JUANITO Y SUS RECUERDOS. Parte 2
Probando por vez primera la «lechita» de mi tío, a mis casi 5 años.
JUANITO Y SUS RECUERDOS Parte
Después de que mi tío se separara de mis genitales luego de mamarlos hasta cansarse, su pene, como es lógico, estaba durísimo y era imposible ocultar ese bulto que llamó mi atención y despertó mi curiosidad.
Lo miraba de reojo y cuando creía no me estaba mirando él, según yo. El deseo se había despertado en él y notó de inmediato cómo mis miradas eran atraídas por bulto.
—¿Qué tanto me ves, Juanito?—Me dijo, mientras se apretaba y masajeaba su bulto.
—Tío…¿Ese es su pito? —pregunté con una mezcla de curiosidad, miedo y asombro.
—Siiiiii, Juanito…¿lo quieres ver?
—Siiiiii— respondí titubeante y apenas con un hilo de voz.
—Te lo enseñaría, pero te vas a asustar al verlo y vas a salir corriendo y gritando…mejor no.
—No, tio…no me voy a asustar ni voy a correr.
—Sí te vas a espantar. Mira, los adultos no tenemos el pito como ustedes de chiquito, delgadito y bonito. No, nosotros lo tenemos grande, grueso, feo…ah! Y lleno de pelos además.
—¿Tiene pelos ahí? ¿Cómo, a ver?
Y entonces levantó sus brazos para mostrarme sus axilas. Yo, a decir verdad, como que sí me asombré y asusté un poco.
—¿Qué te dije? Te asustaste con los pelos de mis axilas, ahora imagínate si te enseño los de mi pito…mejor no.
—No, tío, no me voy a asustar, ande.
Ante mi insistencia, mi tío me pidió cerrar mis ojitos y tomando una de mis manos la metió en el interior de su truza para hacerme tocar su pene y la mata de vellos de su base. Al tocarlos, me asusté y saqué rápidamente mi manita.
Mi tío se rió ante mi reacción y continuó negándose a enseñarme su pito. Pero tanto insistí que de nuevo me pidió cerrar mis ojitos y puso mis manitas a los lados de su short para que yo se los bajara junto con sus truzas.
Luego me pidió abrir mis ojos y…¡No podía creer lo que veía! Yo únicamente había visto los pititos de mis amiguitos y el de mi hermano al orinar juntos.
Retrocedí un poco pues me asustó ver “aquello” tan grande. Mi tío tomó mis manos y las puso en el tronco de su pito, y me hizo masturbarlo un poco.
A mí se me pasó pronto el miedo. Era increíble tener entre mis pequeñas manos su pitote que, a pesar de su dureza, estaba blando a la vez. Me gustó mucho cubrir y descubrir la cabeza de su pito al subir y bajar mis manos por su tronco al apretarlo un poco, como él me había mostrado. Me reía al jugar a tapar y destapar la cabezota de su pito.
En una de esas, por el orificio de su pito asomó una gotita de algo que parecía agua, muy transparente.
Le pregunté a mi tío qué era eso y me dijo que era una babita que les salía a los hombres como él, grandes, cuando su pito estaba feliz. También me dijo que sabía rica y me preguntó si quería probarla.
Intrigado y con nervios, asentí, y entonces él la tomó con su dedo índice y la llevó a mi boca. La probé y se me hizo rica.
Y seguí masturbándolo y cada que salía una gotita de esa agüita mi tío me la daba en la boca con su dedo.
Luego de un rato, me dijo que ahora la tomara yo, pero con la puntita de mi lengua, y lo hice sin dudar.
Mi tío gimió al sentir mi lengüita lamer el agujerito de su pito, e incluso se paró de puntitas ante esa sensación.
Luego de varias lamidas, mi tío me pidió besar y lamer todo su tronco y sus grandes y peludos huevos pues me dijo que así su pito me daría mas de esa agüita.
Creí que mi tío se habia vuelto loco al ver cómo le temblaba la voz y gemía mientras yo, obediente, lamía y besaba su pito y sus huevos.
Luego de un rato me dijo:
—Juanito…Juanito…
—Mande, tío…
—Juanito, ¿te animas a chuparme el pito con tu boquita y tu lengüita?
—¿Cómo, tío?
