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Gays, Incestos en Familia, Intercambios / Trios

Jugando con dos papás 1/4

Un chico persiguiendo cosas que no debería querer ¿Qué pasa cuando un chico manipulador juega con dos hombres? Consigue exactamente lo que se merece..
Advertencias de contenido: Este relato contiene, incesto, sexo duro, humillación y bondage ligero.


 

PARTE 1/4

POV MATT

—¡Su chico favorito está en casa!

Dejo que la mochila se desplome en el suelo de la entrada y cierro la puerta detrás de mí. Me quito las botas de una patada y las coloco en el perchero junto a los demás zapatos.

—¡Papá! ¡Jamie!

Las cadenillas de cuentas que rodean mi cintura y mis caderas hacen un ruido metálico mientras me apresuro por el pasillo. Sigo el zumbido de un televisor hasta la sala de estar y me detengo justo en la entrada.

Mi padre, Michael, está sentado acurrucado junto a su marido (mi padrastro Jamie), en el largo sofá. Por el sonido de la televisión, están viendo una película de terror. Perfecto. Siempre se quejan de que la única vez que pueden ver una buena película de terror es cuando vuelvo al campus, donde debería estar.

En vez de eso, estoy a punto de estropearles la diversión. Ya hay cuatro latas de cerveza en la mesita y una caja de pizza vacía.

—¿Matt? —Papá se endereza y me mira con el ceño fruncido—. ¿Qué haces aquí? Te fuiste esta mañana.

Cruzo los brazos y hago un mohín. —Eso suena como si no me quisieras aquí. Puedo volver al campus.

—No, claro que no —dice mi padrastro—, has conducido hasta casa y es tarde. Puedes volver mañana.

Al menos Jamie parece contento de verme mientras papá frunce el ceño, pero no le hago caso. Por ahora. A pesar de su rudeza, sé que me quiere y que se alegra de que esté en casa. Sin embargo, anoche nos peleamos amargamente y esta mañana me he marchado enfadado, amenazando con no volver nunca más a casa.

Papá suspira. —Claro que puedes quedarte. Esta también es tu casa.

—¿Puedo verla con ustedes? —pregunto, señalando la televisión con la cabeza.

—Es una película de terror —dice papá—. La odiarás, luego tendrás pesadillas y pedirás dormir en nuestra cama.

—No lo haré, lo prometo.

—Bien. Pero dormirás en tu propia cama esta noche, Matt. Tienes veinte años y es hora de que aprendas límites.

Límites. Deslímites. Haré lo que me haga feliz. Papá es bueno para hablar cuando él es la razón por la que soy así. Ha estado consintiéndome desde que perdí a mi madre a los tres años.

—Déjame agarrar algo de beber del refrigerador. —Me apresuro a la cocina, agarro una lata de cerveza y la abro mientras vuelvo a la sala de estar.

—No deberías beber —me reprende papá—. No puedo creer que haya criado a un delincuente.

—Está con nosotros, cariño —dice Jamie y me sonríe—, no pasa nada, siempre que no bebas en las fiestas del campus. ¿Verdad?

Sacudo la cabeza y agito las pestañas, mintiendo como si no fuera para tanto.

—Eres un mentirosillo —dice papá—. Date prisa y siéntate para que podamos seguir con la película.

Echo un vistazo a la sala de estar y el diablillo que tengo sobre el hombro derecho me dice exactamente dónde sentarme. Me acerco a los dos hombres y me abro paso entre ellos. Ambos se mueven en dirección contraria para hacerme sitio sin reprenderme.

Disfruto metiéndome entre ellos.

Papá reanuda la película, yo bebo un sorbo de mi cerveza y abro mucho los ojos ante el espantoso bicho de aspecto alienígena que aparece en la pantalla. Me recorre un escalofrío y me acerco a Jamie. A papá no le parece nada raro.

