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Gays, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Entrenando a mi machito

Samuel tiene treinta y siete años, es un gran compañero, amigo y padre. Tan buen padre, que cuando su pequeño necesita consejos en el sexo, Samuel entrenará a su hijo para ser todo un macho..
Entrenando a mi machito

Samuel extrañaba el sexo. Hace meses que no puede tener un encuentro con otro hombre. Meses que su culote peludo no es rellenado con la leche de un exquisito macho.

Con treinta y siete años, es un hombre robusto, sin ser gordo. Esos típicos gordibuenos, que aparentan no salir del gym, pero sin ropa sale esa pancita bien acomodada.

Es muy atractivo físicamente, con esos ojos oscuros, la piel morena clara y esa barba de candado que lo hacía lucir muy masculino. Aunque en realidad, era toda una putita en la cama. Brincando, gimiendo, clavándose sólito en cualquier verga que le salga. Pero eso no pasa desde hace meses.

Ha estado tomando un curso larguísimo en su trabajo, todo para subir de puesto. Eso le ha quitado sus tardes, llegando a su casa cansado y sin ánimo de nada.

Solo vivía de pajas viendo porno mientras su hijo dormía.

Sí, Samuel era padre de un adolescente de quince años. Cuando tenía veintidós, embarazó a una chica por presión social y esconder que era gay. Pero aquella mujer inestable, los abandonó cuando Anthony, su hijo, solo tenía tres años.

Samuel no lo lamentó, desde entonces, solo esperaba que su hijo se duerma para meter a la casa a hombres que le dieran verga toda la noche. Pero el último fue hace meses.

Terminó el desayuno y se sentó a tomar su café antes de irse a la oficina.

Mario salió de su habitación, en una playera de fútbol y un short holgado. Su verga estaba parada en lo que era, una erección mañanera. La tela de su short deportivo, estaba como una carpa, estirándolo bastante.

— Venimos emocionados, ¿eh? —dijo Samuel—.

Su hijo era una bella combinación de él y la madre. Alto y flaco, pero con el cuerpo bien formado por el fútbol. Cabello rizado, piel morena clara y labios rojos y carnosos. Una cara de adolescente y un cuerpo de un jovencito.

— Ups. —dijo Anthony. Metió su mano dentro de su ropa y acomodó de lado su erección. Eso sí, seguía viéndose algo evidente —.

Samuel y su hijo tenían una relación cercana. Anthony le contaba todo; las niñas que le gustaban, los vatos con los que se peleaba, hablaba con groserías, etc. A veces, ambos se echaban bromas de doble sentido, pero esa era la esencia de su relación.

Además, la sexualidad adolescente le había pegado y como Samuel lo crió con total libertad, sabía que Anthony se masturbaba cada noche.

Lo delató sus sábanas tiesas, el sonido del seguro de su puerta cada noche, incluso cuando se iba a bañarse y descaradamente metía su celular y audífonos. Incluso cuando le preguntó directamente si se masturbaba, Anthony sin pena le dijo que sí. A Samuel solo le causaba gracia y orgullo, que su hijo se sintiera cómodo sin tabúes, que tuviera la relación que Samuel nunca tuvo con su papá.

Su hijo estaba creciendo y a diferencia de él, Anthony sería todo un macho.

— Oye pa, ayer usé la computadora del cuarto y la impresora para una tarea.

— Ta bien, hijo. Espero la hayas apagado.

Desayunaron y su día empezó.

 

Para las seis de la tarde, su hijo se hayaba en su práctica de fútbol. Afortunadamente, Samuel no tuvo cursos esa tarde, pero sí tenía trabajo que realizar.

Se sentó en la computadora y la prendió. El huevón de su hijo, no había cerrado ni una pestaña que usó para su tarea. Samuel cerró las pestañas de investigación, el Word, el WhatsApp de su hijo y cuando iba a cerrar Google fotos, se detuvo.

Con curiosidad empezó a revisar las fotos que su hijo tenía. Por mucha confianza que Anthony mostrara a Samuel, sabía que hay cosas que nunca se le dicen a un padre. Así que, solo echaría una mirada en su colección de fotos.

