El paseador de perros gay
Todo fue por casualidad pero un perro que paseaba terminó anudándome.
Soy un hombre gay de 30 años, guapo pero solitario. Mi vida es bastante normal y rutinaria. Trabajo de forma remota y, para matar el tiempo y ganar un poco de dinero extra, paseo perros en la colonia Portales en la Ciudad de México. Es una forma de salir de la casa y tener un poco de compañía, aunque sea de cuatro patas.
Un día, mientras paseaba perros, solo me tocó cuidar de uno: un pitbull que pertenece a mi vecina la Martínez, que vive a dos casas de la mía. Es un perro muy cariñoso. Como la señora Martínez suele llegar tarde a casa, le ofrecí quedármelo un rato. Trabajando desde casa, no me molestaba tener por ahí Además, la compañía me venía bien.
El pitbull, al que llamaré Max, se portó de maravilla. Jugamos un poco en el patio y, mientras lo acariciaba, empecé a sentir su lengua lamiendo mi brazo. Esto me provocó una extraña excitación. La situación me llevó a imaginar cosas que nunca había considerado antes. Sin darme cuenta, mi mente se desbocó y empecé a fantasear con la idea de que Max me lamiera, en lugares más escondidos por la ropa.
Excitado, me quité la ropa lentamente, dejando que Max me olisqueara y lamiera por todas partes. Su lengua me recorrió el pecho y el abdomen, bajando hasta mis ingles. Sentí mis músculos se tensaban y una oleada de calor me recorrió el cuerpo. Max, parecía saber exactamente qué hacer para excitarme.
Decidí ponerme en cuatro en el suelo, ofreciéndome completamente a él. Max, me lamió el culo, super rico, mi ano se abria con su lengua, se sentía maravilloso, después de unos minutos así, me montó. Sentí cómo su pene erecto empujaba contra mí, buscando la penetración. La sensación era me daba miedo, pero me gustaba. Me imaginé siendo tomado por él, lleno por completo. Cuando me penetró no pude mpas qye gemir, se sentpia caliente, ardía un poco pero se sentpia delicioso, algo grand estaba creciendo mientras lo hacía
Después de unos cinco minutos penetrandome fuerte, Max se anudó a mí, pegando su cuerpo al mío con una fuerza inesperada. Después empezó a voltearse, lo tuve que agarrar de la cola para que no jalara y asi quedamos pegados y sentia chorros dentro de mi. Por unos 20 minutos, nos quedamos así, pegados. La sensación de su cuerpo contra el mío, el calor, y la humedad, todo me llevó a un clímax inesperado. Eyaculé sin siquiera tocarme, con un gemido, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba y relajaba.
Mis pensamientos se llenaron de imágenes retorcidas y eróticas. Me imaginé embarazado de Max, con ocho pezones, alimentando a sus crías. La idea me excitaba y asustaba al mismo tiempo, pero no podía evitar fantasear con idea de estar preñado y dar a luz a sus crías. Eso me excitó más y me vine de nuevo.
Cuando todo terminó, me quedé un rato más en el suelo, recuperando el aliento, después vi su pene colgando, rojo, escurriendo semen, me lo llevé a la boca succionando cada centímetro y ragando todo el liquido y semen que seguía saliendo, fue la cosa más excitante, yo usado por el perro y ahora sirviéndolo, me masturbé de nuevo, no podía contenerme. Después de eso, estaba cansado y extrañamente lleno, pleno.
Desde ese día, Max se convirtió en mi perro favorito para pasear. Cada vez que lo veo, recuerdo ese intenso único, una mezcla de deseo y fantasía que me ha dejado marca y espero que vuelva a pasar.
La experiencia me dejó con una mezcla de satisfacción y curiosidad. Me pregunté si otros hombres habrían tenido experiencias similares, si alguna vez había sido algo más común de lo que imaginaba La idea de explorar más mis deseos con Max o con otros perros cruzó por mi mente, pero decidí dejarlo en el terreno de la fantasía por el momento. Después de todo, tengo una rutina que atender.
Si desean platicar pueden escribir a [email protected]



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