A otras personas les parecería rara nuestra cercanía, pero a papá no. Está encantado de que Jamie y yo nos llevemos bien. ¿Y por qué no? Ha estado ayudando a criarme desde que tenía quince años. No tanto como mi padre, pero cuatro años es mucho tiempo para tener nuestro tipo de cercanía.

Mientras veo la película, jadeo, me estremezco y cierro los ojos en las partes realmente horribles.

Sí, esta noche no voy a dormir en mi cama. Los chicos que son buenos no deberían tener problemas para dormir por la noche, pero yo he hecho tantas cosas malas. Sólo sé que si los demonios estuvieran ahí fuera de verdad, me encontraría con un destino terrible.

Cuando me acabo la bebida, papá me quita la lata y la deja en la mesita con las demás.

—No tienes hambre, ¿verdad? —pregunta en voz baja.

La tengo, pero no de lo que está pensando.

—No, pero tengo un poco de frío. ¿Me das la manta, por favor?

Papá toma la manta que hay en el brazo del sofá y me la tiende. La extiendo para que cubra a los dos y me acurruco.

Cinco minutos después, mi mano se acerca a Jamie. Oigo su respiración agitada, pero espero que papá piense que es la tele. No debería arriesgarme tanto con papá al lado. Se pondría furioso, pero me gusta sobrepasar los límites y ser travieso.

Seguir las reglas no es divertido.

Jamie lleva un pantalón de chándal. Me resulta fácil agarrarle la polla a través de la tela. Aprieto suavemente y él tose, moviéndose lo suficiente para que no se note cuando aparta mi mano de su polla.

—¿Qué pasa, Jamie? —le pregunto, con los ojos muy abiertos por la inocencia.

—Sólo intento ponerme cómodo —me dice.

Papá no nos presta atención. Está concentrado en la televisión, atento a todo lo que pasa. De los tres, a él le gusta más el terror.

Esta vez, deslizo la mano por debajo de la cintura del chándal de Jamie. El vello alrededor de su pubis es grueso, como siempre. Me encanta lo peludo que es. Lo acaricio despacio para que no se note mi movimiento. No tarda en ponerse duro y eso me excita. Tengo los pezones tiesos, rozando la camiseta de tirantes que llevo puesta, y la polla me palpita en mi tanga.

Tengo muchas ganas de estar desnudo. Ayer no fue suficiente y ya se me ha escapado todo el semen. Quiero más. Quiero caminar por la casa con la semilla de mi padrastro nadando dentro de mí y que papá no sospeche nada.

Cuando termina la película, papá se estira y bosteza. Retiro mi mano de jugar con la polla de Jamie. Él la apartó tantas veces durante la película que al final se rindió y me dejó hacer lo que quería.

Siempre lo hace.

—Creo que me voy a la cama —dice papá—. Tú también deberías, Jamie. Mañana tienes que madrugar.

—Me levanto enseguida.

Papá me alborota el pelo —Pórtate bien.

Sabe lo mierdecilla que soy. Le sonrío. —Siempre seré bueno para ti, papi.

Resopla y sacude la cabeza mientras se pone en pie. En cuanto se va, me subo al regazo de Jamie, a horcajadas sobre él. Mis labios se pegan a los suyos y mis manos se enredan en su pelo. Me besa con fuerza, me mete la lengua en la boca y me aprieta el culo con las manos a través de mis pantalones cortos.

Pero entonces estoy de espaldas en el sofá y él está de pie, respirando con dificultad y mirándome fijamente.

Su cara está contorsionada y alterada, su pecho sube y baja.

—Matt —dice mi nombre con un gemido—. Estás sobrepasando los límites. No puedo seguir haciendo esto contigo. Te lo he dicho.

—P-p-pero tú me deseas. Te hago sentir bien.

—No vale la pena destruir mi matrimonio. Amo tanto a tu padre, joder. No puedo perderlo porque no puedo mantener mi polla fuera de tu culo.

Hago un mohín, me bajo los pantalones cortos y me pongo de rodillas dándole la espalda.

