En la calle me encontre con mi futuro esposo de 16 años y sus hermanitos nuestros amantes
Un joven universitario y programador de tiempo parcial encuentra en la calle 3 niños abandonados que tratan de sobrevivir asi que decide ayudarlos sin saber que eso sera la mejor decision de su vida .
La lluvia en la ciudad no es romántica; es una cortina fría y asfixiante que te obliga a encogerte. Yo caminaba bajo mi paraguas negro, sintiendo la comodidad del asfalto seco bajo mis pies mientras el agua golpeaba el tejido impermeable de mi chaqueta. Mi vida es una serie de certezas: tengo un coche último modelo esperándome en el estacionamiento, una casa espaciosa que mis padres me regalaron para que mi ingreso a la universidad fuera sin contratiempos, y un futuro que ya está escrito en privilegio. No tengo que preocuparme por el mañana, solo por mis clases de arquitectura y mis planes de fin de semana.
*¿Por qué sigo por este callejón?* me pregunté mientras el sonido de mis pasos se perdía en el repiqueteo del agua . *Debería haber tomado la avenida principal.*
Pero entonces los vi. Una mancha de miseria y sombras contra la pared de ladrillos húmedos.
«¿Hola?» mi voz sonó extrañamente fuerte en el vacío del callejón.
Al acercarme, el corazón me dio un vuelco. No eran solo vagabundos; era una familia desmoronándose. Un chico, un adolescente que no debía tener más de dieciséis años, abrazaba con una desesperación animal a dos bultos pequeños envueltos en mantas sucias y empapadas. El frío era tan evidente que podía ver el vapor de su respiración errática.
*Dios mío, están congelándose.* sentí una punzada de algo que no era solo lástima; era una urgencia posesiva, una necesidad de ayudar a esos niños.
«Oigan, escúchenme» dije, bajando el paraguas para cubrir también un poco al chico . «No quiero hacerles daño. Mi casa está a dos calles. Pueden bañarse, comer algo caliente… Y los bebés necesitan calor.»
El chico levantó la vista. Sus ojos eran dos pozos de desconfianza y terror. Estaba flaco, tan flaco que sus pómulos parecían cuchillas bajo la piel pálida y sucia. Sus ojos oscuros me escaneaban como si estuviera buscando el truco, el precio que iba a cobrar por su piedad.
*Maldita sea, qué miedo tiene* pensé al ver cómo apretaba más a los bebés contra su pecho.
«¿Qué quieres de nosotros?» su voz era un susurro ronco, cargado de un odio defensivo . «Si quieres dinero, no tenemos nada. Si quieres… si quieres a los niños…» su voz se quebró y su mirada se volvió letal . «No los tendras. Te mato antes de que los toques.»
Me quedé helado. La crudeza de su sospecha me golpeó como un balde de agua fría. Entendí en ese instante el nivel de basura que este chico había visto en las calles. Sabía lo que pensaban los hombres cuando veían a un chico así: una mercancía.
«No quiero nada de eso» le aseguré, tratando de mantener mi tono calmado y autoritario . «Solo quiero que no mueran de hipotermia. Por favor. Míralos. Están temblando.»
Él miró hacia abajo. el niño de dos años, sollozaba sin fuerzas, y el bebé más pequeño, apenas emitía un quejido débil. El adolescente cerró los ojos un segundo, una batalla interna visible en la tensión de su mandíbula. Sabía que si decía que no, la mañana los encontraría muertos o en un hospital que no podrían pagar. Y sabía que si decía que sí, su cuerpo sería el precio.
«Está bien» dijo finalmente, con una resignación que me desgarró el estómago . «Pero si intentas algo con ellos… te juro que no saldrás vivo de aquí.»
Lo guíe hasta mi casa. El trayecto fue un silencio sepulcral, roto solo por el sonido del motor y el llanto casi imperceptible de los bebés. Al llegar a mi casa, el contraste fue violento: la luz cálida de mi sala y el aroma a sándalo frente a la suciedad y el olor a humedad que traían con ellos.
«Quédense aquí, no se muevan» les dije mientras tomaba mi teléfono . «Voy a pedir que traigan leche, pañales y comida caliente ahora mismo. No se preocupen por nada.»
