedía que me llenara de su leche y comencé a sentir cómo disparaba su semen dentro de mí. Sentí esa sensación rara cuando un hombre se corre dentro, a chorros, y me desprendí de él. Me corrí a un lado, masturbándome.

Cuando todo terminó, el silencio fue mucho más pesado que la conversación.

Carlos se vistió despacio, evitándome la mirada.

—Por favor, José. Nadie puede enterarse. Ni Paolo… ni mi novia.

Asentí sin decir una palabra.

Cuando cerró la puerta detrás de él, me quedé solo intentando entender qué acababa de hacer.

Me duché, ordené el cuarto y abrí las ventanas para que entrara aire.

Diez minutos después sonó el timbre.

Pensé que Carlos había regresado por algo olvidado.

Pero era Paolo.

Estaba parado frente a la puerta con una sonrisa cansada y una mochila al hombro.

—No pude quedarme con mi familia —dijo—. Te extrañé.

Entró al departamento como si nada hubiera pasado.

Y mientras lo veía caminar hacia el cuarto, sentí que la noche estaba lejos de terminar.

Y ya acostados, Paolo me besó y metió su dedo en mi culito que aún estaba húmedo ir dentro y lo que ocurrió cuando Paolo empezó a hacer preguntas al darse cuenta… es otra historia. Ya saben que pueden seguirme en Telegram para estar al día con los relatos: https://t.me/+6biAQr-mYT45OTIx

10 Lecturas/6 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Anton_xxxex23
Etiquetas: amigos, culito, culo, heterosexual, mamada, puta, puto, semen
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