El pequeño bebe de la puerta
Advertencias: bebes, violacion, endogamia, muerte de personaje secundario, abuso fisico y psicologico, etc.
Nuevo relato, tengo varios relatos nuevos que subir pero pues me falta motivacion para escribir pero pues obvio voy a continuar los anteriores, por cierto esta ya es info mia tengo 16 soy de mexico tijuana y soy gay versatil mi user de tlg es @sexosintabues3 por si quieren hablar comenzamos
El silencio de mi nueva casa era un lujo al que todavía no me acostumbraba. Dejé que el peso de mis párpados me venciera sobre el sofá, viendo una película que ya no entendía, con solo un boxer gris puesto y el estómago vacío. Era casi medianoche cuando el sonido, agudo e insistente, me arrancó del letargo. Toc. Toc. Toc. Eran tres toques secos, deliberados, en la madera de la puerta principal. Me incorporé, sobresaltado. El corazón me dio un vuelco. ¿Quién demonios llama a estas horas?
Caminé descalzo sobre el frío piso de madera, el único sonido era el de mis propios pasos y el zumbido del refrigerador en la cocina. Me acerqué a la puerta y puse un ojo en la mirilla. Oscuridad. Solo la calle vacia iluminada tenuemente por un farol y la noche lluviosa que se arremolinaba en el suelo. Nada. Tal vez fue una rama, pensé, intentando calmarme. Pero justo cuando iba a darme la vuelta y volver a mi sopor, lo oí. Un sonido tan suave y desamparado que perforó el silencio como un aguja de hielo. Un llanto. El llanto de un bebé.
Mi primera reacción fue la ira. ¿Qué tipo de hijo de puta abandona a un niño? Con un movimiento brusco, descorrí el cerrojo y abrí la puerta de par en par. El aire frío y húmedo de la noche me golpeó el torso desnudo, erizando la piel de mis brazos y mi pecho tonificado. Y allí, en el umbral, sobre una manta de lana gruesa y oscura que se empapaba con la lluvia, estaba él. Un bulto minúsculo, tembloroso, desprotegido. No había rastro de la persona que lo dejó a los alrededores con la calle completamente vacia. El bebé sollozaba, un llanto débil y quejumbroso que se quebraba con cada escalofrío de frío.
Actué por instinto. Me agaché, mis cuádriceps se tensaron bajo mi piel, y lo recogí en brazos. Era sorprendentemente ligero, un peso de nada, un paquete de carne suave pero fría por el clima. Lo apreté contra mi pecho, intentando transmitirle mi calor corporal. El llanto se calmó un poco, convirtiéndose en pequeños hipo ahogados. Cerré la puerta con el pie, dejando la noche afuera, y lo llevé directamente a mi dormitorio donde el aire acondicionado lo calentara mas rapido. Lo acosté con cuidado sobre mi cama, sobre las sábanas de algodón que aún olían a mí y usando el control remoto prendi el aire. La manta que envolvía al bebe estaba plegada aumentando su grosor sobre ese cuerpecito, como si quien lo dejó quisiera protegerlo de la mirada del mundo, no del frío.
Fue entonces cuando lo vi en el momento que separe uno de los costados de la manta. Una mancha más oscura en la lana, justo debajo de su cadera. Al principio pensé que era agua de lluvia o orina, pero era demasiado densa y… De color blanco. Mi estómago se encogió. Con un movimiento delicado, deshice los pliegues de la manta para descubrirlo por completo. Estaba completamente desnudo. Su piel era pálida y suave, marcada por el frío en forma de pequeños granitos. El llanto había cesado, y ahora me miraba con unos ojos enormes, oscuros e inocentes, sin comprender nada. Sus labiecitos temblaban. Y entonces, mi atención se desvió hacia la fuente de la mancha.
Bajo sus pequeños testículos, algo líquido y espeso se deslizaba lentamente por el pliegue de su piel, hacia la manta. Mi cerebro tardó un segundo en procesarlo. No era orina. Su pene diminuto estaba completamente seco. Mi respiración se detuvo. Con una mano que de repente sentía torpe y enorme, levanté su piernita derecha, doblando su rodilla hacia su pecho en la postura instintiva de un cambio de pañal. La vista se me abrió como un abismo.
Sus nalguitas eran dos pequeños globos perfectos, tersas y esponjosas, tan llenas y suaves que sus mejillas se tocaban en el centro, ocultando lo que había entre ellas. Pero los hilos pegajosos de semen las mantenían unidas. Con el pulgar y el índice de mi mano libre, las separé. La resistencia fue mínima; mis dedos se hundieron ligeramente en la increíble blandura de su piel. Y entonces lo vi.