—Como yo lo hice con el tuyo, anda…¿Sí?
—Pero, tío, no me va a caber, su pito está grandototote y grueso, y mi boquita está chiquita…no me va a caber, tío…
—Lo que te quepa, aunque sea la cabecita o la puntita, anda…y mi pito se pondrá tan feliz, que te va a regalar mucha leche.
—¿Leche? ¿Cómo la que a los bebés les dan sus mamás?
—Algo así, más o menos, los hombres la producimos en nuestros huevos y sale por este hoyito de nuestro pito. Es muy rica y nutritiva y a los niños como tú les ayuda a crecer fuertes y sanos y a que les crezca mucho su pajarito…
—¿En serio, tío?
—En serio, Juanito…
Y entonces , curioso y con ganas de complacer a mi tío y probar su lechita, acepté meterme su pene en mi boquita, pero…abría mi boca y al acercarse a su pito la cerraba y le daba un besito solamente, porque me arrepentía.
Para presionarme un poco, fingió enojarse e hizo el intento de guardarse su pene , y entonces le dije que sí me iba a animar a chupárselo…abrí mi boquita y cerré mis ojitos, tomé con mis manitas su pito y él sintió mi cálido aliento en la cabeza de su pito. Una parte de ella fue aprisionada por mis labios. La dejé un ratito y la saqué, tosiendo un poco por la falta de aire.
Me pidió intentarlo de nuevo y acepté. Mis dientecitos le raspaban un poco al meter y sacar su pene de mi infantil boca, pero el morbo, la vista y la excitación eran mayores y no me dijo nada.
Me pidió entrar y salir varias veces y respirar por mi nariz a la vez que lo masturbaba con mis manitas. Después de un buen rato le perdí el asco a meterla y sacarla de mi boca pero me cansé y me dolía mi boca y estaba cansado ya, y así se lo dije.
—Uyyyy, amorcito, ya estaba por salir mi lechita…¿no la quieres probar? Me dijo él
—¿Y sabe igual que la agüita, tío?
—La verdad no, tiene un sabor más fuerte y saladito, además de estar un poco mas espesa…
—¿Y si no me gusta, tío, la puedo escupir?
—Claro, mi niño…Tú dime si quieres que te la eche en tu boquita para que la pruebes o en mi mano o en el piso…
—Mmmmmh, no sé, tío…¿en la boca? Pero ya me cansé de chuparla.
—Mira, si quieres, puedes jugar con tus manitas con mi pito, subir y bajar en él…y cuando esté por salir la lechita, te aviso, abres tu boquita y te metes en ella lo que te quepa de mi cabecita y así te echo adentro mi lechita para que te la pases…
—Bueno, está bien, tío…
Y entonces, puse mi boquita cerrada en la punta de su pene y rodeé con mis manitas su pene para empezar a masturbarlo.
Pero…justo en ese momento, mi madrastra me llamó para enviarme a traer las tortillas pues estaba por llegar mi papá a comer.
—Ve, amorcito…pero lava primero tus manos y boca en el baño, no vayas a contarle a nadie lo que hicimos y toma esta moneda para que te compres una gelatina o un helado en la tortillería, como premio por lo bien que te portaste.
—Gracias, tío…si quiere después de comer vengo a jugar de nuevo…
—Anda pues, aquí te espero…
Y me fui a hacer lo que mi madrastra me pedía, mi tío se frustró un poco y creyó que no volvería. Se lavó su pito y manos y comió con mi abuela. Se recostó un rato y ya entrada la tarde, yo llegué de nuevo, saludé a mi abuelita y me dirigí al cuarto de mi tío …
—Tío, tío, ya vine…¿no quiere jugar conmigo?
—Claro, mi niño hermoso…¿Quieres jugar al “caballito”, a las “vencidas” o a las “luchitas”?
—Mmmmmh, no, tío…¿ya no quiere jugar a lo otro?
—¿A que, a ver, dime?
—A lo que estábamos jugando cuando me llamó María (mi madrastra)…
—Mmmmh, no me acuerdo—dijo mi tío, fingiendo olvidar lo que hicimos.
—Ay, tio…le estaba chupando su pito y estaba por salirle su lechita…¿Ya se acordó?
