El mejor nietito
-Si quiero culiadita -respondía el niño bajándose los pantaloncitos y mostrándole el culito..
Marito era su nieto preferido.
El niño llegaba y lo saludaba con un beso en la cara barbuda y la manito apretándole el bulto.
El padre se lo culiaba desde que había aprendido a caminar, de manera que tenía el culo suelto y le encantaba la verga.
El abuelo le pedía que fuera a visitarlo apenas llegara del jardín y Marito obedecía.
Siempre encontraba al viejo leyendo el periódico en el jardín trasero de la casa y cuando veía aparecer a su nietito, se lo llevaba dentro, se sentaba en el sofá, se sacaba la chota por arriba del pantalón y dejaba que el niño se la chupara por casi 15 minutos mientras se iba sacando el pantalón.
El niño era un experto. Mientras le chupaba bien chupada la punta, le masajeaba los huevos. Después el abuelo ponía ambas piernas abiertas sobre la mesa, se abría los cachetes del culo y el niño le metía la lenguita en el agujero.
Marito era un experto.
Le gustaba chupar verga, huevo y ojete. Y el abuelo sabía cuando Marito tenía ganas de más porque mientras chupaba, metía la manito por la parte trasera de su pantaloncito y se abría el ortito con los deditos.
-Quieres que te culie, mijo? -preguntaba el viejo intentando que al nieto le entre más chota en la boca.
A veces el viejo no podía con las ganas y le hundía la cabeza llevándola la verga hasta la gargantita.
Marito era un experto, ya no vomitaba, se bancaba como buen putito la chota en la garganta.
-Si quiero culiadita -respondía el niño bajándose los pantaloncitos y mostrándole el culito.
Casi siempre tenía el ojetito rojito e hinchado, si no se lo culiaba el padre o los tíos, sabía que el conserje del jardín le enterraba hasta las bolas cuando lo encontraba solito en el baño.
El viejo, cuando Marito quería culiada, lo alzaba y se lo llevaba a la cama.
Ahí, frente a frente, besándose con lengua, lo dedeaba un buen rato hasta que le encajaba la chota entera y lo hacía rebotar en la cama culiandolo con fuerza.
-Ay mi culo, mi culo, mi culito -solía susurrar Marito con los ojitos casi en blanco, babeándose.
El abuelo era aguantador, por lo general lo tenía media hora ensartado, rebotando, besándolo en la boca o pidiéndole que le chupara la tetilla.
-Mi culito, mi culito -jadeaba el niño cuando el abuelo estaba próximo a llenarlo de leche y enloquecido lo ponía en cuatro y le metía y sacaba la polla con tanta violencia que al niño se le salían los pedos por el agujero abierto.
Una vez llenito de leche, lo acostaba su pecho para que Marito descansara.
El niño por lo general se quedaba dormido.
Hacían una siestita: marito sobre el pecho del abuelo, el abuelo con dos dedos metidos dentro del ojete del niño, jugando con la leche que le había quedado dentro.

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