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Fantasías / Parodias, Gays, Sado Bondage Hombre

Gabriel PT

Historia 100% fantasía Me llamo Andrés, tengo 28 años y soy bisexual abiertamente. Actualmente vivo solo. No diré que mis padres son ricos, pero digamos que, gracias a ellos, no he tenido muchas de las preocupaciones que otras personas suelen enfrentar a mi edad. Tengo casa propia gracias a ellos y ….
Historia 100% fantasía

Me llamo Andrés, tengo 28 años y soy bisexual abiertamente. Actualmente vivo solo. No diré que mis padres son ricos, pero digamos que, gracias a ellos, no he tenido muchas de las preocupaciones que otras personas suelen enfrentar a mi edad. Tengo casa propia gracias a ellos y también un automóvil. Si bien no es el último modelo, funciona bastante bien y está muy bien cuidado.

Me independicé de la casa de mis padres tan pronto como pude. Necesitaba mi propio espacio y, como tenía una casa a mi disposición, dar ese paso no fue tan difícil.

Me gradué de la universidad hace aproximadamente cinco años con un título en Ingeniería Química. Actualmente trabajo para una empresa como supervisor de calidad, un puesto relativamente cómodo, con un buen salario y excelentes prestaciones. Tengo bastantes responsabilidades, aunque no tantas como para que toda la culpa recaiga sobre mí si algo sale mal. En general, es un empleo estable, bien remunerado y con muy buenas condiciones laborales.

Todo comenzó hace aproximadamente seis meses. Era un día extremadamente caluroso en mi ciudad; el ambiente era sofocante. Bastaba con salir unos minutos a la calle para empezar a sudar por todas partes y sentir la ropa pegada al cuerpo.

Era viernes y, por fortuna, había salido temprano del trabajo. Además, tendría libre hasta el martes, día en el que debía presentarme nuevamente a trabajar. Después de una semana tan pesada, esos cuatro días de descanso eran lo que necesitaba.

Estaba conduciendo a casa después del trabajo y decidí detenerme a comprar algunas cosas para ver una película cómodamente en mi cama. Al estacionar cerca de la entrada, vi a un señor que parecía ser un mendigo junto a un niño. Ambos daban la impresión de ser indigentes. Vestían ropa desgastada, sucia y con algunos agujeros.

Lo que más llamó mi atención fue la ropa del niño. Parecía no ser de su talla. Llevaba una camisa azul rey con un estampado de superhéroes de Marvel que le quedaba ajustada y demasiado corta. La acompañaba con unos pantalones de mezclilla que, a simple vista, se veían muy desgastados. Tenían un desgarre debajo de una de las rodillas y no tenían bastilla, probablemente para que le duraran más tiempo conforme creciera. Aun así, era evidente que ya le quedaban cortos.

En cuanto al señor, curiosamente su ropa se veía en mejores condiciones. Aunque también estaba desgastada y sucia, al menos parecía ser de su talla, lo que le daba un aspecto un poco más presentable que el del niño.

Noté que el hombre le decía algo al niño de forma muy expresiva, claramente molesto. No alcancé a escuchar qué le decía, pues bajó la voz justo cuando me acerqué.

Ya de cerca, calculé que el niño tendría unos once años por su estatura y complexión, aunque por su rostro parecía un poco mayor. Supuse que una mala alimentación podía haber afectado su desarrollo y hacer que aparentara menos edad. Tenía una expresión de preocupación, tristeza y, sobre todo, miedo.

Entré al supermercado y tardé aproximadamente veinte minutos haciendo mis compras. Compré unas Sabritas, un refresco y lo necesario para preparar hamburguesas ese fin de semana, además de algunas otras cosas. Tal vez invitaría a un amigo.

Mientras pagaba, un señor de la tercera edad me ayudó a acomodar todo en una bolsa reutilizable que llevaba conmigo. Le di el poco cambio que me había sobrado y me dirigí hacia la salida.

Fue entonces cuando el niño de antes se acercó a mí y me dijo:

—Disculpe, señor, ¿tendrá una moneda que le sobre, por favor?

Su voz era dulce. Sus ojos eran de un tono café muy, muy claro, enmarcados por unas pestañas largas y abundantes. Sobre ellos tenía unas cejas tupidas y muy bien definidas. Sus labios, pequeños, destacaban por su intenso color natural, y su piel era de un hermoso tono trigueño. Ciertamente, era un niño extremadamente lindo.

No sé cuánto tiempo pasé observándolo hasta que volvió a hablar.

—¿Señor?

—Oh… perdón. No, la verdad no tengo cambio; se lo di al señor que estaba adentro.

Su expresión mostró una decepción evidente, acompañada de otra emoción que en ese momento no supe identificar.

—Gracias… —respondió mientras comenzaba a alejarse.

—Pero espera. Mira, toma. Te regalo estas Sabritas, ¿qué te parece?

—Gracias, señor.

Las tomó y, casi de inmediato, salió corriendo con ellas, quizá por miedo a que me arrepintiera. No le di muchas vueltas al asunto. Subí las compras al automóvil y me dispuse a irme.

Mientras salía del estacionamiento, alcancé a ver cómo el hombre que estaba con el niño lo sujetaba del brazo y le recriminaba algo. No pude escuchar qué decía, pero por sus gestos era evidente que estaba enojado.

Llegué a mi casa, bajé todas las bolsas y acomodé las compras. Después me recosté en la cama y empecé a buscar recomendaciones de películas en TikTok. Al final terminé eligiendo una de tiburones. No era ninguna de las que me habían recomendado, pero era de esas películas entretenidas para pasar el rato. Después vi otra llamada Arrival.