Estaba lleno de capturas de pantalla sobre conversaciones de fútbol, videojuegos, nada nuevo. Habían selfies suyas, fotos a la pizarra de su escuela, a partidos suyos.

Samuel estaba a punto de cerrar la pestaña, cuando se le ocurrió revisar la papelera.

Nuevamente, nada. Solo más fotos de pizarrón, selfies o fotos borrosas. Siguió bajando hasta que encontró algo.

Anthony posaba en el espejo del baño, únicamente con una toalla, mostrando su abdomen empezando a marcarse. Pero lo más interesante, fue ver la toalla que adornaba de la cintura para abajo. Donde estaba la entrepierna, había una erección acomodada de lado.

Gracias a la escena de la mañana y esta foto, Samuel confirmó que su hijo aún desarrollándose, se cargaba una buena verga.

Algo en su interior empezó a florecer. Una calentura imprevista. Sabía que estaba mal, él era su hijo y él, jamás, jamás había visto a su hijo de otra forma. Sí, lo había visto sin camisa antes, en bóxer e incluso mojado y apestando a sudor, con su uniforme de fútbol pegado a su cuerpo. Como todo una macho. Pero eso jamás le provocó algo.

Tal vez era la cantidad de leche que guardaba por el tiempo sin una verga que se la saque. La calentura que ni la paja más lenta le podía bajar.

Mejor cerró la pestaña y abrió word para seguir trabajando. Estaba en blanco, llevaba minutos viendo la barra de escribir parpadear. Solo pensaba en la foto de su hijo. En la toalla blanca deformada.

Tragó saliva y volvió a abrir Google fotos. Bajó y bajó hasta encontrar nuevamente la foto.

Mientras seguía revisando la papelera, encontró más.

La primera era una foto polla. Anthony estaba sentado en la silla de su escritorio, la cámara solo apuntaba a las piernas gruesas con pelos cortos y una verga en medio. La verga de su hijo era blanca, con la vellos delgados apenas creciendo, venosa y con el prepucio ocultando casi todo el glande rosado de su hijo. Lucía como la verga de un adulto y no como la de una adolescente.

El corazón de Samuel se descontroló y un calor en su interior fue creciendo casi como una fiebre.

Su hijo sostenía su verga con una mano, tapándole el glande. Su erección era larga, pero delgada, dos manos de su hijo podían cubrir aquel trozo. Samuel calculó unos dieciséis centímetros y él era bueno para eso.

La segunda foto era similar, su hijo sosteniendo su verga ahora desde la base. Siguió pasando las fotos buscando más y lo encontró.

Era un video, grabado desde el espejo de su cuarto. Anthony estaba de pie completamente desnudo, mostrando su abdomen y su verga parada. La masturbaba lentamente mientras en el audio del video se escuchaba como su hijo suspiraba. A alguien le había mandado esas imágenes, y algo en su interior le dió un golpe de celos. ¿Qué muchacha era la afortunada de ver semejante obra?

El segundo video era su hijo acostado en la cama, la cámara solo apuntaba a su verga entre las sábanas. Él la masturbaba suavemente desde la base. Gracias al flash, Samuel pudo observar en toda su magnitud esa verga. Era venosa, blanca y rosadita al mismo tiempo. Ver ese glande oculto por el prepucio lo puso más cachondo aún.

Bajó su mirada y vio lo que temía. Todo su pantalón de vestir estaba deformado por su erección. Debido a su culote y sus grandes piernas, el pantalón lo apretaba en su erección que seguía expandiéndose.

En el audio del video, su hijo comenzó a gemir mientras aceleraba sus movimientos. Samuel no lo aguantó, no aguantó escuchar la voz de su hijo en tanto placer. Se levantó decidido y comenzó a desabrochar su pantalón. Con furia se lo bajó y liberó su verga erecta y mojada de tanto precum. No era tan grande, pues su talento era el culo que se cargaba. Le medía unos quince centímetros de carne gruesa, eso sí, peluda como todo su cuerpo.

