• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Relatos Eróticos
    • Publicar un relato erótico
    • Últimos relatos
    • Categorías de relatos eróticos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Publicar Relato
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (20 votos)
Cargando...
Fantasías / Parodias, Gays, Orgias

Escuela para aprender a follar VIII

El bombeo de sus caderas nunca se detuvo. Jamás lo hacia. Mi maestro tenía el aguante de un toro y la energia de un caballo. Una vez me tomaba entre sus brazos y hundía su polla gorda en mi ano, nada lo detendría, ni siquiera el cansancio..

Estaba pegado contra la pared del cuarto de mi maestro de educación física, mi cara contra el papel tapiz y el resto de mi cuerpo siendo sostenido por los brazos fornidos de mi hombre.

Los jadeos de un adulto musculoso eran audibles mientras el golpe de piel se escuchaba seco y crudo.

No habia cariño ni suavidad en los golpes, solo embestidas dignas de un animal en celo, de un semental de niños.

El maestro Terry me miraba con satisfacción observando mi culo rojo abierto para él.

Su polla larga, gorda y musculosa perforaba con ímpetu mi ano, estirando la carne, amasando los pliegues y succionando mi agujero con la pericia de una bestia.

El sudor bañaba el cuerpo musculoso y febril de mi maestro. El liquido corporal caía en leves cascadas de sudor que manchaban el suelo con charcos.

Un apestoso olor a axilas penetraba por mi nariz, mi paladar saboreaba el intoxicando aroma de hombre sucio proveniente del hombre que me montaba.

Era la tercera vez que recibía su poderío. La primera en su cama, la segunda en la mesa de la cocina y la tercera contra la pared.

El bombeo de sus caderas nunca se detuvo. Jamás lo hacia. Mi maestro tenía el aguante de un toro y la energia de un caballo.

Una vez me tomaba entre sus brazos y hundía su polla gorda en mi ano, nada lo detendría, ni siquiera el cansancio.

Sus párpados estaban entrecerrados, su ceño arrugado en concentración.

Sus labios semiabiertos dejando salir sus exhalaciones ante el esfuerzo fisico que estaba haciendo.

Mi ano estaba abierto y humedo para él. El semen de sus dos anteriores descargas ya se habia secado, dejando un camino blanco que se mezclaba con el lubricante del pene del adulto.

La bolsa de testiculos del mayor se hundía con fuerza en mi ano, apretando dolorosamente mi agujero y sintiendo como el semen acumulado se hinchaba para mí.

A pesar de haberme llenado con su leche de hombre dos veces, el maestro Terry todavía conservaba semen para una tercera ronda.

—Más, me gusta mucho, maestro.

Sus jadeos roncos me hicieron delirar y mi maestro dejó de aprisionarme contra el muro.

Me puso en el suelo de losa de su cuarto, sintiendo el frio en mi piel.

Un estremecimiento recorrió mi espalda mientras sentía la boca del adulto chupar y morder la piel de mi hombro.

Las marcas de sus dientes eran visibles en varios lugares y moretones de dedos estaban presentes tanto en mis nalgas como caderas.

Más moretones se impregnaron en mi cuerpo gracias a los labios de mi maestro y le escuché gemir de gusto.

—Mierda. No aguanto más.

La polla que taladraba mi culo salía y entraba con fuerza, martillaba mi ano con dureza, como un albañil experimentado reparando una fisura, solo que mi maestro en vez de reparar estaba destruyendo mi agujero de niño.

Sus testículos golpeaban mis nalgas rojas y su pene perforaba mi culo en crudas embestidas.

El sonido de pieles fue ensordecedor.

De pronto lo sentí.

La embestida final. Con la polla de mi maestro hundida, su cuerpo se dejó caer sin aplastarme sobre mi cuerpo. El calor del hombre y el frío del piso me causó varios escalofríos.

—¡Joder! ¡Mierda! ¡No aguanto!

Los gemidos de mi maestro eran sonoros y seguidos.

Parecía totalmente extasiado. En mi ano, sentí los chorros calientes de semen.

Eran menos que antes, pero con la misma potencia que los demás.

—¡Maestro Terry

—¡Pequeño!

Ambos jadeamos y nos miramos.

Las pupilas oscuras de mi maestro recuperaron la lucidez y una sonrisa mordaz adornó sus labios.