Su anito no era el orificio diminuto y cerrado que debería ser. Estaba hinchado, enrojecido, y visiblemente abierto, como si algo hubiera estado allí hacía muy poco tiempo. De su centro, de esa rosita violácea y dilatada, brotaba un hilo continuo y espeso de un líquido blanquecino. Alguien había estado aquí. Alguien había usado este cuerpecito indefenso.
Y en ese preciso instante, una traición horrorosa y eléctrica recorrió mi cuerpo. Mi pene, que dormía perezoso en mi boxer, se despertó de golpe. Sentí cómo se hinchaba, cómo se endurecía con una rapidez vergonzosa, estirando la tela gris hasta que el contorno de mi erección fuera una presencia inconfundible y palpitante. Estaba hipnotizado. No podía apartar la vista de ese espectáculo, esa mezcla de inocencia robada y depravación explícita. El bebé, sintiendo mi tensión o quizás recordando el hambre, soltó un gemido débil.
Ese sonido me sacó del trance por un segundo. Pero no para alejarme. Mi dedo índice, como si tuviera voluntad propia, se movió hacia la fuente de aquella visión. La punta de mi dedo tocó el borde hinchado de su anito. Estaba caliente, lubricado por la cantidad de semen que había dentro. Presioné suavemente, y mi dedo se deslizó hacia adentro sin ninguna resistencia, hasta que mi nudillo descansó contra la suavidad de sus mejillas. El interior era un calor húmedo y viscoso. El bebé no hizo nada más que un sonido de succión con sus labios, como si buscara un pezo que no estaba. No lloró. No parecía sentir dolor.
Mi corazón martilleaba contra mis costillas, un tambor de guerra en mi pecho. El bebé, en su inocencia, agarró mi dedo que habia estado dentro de él y lo llevó a su boquita, empezando a succionar lo con una fuerza sorprendente limpiando los restos de semen como si el sabor ya fuera conocido por el. Esa pequeña acción, esa confianza absurda, fue la que me rompió. Mientras él chupaba mi dedo, mi otra mano, soltando su pie, se movió. Mi dedo medio se unió al índice para entrar de nuevo en esa entrada rosada. Luego el anular. Los tres entraron. Estiraban esa piel, ese músculo, explorando un límite que parecía no existir. Podía moverlos dentro, sentir las paredes de su recto, bañadas en la leche de otro hombre.
La rabia, la lástima, el asco y una excitación tan bestial que me asustaba se mezclaron en un cóctel venenoso en mis venas. Me levanté de un salto, casi tirando al bebé de la cama. Fui al baño, abrí el cajero y saqué el frasco de vaselina. Mis manos temblaban tanto que casi se me cae. Volví a la habitación, mi erección era un dolor delicioso, un palo de carne caliente y urgente pidiendo salir. Bajé el boxer. Mi pene saltó libre, 20 centímetros de carne gruesa y enarbolada, con la glande brillando y goteando líquido preseminal. Unté una cantidad generosa de vaselina sobre mi longitud, el frío del gel contrastando con el fuego de mi piel.
Me arrodillé en la cama, a los pies del bebé que ahora me observaba con curiosidad. Levanté sus piernas otra vez, abriéndolo como un libro sagrado y profano. La punta de mi pene, gorda y dura, se posó en la entrada
La punta de mi pene, gorda y dura, se posó en la entrada de aquel abismo violáceo y húmedo. La vaselina se mezcló con el semen ya presente, creando una amalgama resbaladiza y caliente. Mi glande sintió el temblor involuntario de su esfínter, un pequeño anillo de carne que intentaba cerrarse, que no sabía cómo hacerlo.
Con la respiración contenida, empujé.No hubo resistencia. Solo un deslizamiento lento, increíblemente denso. La cabeza de mi verga entró, y el calor que me recibió fue casi doloroso. Era un calor vivo, un horno de carne infantil que me engullía.
El bebé emitió un pequeño sonido, algo entre un quejido y un suspiro, sus piernas se tensaron un instante contra mis hombros. Me detuve, permitiendo a su cuerpecito que se acostumbrara a mi tamaño, a mi presencia. Miré hacia abajo. El espectáculo era obsceno y divino. Mi carne, dura y adulta, desaparecía dentro de ese cuerpo diminuto, sus nalguitas esponjosas se hundían alrededor de mi base.