—Pero lo tengo todo preparado para ti. ¿Lo ves?

Sisea y miro por encima del hombro para verlo mirando el plug anal que me ha tenido abierto todo este tiempo. No siempre tenemos tiempo para prepararnos como es debido, no cuando tenemos que robarnos un momento aquí y allá. El plug me mantiene preparado para que no pierda la oportunidad de que me empujen contra una pared o me inclinen sobre una mesa para una follada rápida cuando papá no está en la habitación.

Jamie sacude la cabeza —No. Esto está mal. No puedo más.

Sale corriendo de la sala de estar. Haciendo pucheros, busco detrás de mí y me follo el culo con el plug anal. Un gemido se escapa de mi garganta. ¿Cómo ha podido resistirse? Mi padre y yo no nos parecemos en nada, pero sé que a Jamie le gustan mis extremidades delgadas y mis rasgos femeninos, mientras que también adora los delgados músculos de mi padre. No hay mucha comparación entre nosotros, pero le gusta follarnos a los dos.

No necesita tener un tipo cuando puede tener variedad. Yo soy la variedad. Me vuelvo a meter el plug y me subo los pantalones cortos. Le guste o no a

Jamie, me va a follar esta noche.

***

POV JAMIE.

¡Ese maldito chico! Siempre coqueteando, tocándome y suplicando que lo folle. Sabe que no puedo resistirme a él, con su bonita cara de hada, esas largas pestañas negras como el hollín, y luego está su cuerpo. Dios, llevo seis meses haciéndole cosas pecaminosas a ese cuerpo.

Ya es hora de que le ponga fin.

Alejarse de él ahora no ha sido fácil. No cuando disfruto follando con él. Es un pequeño salvaje, que gime tan fuerte a veces que me hace preocuparme de que algún día mi amor lo oiga.

Miro a Michael, que entra en el dormitorio desde nuestro baño privado. Se ha quitado la camiseta y solo lleva puesto la mitad inferior del pijama. El corazón me late tan fuerte que apenas puedo respirar.

Si lo pierdo…

¿Y todo por qué? ¿Un culito perfecto que rebota tan bien sobre mi polla? Incluso ahora estoy salivando por lo que dejé abajo. Me siento tan avergonzado.

—¿Cariño?

Michael me mira mientras me acerco a él, le acaricio la nuca y lo beso. Es la persona más importante para mí, justo antes que su hijo, pero sigo haciendo estas cosas vergonzosas y me dan ganas de llorar.

Michael se abre y me devuelve el beso con avidez, pero me pone enfermo que me acerqué a él medio excitado por su hijo, que sea su hijo el responsable de mi erección.

—¿Quieres? —pregunta.

—Sí, pero estoy agotado. ¿Mañana, cuando Matt haya vuelto al campus? Asiente, siempre tan conforme y sin sospechar nada. —Claro. Vamos.

Acurrúcame.

Apagamos las luces y nos metemos juntos en la cama. Se pone frente a mí y nos besamos y toqueteamos como adolescentes cachondos antes de darse la vuelta y presentarme su espalda. Le beso el hombro y me acurruco contra él.

—Te amo —le digo.

—Yo también te amo, Jamie —No tengo que ver su cara para saber que está sonriendo. Ese es mi hombre. Siempre tan malditamente feliz. ¿Y estoy a punto de arruinar eso por qué? ¿Por un chico pequeño al que le gusta joder? ¿A cuántos hombres ha seducido con su cuerpo tentador?

Los celos me invaden el pecho y cierro los ojos. No tengo motivos para estar celoso. Sólo me pertenece el hombre que tengo entre mis brazos. No hay sitio para nadie más, y menos para mi hijastro demasiado sexual.

Estoy a punto de dormirme cuando llaman tímidamente a la puerta.

—Ignóralo y se irá —dice Michael—. Ese jodido chico. ¿Y si quisiéramos follar? No puede estar metiéndose en nuestra cama cuando le da la gana.