Habían pasado casi cuatro horas desde que llegué a casa y ya tenía hambre. Lo único que había comido era comida chatarra y no tenía ganas de cocinar. No lo pensé mucho; tomé mis cosas y fui a una taquería cercana.

Al llegar pedí mi orden y me atendieron casi de inmediato. El clima había mejorado increíblemente. El cielo estaba completamente nublado y era evidente que pronto llovería; seguramente por eso había hecho tanto calor durante la tarde.

Mientras comía, veía TikToks y respondía mensajes de algún amigo o incluso de algún desconocido por Grindr.

Justo en el momento en que bajé el teléfono, escuché que alguien me hablaba.

—Señor… ¿tendrá para un taco?

Era el mismo niño de esa tarde. Su carita, tan tierna y linda, era muy difícil de olvidar. Sin embargo, esta vez había algo diferente: un enorme moretón sobre uno de sus pómulos. El color morado era tan intenso que resultaba imposible no notarlo.

—¿Estás bien, niño? Ese golpe se ve muy feo.

Él, claramente avergonzado y con miedo, dio un paso hacia atrás.

—Tranquilo, no te preocupes. No voy a hacerte nada. Es más, yo te invito los tacos que quieras.

Al escuchar eso, su rostro se iluminó. Aunque todavía parecía tener algo de miedo, el hambre terminó venciendo a la desconfianza.

—¿De verdad me va a invitar?

—Sí, de verdad.

Al mismo tiempo llamé a la mesera que me había atendido. Se acercó enseguida.

—Disculpa, ¿podrías traerle al niño tres tacos, por favor?

—Claro. ¿Serían con verduras? —preguntó mientras volteaba a ver al pequeño.

—No, por favor. No me gusta la cebolla —respondió él con timidez.

La muchacha solo asintió y se retiró.

Aproveché que estábamos solos para conversar con el niño con calma, sin hacerlo sentir incómodo. Me contó que se llamaba Gabriel y que tenía trece años; en unos meses cumpliría catorce.

También me explicó que el hombre con el que lo había visto esa tarde no era su familiar. Según él, era solo una persona que lo «cuidaba de la gente mala». A cambio, Gabriel y otros niños tenían que pedir dinero en las calles para comprar lo necesario.

Conforme hablaba, fui entendiendo la situación. Al parecer, aquel hombre era alcohólico y cada vez les exigía llevar más dinero. Esa misma tarde Gabriel había decidido que no volvería con él. Prefería dormir bajo un puente o donde pudiera antes que seguir soportándolo.

También me contó que vivía con otras personas en situación de calle. Algunos eran hermanos entre sí, pero, por la forma en que hablaba, entendí que nadie se preocupaba realmente por él. Se sentía completamente solo.

—Pero no importa. Ya hace un par de años que vivo en la calle y estoy muy bien. No necesito a nadie.

Lo dijo con orgullo, aunque su voz tembló ligeramente al pronunciar esas palabras.

Seguimos comiendo mientras platicábamos. Procuré no hacer más preguntas sobre su vida para no incomodarlo.

Estábamos por terminar. Yo ya había pagado la cuenta cuando, de pronto, un estruendo sacudió el lugar. Un trueno resonó con fuerza y, casi al mismo tiempo, comenzó a llover de manera torrencial.

Gabriel se quedó observando la lluvia con evidente preocupación.

—¿Qué vas a hacer? Si sales así y te mojas, podrías enfermarte.

Él solo respondió:

—Estaré bien.

Después me agradeció por la comida y por la plática. Sin decir nada más, salió corriendo bajo la lluvia.

Cuando me disponía a irme, escuché a dos de los trabajadores de la taquería hablar sobre Gabriel.

—Pobrecito niño. Seguro volverá con ese hombre. A esta hora ya debe de estar muy borracho y, con suerte, ni siquiera lo dejará entrar.

—Sí… y si lo hace, otra vez lo va a golpear. Por más que lo denuncien, las autoridades nunca hacen nada. Una vez golpeó a uno de los niños hasta dejarlo inconsciente y no pasaron ni tres días antes de que ya lo hubieran dejado libre.

Esas palabras removieron algo dentro de mí. No podía dejar de preocuparme por Gabriel.

Subí a mi automóvil y conduje en la dirección por la que él se había ido. No tardé mucho en encontrar una casa grande, pero completamente descuidada. La lluvia caía con tanta intensidad que el agua corría frente a la vivienda como si fuera un pequeño arroyo.

Toda la colonia lucía abandonada. Había maleza por todas partes, calles llenas de lodo y un pequeño parque que, a simple vista, parecía ser un punto de reunión para personas que consumían drogas.

Fue entonces cuando lo vi.

Junto a la casa, empapado por la lluvia, estaba el pequeño Gabriel. Permanecía de pie entre el lodo y la maleza, golpeando con fuerza la puerta mientras suplicaba que lo dejaran entrar.

Nadie respondía.

La luz de los faros de mi automóvil llamó su atención. Gabriel volteó hacia mí, aunque, por supuesto, no podía reconocer el vehículo.

 

Hasta aquí la primera parte. Espero leer sus comentarios para que me puedan dar ideas de como desarrollar la historia

9 Lecturas/19 septiembre, 2026/0 Comentarios/por AlfonsoBiR
Etiquetas: amigo, bisexual, borracho, culo, hermanos, mayor, parque, universidad
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