No pude más. Mis caderas empezaron a moverse con una voluntad propia. Pequeños movimientos de vaivén, cada uno un poco más profundo que el anterior. Sentía cada centímetro de su interior, las paredes lisas y elásticas de su recto que se adaptaban a mí. El sonido era mínimo, solo el de mi respiración entrecortada y el crujido de las sábanas. El bebé había dejado de hacer ruido, sus ojos estaban cerrados ahora, quizás rendido al sueño o al shock.
Cada embestida era más profunda, hasta que sentí el tope, el fondo de su cueva. Metí la mitad de mi verga, y el placer era tan agudo que me nublaba la visión. Era una mezcla de poder y perversión, de estar tomando algo que no me pertenecía, de marcar ese cuerpo con mi propia esencia. Mis glúteos se contrajeron, mi espalda se arqueó. Sentí cómo la presión se acumulaba en la base de mi columna, un torrente de fuego que subía por mis testículos. Con un gruñido ahogado, me hundí hasta el fondo una última vez y exploté.El orgasmo me sacudió como una descarga eléctrica. Vi estrellas. Sentí cómo chorros espesos y calientes de mi semen se disparaban dentro de él, mezclándose con la de otro, llenándolo aún más. Me quedé así, inmóvil, temblando, con mi pene todavía latiendo dentro de su cuerpo, vaciándome por completo. El sudor resbalaba por mi frente y goteaba sobre su panza. Cuando por fin terminé, me sentí vacío, satisfecho y a la vez aterrorizado por lo que acababa de hacer.Me retiré con la misma lentitud, sintiendo el succión de su carne al liberarme. El sonido fue húmedo, obsceno, como si descorcharan una botella. Su anito stayed abierto, un agujero oscuro y húmedo del cual ahora se escapaba un río más espeso de leche mezclada. No lo limpié. La idea de que mi semilla permane
El orgasmo me dejó temblando, un saco de huesos y piel satisfecho y aterrorizado. Me quedé dentro de él un momento más, sintiendo cómo mi pulso latía en las paredes de su recto, mezclando mi esencia con la del monstruo que lo había tenido antes. Con un movimiento lento y casi doloroso, me retiré. El sonido fue obsceno, un «pop» húmedo y sucio que resonó en el silencio de la habitación.El sonido fue húmedo, obsceno, como si descorcharan una botella de champán barato. Su anito, ahora rojo y hinchado, stayed abierto, un pequeño pozo de carne del cual se escapaba un río lechoso y espeso. No lo toqué. No lo limpié. La idea de que mi semen se quedara ahí, marcándolo por dentro, era un pensamiento fijo y ardiente.
Con cuidado, envolví su cuerpecito en la manta. Fue entonces, al doblarla, cuando sentí algo rígido dentro del tejido. Una nota. La saqué, un trozo de papel arrugado, manchado en una esquina por el líquido que aún goteaba del bebé. La letra era temblorosa, redondeada, la letra era desordenada y chueca muy similar a la de un niño pequeño. «Este es mi hermanito. Tiene 8 meses. Es mi hijo y de mi papá. Por favor, cuídalo. Él lo lastima mucho y quiere hacerle lo mismo que a nosotros. No quiero que sea como yo. Por favor, dale un nombre y un amor nuevo. Lo siento.»
Ocho meses. El peso de esas palabras me golpeó en el estómago. Ocho meses. Y si la nota era cierta su propio padre y abuelo lo volvio un vertedero de semen, y la niña no menciono su nombre asi que puede ser que su padre ni siquiera se molesto en ponerle uno. Mi erección, que había empezado a flaquear, volvió a ponerse dura como el acero. El morbo, la perversión, la tragedia… todo se mezcló en un cóctel explosivo en mi sangre. Levanté al bebe, que ahora dormía plácidamente, antes de ponerme un pantalon que encontre por hai y lo llevé a mi coche.
No tenia nada para cuidar bebes y mucho menos algo para uno tan pequeño y era obvio que tenia hambre asi que no tenia mas opcion que ir a una farmacia 24 horas para comprara lo necesario y a falta de silla especial para llevarlo incline la silla del conductor para sentarlo en mi regazo mientras corria la sabana para que su cuerpo desnudo se recostara en mi vientre igual de desnudo a falta de una camisa con sus piernitas a los costados de mi torso con la sabana cubriendo su cuerpo y debajo de su culito para evitar manchas cuando baje a comprar.
