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Nuevamente haré un salto en el tiempo, para relatar algo exquisito que me ha ocurrido por éstos dias, y todo por ir relatando mis experiencias a ustedes..
Nuevamente haré un salto en el tiempo, para relatar algo exquisito que me ha ocurrido por éstos dias, y todo por ir relatando mis experiencias a ustedes.

Recibí un mensaje, donde un lector de Santiago (Chile) me pide mi correo para relatarme una experiencia de su vida y que quizas a futuro hasta podamos conocernos, algo que efectivamente ocurrió. Aclaro que me gusta conocer otras experiencias que –como en éste caso- yo pueda plasmar en un relato para disfrute de todos mis lectores

Me escribe un amigo de 37 años, quien me cuenta que siendo padre soltero debió hacerse cargo de su hijito a los 6 años dado que la mamá decidió contraer nupcias y abandonar el pais (Chile) y por ello, el pequeño, de nombre Ignacio, le complicaba, en pocas palabras le era un “estorbo” (calidad de madre).

El lector, de nombre Cristian, en principio se complicó dado la tierna edad del infante y recurrió a sus padres para que lo criaran. Una súbita enfermedad de su pade, cuando habia pasado ya 4 años, le obligó a tomar otras medidas, y decidió llevarlo a vivir con él, ya que aún con los problemas que ello le significaría, era la mejor opcion pensando en el chico, en vez de dejarlo con terceras personas.

Asi pues, primero habló con él que ya con 10 años, entendía lo que pasaba, y le dijo que vivirían juntos pero que tenia que poner de su parte para que todo resultara bien. Preparó un dormitorio independiente para el chico, amoblado a su gusto, contrató a una señora que se preocupara de las labores domésticas durante la semana, incluyendo preparar comida sana para no comer chatarra a diario, lo inscribió en un colegio cercano y finalmente lo llevo a vivir con él.

No obstante algunas dificultades propias de la convivencia, no había grandes problemas por lo que estaba muy satisfecho del cambio realizado. Ignacio es un niño tranquilo, buen alumno, cariñoso con una sonrisa a flor de labios que siempre iluminaba su rostro.

En lo físico es castaño claro, con ojos verdes que le recuerdan a su abuela, menudito, y con algunas pecas en la cara que le daban un toque especial.

Y asi empezó a transcurrir la vida en conjunto, cada mañana corriendo para que no lo dejara el bus escolar, por lo que mas de una vez lo tuvo que ir a dejar Cristian de camino a la oficina, pero siempre con buenos resultados académicos que compensaban los apuros.

Hasta ahí todo normal hasta que llegó el invierno. Cristian vive en una casa enclavada en un sector precordillerano de Santiago por lo que en una fria noche de lluvia, se produjo una tormenta eléctrica con ruidosos truenos y relámpagos. A poco rato de iniciarse éstos, apareció Ignacio en el dormitorio de Cristian, vestido con su piyama de cartoons y con su peluche de osito bajo el brazo y le pidió acostarse con él dado que le tenía mucho miedo a los truenos y relámpagos no muy communes por estas latitudes,  que hacian estremecer los vidrios de la casa.

Se acomodaron pues en la cama del tipo king, y al poco rato el niño se durmió profundamente abrazado a su padre.

Cristian empezó a acariciarlo, su fino pelo, dándole algunos besos con ternura, y sus manos comenzaron a dibujar su cuerpo, bajando por la espalda, y casi sin querer llegó a su colita muy bien formada, donde pudo notar la dureza de sus nalgas lo que le produjo una cierta erección. Avergonzado de la reacción observada, se liberó del abrazo de su hijo  dándose vuelta de espaldas recriminandose de lo ocurrido.

A la mañana siguiente, lo normal, carreras a la ducha y de nuevo al colegio y la oficina. Cristian dándo vuelta en su cabeza lo ocurrido tratando de buscar explicación a su reacción erótica con su propio hijo.

Durante el día el mal tiempo arreció y llegada la noche y el momento de acostarse, el chico simplemente se fue a la cama de su padre. Cristian no se negó y se acostó a su lado. Empezaron a jugar haciéndose cosquillas lo que permitió que nuevamente pudiera sentir aquel cuerpecito por todos los rincones y mas de una vez sus manos pasaron por su traserito, lo que era tomado con normalidad como parte del juego. Finalmente el chico se acomodó dándo la espalda a su padre y se preparó a dormir. Cristian sintió como su pene se estremecía al contacto de aquel culito y nuevamente prefirió darse la vuelta para descansar. Como día viernes estaba agotado de una ardua semana de trabajo y afortunadamente al dia siguiente podrían dormir hasta mas tarde.

El despertar fue algo extraño. Tenía abrazado a su hijo con su pene a la altura del culo del chico y con una potente erección. Se liberó del abrazo con el chico y al tratar de cambiar de posición, Nachito le da un beso en una de sus manos. “¿Estas despierto?”. Si, responde él, “Hace rato ya”. ¡oh!……..

¿Te duele mucho?, pregunta el niño, a lo que Cristian extrañado repregunta ¿que cosa?, ésto, le dice, tocando con su manito su abultado pene. Oh, no, o sea si, o sea algo, titubea como respuesta. Es que lo siento tan hinchado que por eso pregunto……..