—Mirate, tan sumiso y lleno de mí.

Gemí el nombre de mi maestro, él me abrazo con sus brazos y me levantó del suelo.

Me cargó entre sus brazos sintiéndome debil.

Por el caminar firme y pesado de mi maestro, sabía que estaba cansado, pero todavía conservaba fuerzas para mantenerse despierto.

Me acostó en su cama manchada de semen seco y orines.

El olor a axila se combinó con el de los miados de un hombre adulto.

Gemí sintiendo los labios de mi maestro morder la piel de mi mentón.

Sus belfos dejaron otra marca y me acurrucó en sus brazos.

—Estoy orgulloso de ti, pequeño.

Sonreí sin decir nada.

Había ganado la primera medalla para participar en el gran ordeñamiento.

Feliz, apenas salí de clases, corrí a contarle a mi tutor de educación fisica.

Lo único que hizo fue mirarme con su semblante tenso y luego me llevó a su cuarto, donde tuvimos sexo por lo que pareció cuatro horas.

Los profesores de educación fisica tenían un gran aguante y me sorprendia gratamente descubrirlo en cada oportunidad.

Soñé con el hombre en mi cuerpo y me quedé dormido.

Al despertar, lo primero que ví fue el pene gordo y musculoso de un hombre contra mi cara.

Mi maestro estaba de cuclillas cerca de mi cara. Desde abajo, podía ver su pubis lleno de pelos, sus testículos gordos, el abdomen marcado con músculos apetitosos, las canaletas de leche, sus pectorales inflados con dos pezones erectos y el rostro excitado de Terry.

Abrí la boca y chupé la punta del pene.

Mi maestro sonrió restregando su pene en mí. Lo dejé estar sintiendo el sabor de su carne viril en mis labios.

El glande del hombre acarició mis mejillas, el grosor tocó mi nariz y su bolsa de huevos maduros se presionaron contra mis párpados.

Cerré los parpados sintiendo el apestoso olor púbico del pene de mi maestro. El sudor de su bolsa de testículos chorreó por mi rostro hasta llegar a mis labios.

Saqué mi lengua saboreando y gimiendo.

El maestro Terry se acomodó bien en la cama, sus piernas flexionadas hacia adelante, sus brazos sosteniendose del barandal de la cama. Su pelvis hundida en mi cara, haciendo que toda su hombria masculina se apegara a mi rostro.

Haciendo movimientos de vaivén lento, los testículos y el pene de mi maestro se restregaron en mi cara.

Maravillado, sentí las cosquillas del vello pubico y el apestoso olor embriagar mi nariz.

Gemí gustoso de tener los genitales de mi maestro en mi cara.

El adulto se limitó a restregar su hombria por varios minutos hasta que le escuché gruñir.

Viendo que se levantaba para irse, miré confundido a mi mentor.

Su espalda grande y musculosa era atractiva a la vista, sus piernas fuertes me tentaban a morderlas. Sus gluteos eran dos monticulos redondos de carne blanca. Todo en mi hombre era grande y fornido. Era lo que me gustaba de él.

Me sorprendió ver arañazos en la piel curtida del hombre y miré mis dedos.

Tenía pequeños pedazos de piel.

—Maestro Terry —dije con la voz seca y perezosa.

El adulto se puso el suspensorio que estaba en el suelo, la liga de la ropa interior ajustando las nalgas masculinas de mi mentor.

Terry me miró con sus ojos de depredador.

—Es hora de ir a clases. Vete a tu cuarto a arreglarte.

Con esas palabras roncas, el hombre se fué al baño a ducharse.

Me levanté de la cama y escuché la regadera sonar.

Miré la hora en la pared del cuarto y luego la puerta abierta del baño.

—Tengo tiempo.

Con mi sonrisa traviesa corri al baño, cerrando la puerta.

Una hora después llegué a mi cuarto y fui a ducharme.

Mirando las marcas violaceas en mi cuerpo y los dientes tatuados en mi piel, no pude evitar suspirar.

—Si mi maestro pudiera, no dudaría que me comería vivo —dije en tono de burla.

Escuché la puerta del cuarto abrirse y voces del otro lado.

Terminé de ducharme y salí secándome el cuerpo desnudo.