—¡Oh, es cierto! ¿Y quieres en serio chuparme mi pito y sacarme la leche? ¿Y te la vas a comer?
—Siiii, tío, —respondí yo.
Y entonces mi tío se puso de pie y bajó su short y truzas hasta sus rodillas y yo empecé a besar, parar mi lengua por sus huevos y pito para chupárselos. Él me felicitaba por lo bien que lo hacía aunque a veces soltaba pequeños ayes de dolor al lastimarlo con mis dientitos.
Rato después me advirtió que estaba por salirle su lechita y me preguntó de nuevo dónde la quería. Me saqué un momento la punta de la cabeza de su pito y le dije que en mi boca.
Así que metí de nuevo en mi boca lo que me cabía y lo masturbé. Pude sentir cómo se hinchada su pito y él gimió muy fuerte del placer que sintió al echar su lechita en mi boca. Sentí varios chorros de algo caliente llenar mi boca y mis ojitos lagrimear un poco por el esfuerzo que hice por no vomitarme.
Mi tío se dio cuenta de ello, sacó su pito de mi boca y me pidió, asustado, que escupiera su lechita. Pero yo, cerrando mis ojitos, eché la cabeza hacía atrás y su lechita se resbaló por mi garganta hacía mi pancita.
Orgulloso, abrí mi boca y le mostré que me había pasado su leche. Me pidió lamer su pito y exprimirlo para comerme los restos de su lechita y una o dos gotitas que le salieron.
Al terminar, confundido y extrañado por el sabor, olor y consistencia de su lechita, me quedé un momento en silencio.
—¿Y qué, amorcito?—Preguntó mi tío —¿Te gustó mi lechita? ¿Sí se te hizo rica?
—No sé, tío, como que sí y como que no…
—Mmmmh…¿Y eso por que, mi lindo niño?
—Es que sí sabe diferente…y le salió bien mucha, casi me vomitaba.
—Entiendo…¿Me la volverías a chupar, para que estés seguro? —Dijo maliciosamente mi tío.
—¿Ahorita, tío? Es que me duele mi boquita de tenerla abierta tanto rato…
—En un ratito más, si quieres…La lechita se produce en mis huevos y estaban llenos, pero ahorita están vacíos. Ocupamos esperar un poco a que se llenen de lechita de nuevo…
—Ah…¿Y a usted le gustó cómo se la chupé, tío? ¿Qué sintió?—Pregunté, lleno de curiosidad.
—Uuuyyyy, Juanito…¡Me encantó y sentí bien rico! ¡Me la chupaste riquísimo! ¡Te amo! ¿Quieres que juguemos luchitas un rato en lo que se junta más lechita?
Yo acepté y durante cerca de una media hora jugamos…después ví cómo su pito crecía de nuevo y se ponía duro.
—Mira, mi pito ya está listo de nuevo para darte su lechita…¿Seguro que me la quieres chupar de nuevo y comerte mi lechita?—Dijo mi tío.
—Siiii, tío….si usted quiere sí— le respondí.
—Pues, ya sabes lo que debes hacer—dijo mi tío, y se acostó y quitó su short y truzas por completo, abrió sus piernas y me pidió ponerme de rodillas entre ellas y agacharme para comenzar a jugar de nuevo con su pito.
Él me guiaba y me decía qué hacer, o donde besar o lamer para excitarse más. Yo me sentía orgulloso de complacerlo y él me felicitaba y me animaba a seguir. Tardó un poco más en vaciar su lechita en mi boca.
Me pidió abrir la boca y mostrarle cómo estaba llena de su lechita. Cerré mi boca y ahora con menos esfuerzo, me la pasé. Le lamí de nuevo su pito y él me abrazó y me besó agradeciendo lo bien que me había portado y lo rico que sentía cuando se la chupaba.
De nuevo me preguntó si me había gustado y le respondí que sí, que sabía muy rica. Me preguntó si iba a querer chuparla de nuevo en otra ocasión y yo le dije que sí.
De nuevo me advirtió no contarle a nadie lo que habíamos hecho y me advirtió cuando le pregunté porqué no debía decirlo, las consecuencias que tendría, sobre todo para él, si no guardaba este secreto.
Me dio una moneda para comprar una golosina y me despidió.
¿C O N T I N U A R Á?



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