Pero si hay alguien a quien culpar por eso, es Michael. Ha consentido a Matt demasiado tiempo. Siendo su único hijo, lo mima mucho. Matt sólo necesitaba molestarlo un par de veces y conseguía lo que quería, ya fuera dormir en la cama con nosotros, ir a nuestras vacaciones en pareja, o incluso meterse en la ducha con nosotros una vez.

Había sido muy incómodo, pero Michael se había encogido de hombros y había dicho que éramos familia. ¿Qué importaba?

Pero había importado cuando seguí mirando a hurtadillas la bonita polla de su hijo o la forma en que es tan pequeño pero tiene el culo redondo perfecto. Como un hombre que es top1, no podía no fijarme en ese culo.

Después de la ducha y de que Matt volviera a su habitación, me había follado a mi marido. Y esa fue la primera vez que sentí tanta vergüenza por desear a mi hijastro.

—¡Paaaapi! —Matt canta—, tengo miedo. No puedo dormir solo en mi cama.

Cuando lo ignoramos, sigue llamando a su padre, entonces vienen los mocos y las lágrimas.

—Entonces dormiré delante de tu puerta.

—No lo hará —digo para tranquilizar a Michael.

Pero oímos ruidos al otro lado de la puerta. Michael se levanta de la cama, enciende la luz y abre la puerta. Matt, que la había estado utilizando para mantener el equilibrio, cae dentro. Está rodeado por una manta y dos almohadas.

—Matt, levántate —dice Michael con severidad.

—Pero papá, no quiero volver a mi habitación. —Se agarra a la pierna de su padre—. Por favor, por favor, no me mandes de vuelta esta vez. No veré más películas de terror. —Echa la cabeza hacia atrás—. Técnicamente, no deberías haberme dejado verla. Ya sabes el miedo que me da mi sombra.

Michael balbucea y finalmente cede como yo sabía que lo haría. Se culpa a sí mismo de que Matt sea así y cree que ahora no tiene más remedio que seguirle la corriente.

—Sólo esta vez.

—¡Sí!

Matt corre hacia la cama y se zambulle en ella. Su pequeño cuerpo apenas rebota. Me sonríe y sé lo que me espera.

—Y nada de charlas —dice Michael mientras apaga de nuevo la luz y se mete en la cama, con Matt en medio—. Jamie tiene que madrugar.

—No haré ni pío. Me portaré bien, lo prometo.

Finge ser bueno, pero no consigo calmarme lo suficiente como para dormirme. Está más cerca de su padre, pero puedo sentir el calor de su cuerpo. Si me acercara un poco más, podría follármelo.

¡No!

Me pongo de lado, de espaldas a él, y me obligo a dormir.

No sé cuánto tiempo ha pasado cuando siento una polla dura apretada contra mi culo. Una mano se desliza bajo mi camiseta desde atrás y unos dedos tiran de mis pezones. Una oleada de placer me recorre y el hambre se instala en mis entrañas.

Matt.

—Está dormido —susurra.

Estoy demasiado duro para aguantar más. Lo he intentado, pero mi polla palpita y sólo quiero correrme.

—Vamos a tu habitación, entonces.

—No, aquí mismo.

—¿Qué?

—Duerme como un muerto. No se enterará de nada.

—No, eso es…

—Te excita. Sabes que sí.

Tiene razón. Maldición, me conoce tan bien. Pero es arriesgado. Que es la mitad del atractivo.

Me giro hacia él. No puedo verlo en la oscuridad, pero imagino que lleva esa sonrisita de suficiencia en la cara, que debería de desanimarme, pero no lo hace.

Encuentro su cara y acerco mis labios a los suyos en un beso profundo. Esta vez he cedido con demasiada facilidad, pero la forma ansiosa en que me chupa la lengua y me lame la boca no hace que me arrepienta. No, señor, estoy a un segundo de montarlo y follármelo.

Pero el problema de tomar a Matt en la misma cama donde duerme mi marido es que no puedo follármelo demasiado fuerte para que se note lo que estamos haciendo. Es una pena. La mayoría de nuestros encuentros han sido rápidos y duros, yo aplastando mi polla en su culo.

—Chúpamela.

Se desliza bajo la sábana. Mi corazón late con fuerza y puedo ver el contorno de la nuca de su padre. Respiro hondo y aguanto mientras sus labios cubren la punta de mi polla. Por experiencia, ya sé que es bueno en esto, pero siempre tiene el mismo efecto. No tardo mucho en jadear, sujetarle la cabeza con una mano y mover las caderas lentamente para follarme su sucia boca. Le encanta estar sobre la polla de su padrastro.

Si no me hubiera tentado una y otra vez antes de darme cuenta de lo que hacía, no habría caído tan fuerte. Lo ahogo con mi polla, presionando su boca hasta mi pubis y rechinando en la parte posterior de su garganta. Me empuja el muslo, pero lo sujeto hasta que me da un puñetazo en el muslo. Lo suelto y se aparta de mi polla.

La cama tiembla bajo su cuerpo mientras respira con dificultad. Vuelve a levantarse para mirarme y me avergüenzo.

—Lo sient…

Pero sus labios están sobre los míos y me devora la boca en un beso hambriento. Saboreo el sabor salado de sus lágrimas. Lo he hecho llorar, pero no tengo el menor remordimiento. No es menos de lo que se merece.

—Ya estoy mojado.

“Mojado”, para él significa que está lubricado. Se acuesta de lado y yo me giro hacia él, empujando hacia abajo sus diminutos pantalones cortos. No lleva nada debajo. Sólo tiene el plug anal en el culo. Se lo saco con cuidado y se lo acerco a la boca.

—Mantén esto en tu boquita de puta.

—Sí, papi —susurra antes de chupar el plug anal como si fuera un chupete.

Le separo las nalgas, deseando abofeteárselas, pero eso tendrá que esperar a otra ocasión.

¿Otra ocasión? No habrá otra ocasión. Esta es la última vez. Lo juro sobre mi tumba. No volveré a follarlo después de esto.

Deslizo mi polla en su culo apretado. Su agujero me aprieta, succionando mi longitud hasta que llego a la mitad. Me echo hacia atrás y empiezo a deslizarme lentamente. La cama se inclina con cada movimiento y tengo el corazón en la garganta.

Si Michael se despierta, estoy frito. Me dejaría.

Nunca lo superaría.

Pero no puedo evitar follarme el culo de su hijo.

Ya es bastante malo que haya estado haciendo esto durante seis meses.

Hacerlo mientras él está en la cama a nuestro lado es despreciable.

Pero me excita.

Pongo a Matt boca arriba y me subo encima de él, en posición horizontal. Aprieto mi polla contra él, empujando lentamente, con las caderas ondulando con cada movimiento. Su padre seguramente lo entendería si fuera el hombre que le metiera la polla a su hijo. Michael sabría lo rico que se siente estar dentro de Matt. Lo caliente y apretado que es su pequeño cuerpo. Lo bien que toma mi polla sin quejarse. Lo hambriento que está.

—Fóllame, papi —susurra con un suave gemido.

—Shh.

—No puedo. Qué rico. Mi agujero está hambriento de tu semen, papi. ¿Me follarás el culo?

¿No lo hago siempre?

Me estrello contra su culo, mi respiración se acelera. Casi. Tan cerca de darle lo que quiere. Me clavo en él con fuerza y el cabecero se sacude. Michael se mueve y yo me quedo quieto.

Oh, joder. Joder.

—Jamie —murmura Michael, palmeando la cama—. ¿Dónde está Matt? Debajo de mí.

—Volvió a su habitación.

—Bien.

No me atrevo a moverme. Debajo de mí, Matt también se queda quieto. A pesar de toda la mierda que nos hace hacer, no quiere que su padre se entere más que yo. Si Michael lo hace, sería nuestro fin, y en realidad somos una familia agradable y decente cuando no me tienta el follarme a Matt.

Con cuidado, me deslizo fuera de Matt. Esto está demasiado cerca.

—Vete a tu habitación —le digo.

—P-pero…

—Ahora.

Se levanta de la cama y sale silenciosamente del dormitorio. Le doy cinco minutos de ventaja antes de seguirlo. Su habitación es la última del pasillo. Cuando empujo la puerta, me sorprende oír sollozos en el interior.

—¿Matt?

Levanta la vista, con la cara llena de lágrimas—. Estás aquí —dice, confuso—. Me corriste.

—Para poder venir a ti. Es demasiado arriesgado al lado de tu padre.

—Oh.

Sus lágrimas deberían molestarme, pero en cierto modo me hacen sentir bien. Si no le importara mucho, no estaría llorando, ¿verdad? Pero lo último que necesito es que se me contagien sus sentimientos. He estado rezando para que encuentre a un buen chico en esa universidad a la que va para que por fin pueda dejarme en paz.

¿Es eso lo que realmente quieres?

Ahora mismo, sólo quiero estar dentro de él.

Me subo a la cama y él abre las piernas. Con la luz encendida, puedo verlo, ver su expresión cuando empujo dentro de él. Sus ojos se abren de par en par y su boca permanece abierta.

—Sí, papi —gime.

—Te gusta, ¿verdad?

Asiente. —Sí. Hazlo como a mí me gusta, papi.

¿Como a él le gusta?

Le agarro las manos y se las pongo por encima de la cabeza. Con él inmovilizado debajo de mí, me muevo, empujando más profundo y más fuerte, empujándolo realmente con mi polla, y él sólo asiente y pide más.

—Sí, papi.

—Así, papi.

—Justo ahí, papi.

—Más fuerte, papi. Y luego mi favorito.

—Este es tu agujero, papi. ¿Te gusta cuidarlo, papi? Me salgo de él. —De rodillas.

Se da la vuelta con impaciencia, el torso contra la cama, la espalda arqueada, las dos manos separando sus nalgas para mostrarme su agujero.

—Joder, Matt.

—¿Te gusta, papi?

—Me gusta.

—Dime que es tu bonito agujerito, papi.

—Mío —escupo en su agujero y meto mi polla después. Colgado de su cintura, veo cómo se abre debajo de mí, abriéndose para recibir mi polla.

Joder, necesito correrme.

Le levanto las caderas de un tirón y me agacho sobre él para ponerle la mano en la nuca y sujetarlo contra el colchón. Empiezo a cabalgar, follándolo sin parar, cada galope profundo y duro.

Su cuerpo se agarrota un segundo antes de estremecerse debajo de mí.

—Oh Dios, oh Dios, oh Dios —canta—, mi agujero. Mi pobre agujero. Papi, ¿por qué tienes que arruinarme tan bien?

Me recorre un escalofrío. Chasqueo las caderas y cierro los ojos mientras me corro, empapándolo con mi semilla.

Me desplomo en la cama a su lado. Los dos respiramos con dificultad. Se pone boca arriba con las piernas flexionadas, se golpea el agujero con la mano y se ríe.

—Es un buen agujero para follar. ¿Verdad, papi?

—Sí, sí que lo es.

Tan bueno que no sé si podré parar, pero si no lo hacemos, uno de estos días su padre se va a enterar.

No puedo perder a mi marido porque soy adicto a la boca sucia y al culo sexy de su hijo.

CONTINUARA…


Estoy aceptando peticiones para futuros relatos, sugerencias, consejos y si quieren ver algunas imágenes de los personajes. Todos es bienvenido solo escríbanme por Telegram: @Jakeabbott

 

Los quiero <3

8 Lecturas/5 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Phorass
Etiquetas: anal, hijo, incesto, madre, mayor, padre, sexo, vacaciones
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