Mi compañero de cuarto estaba bocabajo en la cama, un maestro le estaba chupando el culo mientras me miraba con una sonrisa traviesa.

Saludé al maestro y este hizo un gemido en respuesta.

Me puse la ropa mirando el sexo entre maestro y alumno frente a mí.

Terminé de alistarme y sali rumbo a clases escuchando los jadeos de un niño y un hombre.

El golpe de pieles y el rechinar de la cama se ahogó cuando cerré la puerta.

Llegué a clases de biología con retraso y me disculpé con el maestro.

Tomé asiento mirando los apuntes en la pizarra.

«Zonas sensibles del cuerpo»

—Como sabrán, el sexo no es solo el acto de penetración, sino que incluye otros matices. Los olores, sabores, imagenes, el calor corporal y sobre todo, las caricias.

El maestro se acercó a uno de los estudiantes y tocó el lobulo de su oreja.

El niño se sonrojó ante el tacto del hombre y vimos como el adulto sonreía con sorna.

—Todos tenemos lugares distintos donde nos gusta que nos toquen, niños y hombres por igual, estimular esas zonas hace que nuestro cerebro se sobrecompense.

Los dedos tocaron el cuello del niño, haciendo un suave masaje.

El menor gimió con el semblante confundido.

El adulto presionó la zona y luego bajó hasta el dobles de la camisa del menor.

Levantó la camisa exponiendo la piel tersa y los pezones rosados del niño.

Con ambas manos, el maestro pellizcó las tetillas, estirandolas y sobandolas.

Los gemidos del niño se hicieron más sonoros, sus párpados se cerraron y parecía perdido en el placer.

—Como pueden observar. La estimulación es muy efectiva y ayuda mucho durante la penetración, en especial cuando el sexo es rudo.

La voz del adulto se había tornado grave, sin dejar de acariciar al niño con una de sus manos, le bajó el pantalon con facilidad con la otra mano, exponiendo su trasero repingon.

Con maestria, el profesor sacó su pene y lo metió en el culo del niño.

El menor gimió sin oponer resistencia.

Su cara estaba roja y su voz eran jadeos mezclados con lloriqueos.

Sentí un escalofrio al ver a alguien de mi edad en ese estado.

«Me recuerda a como se veía mi maestro Terry ayer», pensé.

El maestro inició unas penetraciones rápidas y duras, sin contemplaciones.

El sonido de pieles era música para el resto de estudiantes que veían a uno de los nuestros ser follado por su maestro.

La carne viril adulta entraba y salía sin esfuerzo, era un pene hinchado de tez morena, las venas se marcaban suavemente y los pliegues del prepucio sobresalían del exterior del glande, como una capa extra.

El maestro jadeó con su voz grave continuando con la clase.

—Gracias a mis caricias, su compañero no siente dolor a pesar de estar rompiéndole el culo con dureza. Escuchenlo gemir. Esto también es parte del sexo. Algo que aprenderán de mí.

Los ojos negros del maestro se fijaron en cada uno de nosotros mientras embestía a nuestro compañero.

El sonido de las patas de la mesa golpeando el suelo y los gemidos del niño nos hicieron estremecer.

El maestro nos estaba diciendo que haría lo mismo con nosotros.

Tragué saliva esperando mi momento.

Durante dos horas, la clase se llenó de los gemidos enloquecidos de niños y los jadeos graves de un hombre.

Semen y sangre manchaba el suelo, las mesas y sillas del aula.

Niños cansados, dormidos o jadeantes descansaban en el suelo, sus culos abiertos de par en par.

Gemí sintiendo la cadencia de mi maestro.

Sus manos acariciaron todo mi cuerpo buscando mi zona de placer.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no pudo encontrarla.

Mirando mi cuerpo lleno de mordidas y moretones, el maestro entendió algo.

—Eres de ese tipo de niños.

No entendí a que se refería y no me importó.

Como era el último y mi maestro no encontró mi zona de placer, pasó mas tiempo follandome.

Lo hizo contra mi mesa de trabajo, me puso en cuatro contra la silla, montado en sus piernas de pie enfrente la pared e incluso en el suelo con mis piernas en sus hombros y su cuerpo inclinado hacia mí.

El hombre estaba cansado, no paraba de gemir y se veía derrotado.