Mientras conducía por las calles desiertas y mojadas, su cuerpecito en mi regazo, su calor corpolar, el movimiento del vehículo me estaba volviendo loco. Cada bache, cada curva, hacía que su culito se deslizara sobre mi entrepierna. No pude resistirlo. Bajé la cremallera, saqué mi verga ya endurecida y, con una precisión que me asustó, quite la sabana con una mano mientras y con la otra guíé mi verga hacia su entrada, que todavía estaba abierta y resbaladiza. Me hundí de nuevo, hasta el fondo. El placer fue inmediato, un calor denso y prohibido que me recorrió como una fiebre. Follé su culito con movimientos cortos y profundos, mientras conducía a ciegas por la noche, completamente perdido en la sensación pero aun atento a la calle para evitar accidentes.
Y así yendo a una velocidad moderada mientras movia mi cadera para penetrar ese culito, llegue a una calle mas oscura donde detuve un momento para tomar la cadera del bebe que ya estaba dormido por el cansancio y el hambre. Mientras hacia una presión suave sin llegar a lastimar al niño empecé a subirlo y bajarlo por mi verga junto al movimiento de mi cadera en un punto senti como si hubiera entrado en un lugar mas profundo y me asombre al sentir las suaves nalgas tocando mis muslos dandome cuenta que lo tenia hasta las bolas, y solo ese pensamiento fue suficiente para que mi verga se volviera a descargar en el recto de ese bebe inflando su vientre un poco mas de semen
Fue entonces cuando vi una figura caminando por el arcén de la carretera. Al acercarme, lo reconocí. Mateo. Mi mejor amigo. El pánico me heló la sangre. ¿Qué hacía aquí? Apagué las luces interiores del coche con un movimiento rápido, avanzando hasta llegar a su lado frenando bruscamente.
—¡Mateo! ¿Qué carajos haces aquí? —logré decir, mi voz tensa y extraña en mis propios oídos.
—¡Alejo, gracias a Dios! —se acercó a la ventanilla, su cara aliviada—. Se me perdio mi dinero para el pasaje y el móvil no tiene batería. Llevo como una hora caminando. ¿Me puedes llevar hasta casa, por favor? Mi viejo me mata si llego tarde.
—Sí, claro, sube. —Le hice señal a la parte de atrás.
Mi corazón martilleaba contra mis costillas por la adrenalina de la reciente eyaculacion ademas. Estaba dentro de un bebé de ocho meses y mi mejor amigo se iba a subir al coche. Mateo abrió la puerta trasera y se metió, el olor a lluvia y a su colonia barata llenó el espacio. Yo seguía enterrado en Leo, mi verga pulsando dentro de su cuerpecito aun enterrado hasta las bolas.
—¿Y quien es ese chiquito? —preguntó Mateo desde atrás, su voz demasiado cerca.
—Es… es una historia larga, hermano. Me lo dejaron en la puerta. Voy a la farmacia a comprarle cosas.
—¿En serio? ¿Y quién…?
—No sé, Mateo. Había una nota, pero… —mi mente trabajaba febrilmente—. Dice que le de un nombre y que lo cuide.
—Qué locura, man.
El silencio se apoderó del coche, solo roto por el motor y el suave crujido de los neumáticos sobre el asfalto húmedo. Cada movimiento del coche era una tortura deliciosa. Podía sentir cómo las nalguitas de Leo se apretaban contra mi pelvis, cómo su interior me mamaba con cada vibración. Llegamos a la farmacia, su neón brillando como un faro.
—Yo me quedo con él, tú ve y compra rápido —ofreció Mateo, su voz normal, amistosa. No sospechaba nada. O eso creía.
—Gracias, hermano. Eres un crack.
Aquí venía el momento difícil. Tuve que levantar a Leo de mi regazo. El sonido al salir fue el mismo, húmedo, sucio, un «pop» audible en el silencio del coche. Me apresuré a subirme el pantalón mientras usaba la manta para cubrir su cuerpo tratando que el semen no salga de su lugar, el metal de la cremallera sonando estruendosamente al subir. Bajé del coche, ajustando mi erección que se marcaba como un hierro bajo la tela. Mis piernas temblaban mientras su torso fue golpeado por el aire frio de la noche.
Dentro de la farmacia, el aire acondicionado fue un alivio en mi piel sudorosa. El chico de la caja, un joven guapo, un poco mas joven de lo debido para trabajar en una farmacia a estad horas pero mientras no preguntara por mi falta de camisa o mi erección no era mi problema, tenia un aire fresco y juvenil con pelo oscuro caído sobre los ojos y una sonrisa fácil, me miró con interés. Sus ojos se deslizaron por mi torso y se detuvieron un segundo de más en mi entrepierna. Me sentí como si estuviera mas desnudo de lo que ya estaba.
—¿Algo más? —me preguntó, pasando la leche y los pañales por el escáner, su voz un murmullo.
—No, eso es todo.