Mientras esperaba el pedido por la app, los llevé al baño principal. Quería ver qué tan mal estaban. Con una delicadeza que ni yo mismo sabía que poseía, los ayudé a despojarse de esa ropa empapada y asquerosa aunque el chico que me dijo se llamaba kai siempre trataba de mantener su mirada en mis manos.
Era obvio que no me tenia confianza pero aun asi me dejo quitarle su camisa y pantalon, momento donde descubri que no llevaba ropa interior dejandome ver su pequeño pene blanco y encogido por el frio.
*Es más frágil de lo que imaginaba* pensé mientras Kai se quedaba de pie, desnudo y tembloroso, cubriéndose lo poco que podía con sus manos. Su cuerpo era una estructura de huesos y tendones; sus costillas se marcaban con una claridad dolorosa.
Al desvestir a los bebés para limpiarlos con la ayuda de kai, la realidad de su desnutrición se hizo más cruda. Ren el niño de dos años era un pequeño esqueleto cubierto de piel; sus nalgas eran pequeñas y sus genitales apenas un bulto diminuto. Liam, el bebé, era aún más alarmante; su piel era casi traslúcida, permitiendo ver las venas finas en su abdomen contraído. Al limpiar sus zonas íntimas bajo la mirada atenta de kai hacia cada uno de mis movimientos, vi sus pequeños anitos rosados y sus diminutos penes asomando entre sus piernas flacas, tan vulnerables y expuestos al mundo. Era una imagen de pureza corrompida por la miseria.
«Kai, pon a los bebés en la tina» le dije suavemente . «El agua ya está tibia. Yo prepararé la cena y la leche.»
Él asintió con la cabeza gacha, sus mechones negros pegados a su frente húmeda. Lo vi sumergir los cuerpos de los niños en el agua, sus manos moviéndose con una ternura desesperada mientras intentaba limpiar la mugre de sus cuerpos.
«Gracias» murmuró él, sin mirarme.
«No me des las gracias todavía» respondí mientras salía del baño para ir a la cocina.
La noche avanzó entre el vapor de las duchas y el aroma de la sopa caliente. Comieron en un silencio tenso, pero la comida parecía haberles devuelto un poco de color. Los bebés ya dormían en la cama grande, saciados y tibios. Pero como los pañales no llegaron durmieron desnudos con unas sabanas a bajo de ellos oara evitar accidentes.
Cuando todo quedó en calma, la oscuridad del apartamento se sintió pesada. Yo estaba en mi habitación, pero no podía dormir. Mi mente no dejaba de repasar la forma en que Kai me había mirado en el callejón.
De repente, la puerta se abrió. Kai estaba allí, parado en el umbral, envuelto en una de mis camisas que le quedaba enorme, cubriendo sus muslos delgados aun sin ropa interior. Sus ojos estaban fijos en los míos.
«¿Vas a hacerlo ahora?» preguntó. Su voz no era de miedo, era de una rendición absoluta . «¿Me vas a follar?»
Me incorporé en la cama, sintiendo cómo mi propia sangre respondía a su presencia, pero no con la lujuria de un depredador, sino con una tensión eléctrica.
«Kai… no es lo que yo quería» dije, mi voz bajando una octava . «No te traje aquí para esto.»
«No mientas» me espetó, dando un paso hacia la luz . «Sé cómo funciona el mundo. Tú tienes todo, yo no tengo nada. Solo… por favor. Sé cuidadoso. Soy virgen. Si vas a tomar lo que quieres, hazlo de una vez, no quiero sentir que estoy aquí gratis.»
*Maldita sea, su inocencia es un insulto a mi autocontrol* pensé. Verlo así, tan dispuesto a sacrificarse por sus hermanos entregando su cuerpo para que no pueda correrlos tan facil, encendió un fuego en mi vientre que no era solo sexual. Era una necesidad de poseerlo, de marcarlo como mío para que nadie más volviera a mirarlo como una mercancía.
«ven aquí» le ordené. Mi voz sonó más ronca de lo que pretendía, cargada de una autoridad que no pedía permiso.