Su apariencia era distinta a la de mi maestro Terry y eso me hizo sonreir.

«Nadie puede superar a mi hombre», pensé.

Mi maestro se rindió y terminó de llenarme con su semen.

La clase culminó y todos nos levantamos para ponernos nuestro uniforme.

Cansado, el maestro tomó sus cosas y se fue del aula, no sin antes darme un vistazo con la expresión seria.

Sin entender su mirada fui camino a mi siguiente clase, la de educación física.

Cuando llegué con mis compañeros, notamos que habia un autobus estacionado afuera de las instalaciones de educación fisica.

Entramos al edificio observando a policias haciendo guardia.

Curiosos, mis compañeros de clase y yo vimos a un grupo de 30 hombres vestidos de prisionero estar en fila detrás de los maestros de educación física.

Mi maestro Terry no estaba y parecía que solo los otros dos maestros darían la clase.

—Buenos días, estudiantes. El día de hoy tenemos una clase especial. Como sabrán, el Gran Ordeñamiento es en menos de una semana y estamos premiando a los mejores estudiantes con insignias para participar —dijo el maestro Gabriel.

El maestro Louis señaló a los prisioneros detrás suyo.

—Estos hombres fueron traídos de la prisión de máxima seguridad de depredadores sexuales. Son adultos que pasaron decadas perfeccionando su maestria en el sexo con menores y nos ayudaran en la prueba de hoy.

Tragué saliva mirando a los prisioneros. Cada uno tenía un rostro intimidante y obsceno. Sus ojos nos miraban como si fueramos presas y se relamian los labios sin despegar la vista de nuestros cuerpos.

Traté de ver si habia alguno que no pareciera una bestia y me sorprendió notar que casi todos eran fornidos. Mantenían sus cuerpos musculosos y en forma, dando la imagen de soldados bien dotados.

Solo que en vez de transmitir seguridad daban miedo.

—La prueba es la siguiente. Cada hombre aquí dejara que ustedes los toquen. Ellos no se moverán ni harán nada durante 30 minutos. Ustedes tienen que hacer que estos hombres eyaculen.

Mis compañeros y yo nos vimos confiados. No parecia dificil.

El maestro Gabriel y el maestro Louis se miraron complices.

—Pueden intentar lo que quieran. Beso negro, sexo oral, sexo anal, besos en la boca, lo que sea. Estos hombres serán suyos por 30 minutos.

Mis compañeros celebraron pensando en lo divertido que sería la clase, pero la mirada de aquellos prisioneros me daba mala espina.

Sus ojos parecian burlarse de nuestro entusiasmo.

—Sin embargo…

La voz del maestro Gabriel nos hizo mirarle.

Su semblante era terrorífico. Sus párpados entrecerrados y su sonrisa burlesca nos hizo sentir miedo.

Nos miraba con desdeño, con desprecio.

—… Si fallan en hacerlos eyacular en los proximos 30 minutos, recibirán un castigo de ellos. Pueden imaginar lo que hombres como ellos les harán si fallan.

Sus palabras hicieron eco en la sala y un silencio Inundó la estancia.

Miramos con miedo a los prisioneros recordando quienes eran.

Depredadores sexuales de niños.

—Muy bien. Tienen 2 minutos para elegir a su prisionero. Una vez terminado el tiempo iniciaremos con la prueba —dijo el profesor Louis.

Todos despertamos de nuestra consternación y miramos en direccion de los adultos vestidos de naranja.

Con miedo, varios estudiantes caminaron entre el grupo de hombres, buscando a alguien que no se viera indimidante.

Hice lo mismo pasando por la figura de varios hombres fornidos, sus rostros toscos con aquellas miradas lasivas eran perturbadoras.

Tragué saliva buscando a quien elegir.

Varios niños ya habian señalado a su hombre y no pude evitar sentir envidia.

Algunos encontraron a unos pocos adultos que no parecían tener buena forma fisica, eran delgados.

«Suertudos. Incluso si pierden, no sufrirán tanto», pensé molesto.

Llegué hasta el final del grupo de hombres y me quedé observando a uno de ellos.

La mirada gris del adulto se fijo en mí. Sus ojos desprendían un calor abrasador que perturbó mi concentración.