Comenzó a masturbarse lentamente aún escuchando la música que su tierno hijo sacaba de sus labios perdidos en el placer de su paja. Notó lo perlado de su uretra por el precum que iba formándose.

El resto de fotos eran más fotopollas de otros ángulos. El último video era igual al anterior, es más, tal vez la segunda parte de ese. Su hijo seguía masturbándose hasta que subió la velocidad y comenzó a gemir más alto, corriéndose en su pecho. Fueron como seis chorros espesos, blancos y saludables. Leche de su niño, un niño que sin duda sería todo un macho en poco tiempo. Samuel no pudo más y bufando se corrió en su pecho descubierto, manchando su abdomen peludo, cubriendo de blanco su tatuaje con el nombre de su amado hijo.

Cuando los chorros dejaron de salir, se sintió asqueado.

Acababa de correrse viendo la verga de su hijo. Su hijo que solo tenía quince y apenas iba en secundaria.

 

Se levantó al día siguiente. Anoche no saludó a su hijo, es más, ni siquiera salió de su cuarto diciendo que tenía fiebre.

 

Era sábado, regresó del trabajo temprano. Se puso caliente estando solo y en vez de poner un poco de porno o aprovechar el tiempo libre e ir a un encuentro, decidió buscar en su carpeta segura, las fotos de su hijo que había robado de la papelera. En algún momento de la mañana, había perdido la batalla contra sus pensamientos.

Mientras se masturbaba, su hijo llegó a la casa llamándolo. Subió su short rápidamente con la verga parada y babeada.

— Ganamos, pa. —dijo su hijo sudado y con el uniforme pegado como todos los días. Únicamente, que ahora Samuel lo veía de otra forma—. Nos la pelaron, les metimos cuatro veces la verga jajaja.

Su hijo se estiró. Su playera se alzó mostrando: su abdomen marcado y sudado, su boxer rojo asomándose y su verga marcada, descansando en esos shorts deportivos.

Samuel tuvo que sentarse en el sillón poniendo una almohada en su entrepierna.

— Bueno, pa. Me voy a bañar y quiero hablar contigo.

 

 

— ¡Pa! —gritó su hijo—.

— En el cuarto.

Anthony entró y nomás verlo, Samuel tuvo que controlar el sonrojamiento. Su hijo solo llevaba una toalla en la cintura y claramente, se notaba su amiguito abultado. Era una escena normal, que ya había pasado antes entre ellos, solamente que ahora no podía verlo de otra forma que no fuera con morbo.

— ¿Qué pasó, hijo? —dijo tragando saliva—.

El adolescente se centó en la orilla de la cama y discretamente se acomodó su trozo.

— Mañana voy a salir con una morrita de otro salón, pa. —dijo el adolescente emocionado—. Está bien guapa la condenada, pero aquí entre nós pa. Yo le tengo mucha confianza y por eso le digo, creo que va querer que hagamos… cosas

— ¿cosas? —preguntó Samuel algo celoso y nervioso—.

— Ya sabe, pa. Coger. Me dijo Saúl que esa vata ya tiene experiencia y la verdad apá, es que yo no he hecho nada.

— y, ¿quieres que te ayude?

— Ándele pa, que me dé consejos para que no la cague.

Anthony se levantó de la cama para estirarse y la toalla resbaló de la cintura. Sí traía boxer, uno gris que estaba hiper abultadísimo por la plática sexual.

Gracias a la confianza, Anthony solo se río y recogió su toalla.

— Nomás de pensar en esa cabrona mire como me puse, pa.

Samuel se relamió los labios.

— Pues hijo, con esa herramienta que te cargas, de nada se va quejar la morrita.

Con aún más confianza, Anthony río y se volvió a destapar mostrando la erección que deformaba su verga de lado.

— Bueno, hijo. —se quedó un momento pensativo. La cabeza le zumbaba, la verga le palpitaba por lo que vio. Abrió la boca varias veces y finalmente se atrevió—. La base del conocimiento es la práctica.

Se levantó y sentó a su hijo en la cama.

Anthony expectante lo miró.

— No me diga jefe que me va llevar con las prostis. —dijo riéndose—. Saúl me dijo que así tuvo su primera vez a los trece, su papá lo llevó con las cariñosas.