Kai se movió con una docilidad que me revolvió las entrañas. Se acercó a la cama y se sentó en el borde, dejando que la camisa de algodón que le presté se deslizara por sus hombros. Bajo la luz tenue, su piel parecía porcelana agrietada por el hambre. Lo tomé de la cintura y lo obligué a recostarse. Al ver su cuerpo extendido sobre mis sábanas de seda con la camisa de algodon levantada, la disparidad era abrumadora: yo era un bloque de músculo y vitalidad; él era una criatura de fragilidad extrema.
*Dios mío, es tan pequeño* pensé mientras mis ojos recorrían su torso. Sus costillas se marcaban con una precisión geométrica, su abdomen era plano, casi hundido y su pequeño pene descansaba flacido sobre su escroto pero un poco mas grande que antes del baño. cuando mis manos bajaron hacia sus muslos delgados, sentí la calidez de su piel, una calidez que reclamaba ser poseída.
«Ethan…» susurró él, y su voz tembló. Sus ojos buscaron los míos con una urgencia que no era solo sexual . «Por favor… no seas brusco. No quiero sentir que soy solo un objeto. Por favor… abrázame mientras lo haces. Quiero sentir que me quieres.»
Esa petición me golpeó más fuerte que cualquier estocada. Me di cuenta de que, debajo de esa resignación de quien se vende para sobrevivir, había un niño asustado buscando un refugio que nunca había tenido.
«Te voy a cuidar, Kai. Te lo prometo» le dije, y mi tono perdió toda la arrogancia para volverse una promesa solemne.
Me despojé de mi ropa con movimientos rápidos y me posicioné entre sus piernas. Al abrir sus muslos, la vulnerabilidad de su anatomía era total. Sus genitales eran pequeños y redondos, delicados, y su entrada era un pliegue rosado y hermético que parecía sellado contra el mundo. Empecé por la exploración. Mis dedos, grandes y cálidos, se cubrieron de mi propia excitación y comenzaron a trabajar en su entrada.
*Está tan tenso* noté mientras mis dedos intentaban penetrar ese anillo de músculo. Kai soltó un gemido agudo, un sonido que se perdió en mi boca cuando lo besé. No era un beso de conquista, sino un beso que buscaba calmar su terror.
Tome lubricante de mi mesita de noche y lo embarre en mis dedos mientras deje que la entrada de kai se bañara del liquido frio «Ah… Ethan… duele un poco…y esta frio» jadeó él contra mis labios, sus manos buscando desesperadamente mis hombros.
«Shh, respira conmigo. Relájate para mí, pequeño» le susurré al oído, mientras introducía un segundo dedo tambien lubricado, estirando su canal con una paciencia tortuosa.
Sentía la textura de su interior: era una pared de seda caliente y extremadamente estrecha que se contraía rítmicamente alrededor de mis dedos mientras el lubricante ayudaba a que mis dedos se deslizaran mas facil mente. Kai arqueaba la espalda, sus caderas se movían de forma errática mientras intentaba procesar la invasión. Sus pensamientos eran un torbellino de sensaciones nuevas: *Es tan grande… siento que me va a romper, pero al mismo tiempo… es el calor más intenso y bueno que he sentido en mi vida. No es como los otros hombres en la calle; él no me mira con asco. Sus manos son gentiles.*
«Más…» suplicó Kai, con los ojos nublados por las lágrimas . «Necesito sentirte más. Por favor, lléname».
Me preparé con el lubricante que aun quedaba. Mi miembro, tenso y palpitante con 20 cm de pura necesidad, presionó contra su entrada. La diferencia de grosor era obscena. Al empezar la penetración, sentí cómo su cuerpo se abría por pura necesidad biológica. Entré el glande primero, y Kai soltó un grito ahogado, enterrando su rostro en mi cuello. Sentí cómo sus dientes rozaban mi piel mientras su interior se estiraba hasta el límite absoluto ayudado por el lubricante.
«Mírame, Kai. Mírame» le ordené suavemente.
Él abrió los ojos, empañados por el placer y el dolor. En ese momento, empujé con la cadera, hundiendo la mitad de mi longitud en él de una sola vez. El estiramiento fue tan violento que Kai sintió que su pelvis se partía en dos, pero inmediatamente después, el dolor se transformó en una plenitud abrumadora. Estaba lleno. Estaba habitado por algo masivo y caliente que ocupaba cada rincón de su ser.
Comencé el ritmo. No eran estocadas rápidas; eran embestidas profundas y lentas, diseñadas para que cada centímetro de mi piel rozara la suya. Con cada empuje, mi pelvis chocaba contra sus nalgas delgadas con un sonido húmedo y rítmico. *Dios, es tan estrecho que siento que voy a estallar* pensé, mientras mi control se desmoronaba. La fricción era insoportable en el mejor de los sentidos; sus paredes internas se aferraban a mi pene como si intentaran succionarme.
» ¡Ethan! ¡Ahhh!» Kai gritaba mi nombre en cada estocada profunda. Sus manos no se soltaban de mi espalda; sus uñas se clavaban en mi musculatura mientras buscaba ese contacto constante .»No te detengas… por favor, abrázame más fuerte… no me sueltes…»
Cumplí su deseo. Envolví su torso con mis brazos, pegando su pecho al mío, permitiendo que sintiera la potencia de mis latidos. El sexo se volvió una lucha de cuerpos y almas. Yo lo poseía con una ferocidad controlada, buscando su punto más profundo, mientras él se entregaba con una devoción desesperada, buscando en mi cuerpo la seguridad que la vida le había negado.
El placer de Kai era una tormenta sensorial. Sentía la presión de Ethan en su interior, el roce de sus vellos contra sus muslos lampiños, y el calor de su aliento en su oído. Cada vez que Ethan llegaba al fondo, Kai sentía una descarga eléctrica que le recorría la columna. Era una sensación de ser reclamado, de ser propiedad de alguien que no quería destruirlo, sino completarlo.
«Te tengo, te tengo» gruñía Ethan mientras aceleraba el ritmo. Sus movimientos se volvieron más erráticos, más animales. El sonido de la carne chocando contra la carne llenaba la habitación.
Kai sintió que su clímax se acercaba como una ola gigante mientras su pequeño pene que habia sido desatendido estaba atrapado entre nuestros vientres pero a este no apareció importarle mucho. Incluso su interior comenzó a contraerse en espasmos violentos alrededor de mi miembro, una lucha rítmica que me llevó al borde del abismo.
«¡Ethan, voy…! ¡Voy…!» chilló Kai, su cuerpo convulsionando mientras una oleada de placer puro lo sacudía desde sus entrañas hasta su cabeza llegando asu pequeño miembro que exploto manchando nuestros vientres de una sustancia blanca y tan espesa, era obvio que no solia atenderse asi mismo en la calle por proteger asus hermanos.
Ese espasmo fue mi sentencia. Con un gruñido gutural, me hundí hasta la base, pegando mi pelvis a la suya con una fuerza brutal, y liberé todo mi semen dentro de él. Sentí cómo sus paredes internas succionaban mi eyaculación en oleadas rítmicas. Kai se desplomó contra mí, su respiración era un silbido errático y su cuerpo temblaba sin control.
No nos separamos. Me quedé dentro de él, sintiendo cómo mi miembro se ablandaba lentamente mientras su calor me envolvía. Lo rodeé con mis brazos, cubriéndolo por completo, protegiéndolo de la oscuridad del mundo exterior. Kai escondió su cara en mi pecho, sus lágrimas mojando mi piel, mientras se quedaba dormido en el único lugar donde el miedo no podía alcanzarlo.
La mañana se filtró por las persianas del apartamento con una luz pálida y cruel que delataba la realidad de nuestra situación. Me desperté antes que él, sintiendo el peso reconfortante de Kai contra mi pecho. Sus cabellos negros estaban desordenados y su respiración era un murmullo suave y rítmico. Por un momento, el silencio del apartamento era tan perfecto que temí que, si me movía, todo se desmoronara y volviéramos al frío del callejón.
*Me siento un idiota* pensaba mientras lo observaba. *Lo he metido en mi cama, en mi vida, y ni siquiera sé si esto es lo que él necesita o si solo está buscando un refugio temporal.* Pero cuando Kai se movió ligeramente en sueños, buscando instintivamente mi calor y apretando su rostro contra mi pecho, mi corazón dio un vuelco. No era solo sexo; era algo más denso, algo que me estaba asfixiando de una forma que no quería evitar.