El hombre era alto y largirucho, su cuerpo fornido estaba bien distribuido en el largo de sus extremidades dandole una apariencia uniforme.

Llevaba el cabello peinado hacia atrás, tatuajes negros adornaban su rostro perdiéndose en su cuello.

Sus manos gruesas también tenían tatuajes y no parecía que esos fueran los únicos lugares.

El cuerpo musculoso del adulto y su altura era intimidante, sus tatuajes y mirada devoradora me hicieron estremecer.

Sin embargo, el iris de sus ojos grises me cautivaba, hipnotizado estiré la mano en su dirección.

—Así que eliges a este. Curiosa elección.

La voz del profesor Gabriel me hizo sobresaltar.

Mi cuerpo se estremeció al darme cuenta de mi error.

Intente hablar pero el tiempo se habia acabado.

—Muy bien. Niños, den un paso atrás. Los prisioneros van a desnudarse.

Hice caso mirando al hombre que elegí. Su sonrisa sardonica sin despegarme la mirada era escalofriante.

Todos los prisioneros se quitaron su traje naranja con facilidad. Solo bajaron el cierre que tenían. Debajo de la ropa, estaban totalmente desnudos de pies a la cabeza.

En ese momento me di cuenta que habian estado descalzos todo ese tiempo.

Muchos de nosotros soltamos jadeos de asombro al contemplar el fisico de esos hombres.

Sus figuras eran estéticas y masculinas. Algunos se veían salvajes y otros tenían un aire sofisticado. Pero ninguno se escapaba de la misma verdad.

Tenían penes enormes. Sus erecciones eran monstruosas y daba miedo saber que podían hacer con ellos.

—La prueba inicia ahora. Empiecen.

Con esas palabras, todos nos movimos rápidamente.

Algunos temerosos, tocaron la piel de sus hombres pensando que los agarrarian para profanarlos, pero al ver que no habia respuesta, muchos se relajaron.

Rápidamente se escucharon gorgoteos y el sonido de la piel humeda.

Mis compañeros no perdieron el tiempo apenas se sintieron seguros y mostraron sus habilidades.

Todos parecian expertos en lo que hacían.

Habian niños tragándose la polla entera de sus hombres hasta tocar con sus narices los testículos de los adultos.

Otros se habian penetrado el culo con aquellos mastiles de carne, iniciando un vaivén de embestidas fuertes y rapidas.

El sonido de pieles chocando y los gemidos de niños era lo único que se escuchaba.

Contrario a lo que esperaba, ningún prisionero mostro cambios en su rostro. Se dejaron usar por nosotros mirándonos con sus ojos de depredador.

Se veían felices de que jugaramos con sus cuerpos y la burla en sus labios era un indicio de que creían que perderíamos.

Miré a mi hombre y él me devolvió la mirada.

Suspirando, admiré el cuerpo del adulto que iba a complacer.

Desnudo, su figura largirucha y músculosa era más imponente que antes. Los tatuajes manchaban su piel por todos lados. No habia ningun lugar que no estuviera marcado con tinta negra.

Todo en ese hombre parecia una obra de arte callejera.

Desde los pectorales duros con tatuajes de cruz en el centro de ambos pechos. Los pezones erectos con circulos negros formando aureolas a su alrededor.

Los pares de abdominales con figuras de animales y flores con espinas.

Sus brazos tenían tatuajes de caracteres asiaticos y sus piernas tenían figuras de mujeres desnudas.

Toqué la piel cubierta de tinta con mis dedos y la sentí seca.

Admiré el contorno del hombre observando los tatuajes de su retaguardia.

Su espalda tenía la figura de dos leones y un dragon en toda la zona.

Sus gluteos tenían palabras en ingles y otras en chino.

Observando sus tatuajes en conjunto aquel hombre parecía estar vestido con ropas negras, o al menos, esa era la ilusión que me daban sus tatuajes juntos.

Dejé de estar distraído cuando escuché las quejas de mis compañeros.

Muchos ya se habian cansado de chupar y coger los penes enormes de los prisioneros.

Se esforzaron en usar sus bocas y culos para hacerlos eyacular, pero nada funcionó.

Los hombres se burlaron de ellos con palabras obscenas.

—Pequeña zorrita, te mueves del asco. Espera a que termine el tiempo y te enseñare como debe moverse una puta para complacer a un hombre de verdad.