—Seguro —dijo, sonriendo—. Porque si necesitas ayuda con… cualquier cosa, yo estoy hasta el amanecer. Me llamo Javier.
Me pasó un pequeño trozo de papel de la impresora de tickets con su teléfono escrito. Lo tomé, sonreí y lo guardé en el bolsillo del pantalon, sintiéndome como el mayor impostor del mundo.
Cuando volví al coche, Mateo estaba con Leo en brazos, y aunque queria pedírselo no queria que al momento de pasarlo la sabana se deslizara y dejara caer el semen de su interior, asi que aunque no queria deje que mateo llevara al bebe en su regazo en una pose muy similar a como lo tenia antes pero no le preste mucha atencion
MATEO
Me quedé con el bebé mientras alejo bajaba. El chiquito, Leo, pesaba muy poco. Era un muñeco de carne caliente y suave. Lo acomodé mejor en mi regazo y entonces lo sentí. Algo caliente y húmedo en mi pierna. Maldición, se hizo pipí encima. Pero no, no olía a orina. Miré hacia abajo. Un hilo blanco y espeso corría por el pantalón de mi jeans, directamente desde donde apoyaba su culito. Levanté un poco la manta y una de sus piernitas para ver y eso medio una de las vistas mas morbosas de mi vida hasta ahora que nunca olvidare. Su anito estaba rojo, y de él escapaba ese líquido. No era pipí. Era semen. Lo reconocí al instante.
Justo en ese momento, recorde cuando Alejo bajo del coche. Escuché con claridad el sonido de la cremallera de su pantalón al subir. Y otro sonido antes, cuando me paso al bebe. Un sonido húmedo, como un «pop». Como cuando te sacas una verga de un culo bien apretado. Mi cerebro conectó las piezas. El bebé. El líquido. El sonido. El nerviosismo de Alejo. La erección que se le marcaba cuando se bajó del coche.
La sangre me subió a la cabeza, pero no era de ira. Era de una excitación tan intensa que me dejó sin aire. Mi propio pene, de un tamaño similar al de Alejo desde que ambos eramos adolescentes y nos hicimos pajas cruzadas, se endureció en mi jeans hasta doler. Si él podía… ¿por qué yo no? Alejo era mi mejor amigo, mi hermano. Si él había hecho esto, si esto era algo que hacíamos, entonces yo también tenía derecho a probar un culito tan apretado .
Mato acomodo al bebe para tener mejor acceso a el, la mano derecha de este le estaba acariciando suavemente la pierna al pequeño luego de unos minutos, aquella mano cambio de lugar y le empezó a acariciar las pequeñas nalguitas por unos segundos, segundos donde aprovecho para meter su dedo medio entre su rajita aprovechando el semen de alejo como lubricante.
por unos minutos, mateo continúo jugando con el culito de ese pequeño niño, entonces, al notar que estaba dormidito y sin previo aviso, esté fue deslizando suavemente su dedo medio para corroborar si estaba completamente bien abierto.
Mateo tragó seco y en ese instante no sabía si era por lo que estaba haciendo o por lo que acaba de descubrir, entonces, al darse cuenta de que estaba haciendo muy mal, el inmediatamente retiro su dedo por completo, pero justo ahí se dio cuenta que estaba completamente empapado de semen aunque no sabia que era el semen de mas de una persona, entonces, en ese instante, el rápidamente fue tentado y sin pensarlo mucho dos de sus grandes dedos ya se encontraba dentro del culito del bebe el cual, por estar profundamente dormido, no se estaba percatando de este gran suceso.
Ante este hecho, mateo estaba siendo muy cuidadoso, ya que aún estaba en un lugar publico y no quería que alguien se enterara de lo que hacia con ese niño pero no dejaba de dilatar ese culito
Para este momento, dos de los grandes dedos de mateo, entraban y salían completamente de ese culito infantil y pues, ante esta situación que era tan morbosa para mateo, su corazón latía muy fuerte y aceleradamente, ya que recibía constantemente fuertes descargas de adrenalina.