— No hijo, mejor.

Se agachó frente a él y comenzó a llevar sus manos a la cintura del adolescente. Anthony lo detuvo.

— No mame, pa. —dijo fingiendo una risa—. No me da risa.

— ¿Confías en papá?

Anthony asintió. Por primera vez, vio a su hijo apenado y serio.

Tomó la toalla y deshizo el nudo, se la quitó y la tiro al suelo. La erección de Anthony todavía estaba contenida por el bóxer. Samuel tomó a su hijo de los muslos y acercó su rostro. La piel de su hijo olía a jabón. Anthony se revolvía en la cama.

— ¿Qué vas a hacer, pa? —dijo el adolescente bastante serio—.

Samuel tomó a su hijo y comenzó a besarlo en el cuello. Eran besos lentos, solo posaba sus labios en la piel de su hijo. Anthony se erizó e intentó esquivar el tacto de su papá.

— Cuando estés con la morrita, lo más importante es el juego previo. —tomó a su hijo del rostro y lo miró fijamente—. Así con el juego previo, los dos se ponen bien calientes y comienzan a lubricar naturalmente.

Aunque su hijo se puso tenso, Samuel lo acercó y le sampó un beso. Al principio, Anthony no abrió la boca, pero segundos después, se dejó llevar. La barba de su padre le picaba, pero su lengua se movía expertamente dentro suyo. Ningún beso con alguna morrita, estaba cerca de lo que su padre estaba haciendo con sus lenguas.

Lo soltó y Anthony suspiró.

— Wow. —solo alcanzó a decir. Como si su padre se hubiera llevado sus palabras con su saliva—.

— Intenta besarme así, para que aprendas. —dijo Samuel acomodándose en la cama—.

Anthony tiró la toalla que le estorbaba al suelo e intentó imitar a su papá. Tomó al hombre maduro del cuello y aunque un poco torpe, fusionó sus bocas de una forma tan morbosa. Anthony había aprendido muy rápido. El niño de quince, se movía bien, succionaba la lengua de su padre y al separarse, los unían hilos de saliva rompiéndose con la distancia.

Samuel bajó la vista, viendo el abultado trozo de su hijo, aún contenido en el bóxer gris, la punta donde el glande descansaba, estaba manchada de precum.

Dejó a su hijo sentado en la orilla y él se agachó. Tomó la orilla del bóxer y tiró de él, el pene rebotó y volvió a acostarse en el cuerpo de su hijo. Era aún más bello de frente que en las fotos. Olió, aspirando el olor a juventud y limpieza que desprendía la verga del menor. Eso sí, hubiera preferido que estuviera sucio y sudado como cuando llegó de su entrenamiento.

Efectivamente, el glande estaba lleno de precum en la punta. Tomó con su gran dedo una gota y al levantarlo, el líquido transparente se estiró, mostrando lo mojado que su hijo estaba.

— Ya estás bien mojado, por eso es el juego propio.

Samuel se llevó el dedo manchado a su boca, saboreando el insaboro líquido. Su hijo no daba crédito a lo que veía, al padre masculino que veía cada mañana. Su padre grande, fuerte y varonil, estaba agachado llevándose las gotas de precum que recogía de su nene de quince años.

Anthony no sabía que decir. Ni en los fajes más salvajes con morritas atrás de la secundaria, se había quedado tan cohibido.

Su padre, tomó su tronco dándole una descarga de placer que se extendió como bomba por su cuerpo. Vió fijamente a los ojos de su hijo, tanto que Anthony le desvío la mirada.

Sin esperar más, Samuel se llevó la verga de su hijo hasta la mitad, cuando cerró la boca, Anthony se estremeció. Chupó desde la mitad, hasta limpiar la entrada de su uretra de tanto lubricante natural. Anthony se aferró a la cama, con la mirada perdida en la boca de su papá.

De sus labios rodeados de barba cundida, Samuel sacó su lengua, moviéndola rápidamente por el glande. Su pequeño tragó saliva.

Después, se hundió los dieciséis centímetros de su hijo por completo.