—¿Ya te cansaste? Mi hija de diez años la chupa mejor que tú y eso que solo lo hizo una vez.

—Mirate, pareces a punto de desfallecer por solo un poco de sexo ¿Sabes cómo me llaman, niño? El desgarrador de anos. Así que prepárate.

—No vales ni para violarte, mocoso. Estoy aquí por romperle la vagina a mis sobrinas durante diez horas. Tu esfuerzo no me sirve ni para calentarme la polla.

Cada palabra de los prisioneros era más escandalosa y horrible de escuchar, desde violaciones con mutilaciones, sexo forzado durante años con infantes, violencia durante el sexo e incluso violaciones grupales.

El rostro de varios de mis compañeros se tornó palido mientras el tiempo avanzaba.

Si no lograban pasar la prueba, esos hombres arremeterian contra ellos.

Yo llevaba varios minutos sin tocar a mi prisionero, me habia limitado a observarle y analizar su cuerpo.

Desde la punta de sus pies hasta la cabeza, pasando por sus largas y fornidas piernas, sus testículos y el pene erecto de grandes dimensiones que goteaba presemen.

Tomé los brazos del adulto y los moví hacia arriba lo mejor que pude.

El hombre me ayudó dejándome ver sus axilas y el costado de su cuerpo.

Había pelo recortado en sus sobacos, pero no apestaban. Olían bien. Como a menta.

Una vez terminé de inspeccionar al adulto me puse a tocar su cuerpo con mis manos de niño.

«Debo recordar las palabras de mi maestro de biologia. Primero hay que estimular el cuerpo antes de iniciar con las penetraciones», pensé.

Mis dedos amasaron y apretaron desde los pies hasta los gluteos del adulto.

Jugué con sus testículos entre mis dedos dando caricias.

El hombre no se inmutó a mi toque divirtiéndose por mi nerviosismo.

Probé a tocar su pene y me sobresalté al ver que esa enorme polla palpitaba.

El adulto soltó una risa ronca por mi reacción.

—¿Tienes miedo?

Su voz grave me hizo mirarle. Sus ojos grises parecian devorar mi reflejo en su iris. Su sonrisa mordaz era inquietante.

—No tengo miedo —dije con la voz tremula.

Volví a poner mis manos en el enorme pene y pegué un salto de nuevo cuando aquella polla pálpito en mis dedos.

Era muy grande, se veía monstruosa, las venas se marcaban por la piel como telarañas, pero eran tan grandes y gordas que el relieve de la piel era irregular, como gusanos retorciéndose.

El glande hinchado de color rojo parecía un hongo. Su forma curveada y apuntando en mi dirección con aquel liquido presiminal me hacia sentir intimidado, como si estuviera enfrente de un arma peligrosa.

Mirando al hombre y sabiendo lo que era, mi suposición no era infundada.

Ese pene si era un arma peligrosa. Era el arma de un depredador sexual.

—Dices que no tienes miedo, pero no puedes tocar mi polla sin estremecerte.

Fruncí el ceño e intente hacerlo, pero solo bastaba que mis dedos rosaran la piel para que diera un paso atrás.

El hombre se echó a reír con su voz grave.

Algunos niños y adultos me miraron.

—Deja de reírte, no es gracioso —me quejé con miedo.

El adulto me miró con su iris gris resplandeciente.

—Es normal que no puedas tocarlo, niño. Esta polla ha dejado desangrando a muchos pequeños como tú. Tantos que contarlos me llevaría todo el día.

Su tono de voz grave me hizo querer llorar. Sus ojos no mentían, el deleite en cada palabra dicha era palpable.

—Niños murieron desangrandose gracias a este pene. Hijos de amigos, mis hijas, sobrinos, pequeños de vecinos, bebes. Nadie escapó del poderío de mi miembro viril. Ninguno sobrevivió a ser desgarrados por mí polla.

Mi cuerpo no dejaba de temblar ante sus palabras y el tiempo seguía avanzando. Si no lograba calmarme, perdería, y yo sería el siguiente en su lista de niños desangrados.

Recordé a mi maestro Terry y me llené de valor.

No quería que este hombre dañara mi culo y no me dejara volver a disfrutar del sexo con mi maestro.