Ante esta situación, mateo se apretó fuertemente la verga y se sorprendio, por lo dura que la tenia y por la enorme cantidad de liquido preseminal que estaba soltando pero al cerrar los ojos y centrarse en como las paredes anales de ese bebe le apretaban tan rico los dedos y su textura era mejor que el terciopelo la sorpresa de su mente se fue dejando solo la exitacion del momento
En ese preciso instante, ante la mezcla de adrenalina y lujuria, Mateo no pensó ni razonó más las cosas, así que entonces se motivó así mismo diciendo “si este cabron ya se lo cogió, porque yo no puedo darle algo de alivio a mi verga también”
Mateo no entendía porque le estaba pasando esto, pero el gran morbo y excitación pudieron más que la razón; así que, en ese instante, algo dentro de él le decía que penetrara ese culito, ya que el momento se prestaba para eso y quizás nunca en su vida se le presentaría otra vez esta grandiosa oportunidad.
así que, Máteo, acomodo el pecho del niño frente él y con un movimiento rápido él acomodo su posición, Daniel se recostó un poco en la silla, así de esta manera, la pequeña cabeza del niño quedo acomodada en su pecho y entonces, él apresuradamente acomodo sus piernitas a cada lado de su gran pelvis antes de bajar su pantalon solo lo suficiente para dejar salir su verga y sus huevos.
Mateo estaba muy nervioso, así que, sin quitar la vista de Alejo que aun estaba en la tienda, él se lubrico con abundante saliva su enorme y dura verga, después, como acto seguido, él inmediatamente guio la punta de su enorme miembro a la entrada de aquel abierto y húmedo culito.
Con el corazón latiendo a mil pulsaciones por minuto, Mateo fue empujando suavemente su cintura hacia arriba y en ese instante sintió, como la punta de su verga empezó abrirse paso ante aquel pequeño culito, entonces, en ese momento y sin detenerse un solo segundo, aquel hombre continúo empujando su cintura hasta lograr meter por completo la punta de su verga.
En ese instante, el niño se movió un poco, pues claramente sintió la diferencia del tamaño de aquella verga; en ese momento y ante este acto realizado por Mateo, él claramente empezó a sentir como aquel pequeño esfínter le apretaba de lo más rico la cabeza de su gruesa verga.
Sin duda alguna, estos pequeños apretones terminaron de convencer a Mateo para que continuara con la penetración, así que en ese momento tapó a ambos con la sabana que Alejo le había dado y enseguida se sujetó con ambas manos de la pequeña cintura del bebe.
En ese preciso instante y teniendo todo a su favor, Mateo empezó a mover su cintura muy delicadamente para que su gruesa verga se fuera deslizando suavemente en aquel estrecho y rico culito infantil.
Muy suavemente aquella verga se iba, deslizando en ese tibio y apretado culito, pero Mateo notaba que el niño se movía un poco con cada centímetro que su gruesa verga entraba en el; así en ese momento aquel hombre pensó rápidamente y entonces se dijo así mismo, que quizás era por el grosor o talvez por el tamaño de su miembro que le era quizás diferente.
Varios segundos después, Mateo ya había logrado meter una tercera parte de su verga, pero al darse cuenta que el niño se estaba moviendo un poco más, él se quedó quieto, pues en ese momento temió que pudiera despertarse y no lo dejara continuar con tan delicioso acto sexual.
Un poco decepcionado, Mateo pensó que todo ese gran placer se había acabado, pero en ese preciso momento se llevo una gran sorpresa, pues aunque el niño seguía dormido, su pequeña cintura continuaba moviéndose de lo más rico y aunque eran movimientos muy suaves era facil sentirlos al estar quieto; en ese momento, Mateo no podía creer que ese niño tan pequeño le encantara sentir la verga en su culito, así que lo dejo continuar para que con sus propios movimientos se fuera matando solo con esa gruesa verga.
Lo que estaba pasando en aquel asiento trasero era difícil de ver por la gran oscuridad de la noche, así que en ese momento, Mateo estaba seguro de que nadie podia notar lo que hacia en el coche, hasta que vio salir a Alejo de la tienda y entonces volvio a ponerse nervioso mientras trataba de relajarse para que su amigo no notara nada raro en el
Mato acomodo al bebe para tener mejor acceso a el, la mano derecha de este le estaba acariciando suavemente la pierna al pequeño luego de unos minutos, aquella mano cambio de lugar y le empezó a acariciar las pequeñas nalguitas por unos segundos, segundos donde aprovecho para meter su dedo medio entre su rajita aprovechando el semen de alejo como lubricante.
por unos minutos, mateo continúo jugando con el culito de ese pequeño niño, entonces, al notar que estaba dormidito y sin previo aviso, esté fue deslizando suavemente su dedo medio para corroborar si estaba completamente bien abierto.
Mateo tragó seco y en ese instante no sabía si era por lo que estaba haciendo o por lo que acaba de descubrir, entonces, al darse cuenta de que estaba haciendo muy mal, el inmediatamente retiro su dedo por completo, pero justo ahí se dio cuenta que estaba completamente empapado de semen aunque no sabia que era el semen de mas de una persona, entonces, en ese instante, el rápidamente fue tentado y sin pensarlo mucho dos de sus grandes dedos ya se encontraba dentro del culito del bebe el cual, por estar profundamente dormido, no se estaba percatando de este gran suceso.
