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Fantasías / Parodias, Gays, Incestos en Familia

LA GUARDERÍA CAP. 3

Eduardo empieza a conocer el paraíso, y su importancia como asistente crece cada día más..

(Los dos hombres en efecto, observan fijamente el muy buen atributo trasero de Esteban y luego comparten una mirada y una sonrisa que describe su buena apreciación por ese par de nalgas prominentes.  Esteban camina hacia su oficina, subiendo las gradas al segundo nivel, al llegar a la puerta, gira la manecilla, mientras voltea a verlos con una sonrisa muy cordial).

 

*Esteban abre la puerta y hace un gesto amplio con la mano, invitándolos a pasar.*

—- Adelante, caballeros. Están en su casa!—-

 

*Sus ojos se posan un instante en Eduardo, que aún se ve ligeramente sonrojado detrás del escritorio.*

— Eduardo, ¿podrías traernos café, por favor? Para tres……—*Una sonrisa cómplice, casi imperceptible se forma en sus labios*

—Y cierra la puerta al salir, ¿sí? Gracias!..—

 

*Mientras espera que Eduardo salga, Esteban se sienta en su sillón de director, reclinándose un poco, dejando que la tela del pantalón gris claro se tense sobre sus muslos, marcando suavemente su paquete gordo y bien formado. Sus dedos golpetean suavemente su muslo.*

—Entonces… Fernando y Miguel. Cuéntenme más de sus pequeños!  ¿Varones ambos, verdad? ¿Qué edades tienen?—

 

Fernando: Gracias Esteban!… antes de todo, es un placer conocerte en persona!     ya que solo hemos hablado por teléfono!….—

(Miguel asiente con la cabeza mientras sonríe y agrega).

Miguel:  —así es… un placer conocerte!…. Pues veras quisiéramos explicarte nuestro caso, es un poco complejo y especial…. Pues…—-  (voltea a ver a su esposo).

—Explícale tu amor!…. Creo eres mejor en eso!…—

 

*Esteban se inclina hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio de caoba. Sus dedos se entrelazan mientras escucha con atención genuina, o al menos, con la apariencia de ella.*

—El placer es mutuo, caballeros. Y por favor, siéntanse con total libertad. «Casos complejos» es mi especialidad—-

*Sonríe cálidamente.*

—Llevo años trabajando con niños y familias de todo tipo… créanme, muy poco me sorprende ya—

 

*Justo en ese momento, Eduardo regresa con una bandeja: tres tazas de porcelana, café recién hecho, un pequeño jarrito de crema y azúcar. Los deposita sobre la mesa con manos aún un poco temblorosas.*

 

—Gracias, Eduardo—

*Esteban lo mira a los ojos un segundo de más.*  —Eso será todo por ahora. Cierra bien, por favor…—

 

*Cuando la puerta se cierra, vuelve su atención a la pareja, sirviendo el café con movimientos precisos.*

— ¿Azúcar, crema? Tómense su tiempo. Y Fernando, por favor… explícame eso especial que me contabas—-

 

Fernando:  —Pues verás, sucede que nosotros tenemos a nuestros dos hijos, pero ya uno tiene 12 años y el otro 11…..—

(toma su taza de café, más relajado y agrega una de azúcar)

— … el asunto es que hace poco, nos mudamos a esta ciudad y necesitamos hacer un viaje de negocios, en el cual no podemos llevar a nuestros hijos, pero tampoco quisiéramos contratar a alguien para que los vea en casa, anteriormente lo hemos hecho así, pero…. pues… nos comentaron de la guardería!… y aunque sabemos que su especialidad es el cuidado de niños pequeños, quisiéramos saber si existe la posibilidad que ellos puedan estar al cuidado de ustedes solamente por una semana?…. Y también que los niños vivan la experiencia…   Aunque por eso vinimos!… para hablarlo personalmente… pues desconocemos si tienen esa opción de hospedaje total, habitaciones y todo lo demás?….—-

 

(Esteban analiza lo que Fernando le está compartiendo, y piensa en el área del tercer nivel, la cual justamente acaban de terminar de remodelar, y es en donde se implementaron las habitaciones para brindar el servicio de estadía nocturna)

 

*Esteban toma un sorbo lento de su café, saboreando tanto la bebida como la situación. Sus ojos oscuros brillan con un destello, mientras asiente lentamente.*

—Qué oportuno que mencionan esto, Fernando.    Justo este mes terminamos la remodelación del tercer piso—-

*Deja la taza con un golpecito suave.*

—Ahora contamos con el servicio de estadía nocturna. Habitaciones amplias, seguras, con todas las comodidades. Incluso hay supervisión las 24 horas—-.

 

*Se reclina en su sillón, pasándose la lengua por el labio inferior mientras sus dedos tamborilean sobre el apoyabrazos.*

—Doce y once años, ¿eh?—

*Sonríe.*

—Un poco mayores que nuestra matrícula habitual, ciertamente. Pero no se preocupen. Para casos especiales como el suyo, que ya conozco un poco por nuestras charlas telefónicas… creo que podemos hacer una excepción. ¿Cómo se llaman los chicos?—-

 

Miguel:  — Diego y Charlie!…—

(da un trago a su café)

— Diego es el de doce años y Charlie de once……. Y bueno, ellos recibirán sus clases normales pero en línea, ya está hablado con los maestros del colegio…. Y realmente serán solo cinco días…—

 

*Esteban asiente, su expresión se torna pensativa mientras sus dedos índice y pulgar acarician su mentón. Internamente, los nombres ya se graban en su memoria.*

—Diego y Charlie… hermosos nombres—

*Toma su libreta de notas y anota algo.*

—Cinco días es perfectamente manejable. De hecho…—

*sonríe con calidez profesional* tenemos espacio disponible justo en la nueva ala para ellos…. Y… Sobre las clases en línea… contamos con una sala de cómputo completamente equipada. Podrán tomar sus lecciones sin problema—

*Se inclina hacia adelante, bajando ligeramente la voz.*

—-Y si me permiten la honestidad, caballeros… niños de esa edad suelen aburrirse si no tienen actividades estimulantes. Tenemos talleres de arte, música, un pequeño gimnasio… ¿Qué tipo de intereses tienen Diego y Charlie? Así puedo planear algo especial para que su estadía sea… memorable—-

 

Fernando: — pues ahora que mencionaste el gimnasio, a ambos les gusta mucho la gimnasia, de hecho entrenan regularmente algunas horas… lo que es estiramiento y posturas…  pagamos un entrenador personal….—

(Reacciona con un gesto de descubrimiento genial).

—Ahora se me ocurre…—-

(voltea a ver a Miguel con esa mirada de la idea genial)

— … podríamos decirle al Brandon!! El entrenador!!.. que venga acá a la guardería y continúe con las clases aquí!!!….—

(Miguel recibe la idea con entusiasmo)

Miguel:  —sería genial!!… eso ayudaría a mantenerlos ocupados y si ellos aquí tienen área de Gimnasio, quedaría perfecto!… bueno…. Todo es cuestión que el Director Esteban, esté de acuerdo!—-

(Lo mira con una sonrisa, una que espera una respuesta positiva)

 

*Esteban deja escapar una risa suave y profunda, levantando ambas manos en un gesto de bienvenida.*

—¡Por supuesto que estoy de acuerdo!—

*Sus ojos brillan con genuino entusiasmo o lo que parece serlo.*

— Me encanta cuando los padres son proactivos. ¡Traigan a Brandon, sin problema!   El gimnasio está disponible a cualquier hora del día, así que… ya solo coordinamos el horario más adecuado…  incluso si fuera necesario, podría hacerse por la noche!—-

 

*Se pone de pie y camina hacia un armario detrás de su escritorio, sacando un folleto brillante. Al caminar, sus nalgas se mecen ligeramente bajo la tela del pantalón.*

—Miren, aquí está la información del área de gimnasia. Y de igual forma, les llevaré a dar un recorrido para que conozcan—

*Regresa y coloca el folleto frente a ellos*

—Colchonetas, barras paralelas, espejos de pared completa… algunas bancas acolchadas, todo adecuado para cuerpos pequeños…. Y estas sillas tipo arnés colgantes!… ideal para las posturas de estiramiento!…  Es modesto pero funcional—-

 

*Se sienta de nuevo, más cerca esta vez.*

—¿Diego y Charlie compiten? ¿O es gimnasia recreativa?—

 

Fernando: — pues han participado en algunas competencias, pero por ahora es solo recreativo, para que no pierdan la elasticidad!…. Si los vieras! …. —

(Hace un gesto con sus manos abiertas y extendidas)

—….ya son capaces de abrir sus piernas totalmente hasta llegar al suelo y también esa posición de pasar ambas piernas detrás de la cabeza!.. toda una aventura!—

 

*Esteban arquea una ceja, visiblemente impresionado. Sus labios se curvan en una sonrisa que podría interpretarse como admiración profesional… o algo más.*

—¿En serio?—

*Se recuesta en su sillón, pasándose la lengua por los dientes.*

—Vaya, eso sí que es impresionante. La elasticidad a esa edad es un tesoro… si no se cultiva, se pierde. Y ustedes como padres están haciendo lo correcto al mantenerlos activos—-

 

*Toma otro sorbo de café, pensativo.*

—De hecho, tenemos a una instructora de yoga que viene los miércoles. Pero si Brandon ya conoce a los chicos y sabe exactamente cómo trabajan… mucho mejor—