Sin dejar de temblar, toqué el cuerpo del adulto evitando su pene.

Sabía que no podria hacer nada con él, no tenía el valor suficiente.

—¿No te rindes? Muy bien. Continúa. Muy pronto el tiempo terminará y tu serás el siguiente culo que disfrutara de la atención de mi polla.

El tono áspero del adulto seguía siendo escalofriante, pero me concentré en estimular su cuerpo.

Toqué los lugares que sabia eran zonas de placer conforme a las enseñanzas de mi maestro de biologia.

Besé y chupé la piel llena de tatuajes desde la ingle, las axilas, los pezones, incluso las muñecas del adulto.

Apoyándome en sus brazos, subí por el cuerpo del adulto sintiendo su calor corporal.

El hombre se burló de mi viendo mis intentos por excitarlo.

—Incluso si logras estimularme, todavía tienes que recibir mi polla ¿Crees lograrlo en tan poco tiempo?

Su voz seguía asustandome.

El resto de mis compañeros seguían intentando complacer a sus hombres a como podían.

Algunos chupaban los culos peludos de los adultos, otros trabajaban en equipo haciendo mamadas dobles o haciendo que sus prisioneros tuvieran sexo entre si para estimularlos.

Ninguno con exito.

—Quedan diez minutos.

La voz del maestro Louis fue como un balde de agua fria.

Hice lo que pude para estimular el cuello y oreja del hombre tatuado.

Besé con mis labios la piel llena de tinta, mordiendo como lo hacia mi maestro Terry y dejando chupetones.

Escuché un suave jadeo del hombre.

—Veo que te gusta jugar brusco. Me agradas. Prometo hacerte lo mismo cuando termine el tiempo. Haré que recuerdes mis dientes en tu carne mientras te desangras para mí.

Un estremecimiento pasó por mi cuerpo, bajé del físico del hombre y miré su rostro.

Su semblante estoico era incomodo. Sus ojos se burlaban de mi y su sonrisa era insufrible.

Desde mi altura, él se veía grande, con sus genitales encima de mi cara, sus abdominales formando un camino hasta sus pectorales hinchados con dos pezones rojos de tanto mordiscos que les di.

Mi expresión cambió al sentir que esa vista ya la habia contemplado antes.

Recordando, una imagen del sexo con el maestro Terry vino a mi mente.

La posición era la misma que cuando él me restregaba sus genitales en mi cara.

Una idea pasó por mi cabeza.

—¿Te gusta desgarrar anos con tu pene?—pregunté.

El adulto asintió con sorna.

—Claro que me gusta. No solo anos, tambien vaginas. Es delicioso ver agujeros infantiles romperse fácilmente por mi polla.

La mirada de extasis del adulto me hizo sentir enfermo, pero ya habia obtenido la respuesta que buscaba.

Acerqué mi rostro a los genitales del adulto y cerré los párpados.

Armandome de valor, toqué aquella polla monstruosa, el miedo instintivo inundó mi piel gritandome que me alejara, pero respiré hondo imaginando que estaba con mi maestro Terry.

Tranquilizando a mi cuerpo, restregué mi rostro por toda la zona. Dejé que la bolsa de testículos sudada me bañara la cara. Su polla salpicó su presemen en mi rostro, dejando pegajoso mis párpados.

El olor erótico del pubis del hombre y el calor que desprendía golpeada mi cara en cada roce.

Mi cara se puso roja por la suave fricción del vello pubico adulto.

Escuché jadeos roncos y abrí los párpados.

El prisionero de tatuajes estaba mirándome con las pupilas dilatadas, sus labios entreabiertos y soltando presemen en abundancia desde la punta de su enorme polla.

Sus músculos tensos y su respiración me hicieron sonreir.

El maestro de biología dijo que las estimulaciones físicas eran efectivas antes del sexo, pero también existen otro tipo de estimulaciones aparte del contacto físico.

Como por ejemplo, la estimulación visual.

Mi rostro de niño restregandose en los genitales de un hombre adulto debía ser una imagen muy erótica.

Si a mi maestro le habia gustado, entonces era imposible que no le pudiera gustar a un depredador sexual.

En especial, a uno que se jacta de ver con disfrute como rompe agujeros infantiles con su polla.

El adulto estaba a mi merced y poco a poco su iris gris se iba tornando oscuro.