Ante este hecho, mateo estaba siendo muy cuidadoso, ya que aún estaba en un lugar publico y no quería que alguien se enterara de lo que hacia con ese niño pero no dejaba de dilatar ese culito
Para este momento, dos de los grandes dedos de mateo, entraban y salían completamente de ese culito infantil y pues, ante esta situación que era tan morbosa para mateo, su corazón latía muy fuerte y aceleradamente, ya que recibía constantemente fuertes descargas de adrenalina.
Ante esta situación, mateo se apretó fuertemente la verga y se sorprendio, por lo dura que la tenia y por la enorme cantidad de liquido preseminal que estaba soltando pero al cerrar los ojos y centrarse en como las paredes anales de ese bebe le apretaban tan rico los dedos y su textura era mejor que el terciopelo la sorpresa de su mente se fue dejando solo la exitacion del momento
En ese preciso instante, ante la mezcla de adrenalina y lujuria, Mateo no pensó ni razonó más las cosas, así que entonces se motivó así mismo diciendo “si este cabron ya se lo cogió, porque yo no puedo darle algo de alivio a mi verga también”
Mateo no entendía porque le estaba pasando esto, pero el gran morbo y excitación pudieron más que la razón; así que, en ese instante, algo dentro de él le decía que penetrara ese culito, ya que el momento se prestaba para eso y quizás nunca en su vida se le presentaría otra vez esta grandiosa oportunidad.
así que, Máteo, acomodo el pecho del niño frente él y con un movimiento rápido él acomodo su posición, Daniel se recostó un poco en la silla, así de esta manera, la pequeña cabeza del niño quedo acomodada en su pecho y entonces, él apresuradamente acomodo sus piernitas a cada lado de su gran pelvis antes de bajar su pantalon solo lo suficiente para dejar salir su verga y sus huevos.
Mateo estaba muy nervioso, así que, sin quitar la vista de Alejo que aun estaba en la tienda, él se lubrico con abundante saliva su enorme y dura verga, después, como acto seguido, él inmediatamente guio la punta de su enorme miembro a la entrada de aquel abierto y húmedo culito.
Con el corazón latiendo a mil pulsaciones por minuto, Mateo fue empujando suavemente su cintura hacia arriba y en ese instante sintió, como la punta de su verga empezó abrirse paso ante aquel pequeño culito, entonces, en ese momento y sin detenerse un solo segundo, aquel hombre continúo empujando su cintura hasta lograr meter por completo la punta de su verga.
En ese instante, el niño se movió un poco, pues claramente sintió la diferencia del tamaño de aquella verga; en ese momento y ante este acto realizado por Mateo, él claramente empezó a sentir como aquel pequeño esfínter le apretaba de lo más rico la cabeza de su gruesa verga.
Sin duda alguna, estos pequeños apretones terminaron de convencer a Mateo para que continuara con la penetración, así que en ese momento tapó a ambos con la sabana que Alejo le había dado y enseguida se sujetó con ambas manos de la pequeña cintura del bebe.
En ese preciso instante y teniendo todo a su favor, Mateo empezó a mover su cintura muy delicadamente para que su gruesa verga se fuera deslizando suavemente en aquel estrecho y rico culito infantil.
Muy suavemente aquella verga se iba, deslizando en ese tibio y apretado culito, pero Mateo notaba que el niño se movía un poco con cada centímetro que su gruesa verga entraba en el; así en ese momento aquel hombre pensó rápidamente y entonces se dijo así mismo, que quizás era por el grosor o talvez por el tamaño de su miembro que le era quizás diferente.
Varios segundos después, Mateo ya había logrado meter una tercera parte de su verga, pero al darse cuenta que el niño se estaba moviendo un poco más, él se quedó quieto, pues en ese momento temió que pudiera despertarse y no lo dejara continuar con tan delicioso acto sexual.
Un poco decepcionado, Mateo pensó que todo ese gran placer se había acabado, pero en ese preciso momento se llevo una gran sorpresa, pues aunque el niño seguía dormido, su pequeña cintura continuaba moviéndose de lo más rico y aunque eran movimientos muy suaves era facil sentirlos al estar quieto; en ese momento, Mateo no podía creer que ese niño tan pequeño le encantara sentir la verga en su culito, así que lo dejo continuar para que con sus propios movimientos se fuera matando solo con esa gruesa verga.