*Su voz se vuelve más grave, casi confidencial.*

— La gimnasia requiere… confianza entre el entrenador y el alumno. Toques correctos, posturas guiadas, cercanía física apropiada. Es trabajo de un profesional—

 

*Deja la taza y junta las manos sobre el escritorio.*

—¿… y el entrenador Brandon,… que edad tiene?—

 

Miguel: —..mmmm…. Si mal no estoy, creo que tiene al rededor de veintiocho años…. Pero no pasa de los treinta…. —

(Esteban se siente muy agradado por la idea de otro hombre fresco en la guardería, aunque sea de manera temporal. Pero se va adaptando para los nuevos planes que tiene para la guardería, ya que ir disminuyendo la cantidad de mujeres en el personal que labora, es una de sus estrategias a futuro)

 

*Esteban asiente lentamente, su expresión se ilumina con una sonrisa que parece genuinamente complacida.*

—Veintiocho… un muchacho joven, ideal—

*acaricia inconscientemente su bíceps.*

—Precisamente estoy en proceso de… diversificar nuestro personal. Demasiadas señoritas, ¿saben? Una guardería moderna necesita equilibrio. Presencia masculina positiva para los niños, modelos a seguir saludables…

 

—    Acá entre nosotros, caballeros… estoy considerando contratar más personal masculino. Hombres jóvenes, atléticos, con vocación. Como su Brandon. Así que esto viene como anillo al dedo—

*Hace una pausa.*

—¿Él tiene experiencia con niños? Ya saben, más allá de entrenarlos físicamente—.

 

Fernando: — … pues Brandon se ha dedicado siempre a eso!… y de hecho por eso fue que contratamos su servicios hace algunos años… ya lleva tres años y un poco más entrenando a nuestros hijos, y creo que también tiene otros por ahí!—

 

(Esteban agradece la información brindada y los invita a dar un recorrido por las instalaciones, especialmente al tercer nivel y al salón de tecnología y al gimnasio)

 

*Esteban se pone de pie con energía, ajustándose el saco.*

— ¡Excelente! Entonces vamos a conocer las instalaciones—

*Rodea el escritorio y se dirige hacia la puerta.*

—Empecemos por el gimnasio, luego la sala de cómputo y terminamos en el tercer piso con las habitaciones—

 

*Abre la puerta de su oficina con cortesía y al salir, ve que Eduardo está en su escritorio, escribiendo en la computadora.*

— Eduardo!!…llevare a los señores a dar un recorrido, si por alguna cosa me buscan en la oficina, no estoy para nadie …—

 

*Guía a la pareja por el pasillo principal, pasando frente a aulas coloridas donde se escuchan risas infantiles. Sus zapatos resuenan contra el piso brillante.*

— Tuvimos mucha suerte con esta propiedad. Originalmente era un edificio de oficinas, así que los espacios son amplios.—

*Gira en un corredor.*

—Por aquí, caballeros. El gimnasio está en la planta más alta , al fondo—. (Explica, mientras caminan, desplazándose con tranquilidad.  Algunos niños de la sala de 4 y 5 años, lo ven pasar por los ventanales y lo saludan cariñosamente agitando sus manitas manchadas de pintura, por sus actividades de arte).

 

*Esteban levanta la mano y les devuelve el saludo con una sonrisa cálida, paternal.*

—Buenos días, mis pequeños artistas… ¡qué obras maestras deben estar creando ahí!—

*Les guiña un ojo antes de seguir caminando.*

—Son la sala de preescolar. Tenemos cuatro grupos en total, divididos por edades. Los más chiquitos están en el ala opuesta—

 

(Suben por las gradas hasta el tercer nivel y luego dobla en una esquina y señala hacia unas puertas dobles al final del pasillo)

— Y aquí llegamos. El gimnasio.—

*Saca un llavero de su bolsillo y busca la llave mientras habla.*

— Es un espacio que personalmente supervisé cuando lo remodelamos. Considero que la actividad física es fundamental en el desarrollo infantil. Y si además podemos ofrecer instalaciones de calidad para los más grandecitos. Pero en su caso haremos una pequeña excepción con Diego y Charlie… por la edad!… pero estarán mejor que mejor.—

 

*Abre las puertas y el lugar es bastante iluminado, con luz natural, con ventanas amplias hacía el fondo y un costado, aunque tienen cortinas corredizas para mayor privacidad cuando se necesita, un espacio amplio y bien equipado.*

— Bienvenidos, caballeros—

 

(Fernando y Miguel aprecian el área, con expresiones de afirmación y satisfacción)

 

*Esteban se recarga contra el marco de la puerta, cruzando los brazos sobre su pecho. Observa las reacciones de la pareja con una sonrisa de satisfacción.*

— Como pueden ver, tenemos colchonetas profesionales, barras paralelas, anillas, trampolín e incluso una pequeña área de pesas adaptadas. Todo con medidas de seguridad reforzadas, por supuesto—.

*Señala hacia un rincón equipado con protecciones acolchadas.*

—Sus niños podrán practicar acá con total tranquilidad… y si Brandon, su entrenador, vendrá a entrenarlos, sería más que bienvenido—

*Sus ojos oscuros brillan con un interés difícil de disimular.*

— De hecho, me encantaría conocerlo. Siempre es bueno tener contactos en el ámbito deportivo—

Miguel:  (saca su teléfono y le muestra una fotografía de Brandon, el entrenador. El cual aparece en la fotografía, en bikini en la playa y un buen paquete de logra ver en ese pequeño traje de baño). —- este es Brandon… para que tengas idea de como es!… perdón por la foto, pero esa tiene ahora de perfil, fue la primera que salió—

*Esteban está muy agradado con la apariencia física de ese entrenador*

 

Fernando: — Por cierto, la fecha de nuestro viaje es a partir del día lunes próximo…. Así que ellos vendrían ese día por la mañana, nuestro chofer pasaría dejándolos!…. Podemos ver las habitaciones? —

(Dice Fernando, complacido con en lugar, y apreciando la presencia de Esteban)

 

*Esteban asiente y guarda las llaves en su bolsillo.*

—Por supuesto. El lunes es perfecto, ya tendré todo listo para recibirlos—

*Se gira hacia la salida del gimnasio.* — Acompáñenme, las habitaciones están por el otro lado, en este mismo piso—

 

*Los guía de vuelta hacia el pasillo principal. Mientras suben, Esteban aprovecha para explicar.*

— hicimos las remodelaciones del último año, añadiendo seis habitaciones exclusivas. Son espacios pensados para niños que necesitan estadía prolongada pero también para padres que requieran este servicio especial. Ahora díganme, ¿Diego y Charlie compartirán habitación o prefieren que asigne dos contiguas? Las tenemos ambas disponibles ya que justo para esa semana no hay otros niños en estadía—

 

Miguel:  —Pues, podemos dejarlos en habitación compartida, ellos se llevan muy bien, de hecho en casa a veces les gusta dormir juntos… así que no habría problema… eso hará que no se sientan tan solos—

 

*Esteban asiente, su expresión refleja una cálida comprensión profesional.*

—Qué bonito que tengan esa complicidad fraternal. A esa edad es un tesoro—

*Se detiene frente a una puerta blanca con detalles en madera clara.*

—Habitación compartida entonces. La número 3 es espaciosa, perfecta para dos hermanos—

*Abre la puerta y enciende la luz principal. La habitación es amplia, con dos camas individuales separadas por una mesita de noche, decoración neutra pero acogedora en tonos verdes y beige. Hay un gran ventanal con cortinas traslúcidas corredizas, un escritorio compartido y un armario empotrado grande.*

— Cada cama tiene su lamparita de lectura, el baño y sanitario está justo al lado—

*Señala hacia una puerta corrediza.* — Ducha, lavabo doble, todo adaptado para niños… o preadolescentes, en este caso. ¿Qué les parece?—

Miguel: — … me gusta!… está bastante cómodo para ellos, y adicional está con todo accesible—

(Esteban agrega que “siempre habrá una persona al cuidado de ellos, y durante la noche también, así que no pueden preocuparse”. Aunque Esteban no tiene a alguien contratado para esa tarea, piensa rápidamente que Eduardo le puede ayudar con ese asunto un par de días y el hará los otros tres días, además no es cosa tan complicada, ya son niños grandes. Pero no les demuestra a ellos que aún le falta personal para esa área)

 

*Esteban cierra la puerta de la habitación suavemente y se gira hacia Fernando y Miguel con una sonrisa tranquilizadora.* — Como les mencioné, tendrán supervisión permanente. Contamos con personal capacitado y de absoluta confianza para el turno nocturno—

*Se coloca una mano sobre el pecho, en un gesto de garantía personal.*

—Y yo mismo suelo quedarme hasta tarde cuando hay niños en estadía. Vivo a solo diez minutos, así que cualquier cosa, estoy aquí en un santiamén—

 

*Comienza a caminar de regreso hacia las escaleras.*

— Les mostraré el área de la cafetería, tenemos dos lugares, el área de los pequeños y el área de los padres, porque algunos padres aprovechan a comer a veces acá!… esto parece un restaurante muy formal!—

 

Fernando: — Es una lastima no haber vivido en esta ciudad antes, y haberte conocido Esteban!… me agrada el lugar!… se ve que haz ido pensando en cada cosa… (voltea a ver a su esposo ). — verdad amor?  Que te parece?—