Cristian un poco confundido trata de explicarle lo que es una erección matinal, a lo que el niño le dice que algo le han explicado en el colegio sobre sexo, y tambien lo que sus amigos cuentan.

¿Y hay alguna forma de aliviar esa inflamación? Que puedo hacer para ayudarte? Pregunta inocentemente. Si, responde Cristian, si hay pero yo solo lo puedo hacer. Y se dirigió a la ducha rapidamente donde se maturbó furiosamente.

Salió apenas envuelto en una toalla, y se empezó a secar. Nachito se desnudó y se dirigió a la ducha, no sin antes dar una mirada a la humanidad de su padre que se exhibia desnudo mientras se secaba. Cristian observó tal mirada que se dirigió a su pene que ya desahogado en la ducha reposaba placidamente. Por su parte le dió una rápida mirada al culito del niño, blanco, redondito y ya sabia que firme mientras se dirigía al baño.

El dia sábado fue tranquilo, fueron a un centro comercial donde almorzaron comida chatarra, prohibida durante la semana, entraron al cine a ver una pelicula animada y por la tarde volvieron alegres a casa. Estaba frio el ambiente pero la calefacción encendida daban una agradable sensacion. Nachito fue a su dormitorio y regresó solo en piyama . Cristian al verlo asi encontró buena idea y se calzó unos shorts y polera y se sentaron a jugar play, luego de un juego bastante extenso, se preparan a comer algo cuando el niño se abalanza sobre su padre a jugar a las cosquillas, en ésta ocasión aprovechando de pasar sus manos mas veces por la zona baja de su padre lo que no pasó desapercibido para él produciendo nuevamente una erección, a la par que el chico se ponía de espaldas dejando su culito en posicion de cucharita con lo que la verga paternal se acomodaba justo a su altura calentando aun mas el ambiente.

La situación se escapó de control. Cristian comenzó a acariciar a su hijo con pasión, besando su cuello y llevando sus ávidas manos al culito de su niño regalón, mientras éste emitía sus primeros gemidos ante aquella nueva sensación que recorría su cuerpo. Sentía aquel bulto que se imaginaba gigante sobre su culito virgen y las manos de su padre que ya le recorrían entero y empezarón a bajar sus diminutos boxer para sacarlos completamente.

El niño por su parte llevaba sus manitos a la espalda para tocar le herramienta que le dió la vida y que su padre se encargó de liberar del encierro que los shorts le prodigaban, dejándo su húmedo miembro a disposición para que el chico lo explorara.

Mientras eso ocurría, empezó a sacar la remera de Nachito y la suya propia, quedando ambos desnudos, tomó la carita del niño y la empezó a besar, terminando con un beso en la boca donde introdujo su lengua con pasión. El chico seguía explorando en el sexo paternal, ésta vez con ambas manos en una inexperta masturbación que exitaba cada vez mas a su padre. Poco a poco lo fue acomodando a la altura de su miembro y le hizo una señal para que abiera la boca y asi fue introduciendo su pene deseoso en aquel virginal templo bucal.

Ignació agarró a dos manos el trozo de carne ardiente y lo metió a la boca. Chúpalo como un caramelo -le indicó su padre- y torpemente lo fue haciendo, “cuidado con los dientes” indicaciones que eran bien recibidas y que fueron rapidamente transformando en un experto al chico lo que se expresó en los primeros gemidos de Cristian.

Le tomó la cabecita con ambas manos para guiarlo en aquel mete saca bucal, cada vez llegando mas al fondo ocasionando algunas arcadas en el niño. Sin embargo sonreía mientras lo hacía y sus hermosos ojos parecían brillar de alegría. Sin aviso, Cristian empezó a sentir espasmos de placer que descargaron un primer chorro de leche en la boca de Ignacio, quien trató de retirarse pero su padre lo afirmó mientras se sucedían uno tras otros casi ahogando al niño que se pudo escapar por lo que los siguientes cayeron en su rostro y cuerpecito. Algo asustado y sorprendido además por los casi bramidos de placer lanzados por su padre, quien trató de reponer la compostura con una sonrisa y una caricia al mentón. Se acercó y le dio un beso en la boca y otros en la cara, retirando asi su propia leche que había casi bañado al infante. Todo bien, no te asustes, le dijo, mientras lo volvía a besar.

¿Te aliviaste papi? Preguntó el chico mientras sostenía con ambas manos el flaccido miembro de papá. Oh, si hijito, me has dado el mejor remedio de la vida para mis molestias. ¡Que rico, por lo tanto cada vez que te sientas mal me avisas para ayudar a aliviarte! Uffff, gracias hijo mio, pero ésto debe ser un secreto entre tu y yo, ya que nadie puede saberlo que hay personas que no lo entenderían. No te preocupes, papi, que no se lo diré a nadie nunca. Que bien, mi niño, éste será nuestro secreto.

 

Segunda parte, proximamente- Criticas y/o comentarios a ggozador@hotmail.com.  Respondo todos los mensajes.

 

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