Lo que estaba pasando en aquel asiento trasero era difícil de ver por la gran oscuridad de la noche, así que en ese momento, Mateo estaba seguro de que nadie podia notar lo que hacia en el coche, hasta que vio salir a Alejo de la tienda y entonces volvio a ponerse nervioso mientras trataba de relajarse para que su amigo no notara nada raro en el
Mateo miraba a Alejo mientras se sube al carro nervioso porque Alejo le pidiera al niño pero al ver que conduce directamente se relajo y continuo follando ese culito con su verga que en ningun momento dejo de estar dura en esa calida cueva.
así que aquel carro se movía gradualmente esto hacía que Mateo se sintiera en la gloria, ya que sin mucha dificultad su gruesa verga se deslizaba aún más dentro de aquel estrecho y cálido culito.
El corazón de Mateo latía muy aceleradamente y también su cuerpo temblaba por el nerviosismo, así que en ese momento, Daniel tocó las nalguitas de aquel pervertido niño y entonces ahí se dio cuenta que ese pequeño culito glotón ya se había devorado la mitad de su gruesa verga.
Matei estaba maravillado disfrutando aquel rico acto sexual, el cuál estaba lleno de enormes descargas de adrenalina, mucho morbo y demasiada excitación, esta combinación fue la causa por lo cuál sin duda alguna bastaron un par de movimientos de su cintura por parte de aquel gran hombre y entonces aquella enorme verga adulta empezó a arrojar una abundante cantidad de leche, la cual fue depositada dentro del culito del pequeño.
En ese instante y ante este acto, Daniel apretó fuertemente los dedos de los pies, se mordió los labios y apretó la garganta para ahogar su gran gemido de placer, el cual le estaba provocando aquel maravilloso orgasmo.
Mateo no quería delatarse por lo que estaba haciendo, así que entonces, en ése instante, él respiró profundamente y se quedó quieto, para dejar que su gruesa verga derramara completamente la última gota de su abundante leche.
Ante este majestuoso orgasmo, Mateo cerro los ojos por unos minutos y entonces dejó que su gruesa verga siguiera sintiendo la calidez que emanaba ese estrecho culito, así en ése momento, la camioneta hizo un movimiento brusco, en el cual todos se tambalearon de un lado a otro.
Aquella gruesa verga entró completamente en esa deliciosa cuevita.
Ante este movimiento, las pequeñas nalguitas de aquel niño chocaron directamente con el pubis de aquel hombre, así que en ese momento, el bebe intentó despertar, así que sintió la gran dimensión de aquella enorme y gruesa verga, por lo cual, en ese instante, él intento quejarse con leve llanto, lo cual hizo que ateo se pusiera en alerta.
Alejo escucho que el bebe intento llorar, así que le habló tiernamente diciéndole lo siguiente.
Víctor: “Shhhhhhhh» ¡ya mi amor, ya llegamos a casa! “Shhhhhhh»
En ese instante y ante estas palabras, Mateo volvió a la realidad de la situación en la que se encontraba, así que, en ese momento y sin perder tiempo, el inmediatamente fue retirando su aún dura verga del estirado culito del pequeño.
En ese momento, Mateo vio que se aproximaban a la casa de Alejo así que se las ingenio para envolver al niño con la misma manta y de esta manera, cubrió al pequeño de la cintura para abajo.
Tras varios segundos después, Mateo empezó a respirar profundamente, pues de esta manera, los latidos de su corazón normalizarían y todas las partes de su cuerpo regresarían a la normalidad. Y mientras Alejo abre el garaje Mateo suavemente saco su verga sin hacer mucho ruido limpiando el semen de su verga con la misma sabana y cerro las piernas del bebe para que el semen no se escapara y facil mente guardo su verga ya algo flacida en su pantalon antes de bajar y entrar ala sala de estar
FIN por ahora
Esta inspirado en un relato si adivinan podria crear su propio relato o incluirlo como personaje en el siguiente cap que va a ser mucho mejor que este y con mas trama ademas hay un pequeño spoiler en las advertencias bye,

Mis disculpas a todos los lectores, esto no es el relato final si no un boceto a medio terminar ya que falto la esena donde alejo se pone el pantalon pero no encuentra una camisa, antes de que alejo saliera ya habia parrado de llover y este lo tenia que mencionar, una pequeña figura misteriosa escapaba despues de que alejo saliera de su casa, daniel llama al bebe leo ya que este era el nombre que tenia planeado al principio pero despues preferi que ustedes le pusieran nombre, cuando alejo folla al bebe por primera vez y termina la esena se repite de forma diferente, espero que aun con los errores hayan disfrutado la lectura