Restregué mi rostro usando mis manos para agarrar sus genitales y apegarlos más a mi cara.

Los testículos estaban en mis labios y su enorme polla acariciando mi mejilla izquierda.

Mi nariz tenía el tronco de la polla cruzando por mis dos orificios, aspirando el olor crudo y sintiendo el palpitar de las venas.

Miré con lastima la cara del adulto y gemí en voz baja.

—Señor, me gusta su polla y testículos.

El hombre jadeo sintiéndose perdido por mis palabras, al ver mi cara restregarse en sus genitales, soltó un gemido ronco.

—¿Te gusta? —preguntó en tono grave el prisionero.

Aguanté las ganas de reir y me limité a pasar su pene erecto por todo mi rostro. Besé con mis labios la carne venuda. Sostuve con mis manos el peso de aquel pene monstruoso y dejé colgando su bolsa de testículos.

El glande estaba cerca de mis belfos y abrí la boca para soplar aire caliente en la punta.

—Quiero su polla en mi, señor ¿Podria metermela y desgarrarme?

Mi voz era suave y solté un gemido de necesidad.

La polla pálpito en mi cara y el semblante del hombre se oscureció.

Al verlo perdido en una bruma de deseo, supe que era mi momento.

Metí el glande en mi boca y empecé a chupar. Con mis manos estiré y agarré la piel del tronco del pene, masturbandolo.

Los gemidos roncos del adulto eran sonoros, los únicos que se escuchaban entre todos los hombres que habían.

Lamí la carne madura del hombre observando como su mandíbula se apretaba y sus ojos se perdían en el deseo.

Las venas de su pene se retorcieron y el glande en mi boca se ensanchó.

Sonreí recibiendo la descarga de semen en mi boca.

—¡Maldito hijo de puta!

El grito de placer del prisionero reverberó por toda la estancia.

Varios se asustaron mirando en mi dirección.

Mi cara estaba manchada de tiras de semen mientras la polla del adulto seguía disparando sus descargas de leche.

Probé el sabor del semen del hombre sintiéndolo amargo.

Con la cara llena de leche y una sonrisa triunfante, miré al prisionero a los ojos.

La bruma de placer se había ido y me miraba con un toque de ira y deseo.

—Bien jugado, niño.

Me di la vuelta después de escuchar el cumplido y me fui.

El tiempo se acabó unos minutos después.

Aparte de mí, solo otro niño logró hacer eyacular a su prisionero.

Mientras los maestros nos llevaban a sus oficinas para limpiarnos y darnos nuestras medallas, detrás nuestro los prisioneros recibieron la orden de moverse.

—Los niños son suyos. Pueden hacer lo que quieran con ellos, excepto desmembrarlos, dejarlos malheridos o matarlos.

Los gritos de niños se escucharon en la lejanía, me senti mal por mis compañeros de clase.

Continuará…

 

 

Gracias por leer. Deseo les haya gustado el relato. Si gustan charlar, tengo Telegram.

@Remaster64TL28.

1648 Lecturas/11 diciembre, 2025/0 Comentarios/por Remaster64
Etiquetas: amigos, anal, hija, hijo, madura, maduros, mayor, sexo
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Tuve sexo con la hija de mi esposa,ella 16 yo 37
De mi primera vez viendo una verga en vivo.
Mis inicios con mi prima 2
EL AMO PAPA
Una familia muy normal – XI
Algunas fantasías que he tenido.
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar Relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.346)
  • Dominación Hombres (4.050)
  • Dominación Mujeres (2.987)
  • Fantasías / Parodias (3.231)
  • Fetichismo (2.683)
  • Gays (22.035)
  • Heterosexual (8.184)
  • Incestos en Familia (18.150)
  • Infidelidad (4.495)
  • Intercambios / Trios (3.125)
  • Lesbiana (1.152)
  • Masturbacion Femenina (978)
  • Masturbacion Masculina (1.891)
  • Orgias (2.044)
  • Sado Bondage Hombre (447)
  • Sado Bondage Mujer (181)
  • Sexo con Madur@s (4.284)
  • Sexo Virtual (263)
  • Travestis / Transexuales (2.427)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.497)
  • Zoofilia Hombre (2.205)
  • Zoofilia Mujer (1.668)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba