Fiesta de Disfraces para Niños Traviesos IX (Final)
Con mis gemidos infantiles siendo ahogados en la piel del hombre de 50 años, sentí sus dedos apretar mis nalgas. Las amasó entre sus manos, abriéndolas para exponer mi ano de niño siendo perforado por su polla blanca de 22 centímetros..
El hombre trajeado entró al cuarto y detuve lo que estaba haciendo.
Thor sacó mi pene de niño de su culo y me atrajo a sus brazos en un gesto protector.
—Un niño. Traen a un menor de edad a la casa sin avisarme.
Super Man se levantó para hablar.
—Jefe. Es un invitado. Queríamos mostrarle la casa y pasar tiempo con él.
Batman continuó.
—Además, buscábamos crear contenido para la empresa. Si mira la última transmisión notará de lo que hablamos. Este chico es una mina de oro para nosotros.
Thor besó mi mejilla y habló.
—Su padre dió el consentimiento para traerlo y queríamos probar primero con él antes de presentarlo a usted. Así integrarlo al programa de actores porno infantil.
Las cejas del hombre trajeado se juntaron con ira y señaló a los tres con su dedo indice.
—¡Idiotas! Hay reglas por una razón. ¿Acaso le dijeron al padre del niño que harían una transmisión con él?
Los tres hombres quedaron callados.
—Exponer a un menor a los medios sin la debida preparación es una falta grave. No saben en los problemas en lo que pueden meternos si los directivos se enteran.
Batman quiso replicar, pero un gesto de su jefe lo hizo callar.
—Voy a devolver al infante con su familia. Ustedes tres no podrán asistir a fiestas por una semana y no se les pagará por ello.
Sentí los brazos de Thor apretarse en mi cuerpo y le miré. Se veía abatido.
Besé la piel de su pectoral izquierdo con mis labios y le sonreí.
—Esta bien. Gracias por todo.
Thor sonrió y besó mis labios.
Una vez separados, miré a Batman y Super Man.
Ambos hombres entendieron y me besaron también.
Una vez me despedí de ellos, tomé mi ropa y me la puse ante la atenta mirada del jefe.
Mi trasero se mostró a los cuatro hombres en la sala mientras terminaba de vestirme.
Un agujero rojo y abierto chorreaba semen en pequeños espasmos.
—Mierda.
—Mira que rico se ve.
—Vaya que lo abrimos entre todos.
Sus exclamaciones al verme terminaron cuando estuve totalmente vestido.
Fuí llevado por el jefe de la mano y miré por última vez a mis super héroes.
Cada uno me sonrió mirándome con afecto.
Les devolví la sonrisa y bajé las escaleras.
De vez en cuando otros héroes me miraban y saludaban.
Eran hombres que me habían penetrado antes.
El jefe observó todo eso en silencio.
Una vez afuera, subimos al mismo auto que me habia traido y el hombre le dió indicaciones al chofer.
—Usa el GPS con el registro de viajes anteriores y llevanos a la casa del niño.
El chofer aceptó la orden y el auto arrancó.
Durante varios minutos de viaje me mantuve en silencio.
Por el rabillo del ojo, observé a mi acompañante, admirando su porte.
Era un hombre de 50 años, de barba ceniza y cabello bien peinado en un corte lizo hacia atrás. Su pelo casi blanco, con algunas lineas de un negro azabache.
Tenía patillas y un bigote curvo bien estilizado. Sus labios rojos eran pequeños. Su nariz aguileña y ojos tigreños. Sus cejas tupidas se mantenían juntas en una expresión severa.
Recordando la discusión de antes, me sentí mal por mis héroes.
—Señor. No se enoje con ellos. Me trataron bien.
El jefe me miró y soltó un resoplido airado.
—Rompieron las reglas. Deben ser castigados.
Bajé la cabeza apenado.
El jefe me miró por un momento.
—¿Tanto te apena que los castigue?
Asentí sin levantar la mirada.
Una risa seca acompañó al hombre.