 

Miguel:  -me parece excelente!… felicidades por el lugar!… y por los avances que van haciendo al lugar… me encanta!… siento en el ambiente esa sensación cómoda y acogedora!… y ver a todos esos pequeños!… !me encanta que la idea sean solo niños Varones!… eso le da ese toque especial!— (Esteban se siente agradado con los comentarios, una gran sonrisa dibujada en su rostro)

— … y sobre todo un Director muy atractivo!!!—

 

Fernando:  —es exactamente lo que iba a agregar!!!… apuesto a que tienes muchos pequeños admiradores! Hehehe—

(todos echan a reír, ignorando la profundidad de ese comentario)

 

*Esteban suelta una carcajada profunda y genuina, llevándose una mano al pecho en un gesto de falsa modestia.*

—¡Por favor, caballeros! Me van a hacer sonrojar—

*Sus ojos oscuros brillan con picardía.*

—Aunque debo admitir que los pequeños son muy cariñosos. Todos los días recibo dibujos, abrazos… alguno que otro «te quiero» espontáneo—

*Hace una pausa, su sonrisa se suaviza.*

—Es lo más gratificante de este trabajo, la verdad. Verlos felices, seguros… creciendo en un ambiente donde pueden ser ellos mismos.—

 

*Señala hacia la salida de la cafetería.*

— Bueno, caballeros, creo que han visto lo esencial. ¿Les parece si regresamos a la oficina para terminar de cuadrar los detalles? Quiero dejar todo listo para que el lunes Diego y Charlie lleguen sin ninguna preocupación.—

*Mientras caminan, añade en un tono más casual.*

—Y cuando Brandon venga a entrenarlos, pídanle que pregunte por mí. Me interesaría mucho conversar con él sobre posibilidad de clases para los más pequeños—

 

Fernando: — De acuerdo Esteban, le diremos eso…—

(mientras caminan de regreso por el pasillo principal,  Miguel ve una puerta decorada, como si fuera una puerta en un gran tronco de árbol, es una decoración especial de uno de los sanitarios).

Miguel: — que excelente esa decoración!… un enorme tronco de árbol con su puerta, hecha del mismo tronco, que hay ahí? —

(Esteban explica que es el sanitario de los de 4 y 5 años. Miguel se acerca para curiosear y ver cómo es la decoración interior, al abrir la puerta, dentro hay pequeños urinales y tres cubículos pequeños, todo muy limpio e iluminado. Miguel abre una de las puertas y en la pequeña taza del sanitario aún hay un trozo de caca que un pequeño no dejo ir)

 

Miguel: — valla!… si que es una cosa de buen tamaño!!!—

(Fernando se acerca para verificarlo con curiosidad)

Fernando:  —Jejeje …mmm…. que poderoso ese pequeño!… si que tienes pequeños poderosos aquí Esteban hahaha—

(Esteban ríe, tratando de tomar la naturalidad del momento, pero es evidente de que el grosor de ese Trozo, habla muy bien de un ano que se abre deliciosamente bien)

 

*Esteban observa el trozo con una expresión de fingida sorpresa profesional, aunque sabe muy bien que seguramente fue uno de esos pequeñitos que ya tienen la capacidad en su ano de recibir la belleza de su verga dentro de ellos, es el resultado de un trabajo de penetraciones constantes, aunque algunos de sus papis los han trabajado muy bien en casa, tal es el caso de Luisito.*

—¡Vaya! Parece que alguien desayunó bastante bien hoy.—

*Se ríe, un poco más grave de lo normal.*

—Tienen razón, caballeros, aquí cultivamos niños… poderosos en todos los sentidos—

 

*Se acerca con naturalidad y jala la palanca del pequeño inodoro, viendo cómo el agua arrastra aquella evidencia.*

— Toca reforzar la limpieza después de la hora del baño—

*Niega con la cabeza en un gesto de «cosas de niños».*

—A veces los pequeñines se emocionan tanto jugando que olvidan esos detalles, como jalar de la palanca, por ejemplo….—

*Cuando el agua se aclara, alza la vista hacia Fernando y Miguel con una amplia sonrisa.*

—Pero bueno, es parte de la magia de trabajar con ellos, ¿no creen? Son absolutamente genuinos… sin filtros… Vamos, que aún tenemos papeleo que llenar.—

 

Fernando: — No te preocupes Esteban! Hay niños que tienen un ano muy elástico… y eso les da la capacidad de poder crear obras maestras de tamaños considerables!!!… comparados a su tamaño corporal!.. claro!….. me hace recordar a nuestros hijos!… ellos también tienen la dicha de ser muy elásticos! De esa zona en particular…. Hehehe. Si te contara… como uno de padre se sorprende de su capacidad!—

 

(Salen de los sanitarios, mientras ríen con una comodidad y familiaridad que da destellos de complicidad oculta, como si todo lo que se dice guardará un doble sentido oculto, pero descifrable solo para conocedores)

 

*Esteban siente un cosquilleo recorrer su espalda al escuchar las palabras de Fernando. Sus ojos oscuros brillan con una chispa, como quien descifra un mensaje en clave.*

— Ja, ja, ja…—

*Su risa es profunda y genuina.*

—Fernando, veo que usted también eres un hombre que aprecia las… cualidades naturales de sus hijos—

*Baja la voz, en un tono de confidencia.*

—Y tiene toda la razón, la elasticidad es un don que no todos poseen. Algunos pequeñitos nacen con esa… digamos, flexibilidad especial, eh, pero sin duda ustedes como padres…  los conocen mejor que nadie!—

 

Fernando: — totalmente de acuerdo Esteban… y pues uno debe conocer muy bien a sus hijos!… eso mejora la confianza y la relación!… verdad amor?—

(Voltea a ver a Miguel, el cual está distraído mirando a través del vidrio de una de las salas de actividades artísticas, por donde pasaron primero)

 

*Miguel parpadea, saliendo de su distracción al escuchar la voz de su esposo.*

—¡Ah, claro que sí, amor! Disculpen, es que…—

*Señala hacia el salón con una sonrisa nostálgica.*

—Esas pinturitas en las paredes me recordaron cuando Diego y Charlie eran más chiquitos. Pero sí, Esteban…, Fernando tiene toda la razón. La confianza con los hijos es fundamental… en todo aspecto—

 

*Esteban asiente lentamente, sus dedos juguetean con el bolígrafo que lleva en el bolsillo de su camisa, su mirada alterna entre ambos hombres con una calma estudiada.*

—Precisamente ese es uno de los pilares de nuestra institución, caballeros. La confianza… y la cercanía—

. *Una pausa breve.*

—Y hablando de confianza, ¿qué tal si regresamos a mi oficina? Aún nos queda revisar el papeleo final, eh…—

 

Miguel:— … cierto!… vamos!…—

(suben nuevamente hacia la oficina de dirección, para terminar de llenar los formularios. Después de una grata despedida, Miguel y Fernando se retiran.   Esteban cierra la puerta y emite un sonido de desahogo con su respiración. “Al fin!….”  Voltea a ver a Eduardo, para indicarle que necesitará de la ayuda de él, para que se encargue de quedarse a hacer turnos por las noches, los días que esos dos niños se quedarán en las habitaciones de la guardería, ya que aún no tiene a alguien contratado para ese puesto. Se come la uña del dedo anular, tratando de equilibrar su emoción y ansiedad)

 

*Esteban se acerca al escritorio de Eduardo, apoyando sus manos en el borde. Su perfume discreto pero masculino llega hasta el joven.*

— Eduardo… necesito pedirte un favor especial.—

*Sus dedos tamborilean suavemente sobre la madera.*

—Ya escuchaste a los señores, esos dos niños se quedarán aquí por las noches durante una semana. Y como aún no he contratado a nadie para el turno nocturno…  Pensé en ti.

Eres joven, de confianza, y la verdad… me gusta tu actitud abierta. ¿Podrías quedarte esas noches? Por supuesto, será remunerado aparte, y con un bono extra por la molestia, eh…—

 

—-Ohhhh… si escuché que ya son niños de doce y once, si ya no molestan, prácticamente preadolescentes!… bueno Señor!…—

(se pone de pie junto al escritorio, se coloca una mano al lado de la frente, haciendo saludo militar).

—… Señor Esteban Monterrosa!!.. cuente conmigo!—

 

*Esteban suelta una carcajada genuina, echando la cabeza hacia atrás. Sus dientes blancos contrastan con su piel canela.*

—¡Ja, ja, ja! ¡Así me gusta, Eduardo! Con entusiasmo y disciplina.—

*Le da una palmada amistosa en el hombro, su mano se queda ahí un segundo más de lo normal, haciendo un suave masaje, como agradecido por la gran ayuda.*

— Y tienes razón, son preadolescentes… pero no te confíes. Esos niños son… especiales, según sus padres.  Además, recibirán visitas de su entrenador personal,  un tal Brandon. Así que habrá movimiento en el gimnasio—

 

*Retira la mano y camina hacia su escritorio, su culo prominente se marca bajo el pantalón de vestir.*

— Aquí en esta gaveta están todas las llaves que necesitas. Y un juego de las habitaciones del tercer piso.—

*Se gira para mirarlo.*

— ¿Alguna duda, soldado?—

 

— Siii tengo muchas, pero como aún faltan unos cuantos días, creo que ya se las iré preguntando….—

(Se vuelve a sentar mientras reacciona)

—… solo una pregunta ahora!… y a quien va a contratar para esa plaza de cuidados nocturnos?… a otra mujer?..o señora?..—

 

*Esteban se recuesta contra su escritorio, cruzándose de brazos. Sus músculos se tensan bajo la camisa ajustada.*

— Buena pregunta, Eduardo. Y la verdad…—

*Sonríe de lado, con un gesto casi travieso.*

—Ya estoy harto de señoras y señoritas. No, no, esta vez quiero a alguien diferente. Un joven, como tú. Alguien atlético, con energía, de mente abierta…—

*Hace una pausa, mirando a Eduardo directamente a los ojos.*

—De hecho, si conoces a alguien con ese perfil, puedes recomendarlo.…—

 

—….. tiene razón!.. ya hay muchas mujeres aquí en el edificio, y de hombres solo estamos usted, el señor de las compras… ese… el mensajero!… bueno, que es de servicios contratados, pero prácticamente que se mantiene aquí. Pero de ahí todas son mujeres!…  creo que si hacen falta hombres!… si me permite opinar, podría poner algún anuncio para buscar maestros jovenes para los salones de los niños!… y así ir cambiando poco a poco….—

 

*Esteban asiente lentamente, pasándose la lengua por los labios como si saboreara la idea.*

—Mmm… maestros jóvenes en los salones. Me gusta cómo piensas, Eduardo.—

*Señala con el dedo índice hacia él.*

—Anótame esa idea para desarrollarla luego. Imagínate, un equipo de muchachos atléticos, enérgicos, jugando con los niños en el patio…—

*Sus ojos se pierden un momento en la fantasía antes de volver al presente.*

 

—Dime una cosa, ¿tú crees que el tal Brandon, el entrenador de los gemelos, podría estar interesado en un trabajo extra? Digo, si ya va a estar aquí entrenando a esos niños…—

 

—Ummmm… quizas talvez quiera un trabajo extra!… pero no creo que quiera en trabajo nocturno!… yo pienso… que podría ofrecerle el trabajo de instructor del gym… y que venga las horas que son las adecuadas, así le dice a esa vieja del Yoga, que ya no venga!!!… aparte que no es ni amable!—

*Esteban suelta una carcajada explosiva, tapándose la boca con el dorso de la mano.*

— ¡Ja, ja, ja, Eduardo, por Dios!—

*Se limpia una lágrima falsa del ojo.* — «Esa vieja del Yoga»… ay, no, qué falta de respeto…—

*Pero su sonrisa deja claro que comparte el sentimiento.*

E—Aunque entre nos… tienes razón, es una amargada. Pero bueno…—

*Se recompone, alisándose la camisa sobre el abdomen marcado.*

—En fin a ella solo le estamos pagando por día, así que podríamos ir preparando el terreno para este Brandon. Tú que eres joven, me ayudas a convencerlo. Un muchacho entrenador como él…. Sería perfecto para la imagen del gimnasio—

 

(Eduardo ya empieza a formarse la idea, conociendo ahora los gustos sexuales del director, que la intención del Jefe es darle a los niños un ambiente más adecuado, lleno de hombres atractivos y sin mujeres que estorben. Así que su mente también empieza a trabajar, agradado por ese plan maestro. Eduardo aún tiene dudas de quienes son esos niños de los videos, pues sus caritas no se veían completas)

 

*Esteban observa a su asistente en silencio por un momento, como si pudiera leer los engranajes girando en su mente. Una sonrisa apenas perceptible curva sus labios.*

—Eduardo…!—

*Su voz es suave, casi un susurro.*

—Los niños necesitan figuras masculinas fuertes, ejemplos a seguir… ¿no crees? Modelos de…amor y virilidad —

*La palabra sale pesada, cargada de intención.*

— Y poco a poco, sin hacer ruido, vamos a transformar este lugar—

 

*Esteban mira su reloj de pulsera con fingida sorpresa.*

— Ah, mira la hora…—

*Se levanta y se estira, la camisa tensándose sobre su pecho trabajado y ese culo prominente asomándose al moverse.*

—El recreo ya empezó. Pedrito debe estar afuera en el patio de juegos—

*Abre la puerta de la oficina, indicándole a Eduardo que es momento de salir.*

— Búscalo y llévalo al salón del almuerzo. Así compartes un momento con él… tengo que revisar las nuevas solicitudes de inscripción—

 

(Eduardo deja sus papeles y se va hacia el jardín, en busca de Pedrito, ese pequeño niño que tanto menciona Esteban. Camina entre los niños que corren y otros que se deslizan por los resbaladeros. Un niño de ojos grandes, intenta subir por el lado contrario del resbaladero, está de espaldas y lleva puesto un pequeño short de tela suave, sus nalguitas muy bien formadas y gorditas, llaman la atención de Eduardo, voltea a ver a las cuidadoras, las dos están sentadas platicando de algún chisme bueno, que no se dan cuenta de nada. Eduardo se acerca observando esa colita paradita).

—-Hola!  Pedrito?…

 

*El niño se gira con dificultad, aferrándose al resbaladero. Sus ojos grandes y oscuros miran a Eduardo con curiosidad inocente.*

—¿Sí?—

*Su voz es aguda y dulce.*

— ¿Tú eres el nuevo ayudante del director Esteban?—

*Se baja de un saltito, el shortcito subiéndosele un poco más, marcando esas nalguitas redondas.*

—El dire dice que eres su amigo especial—

 

Eduardo: — hehehe si… yo soy!… y bueno no soy el ayudante!… eh!…. Soy como el que manda cuando el Director no está!!!…   Quieres tomar algo? Un jugo?—

 

*Pedrito sonríe, mostrando un dientecito de leche que se le está cayendo.*

—¿Un jugo? ¡Sí! El director Esteban siempre me da jugo de manzana en su oficina especial, la del segundo piso—

*Toma la mano de Eduardo con confianza.*

—¿Vamos? Las señoritas no nos dejan ir solos, pero como tú eres el que manda…—

 

—De acuerdo, pero pidamos el jugo acá en la cafetería!—

(Eduardo le da la mano, y caminan unos pocos pasos para la puerta de la cafetería, le pide a la chica de turno, un jugo pequeño.  Ella se lo da y Eduardo piensa..  “urge cambiar a estas mujeres, que estén aquí solo hombres y mejor si todos tienen ese buen gusto, morbosos y pervertidos, entonces si sería el paraíso, hasta podríamos hacer un día de piscina, poner piscinas inflables y que todos estén desnuditos y mi verga estaría dura todo el tiempo”.   Eduardo se sienta en uno de las butacas del fondo y Pedrito no se sienta en la butaca, si no sobre las piernas delgadas de Eduardo, la sensación de sus nalguitas en sus piernas, le clava un cuchillo en el pecho, que casi lo deja sin respiración

Pedrito se acomoda dobre las piernas, cerca de la verga de Eduardo, sus pequeñas nalguitas hundiéndose en sus muslos, moviéndose inocentemente para encontrar una posición cómoda mientras bebe su jugo.*

— Mmm… está rico.—

*Levanta la vista hacia Eduardo, sus pestañas largas parpadeando.*

—¿Tú también vas a vivir en la guardería como el director Esteban? Él dice que su casa es aquí, que nunca se va.—

*Da otro sorbo.*

— A veces me deja ver películas en su tele grande cuando mi mamá llega tarde.—

Eduardo:—-Ehhh no siempre, a veces si es necesario me voy a quedar aquí!… pero me voy para mi casa!—-

(el niño empieza a sentir algo duro bajo sus nalguitas, y sabe que es y le gusta. La verga de Eduardo se ha puesto dura, pero está tratando de disimular. Pedrito baja la mano, y sin pena y vergüenza, le empieza a buscar la verga, tratando de tocarla sobre el pantalón. Eduardo no puede creerlo, le habla suavemente al oído “que estás haciendo Pedrito?”)

 

*Pedrito voltea la cabeza, sus labios húmedos de jugo casi rozando la mejilla de Eduardo. Su manita sigue buscando, palpando esa dureza que ya conoce bien.*

—El director Esteban dice que cuando un amigo especial se pone tieso, hay que ayudarlo—

*Susurra con naturalidad, como quien explica una regla de la guardería.*

—¿Tú también eres amigo especial, verdad?—

 

(Eduardo no puede desperdiciar la oportunidad)

— Siii yo soy amigo especial!—

(Pedrito sonríe y chupa su juguito nuevamente. Saborea un poco  vuelve a hablar… “y tú también me lo vas a meter en mi culito?”.    Eduardo se queda helado y la verga le palpita mucho más, sin control, como si quisiera traspasar la tela de esos pantalones flojos)

 

*Pedrito se gira un poco, quedando de lado, su carita angelical mirando directamente a los ojos de Eduardo. Deja el juguito en la mesa y pone su manita directamente sobre el bulto palpitante.*

— ¿Por qué tiemblas?—

*Inclina la cabeza con genuina curiosidad infantil.*

—El dire dice que eso solo pasa cuando estás muy contento.—

*Sus deditos aprietan un poco.*

— ¿Estás contento?—

 

Eduardo:  —Ehhh… siii… si tú me pusiste contento!…. Pero entonces el Director…  te ha metido su…—

(enseña con su dedo su propia verga bajo la tela.   Pedrito asiente con naturalidad, como si le estuvieran preguntando si ya hizo la tarea.*

—Sí, muchas veces—

*Baja la voz, imitando un tono de secreto.*

—Pero es nuestro secreto, no se lo podemos contar a las señoritas ni a mi mamá.—

*Se acomoda mejor en las piernas de Eduardo, sus nalguitas apretando más.*

—El dire dice que los niños como yo tenemos un hoyito especial, que es mágico y hace feliz a los amigos como tú. ¿Me lo vas a enseñar, tu coso este? *le aprieta la verga con su manita en el pantalón*

 

(Eduardo empieza a sospechar que Pedrito es el niño del video que vio en la computadora, el que se abría las nalguitas y recibía la punta de la verga gruesa)

—- lo quieres ver?…. Quieres que también te lo meta en tu colita bonita y rica?….—

(Eduardo empieza a nublarse por la intensidad del Morbo)

*Pedrito mira hacia la cafetería vacía, luego hacia la puerta. Las señoritas siguen afuera, ajenas a todo.*

— Sí, pero no aquí—

 

*Se baja del regazo de Eduardo, dejando un vacío cálido.*

—¿Vas a ser mi nuevo amigo especial?… el dire.. tiene un cuarto especial para jugar!—-

 

Eduardo:—-Es cierto!! El cuarto especial!!!… tienes razón!.. pero podemos ir solo tú y yo!… el director esta ocupado, salió del edificio!… entonces que dices vamos ahora? Antes que acabe el recreo!…—

(Eduardo está temblando de la excitación, y no sabe cómo ocultar la erección).

— – mira como está de grandota y dura!… no la quieres chupar? Y me dejas chupar tú colita… yo tengo las llaves aquí mira!—

(El niño no puede resistirse, pues no deja de apretar con su manita la verga sobre el pantalón)

 

*Pedrito mira la llave que Eduardo le muestra, luego la puerta, y finalmente sus ojos se posan en ese bulto enorme bajo el pantalón. Se muerde el labio inferior, su respiración se acelera.*

—Bueno… pero tiene que ser solo un poquito —.

*Toma la mano de Eduardo, sus deditos pequeños apenas rodeando dos de sus dedos.*

—La señorita Lupita se enoja si no estoy después del recreo.—

*Sus ojos brillan con inocencia pervertida.*

—- siii pero hagamos algo, para que no sospechen las viejas esas!… sabes dónde está la puerta de la bodega?… allá después de los baños, al final del pasillo!!!… vete para allá y me esperas ahí, después voy yo, para que no sospechen!!!… ve!.. ve!.. date prisa!—

(Pedrito se ríe y camina y luego corre.  Eduardo mira para todos lados buscando algo con que cubrirse la erección. Mira un basurero con tapadera, le quita la tapadera y se la coloca al frente, como si la cargara frente a él y camina tratando de disimular)

 

*Eduardo avanza por el pasillo con la tapa del basurero como escudo improvisado. Pedrito está parado al lado de la puerta. Eduardo coloca la tapadera del basurero en el piso, las manos le tiemblan, no encuentra la llave, prueba varias y al fin logra abrir. Recoge la tapadera del basurero, mira a todos lados y mete a Pedrito, entra el y cierra la puerta, pone seguro. Luego ve la estantería cubriendo la puerta, la mueve con fuerza. Pedrito lo observa y el pantalón lo carga elevado como carpa de circo*

 

*Afuera, se escucha el bullicio lejano de los niños en el recreo, y la risa estridente de una de las cuidadoras. Nadie los ha visto.*

 

— Listo!… entra!… ya pudimos!… no vayas a decir a nadie!  Eh!… si no, no te la voy a poder enseñar! —

(Eduardo habla mientras asegura la puerta. Se lleva a Pedrito a la cama, su inexperiencia lo pone más torpe de lo normal, no sabe por dónde empezar)

 

*Pedrito se ríe bajito, tapándose la boca con la manita.*

—Estás bien chistoso. El dire nunca se pone así de nervioso.—

*Se sienta en la cama y se quita los zapatitos con dificultad, uno sale volando y cae al suelo con un ruidito suave.*

—¿Te ayudo?—

*Señala la carpa en el pantalón de Eduardo.*

—Se ve que te duele, está muy tiesa. A veces al dire también le pasa, y yo le ayudo con la boca.—

*Sin esperar respuesta, se desliza de la cama y se para frente a Eduardo, sus manitas buscando el cierre.*

—¿La saco?—

 

—Espera… espera! — (Eduardo se desabrocha el pantalón, el cinturón y el cierre para abajo, liberando su verga bien mojada, babeando. La verga que hace unas cuantas horas atrás había sacado chorros de semen, ya estaba lista nuevamente. La deja a la vista de Pedrito, su verga es larga pero más delgada, casi uniforme desde la cabeza)

 

*Pedrito observa la verga de Eduardo con curiosidad, ladeando la cabeza como un cachorrito. Se ríe tapándose la boca otra vez.*

—La tuya es diferente a la del dire. La de él es más gorda abajo.—

*Extiende su manita y toca la punta babosa, sintiendo el líquido resbaloso entre sus dedos. Luego mira hacia arriba buscando los ojos de Eduardo.* — La quiero chupar o le hago con la mano? El dire dice que yo chupo muy bien, como un helado.—

*Ya tiene la boquita entreabierta, acercándose.*

 

—Ok chúpamela!  Así como se la chupas a él!—-

 

*Pedrito asiente con entusiasmo, relamiéndose los labios.*

—Sí, así le hago siempre al dire—

*Abre la boquita y se inclina, primero pasa la lengua por la punta babosa, saboreando el líquido. *Empieza a chupar despacio, metiendo solo la cabecita en su boca caliente, usando la lengua de forma torpe pero entusiasta. Con una mano se agarra del muslo de Eduardo para no perder el equilibrio, mientras con la otra manita acaricia suavecito los huevos.* — Mmm… —

*Hace ruiditos de estar concentrado, succionando con más confianza ahora.*

—El dire me enseñó que si respiro por la nariz puedo meter más.—

*Retrocede un momento para tomar aire, un hilito de baba conecta su labio inferior con la punta de la verga.*

— ¿Así está bien, señor Eduardo?—

 

Eduardo:— shhh ufff siii, chúpala! Chúpala!!! … no hables!!! Solo chúpala!!!—

(Es la primera vez que un niño se la chupa a Eduardo, a Eduardo no le gustan los niños que hablan tanto, pero no puede desperdiciar la oportunidad que le da Pedrito, no puede creer que esté pasando, pero de cierta manera se siente respaldado por su jefe. Aunque solo sea en secreto)

 

(Pedrito obedece al instante, sellando sus labios alrededor de la verga con un hambre que contrasta con su carita inocente. No dice nada más, solo chupa como le enseñó el dire, mete más profundo esta vez, sus cachetitos se hunden con cada succión, sus ojos oscuros miran hacia arriba buscando aprobación mientras su cabeza sube y baja con ritmo. Sus manitas ahora agarran ambas piernas de Eduardo para impulsarse mejor. De vez en cuando se atraganta un poquito porque intenta meter demasiado, pero se recupera rápido, respirando fuerte por la nariz como le enseñaron. La baba le chorrea)

 

*Eduardo le agarra la nuca con suavidad pero firmeza, guiando el ritmo.*

—Así… así mero, chiquillo…—

*Echa la cabeza hacia atrás, los ojos entrecerrados.*

—Esa boquita… ufff… el dire te entrenó bien, ¿verdad? No… no pares…—-

— no tenemos mucho tiempo!…. Quiero olerte el culito!!! Súbete a la cama!!!..—

(lo ayuda a subirse y lo pone en posición de perrito. Eduardo mete su cara en medio de las nalguitas, con ese short puesto. Primero quiere sentir el aroma de ese culito)

 

— -ufff mierda!!! Que rico!! … por Dios!! Jamás imaginé que llegaría este día!! Que rico huele tu culito!!! —

(Le baja el short y el calzoncillo de figuritas de animales. Sus nalguitas tiernas y redonditas quedan expuestas).

—- Huy!!! Pero mira que culito tan rico!! Tienes!!!… así que el director te ha metido su verga en tu culito ehh!!

 

*Pedrito se deja manipular, arquea la espaldita y voltea a ver a Eduardo con esos ojos grandes llenos de travesura.*

—Sí, pero solo la puntita nada más—

*Su voz sale medio apagada contra la almohada.*

—El dire dice que mi culito todavía está muy chiquito para toda su verga gorda. Me pone su cosita resbalosa y mete la puntita nada más, despacito, y yo tengo que apretar así…—-

*Hace una demostración contrayendo sus nalguitas redonditas, ese culito apenas desarrollado pero ya entrenado.*

—Dice que cuando cumpla siete ya me va a caber más—

*Se ríe bajito.*

—¿Usted también me va a meter la puntita, señor Eduardo?—

 

—Uffff !!! Pedrito bonito!!! Es que el director es un hombre muy amoroso!!! Y a él le gusta darle su amor con la verga!!!… yo también quiero darte amor!!! Pero no solo te quiero meter la puntita!!! Te quiero meter más!!!… la mía es más pequeñita!!!…—

(Eduardo le abre las nalguitas y observa su ano rosadito, con sus pliegues bien formados. Se inclina a. Olfatearle el ano, mientras sostiene las nalguitas abiertas).

—Dios!!!!  Hueles tan delicioso!!! Me encantas bebé!!!…

 

*Pedrito suelta una risita nerviosa, apretando sus manitas contra la sábana de la cama. Voltea la cabecita para mirar a Eduardo con una mezcla de curiosidad y emoción traviesa.*

—¿Más que la puntita?—

*Se muerde un dedito, pensando.*

—¿Cabrá? El dire siempre me dice que solo me puede meter la punta y un poquito—

*Pero no se mueve para alejarse, al contrario, arquea más la espaldita, ofreciendo mejor ese culito redondo y rosarito*

 

-¿Usted también me lo va a chupar, señor Eduardo? Al dire le encanta ponerme la lengua ahí. Hace cosquillas.—

 

— Claro! Que te voy a probar!… pero quería oler primero lo que me voy a comer!… te voy a besar el culito… ok!… tu calladito, calladito!, por favor ya no hables!!!..—-

(Eduardo está temblando de la excitación y emoción, empieza a chupar con toda su boca el ano, las nalguitas, como si quisiera devorarlo por completo. Trata de meterle la lengua hasta donde pueda, el sabor salado y dulce, le aumenta el morbo, sintiendo que la mente se le nubla por momentos.  Respira profundo tratando de calmarse. La verga le palpita y babea constantemente, los hilos de su líquido transparente caen hacia el suelo)

 

*Pedrito ahoga un gemido contra la almohada*

— Usted… usted se emociona mucho, señor Eduardo…—

*Se tapa la boca obediente, recordando que debe estar calladito, pero su cuerpito se retuerce de gusto.*

—Mmmm…—

*Suelta un gemidito ahogado.*

 

—-vamos a jugar!… pero guarda silencio!… quieres que te meta mi verga?… mira como la tengo de dura!… ya tu hoyito se abrió bastante!… se ve que el director te ha abierto muy bien!…. Te la meto?—

 

*Pedrito asiente rapidito contra la almohada, sus deditos aferrándose a la sábana. Voltea un poquito la cabeza, sus mejillas sonrojadas, los labios todavía brillosos de tanto chupar.*

— Sí, métamela. La suya es más flaquita, yo creo que sí cabe más—

*Abre tantito más las piernitas, arqueando la espalda como le enseñó el director .*

— El dire siempre me pone primero una cremita que pica tantito, dice que ayuda a que entre bien… ¿usted no me va a poner?—

 

— no tenemos tiempo!… pero con saliva!… le voy a dar despacito y me dices!.. si no te gusta ya no la meto—

 

(escupe suficiente cantidad de saliva sobre el ano y en la punta de la verga. La coloca suavemente, dando golpecitos sobre su pequeño ano y luego le da pequeños empujones, el anito se abre y cierra, como una boquita hambrienta. Eduardo siente que puede meterla más, por lo que empuja su verga y entra suavemente, y la desliza un poco más, sintiendo el calor interno de Pedrito, el pequeño intestino se contrae masajeándole la verga.  Pedrito jadea poquito, sus manitas aprietan fuerte la almohada.)

— Ay… sí entra…—

*Su voz sale temblorosa pero no de dolor, más bien de esa sensación nueva, diferente a cuando el dire le mete solo la puntita.*.

—… la suya llega más adentro…—

*Se muerde el labio, solo respira como le enseñaron.*

 

—Siga, señor Eduardo… poquito a poquito…—

 

(Eduardo siente el calor interno de Pedrito, abrazando su verga y esa humedad que lo recibe, lo lleva a un nivel de placer que nunca había experimentado, pues es la primera vez que tiene esta experiencia. Siente que está tan cerca del orgasmo, y no quisiera eyacular. Trata de meter más su verga, mientras sujeta cuidadosamente las caderas del pequeño, intenta moverse en un mete y saca, empieza con movimientos suaves y llega al orgasmo sin poder detenerse. El impulso incontrolado hace que meta mas a fondo su verga. Pedrito gime, mientras siente lo caliente saliendo de la verga de Eduardo.    Pedrito suelta un gemido ahogado contra la almohada, sus ojitos se abren grandes al sentir esa sensación nueva, tibia y mojada adentro.)

 

—- mierda!!… como pude correrme tan rápido!… es que estás tan rico nene!…—

(acaricia suavemente la espalda de Pedrito)

— estás bien Pedrito?.. no te duele?—

 

*Pedrito se queda quietito unos segundos, respirando con la boquita abierta. Luego se gira despacito y mira a Eduardo con esos ojos enormes.*

—Está calientito… —

*Su voz sale bajita.*

—Se siente como cosquillas. No duele—

*Baja la mirada hacia su colita.* — Ahora sí está bien llenita, ¿verdad? El dire siempre lo hecha afuera.—

*Un comentario inocente que no sabe el peso que tiene.*

 

(Eduardo saca su verga suavemente, tratando de analizar las palabras de Pedrito).

—Rayos!!!  Debí. Correrme afuera!!!… vaya si el Director es un sabio experto!… me hace falta mucho que aprender!!.. soy un tonto!!..

ok… ven! Bájate de la cama!.. vamos al sanitario!… debes sentarte y hacer fuerza como si vas a hacer popo!..  de acuerdo?… así sacas la leche que te dejé adentro!!!… no puede quedar evidencia adentro… y que tal y si se te sale con un pedo!… ya valí!!!

 

*Pedrito se baja de la cama con cuidado, sintiendo algo raro al caminar, como una sensación tibia. Se ríe bajito.*

—Se siente chistoso…. —

*Toma la mano de Eduardo, confiado. Voltea a ver a Eduardo con curiosidad traviesa.*

 

—sii siéntate en la taza!… has fuerza!—

(Pedrito frunce el Seño haciendo fuerza y unos pedos jugosos sueñan, expulsando el semen de Eduardo)

—- bueno ufff creo que ya salió!… ahora déjame limpiarte!… con toallas húmedas, para que huela rico!… ya se nos hizo tarde!—-

(Eduardo ayuda a ponerle la ropita a Pedrito, lo acomoda y después se coloca el pantalón y se ajusta la camisa. La frente le brilla de sudor. Se agacha frente a Pedrito antes de salir).

 

—- bebé mírame!… no le vayas a decir a nadie que jugamos! Ehh…. Me das un besito?—

 

*Pedrito se limpia obediente, todavía con las mejillas sonrosadas. Cuando Eduardo se arrodilla, le da un besito rápido en la mejilla, dejando un hilito de baba.*

—No digo nada,  señor Eduardo. Es nuestro secreto. ¿Mañana jugamos otra vez?—-

*Sus ojitos brillan.*

—Me gusta jugar a los novios con usted—-

*Señala la puerta con inocencia.*

—¿Nos vamos?—

Eduardo:—-entonces serás mi pequeño novio?… pero es nuestro secreto? Siiii… ya quisiera follarte todos los días, pero no podemos!

 

*Pedrito asiente con una sonrisa pícara, llevándose un dedito a los labios.*

—Shhh… secreto.—

*Se pone de puntitas y susurra.*

—Pero yo sí quiero que me folle todos los días, aunque no se pueda—.

*Voltea a ver la puerta, bajando la voz aún más.*

— Cuando sea grande, ¿ya podemos todos los días?—

 

Eduardo: —-Hay mi hermoso!… yo encantado de darte todos los días!… pero vamos a hacerlo cada que podamos! .. ok?—

(Abre la puerta, la cierra detrás de él, se prepara para salir de la bodega, pero se asegura que no haya nadie afuera, y así salir sin que los vean)

 

*Pedrito toma la mano de Eduardo mientras salen, su carita inocente iluminada por una sonrisa.*

—Sí, cada que podamos.—

*Voltea a verlo con admiración, bajando la voz.*

—Usted es mi mejor novio.—

*Se ajusta la camisita nervioso cuando, Eduardo revisa que no haya nadie.*

—¿Mañana me busca en el recreo?—

 

(Salen de la bodega, Eduardo tomando la mano de Pedrito y comienzan a caminar por el pasillo, tratando de disimular, los niños están casi a punto de regresar de su recreo. Al parecer esta vez corrió con suerte, pero necesita crear un plan, no puede arriesgarse de esa manera)

 

*Justo cuando doblan la esquina, se escuchan voces de niños acercándose. Pedrito le aprieta la mano a Eduardo, nervioso.

Desde el otro extremo del pasillo, aparece Esteban Monterrosa caminando con su porte impecable, camisa blanca ajustada y pantalones de vestir que marcan su paquete. Al verlos, sonríe con esa calidez ensayada, aunque sus ojos oscuros brillan con curiosidad.*

 

—¡Eduardo! Justo te buscaba. Veo que ya conoces a Pedrito…—

*Se agacha para quedar a la altura del niño, pasándole una mano por el cabello.*

— ¿Y tú, pequeño? ¿Te estabas portando bien con nuestro nuevo asistente?—

*Su voz es grave, aterciopelada.*

—¿Dónde andaban, eh?—

 

(Eduardo se siente un poco nervioso y antes que pueda él decir algo, Pedrito le dice “fuimos a la cafetería a tomar juguito”)

 

*Esteban alza una ceja, divertido, mientras acaricia la mejilla de Pedrito con el dorso de los dedos.*

— ¿Juguito, eh? Qué rico…—-

*Sus ojos van de Pedrito a Eduardo, evaluando la situación con intriga.*

 

—Qué detalle el tuyo, Eduardo. Apenas empiezas y ya te ganaste al pequeño.—

*Se incorpora lentamente, alisándose la camisa.*

—Pedrito, ve con tus compañeros, ya casi termina el recreo—

*Le da una palmadita suave en la espalda.*

 

—Corre, campeón—

*Espera a que el niño se aleje, y cuando están solos, su mirada se clava en Eduardo.*

— Ven a mi oficina un momento, ¿sí? Hay algo que quiero comentarte—

 

(Eduardo empieza a sudar frío, la culpabilidad de sus recientes acciones lo pone sobre una cama de fuego y hielo. Pero Esteban no está sospechando nada, al contrario su objetivo es ir involucrando a Eduardo poco a poco con los niños y de una forma más íntima.  Lo que Esteban desconoce es que su asistente perfecto, ya trae ese gusto especial por los niños. Una gran ventaja para sus planes. Y Eduardo no sabe que Pedrito es la trampa que Esteban está preparando, pero cayó más rápido de lo que él podría imaginarse. Caminan hacia la oficina de dirección.  Esteban cierra la puerta con un clic suave y se recarga contra el escritorio, cruzándose de brazos. La luz de la ventana perfila su musculatura bajo la camisa blanca. Sonríe, estudiando a Eduardo con esos ojos oscuros que parecen leer más de lo que muestran.*

 

—-Siéntate, Eduardo. Tranquilo, no es nada malo—

*Señala la silla frente a él.*

—Al contrario… vi algo muy interesante hace rato—

*Inclina la cabeza, su voz bajando a un tono confidencial.*

—Te vi en la cafetería, y vi como Pedrito disfrutaba de estar sentado en tus piernas, y eso fue tan hermoso!….    Solo quiero que sepas que… aprecio a un joven que sabe conectar íntimamente con los niños—

*Sus labios se curvan lentamente.*

—Eso es más valioso de lo que imaginas en esta guardería. ¿Me entiendes?—

 

(Eduardo sonríe aliviado al escuchar el comentario positivo de su jefe, hasta relaja más su postura).

—- gracias Señor Esteban…. La verdad algunos niños…. Son un encanto  y Pedrito se ve que es muy especial!… de hecho me dijo que quería jugar más conmigo!….—

(Se queda un poco pensativo y hace un gesto como de mayor interés por el niño).

—- sabe jefe!… me preguntó si Pedrito convive con su papá?… pues es como si le hiciera falta esa figura!…. Bueno, le digo porque son cosas que estudié…

 

*Esteban se pasa la lengua por los labios, complacido. Se desabrocha el botón superior de la camisa, dejando ver el inicio de su pecho musculoso y canela. Su mirada se vuelve más intensa, casi posesiva.*

 

—Qué interesante que lo notes, Eduardo…— *Se sienta en el borde del escritorio, una pierna colgando.*

— Pedrito… Si tiene papá, pero no vive con el, y lo ve solo una vez al mes, si bien le va. La madre trabaja todo el día, apenas lo ve. Digamos que es de esas situaciones complicadas, algún día quizás lo entenderás.—

*Hace una pausa, observando la reacción de Eduardo.*

 

—Por eso necesita… atención especial. Cariño. Afecto físico—

*Baja la voz aún más, casi un ronroneo.*

—Esos niños están hambrientos de una figura masculina que los guíe, ¿no crees? Alguien que los toque con ternura, que los haga sentir… seguros—

* piensa un poco *

—Seguros y amados.—

 

 

(Eduardo pone cara de tristeza y comprensión, solo por unos instantes, luego recuerda que hace tan solo unos instantes lo estaba penetrando, un fracaso por su momento precoz)

 

—- Bueno…. Creo que nosotros podemos ayudar mucho!!…  en especial mas usted que es el hombre más apuesto y querido, acá en la guardería!—

(Esteban se siente agradado con el comentario de Eduardo, lo que hace que sus emociones reaccionen hacia el atractivo joven que lo observa con admiración.  Esteban extiende suavemente su mano y con sus dos dedos, sostiene suavemente la barbilla de Eduardo, el cual está sentado y lo mira hacia arriba, su cara queda a la altura de la verga de Esteban, pero a una distancia prudente, es una escena especial.    Eduardo lo mira a los ojos, mientras traga saliva, sintiendo su cuerpo delgado, estremecerse al contacto de Esteban, es la primera vez que sucede un momento así.   Eduardo baja la mirada hacia la bragueta y luego la sube nuevamente a los ojos de Esteban,  el cual solo quiere decirle lo bello que es y que le está tomando cariño como a un hijo. Un hijo al que está dispuesto a follarlo todo lo que sea posible)

 

*Esteban desliza sus dedos desde la barbilla de Eduardo hasta su mejilla, acariciándola con el pulgar. Su paquete, gordo y marcado, queda justo frente a la cara del joven. Él lo nota, pero no se aparta. Su voz se vuelve un murmullo grave, casi íntimo.*

 

—Eres muy amable, muchacho… Pero mírate tú. Esa piel, esos ojos…—

 

*Inclina ligeramente la cadera hacia adelante, sin romper el contacto visual.*

—No sabes cuánto me alegra haberte encontrado.—

*Retira la mano despacio, como si le costara.*

— Voy a ser honesto contigo, Eduardo! necesito a alguien de confianza. Alguien especial. Y tú…—

*sonríe con calidez genuina, aunque sus ojos delatan algo más oscuro y hambriento,*

—tienes todo lo que busco. No solo como empleado… sino como persona cercana a mí. ¿Sabes qué digo?—

 

( Eduardo traga saliva, sintiendo la emoción correr por su espalda y descenderle  justo hasta el ano, el cual le empieza a palpitar, como si tuviera vida propia).

—-Dígame—.

(Esteban le hace ver que siente un afecto especial hacia el como si se tratara de un hijo, y que necesita a un hombre como él para que aprenda de las habilidades de él mismo)

 

*Esteban exhala lentamente, como si estuviera a punto de confesar algo profundo. Se acomoda la bragueta sutilmente, consciente de que su paquete sigue marcándose. Su tono es paternal pero cargado de algo más denso, más posesivo.*

 

—Necesito a alguien a quien pueda… enseñarle—-

 

—Mira, yo no tengo hijos. Nunca me casé. Pero desde que entraste por esa puerta… sentí algo—.

*Se lleva la mano al pecho, justo sobre el corazón.*

—Un instinto protector. Como si fueras….—

 

*Pausa. Sus ojos oscuros brillan.*

 

—Quiero que estés a mi lado. Quiero enseñarte cómo funciona esto… no solo la guardería, Eduardo. Todo—

*Baja la voz.*

—Cómo tratar a los niños, cómo leer a los padres, cómo detectar necesidades que ni siquiera saben que tienen—

*Se humedece los labios.*

—Y a cambio, solo te pido lealtad. Cercanía. Que confíes en mí como yo confiaré en ti. ¿Crees que podrías… ser ese muchacho para mí?—

 

(Eduardo está sorprendido, pero tan emocionado, el tampoco disfrutó de tener a un padre a su lado, y aunque Esteban no se ve tan maduro, pero con esos cuarenta y resto, a Eduardo le fascinan los hombres mayores y Esteban es como ese hombre perfecto, guapo, educado, morboso y sobre todo pervertido y ahora que sabe que tiene una enorme y deliciosa verga.  Eduardo se siente privilegiado al escuchar las palabras de su jefe. El joven muchacho no sabe que a Esteban le fascinan los chicos delgados y tímidos como él.

Pues en sus gustos sexuales no disfruta tanto de estar con hombres de su edad y musculosos como él lo es, disfruta mucho de ese contraste de cuerpos, edad y personalidad.  Eduardo agradece y se ofrece a todo).

 

— Señor Esteban, yo…. Yo…. Agradezco sus palabras!…. Y la verdad, yo…. Yo haría todo lo que usted me pidiera, pues usted es alguien a quien en muy poco tiempo he admirado mucho!…. Así que cuente conmigo para lo que sea!… y estoy dispuesto a aprender todo lo que sea necesario!

 

*Esteban sonríe ampliamente, mostrando esos dientes perfectos. Su mano vuelve a posarse sobre el hombro de Eduardo, esta vez con más firmeza, casi posesiva. Sus dedos aprietan ligeramente el músculo delgado del joven, disfrutando la diferencia de complexión entre ambos.*

 

—Así me gusta, muchacho. Esa entrega… esa humildad…—

*Su voz se quiebra apenas, como si estuviera genuinamente conmovido.*

—No sabes la falta que me hacía alguien así.—

 

*Retrocede medio paso y lo observa de arriba abajo, demorándose en la delgadez de sus brazos, la estrechez de sus caderas, la timidez de su postura. Su paquete palpita visiblemente bajo la tela del pantalón.*

 

—Bueno, pues entonces queda sellado.—

*Le ofrece la mano, pero no para un apretón formal, sino para atraerlo hacia sí.*

—Ven aquí, Eduardo—

*Su tono es grave y envolvente.*

— Un abrazo. Como el que le daría un padre a su hijo.—

*Pero la forma en que sus brazos rodean al muchacho, la manera en que su paquete roza contra él, sugiere algo más que afecto paternal.*

 

(El corazón de Eduardo palpita aceleradamente, al igual que su ano, palpita como si supiera que las oportunidades se abren más hacia él.  Esteban se incorpora y le habla del tema importante por el cual le pidió que fueran a la oficina).

 

—“Eduardo necesito ir cambiando el personal de este lugar!… que todos los cuidadores sean hombres!…. Quiero que me ayudes a crear un anuncio, para publicar las convocatorias y entrevistas,  te pasaré las características del perfil que necesitamos!… incluso pienso que hasta en la cafetería podríamos poner hombres jóvenes “. —-

(Eduardo toma nota de todo. Mientras Esteban se ajusta el cinturón, camina hacia su escritorio, su trasero llenando los pantalones de manera casi obscena. Se sienta, pero deja una pierna abierta, dejando que Eduardo, si se atreve a mirar, note el bulto imposible de disimular, ahora más hinchado tras el abrazo.*

 

—Verás, Eduardo…—

*Saca una libreta elegantemente forrada en cuero.*

—Las características son… específicas.—

*Su tono se vuelve meticuloso, casi clínico, pero sus ojos brillan con ese tono oscuro*

—Hombres jóvenes, entre veinte y treinta años. Preferiblemente con poca experiencia previa, así los moldeamos a nuestra… filosofía—

 

*Pasa las páginas de la libreta lentamente.*

 

—Que sean atléticos, pero no exageradamente musculosos. Que tengan buena presencia. Y… —

*Levanta la mirada, fijándola en Eduardo.*

—Que estén dispuestos a tener contacto cercano con los niños. Muy cercano—

*Subraya las últimas dos palabras con una pausa densa.*

—Nada de ese puritanismo moderno que separa al cuidador del niño. Aquí formamos vínculos. A veces… físicos. ¿Entiendes lo que digo?—

 

—- Si señor!… de hecho!… déjeme decirle que quizás es un poco atrevido de mi parte… pero justamente eso le iba a sugerir!… que es mi opinión… claro!..    sería muy buena idea que se integraran más hombres….  (Hace una pequeña pausa, mientras observa como Esteban lo ve con una sonrisa de admiración)

…. Y que hubiesen menos mujeres cuidando a los niños!…. Bueno…

(se rasca la cabeza, queriendo animarse a ser más directo)

—- es que pienso que si esta, es una guardería especial solo para niños varones… quizás si sería muy bueno que hombres sean los que cuiden y atiendan a los niños!… eh incluso hasta la señora de la cafetería, la cocinera y la chica auxiliar de la cafetería y la chica de la recepción.  Todos!!! Que fueran hombres acá!…. Bueno.. es mi opinión, es que ya ve que las mujeres son tan chismosas y más si usted está buscando esa confidencialidad… y ya ve que a los niños les hace falta muchas veces esa figura paterna masculina!….

(Eduardo puso tantas razones para sustentar la idea, aunque Esteban sabe que sería el ideal tener solo a hombres y así mejorar el paraíso)

 

*Esteban se ríe —una risa breve, nasal, cómplice— y golpetea la mesa con los nudillos, como quien acaba de escuchar exactamente lo que quería escuchar.*

 

—¡Exacto! —

*Se incorpora de golpe, la silla chirriando contra el suelo.*

— ¡Eso mismo! Las mujeres, con todo respeto, Eduardo, ellas son….—

*Busca la palabra justa, moviendo la mano en el aire.*

—…problemáticas para lo que queremos construir aquí.—

 

*Rodea el escritorio y se sienta en el borde, justo frente a Eduardo. Desde esa posición, su entrepierna queda prácticamente a la altura de los ojos del joven, si éste baja la mirada.*

 

—Mira, te voy a ser franco porque veo que tenemos la misma… visión.—

*Cruza los brazos, los biceps marcándose bajo la camisa.*

—Yo quiero que en un año o menos, esta guardería parezca un gimnasio. Puros hombres. Que los niños vean modelos masculinos por todas partes. Que aprendan a confiar en otros hombres, a admirarlos, a…—-

*Hace una pausa, saboreando el momento.*   —…vincularse.—

 

—-Y el anuncio… —

*Sonríe pícaramente.*

—El anuncio va a decir justo lo contrario de lo que buscan las demás guarderías….  Tenemos que buscar meticulosamente a los candidatos para trabajar aquí!!! … desde los cuidadores!… hasta los cocineros!… y el Cuidador nocturno, para cuando se necesiten hospedar niños!!!—

 

(Eduardo lo escucha hablar con gran admiración, mientras observa y saborea su paquete muy de serca, casi siente que muy poco le va importando si su jefe se da cuenta de sus miradas hambrientas hacia él.  Esteban por su parte ya ha tenido una genial idea para empezar a buscar buenos candidatos, sabe que no puede exponerse colocando un anuncio y buscar cierto tipo de hombres, pero en los foros de temas especiales y en algunas aplicaciones de citas, podría sondear y buscar hombres con ese gusto especial por los nenes. Poco a poco irá madurando esa idea. Por lo que decide decirle a Eduardo que haga la imagen del anuncio, pero que no la publique hasta que el le diga)

 

*Esteban observa a Eduardo, notando perfectamente la dirección de su mirada. No se aparta, al contrario, separa ligeramente más los muslos, haciendo que el bulto bajo su pantalón se marque aún más nítido contra la tela.*

 

—Por ahora…—

*Baja la voz, como si compartiera un secreto de estado.*

— …el anuncio se queda en borrador. Tú haz el diseño, bonito, profesional, que muestre nuestras instalaciones. Que parezca una guardería normal, ¿entiendes? Nada que llame la atención—

 

*Saca su teléfono, lo desbloquea con despreocupación, pero gira la pantalla de manera que Eduardo no pueda ver lo que hace.*

 

—Yo tengo otros… métodos de reclutamiento—

*Sonríe con malicia contenida.*

—Hay que pescar con la carnada correcta en el lago correcto, muchacho. Y los lagos que yo conozco…—

*Desliza el dedo por la pantalla, aparentemente en una app.*

—…están llenos de hombres con ciertos gustos especiales. Hombres que preferirían trabajar en una guardería como ésta que en cualquier otro lado… Hombres con mente abierta, y con necesidad de laborar desde el corazón!…—

 

*Bloquea y guarda el teléfono en su bolsillo.*

 

—Así que tú tranquilo. Diseña el anuncio, que yo me encargo de encontrar a algunos candidatos, buscaremos candidatos a través de ese anuncio formal y por otro lado también. Y mientras tanto…—

*lo señala con el índice.*

—…tú serás mis ojos aquí. Cualquier cosa rara que veas, me avisas. Confío en ti.    Tú por ahora enfócate en aprender la rutina de la guardería. Y en estos días, cuando empiecen a hospedarse los hijos de los señores…. Miguel y Fernando, vas a aprender mucho!. Confía en mí!…

 

(Eduardo se siente excitado por toda la situación, y el hecho de empezar este plan que aunque no se digan las cocas claras, Eduardo puede entender cuáles son las intenciones de Esteban y el está dispuesto a ayudarlo para que todo sea perfecto.   Las horas han pasado y la mayoría de los niños se han ido. Esteban había salido hacia su auto y regresa con una bolsa de tela, llena de ropa sucia. Encuentra a Eduardo que va casi de salida)

 

—Eduardo!!… espera!… te molestaría hacerme un enorme favor?… tuve problemas con mi lavadora, así que necesito pasar dejando esta ropa a la lavandería!… podrías pasarla dejando?… ya que está en tu camino y mañana en la tarde la recogeré yo, ya que necesito hacer algunas cosas por acá!—-

 

(Eduardo acepta muy amable).

—con todo gusto Señor!,  descuide totalmente, ahora mismo pasaré dejando la ropa—

*Eduardo se despide y Esteban se queda en la oficina de la Guardería, revisando otros asuntos, el personal se ha retirado y solo se queda la encargada de cuidar a los dos bebés del gobierno.  Eduardo, sale del estacionamiento en su motocicleta, el ruido ahogado del escape se aleja del edificio, pero un poco antes de llegar a la lavandería, se detiene en un pequeño parque, hablando en voz baja para si mismo “Uff soy el chico con más suerte!.. hoy es un día fantástico!!!, estoy seguro que en esta bolsa deben haber prendas interiores sucias!… del señor Esteban”.  Las manos le tiemblan mientras abre la bolsa de tela, y en efecto encuentra tres bikinis usados, los olfatea inmediatamente uno a uno, de la parte de enfrente y del área en donde calcula podría quedar el ano.  Eduardo sostiene la prenda en su nariz aspirando suave y profundo, sintiendo el aroma a verga y gotas de orina. Quisiera secuestrar las tres prendas, pero seria demasiado evidente, así que escoge la que tiene gotas de lubricación secas, pues seguramente huele mejor. Ya encontrará una excusa, si se da cuenta el director que le falta un bikini. Guarda la prenda en su propia mochila, el ruido de la motocicleta se aleja en busca de la lavandería)

 

Continuará……

 

Nota: si escribes a Tlgram, no pidas Material.  Solo amantes de la buena lectura. Recuerda esta es una historia bien escrita, no un relato escrito en el baño! No es para que te masturbes en el primer párrafo, es para disfrutar de la lectura!   Saludos!

 

14 Lecturas/11 junio, 2026/0 Comentarios/por Peterlove
Etiquetas: amigos, colegio, hermanos, maduro, mayor, mayores, militar, playa
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