— ¡OHHH! —gritó Anthony, removiéndose en la cama—.

— Si eres afortunado, así te va dar una mamada la morrita. —siguió lamiando el glande de Anthony—. ¿Ya te la han mamado, hijo?

— Una vez, pero ni de cerca así.

Samuel sonrió y regresó a darle una garganta profunda a su pequeño adolescente. Anthony se deshizo, se tiró de espaldas a la cama gimiendo.

Samuel se levantó, con su short hecho carpa por su peluda erección. Se quitó todo y se acostó en la cama.

— ¿Cómo sabes hacer eso, pa? ¿ya te habías cogidos hombres? —preguntó su hijo estirando su verga—.

— Si te contara, hijo.

Samuel abrazó a su hijo y comenzó a lamerle el cuello, haciendo que Anthony gima y masturbe su verga adolescente.

— Siento que me voy a correr, pa.

— Aguántalo, hijo. Nos queda mucho aún.

Volteando su enorme cuerpo peludo, Samuel se puso en cuatro, curveando su culito. Tenía un pedazo de culo, peludo, pero cortos y tan atractivos en su piel clara.

— Me vas a comer el culo, hijo. Cuando sepas chupar ano delicioso, una vagina fácil será.

Tomó de la nuca a Anthony y lo restregó en su ano peludo. El adolescente lamía como si fuera un plato, no tan experto, pero cumplía. Solito, tomó las dos grandes nalgas velludas de su papá y las abrió. Metió su rostro y comenzó a lamer únicamente la entrada.

Samuel estaba en las nubes.

— ¡SIII, ASÍ! CÓMELE EL CULITO A PAPI.

Anthony seguía mamando ano desesperado, haciendo sentir a Samuel babosa su entrada de tanta saliva.

El adolescente no se aguantó, dejó de mamar y punteó a su padre.

Lo tomó de la cintura y fácilmente, sus dieciséis centímetros se hundieron en el culo de su padre.

— ¡AAAAHH! —gritaron los dos al mismo tiempo—.

Anthony no se movió, ahí clavado, se dejó caer en la espalda de su papá.

— No puedo, pa. Si me muevo me voy a correr, neta.

— Aguantate hijo, tu orgasmo va salir más rico.

Escuchó a su niño suspirar. Se levantó y lentamente fue embistiendo a su papá. Siseaba, echaba su cabeza para atrás y cerraba sus ojos.

— ¡Se siente riquísimo, papá!

— ¿Sí, hijo? ¿Te gusta el culito de papi?

— Ujumm —decía Anthony moviéndose lentamente—.

Claro, Samuel se había comido vergas más grandes. Pero el morbo, el cariño y la juventud de su niño, lo tenían babeando de la cabeza. De ambas, cabezas.

Samuel se salió de la verga de su hijo, se giraron y lo recostó en la cama. Se subió y acomodó la erección justo en su entrada. Bella erección, con la cabeza aún tapada por ese prepucio.

Bajó y vio el rostro de su hijo, los ojos perdidos y la boca abierta en O. Empezó a subir y bajar, sonando como aplausos, todo el cuarto olía a sexo.

Anthony empezó a bufar.

— Ya no puedo aguantar más, papá. Ya me voy a correr.

Samuel salió de su hijo y se agachó masturbándolo con su boca pegada al glande. Ni cinco segundos y su hijo tuvo una explosión blanca. Varios chorros brincaron por todo el lugar, manchando las sábanas, su abdomen adolescente y llenando la boca de su papi, que recibía el contenido feliz.

Como lombriz, Anthony se estremecía en la cama, con los ojos en blanco.

Samuel comenzó a lamer desde el glande ahora blanco de su hijo, pasando por su base, su abdomen sudado hasta llegar a su boca, donde se fusionaron en un beso blanco.

Se recostó en sus brazos y derrotados, durmieron esa tarde juntos, desnudos en el lugar donde había entrenado a su hijo a ser un macho.

17 Lecturas/25 abril, 2026/0 Comentarios/por El autor
Etiquetas: amiguito, baño, gay, hijo, madre, maduro, padre, sexo
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