—No puedo creerlo. Te compadeces de ellos.
Miré al jefe con aquella expresión huraña y dubitativamente acerqué mi mano a la del hombre.
Este me observó con las cejas juntas.
—Solo no quiero que esten tristes ni que usted este mal por ellos.
La expresión severa del hombre se atenuó y una sonrisa suave acompañó sus labios.
—¿Te preocupas por mí?
Asentí con la cabeza.
—¿Por qué? No me conoces.
El interes del hombre fue acompañado por su voz. Paso de ser grave y ronca a una más comedida.
—Usted es su jefe. Si se pelea con ellos, ambos estarán mal. No quiero eso.
—Eres demasiado bueno para ellos.
Me sobresalté por esa frase.
La mirada del hombre era intensa al observarme. Parecía descubrir algo nuevo.
Luego apartó la vista.
—Puedo entender por que les gustas. Eres ese tipo de niño. De los que a los hombres les gusta cuidar con empeño.
Sonreí y asentí con la cabeza.
—Soy un buen niño.
El jefe tarareó y nos quedamos en silencio otros minutos más.
Mientras meditaba un poco, una idea pasó por mi cabeza.
—Señor. ¿Qué pasará conmigo?
—Te llevaré a casa.
—¿Podré volver a ver a mis super héroes?
—No.
Me sorprendió escuchar la negativa.
—Lo que hicieron viola las reglas. No podemos arriesgarnos a represalias.
—Pero no hicimos nada malo. Papá también tiene sexo conmigo.
El jefe sonrió y negó con la cabeza.
—No es el sexo. Es el involucrarte en un video pornográfico sin la debida preparación. No solo pone en peligro tu seguridad, sino nuestros intereses. Piensalo de esta manera. Si algo sale mal, serás separado de tus padres para vivir solo.
—No quiero eso.
—Esa es la razón de porqué no puedes volver a verlos.
Me entristeció saber eso.
—¿No hay alguna manera de evitarlo?
—No.
Miré al jefe y parecía serio al respecto.
Me tomó varios minutos asimilarlo antes de tomar una decisión.
—¿Puedo pedir algo ya que no podré volverlos a ver?
El jefe me miró y asintió.
—Mientras no rompa más reglas, esta bien.
—¿Puedo tener sexo con usted?
La consternación brilló en los ojos del hombre y me miró incredulo.
Pensando que se iba a negar, expliqué rapido.
—Estuve pensando que ya que no podré volver a ver a mi Thor, y demás héroes, quería despedirme de ellos. Pero ahora es imposible. Lo único cercano que tengo es usted que es su jefe. Si tengo sexo con usted es como tener sexo con ellos por última vez.
Una sonrisa sardonica adornó los labios del hombre.
—Que lógica más extraña manejas, niño.
—¿Puedo?
Volviendo a su posición original, el hombre llevó una mano a su entrepierna. El contorno de un pene erecto se marcaba por sobre la tela.
—Hazlo.
Sonreí feliz y me subí a ahorcadas del hombre.
De frente, junté mis labios con los del adulto.
Fué rapido y sentí sus belfos dominarme.
Nos desvestimos entre caricias y besos hasta estar casi desnudos.
El jefe solo bajó su ropa interior y pantalón hasta sus pantorrillas
Yo estaba usando solo una camisa.
Mientras era besado, el pene adulto fue dirigido a mi entrada anal.
La punta del glande hizo presión y sentí mi carne abrirse como un capullo.
La carne dió entrada al glande y el tronco del pene hizo presión en mis paredes anales, el contorno de mi culo se apretó alrededor de la polla adulta. Tragándose cada centímetro segundo a segundo.
Gemí al sentirla toda adentro.
Era gruesa y larga. Casi podía medirla al compararla con otros penes que habia tenido antes.
—¡22 centímetros! —dije sorprendido.
—Muy inteligente.
Sonreí por el cumplido. Mis caderas subieron y bajaron. El pene del hombre entraba y salía en sentones. La carne anal estirándose y apretandose en cada embestida. Descargas de placer llegaban a mi penecito que saltaba entre penetraciones.
Con mis gemidos siendo ahogados en la piel del hombre de 50 años, sentí sus dedos apretar mis nalgas. Las amasó entre sus manos, abriendolas para exponer mi ano siendo perforado por su polla.
Los testículos rebotaron entre sacudidas y los jadeos roncos llenaron el auto.
El chofer seguía conduciendo sin importarle lo que hacíamos.
Gemí gustoso de aquel placer y dejé salir mis lágrimas de tristeza.
—No llores.
—Solo quiero despedirme.
El jefe se quedó callado por mis palabras y se limitó a follarme.
Sus jadeos roncos resonando en mis oidos. Su piel blanca roja por el esfuerzo. El calor de su hombría llenando mi culo y punzando mi próstata con certeza.
El vaivén de mis caderas era rápido y sensual. Como la danza de una doncella erótica. Mi ano se abría con naturalidad. Ya estaba acostumbrado a recibir la polla de hombres.
Dejé salir mi tristeza en todo el viaje, siendo besado y follado por el jefe de mis héroes.
Nos detuvimos una calle antes de llegar a mi casa y sentí los vaivenes ser más rápidos y toscos.
—Voy a llenarte de semen.
Hice un sonido de afirmación con mi nariz y dejé que aquel hombre usará mi ano como quisiera.
Amasó la carne. La estiró. Llenó cada centímetro con su pene y luego se deslechó.
El semen se escurrió de su polla, pasando por sus testículos peludos.
Recibí sus besos y luego sus ojos me miraron en silencio.
Parecía encantado por mi disposición a servirle.
Su mano callosa acarició mi mejilla.
—Eres demasiado bueno.
Escondí mi cara en su pecho.
Siendo besado por mi hombre. Empezó a vestirme.
Una vez ambos con ropa, el auto se estacionó en mi casa.
Papá nos recibió en la entrada y le sonreí feliz de verlo.
—Espero la hayas pasado bien. Ve a tu cuarto.
Hice caso despidiendome del jefe.
Este hizo un gesto con su cabeza como despedida.
Mi padre y el hombre se quedaron solos hablando durante media hora antes de escuchar el auto irse.
Estaba en mi cuarto decaído cuando Papá se acercó a consolarme.
Besó mis labios hasta que gimiera y me sonrió.
—Me contó todo lo que pasó.
Bajé la cabeza apenado.
—Lo siento.
Mi padre acarició mi cabeza.
—No lo hagas. Eres un buen niño.
Asentí con la cabeza.
—Por eso me cuesta pensar en como convencer a tu madre.
Levanté la cabeza extrañado.
—Me contó que su empresa tiene interés en meterte en un programa de acompañamiento para héroes. Se llama fiesta de disfraces para niños traviesos. Al parecer, tienes lo necesario para vivir con hombres y satisfacer sus necesidades.
Mi cara de sorpresa hizo reír a mi padre.
—Sin embargo, entenderás que no puedo aceptar sin permiso de tu madre. Debo buscar una escusa para justificar tu ausencia durante unos meses.
—Entraré de vacaciones en dos semanas.
—Lo sé. Talvez un campamento la convenza y no sospeche del porqué no estes en casa.
Asentí feliz y mi padre besó mis labios.
—Te he visto crecer y sabía que tarde o temprano otros hombres verían lo buen niño que eres.
—Gracias, Papá.
—Si tanto lo agradeces, hazlo adecuadamente.
Mi padre se levantó de la cama mostrándome su polla erecta escondida en su pantalón.
Abrí el cierre y bajé su ropa interior, sacando su pene chorreante de lubricante.
Metí su enorme glande rosado en mi boca escuchando su exhalacion de gusto.
—Que rico.
Chupé con más fuerza metiendo más de su pene. El lubricante y mi saliva se escurrían de mis labios.
Hice movimientos con mi cabeza para sacar y meter su polla en mi boca. Mi padre lo acompañó con sus vaivenes pelvicos.
El sexo oral embriagó mis sentidos, con el olor a afrodisíaco de mi progenitor llenando mi nariz desde su vello pubico.
Gemí gustoso y disfruté de mamar el pene que me dió la vida.
Anhelando con ganas recibir su leche de hombre.
Las dos semanas pasaron rápidamente.
Mamá no estaba muy feliz de escuchar que Papá me habia inscrito a un campamento para pasar varios meses fuera de casa.
Hizo muchas preguntas y solo pude admirar la destreza de mi padre para darle detalles sobre el supuesto lugar al que iría.
Mamá llamó al que sería mi guía y supe por la voz que quién respondió era el jefe de mis héroes.
Al parecer, Papá y él se habian puesto de acuerdo antes sobre la escusa que le darían a mi mamá.
Una vez mi progenitora verificó la información, dió el visto bueno.
El día que me fuí, ella me besó la cabeza y me pidió que fuera un niño bueno.
Asentí con la cabeza despidiendome de ella y corriendo a montarme al auto con mi padre, mi maleta ya habia sido guardada en la cajuela.
Llegando a la mansión de mis héroes mi padre me besó por varios minutos hasta dejar mis labios rojos e hinchados.
Me sonrió y me vió irme con orgullo.
Una vez solo, la puerta de entrada fue abierta por mi héroe Thor usando solo una trusa. Su polla dormida colgaba de la tela como un buen pedazo de carne.
—Ven y entra, campeón. Tenemos una sorpresa para ti.
Detrás de Thor, pude ver la silueta de varios hombres más.
Ahora estaría con ellos, viviendo en la misma casa.
La bienvenida que me dieron me hizo llorar de felicidad.
Estaba acostado bocarriba encima de Thor, siendo penetrado por su polla. Además tenia a Batman penetrandome también subido encima mio. Alrededor, diez pollas gordas, gruesas, largas y venudas de distinto color estaban chorreando semen. Dos de ellas metidas en mi boca.
Fue algo inolvidable para mí.
Después de eso, los primeros días fueron intensos.
Thor y Batman se turnaban para follarme en la cocina y Superman le gustaba hacerlo en el baño.
Spiderman adoraba que lo montara mientras bebía cerveza y veía deportes en la sala de estar.
Su polla negra se hundía en mi culo en un angulo curvo, llegando hasta lo más hondo de mi ano infantil.
Hulk adoraba embestirme en el patio, a plena luz del dia.
Su enorme pene siempre me dejaba con las piernas temblando y chorreando semen. Mi ano quedaba demasiado abierto siendo incapaz de contener su semilla.
Iron Man y Ojo de Halcón me penetraban juntos, sus dos penes entrando a la vez en mi ano estirado. A veces linterna verde acercaba su polla blanca circuncidada para chuparla mientras me follaban por el culo dos penes adultos.
Cada héroe disfrutaba de mí a su manera y yo la pasaba bien con ellos.
Se había vuelto tradición que cada vez que volvían de su trabajo de animar fiestas infantiles me mojaran con su orina.
Según mis héroes, porqué cargaban con su energía y deseaban hacerme fuerte con ella.
Sabía que ellos aguantaban las ganas de orinar por horas solo para llegar a casa y darmela en un baño dorado.
Mi cuerpo terminaba pegajoso y oloroso. A veces abría la boca y sacaba la lengua para tragar de su orina y en ocasiones me daban a chupar sus pollas para descargarse en mi boca. Haciéndome tragar sus litros de agua amarilla caliente desde lo profundo de sus cuerpos varoniles.
La mirada que tenían al verme tragar lo que me daban era sobrecogedora.
Aquellos ojos me devoraban y adoraban por igual.
Para ellos yo era su tesoro y para mi eran mis héroes, mis hombres, mis dioses.
Amaba todo lo que me daban de sus cuerpos.