De repente, un llanto agudo y débil rompió la paz. No era un llanto de hambre voraz, sino ese quejido ronco y cansado de un bebé que ha pasado una noche difícil.
«Mierda…» susurré, intentando no despertar bruscamente a Kai.
Me levanté con cuidado, sintiendo la rigidez en mis caderas por la posición en la que nos habíamos quedado. Al acercarme a la cama de la habitacion para invitados donde dormían los niños, vi que liam se retorcía entre las sábanas, con sus pequeñas mejillas rojas por el esfuerzo de llorar. Ren estaba despierto también, con sus ojos oscuros fijos en el techo, observando con una madurez impropia de su edad.
«Shhh, ya voy, ya voy…» murmuré, tomándolo en mis brazos. Su cuerpo era tan ligero que sentí un pinchazo de culpa en el estómago. Al levantarlo, vi su pequeño torso expuesto; su piel todavía se sentía un poco fría. Sus diminutos genitales, esos pequeños penes y escrotos que se asomaban entre sus nalgas regordetas pero desnutridas, parecían tan frágiles bajo la luz de la mañana brillando por lo que parece ser orina algo fresca .
Kai se despertó con el ruido. Se incorporó en la cama, frotándose los ojos con la manga de mi camisa. Se veía tan pequeño en esa cama inmensa, con la mirada perdida y vulnerable.
¿Ethan…? su voz era un hilo, cargada de una timidez que me rompió el alma. Se quedó mirándome mientras yo intentaba calmar a liam mientras lo limpiaba con toallas para bebe. Sus ojos bajaron un segundo hacia mi cuerpo desnudo y luego volvieron rápidamente al suelo . *Sé que quiere que lo abrace, sé que quiere que le diga que todo está bien, pero tiene tanto miedo de ser una carga que se encierra en sí mismo* .
«Ven aquí, Kai» le dije con suavidad . «Los bebés tienen hambre. Ayúdame con la leche.»
Él se levantó con torpeza, moviéndose con una timidez casi infantil. Se acercó a la cuna de Ren y estiró sus manos delgadas para acariciar la cabeza del pequeño. «Perdón por dejarlos dormir solos, Ren… perdón» susurró Kai, y su voz tembló. Era ese instinto protector, esa culpa constante por no poder darles más.
«No te disculpes por ser humano, Kai tambien fue en parte mi culpa» le dije mientras preparaba el biberón en la cocina.
Me acerqué a él y, mientras sostenía a liam en un brazo y el biberón en el otro, usé mi mano libre para acariciar su mejilla. Kai se tensó un segundo, pero luego, casi imperceptiblemente, inclinó la cabeza hacia mi palma, buscando el contacto como un animal buscando calor. Fue un gesto tan pequeño, tan lleno de una necesidad de afecto que no sabía cómo pedir con palabras, que sentí que mis defensas caían por completo.
«¿Estás bien?, te duele algo?» le pregunté en un susurro.
«Sí… respondió él, mirando su regazo, no me duele nada. Solo… gracias por lo de anoche. Por no… por no ser cruel.»
*Si supieras que anoche mi mayor lucha era no perder el control y devorarte por completo* pensaba yo. Pero solo le sonreí.
«Come algo tú también. Necesitas recuperar fuerzas. Los tres.»
Kai asintió, sentándose en el sofá mientras yo le daba el biberón a Liam. Observé cómo Ren se acercaba a Kai y cómo el pequeño buscaba la mano de su hermano. Ver esa dinámica, esa lucha por la supervivencia mezclada con una ternura tan pura, me hizo entender que mi vida de estudiante privilegiado se había terminado. Ahora mi mundo se reducía a este apartamento, a estos tres seres vulnerables y al chico tímido que todavía no sabía que yo estaba dispuesto a quemar el mundo por ellos.
Posdata @sexosintabues3 es mi nuevo usuario de tlg y esta historia es una fantasía a diferencia de las anterior que esa esta mas basada en cosas que me pasaron desde mis 12 años hasta ahora con 16


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