Desde la saliva de sus bocas. El sudor de sus axilas, testículos y culo. El aroma de sus cuerpos malolientes. El semen lechoso y cremoso que soltaban de sus pollas.
Mis ojitos se llenaban de amor al tener a mi disposición a doce hombres tan entregados en compartir lo que sus cuerpos producían.
Era mi mayor felicidad como niño. Mi nuevo propósito en la vida.
Adoraba pedirles leche cada mañana para tomar.
Podía ver más de doce pollas grandes que pasaban del blanco al negro soltando su semen para mí.
Me gustaba ver esos glandes rojos y morados apretarse mientras liberaban su semilla en mi taza de café hasta llenarla.
Se había vuelto mi comida favorita de la casa.
El sabor cremoso y ácido del semen de doce hombres pasar por mi paladar hasta llenar mi estomago.
Luego, iba a donde Batman o Thor a besarlos, para compartir lo que me quedaba con ellos en la boca.
Mi lengua siempre quedaba entumecida y mi cuerpo estaba lleno de chupetones, marcas de dedos rojos y piel enrojecida por nalgadas.
Sin embargo, a pesar de terminar cansado todos los días, valía la pena.
Porque siempre mis héroes dormirían conmigo en la cama.
Me turnaba con los doce hombres, con dos a mi lado en las noches.
Y amaba eso. Sentir sus cuerpos sudorosos, calientes y olorosos.
A veces después de tener sexo, solo caíamos en la cama y dormiamos. Sus pollas semi erectas y mi culo liberando su semen en espasmos.
Todas las noches eran placenteras y era mi segunda rutina favorita de la casa.
La tercera era admirar mi culo antes y después de tener sexo.
Sabía que de tanto follar no sería el mismo, pero me sorprendió el como se veía ahora.
Era un agujero rosado tierno, la carne exterior era un circulo fruncido abultado, como labios carnosos que se apretaban en una circunferencia venosa. Al contraer las paredes internas de mi culo, se podía ver el interior. Una caverna llena de pliegues de carne que formaban un cilindro apretado y húmedo. Como una cueva de piel.
Al final de mi culo, una pelotita del tamaño de una uña sobresalía. Era mi próstata. Y por detrás, un pequeño agujero donde descansaba una bolsa de piel que se habia formado internamente de tanto follar.
El doctor que revisaba mi cuerpo cada día dijo que era normal.
Mi ano habia sido desgarrado tan bien, que al sanar, se formó esa zona para llenarse de semen.
Como una bolsita en donde descargar la leche de mis hombres.
Una vez mis héroes supieron eso, se volvieron obsesivos con llenarme con su semilla.
Al caminar siempre chorreaba semen de mi culo. Rios de leche blanca se escurrían de mis nalgas, pasando por mis piernas hasta el suelo.
Mi cuerpo habia dejado de oler a mí y solo podia percibir el aroma a testosterona cruda, semen y orina. Apestaba a hombres músculosos y poderosos. Una señal aromatica que le decia a cualquiera que me oliera de que era preñado por sementales dotados cada día.
También, en mi abdomen, una pequeña protuberancia se formaba cerca del ombligo cada vez que llenaban mi bolsita anal con leche de hombre.
A pesar de ser raro en mi cuerpo, no me quejé. Como mi próstata estaba cerca de esa bolsita, y mis hombres ansiaban llenarla con su semen, siempre estimulaban esa zona. Causándome un placer que me hacía delirar.
No podía dejar de babear al ser follado ni de llorar cuando era sobreestimulado.
Esos meses con mis héroes eran mi paraíso y estaba feliz de estar con ellos.
De ser parte de sus fiestas de disfraces como uno de sus niños traviesos.
Fin.
Gracias por leer. Con esto termino esta saga de relatos. Espero les haya gustado la saga tanto como a mi escribirla. Aprecio el apoyo que le dan a mis relatos y solo puedo desear que mis siguientes escritos les gusten igual.
Si desean charlar, estoy en telegram.
@Remaster64TL28.
Un saludo y nos leemos luego.


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