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Gays, Incestos en Familia

Laroi y Mario: Violación en una fiesta familiar.

Laroi es un niño de 5 años que acepta la ayuda de su tío Mario en el juego de las escondidas, y termina siendo la presa de sus deseos perversos durante una fiesta familiar..
Nota inicial:

Me presento, soy Laroi. La historia que les comparto es real y me ocurrió a mí, pero se las contaré en tercera persona y con nombres alterados. Para que la disfruten aún más, añadiré detalles extras (y un poco de ficción) que ensucien el relato.

 

—–

 

Mario es un hombre de 57 años casado con Lucía, una de las tías del pequeño Laroi de 5 años. De complexión robusta y rasgos maduros, 1.78 de estatura, cabello oscuro con algunas canas, velludo, y de verga gruesa. A comparación de él, Laroi es delgado y algo algo bajito, pero con la típica barriguita infantil.

 

Lo que comenzó como una reunión familiar para festejar un cumpleaños, terminó en una peda que iría para largo. Ya entrada la madrugada, el alcohol y la confianza de estar en un “ambiente seguro” hicieron que los adultos llevaran horas ignorando a los niños, quienes, aburridos a esas horas por el ambiente de los grandes, jugaban a las escondidas por toda la casa. Mario, que no le había quitado el ojo de encima  a Laroi en toda la noche, notó la escena y no tardó en unirse al juego.

 

— Laroi, ven para acá hijo. Ahorita que vaya a mear, vente conmigo y te escondo en el baño. Nadie se va a dar cuenta y no te van a encontrar ahí.

— Sí tío, pero vamos rápido para que no me vean.

 

Con una cerveza en la mano, tomó al niño con la otra con el pretexto de ayudarlo a esconderse y, aprovechando lo enorme que era la casa, lo guió al baño más apartado de la fiesta, en el piso superior. Cerró la puerta con seguro y se sacó la verga para orinar. De pie junto a él, Laroi se sorprendió por el tamaño y grosor de Mario, pero al sentir como este lo observaba contemplandolo, trató de disimular mirando a cualquier otro lado. Cautivado por su torpe inocencia, Mario sacudía y masajeaba su miembro buscando nuevamente la atención de Laroi, apestando a meados y sudor.

 

— ¿Te gustó, verdad? – Preguntó disfrutando la incomodidad del niño — ¿La quieres tocar?

 

Sin esperar una respuesta, Mario lo tomó por la muñeca para acercárselo, queriendo convencerlo de sentir su verga semi erecta. Con el rostro del pequeño a la altura del paquete de su tío, guiaba el movimiento de su mano al masturbarlo. Por el miedo de no entender lo que pasaba, Laroi se dejaba manipular sin resistencia. Mario disfrutaba de esa sumisión, pero la falta de reacción de su sobrino también lo irritaba: quería que Laroi reconociera cuánto deseaba su pervertida verga.

Impaciente, Mario tomó un sorbo de la cerveza que llevó consigo y la dejó sobre la encimera del lavabo, luego, empujó al niño contra la pared opuesta a ellos y sonrió, acorralándolo con su cuerpo; si no obtenía una respuesta por las buenas, la sacaría por la fuerza. Con brusquedad, el tío de Laroi comenzó a restregarle su virilidad en la cara y a rozarle los labios con la punta, exprimiendo las últimas gotas de orina que le quedaban.

 

— ¿Te gusta, Larito? Que precioso te ves con mi verga en la cara, mi niño — La calentura tenía a Mario fuera de sí — ¿Ya has probado la verga, verdad? Anda, abre la boca y dime que te gusta.

Cediendo al miedo creciente, y con la ingenuidad de un nene de 5 años, Laroi abrió la boca ante una verga completamente erecta. De los 19 cm de Mario, apenas la punta rozó su lengua antes de que el sabor a orina le provocaran una inevitable arcada; por puro instinto, el pequeño estiró sus pequeñas manos, empujando torpemente a su tío con todas sus fuerzas para quitárselo de encima, pero apenas lo movió. Lejos de molestarse, aquella reacción volvió loco a Mario, quien, burlándose del niño, celebró esa primera resistencia infantil. 

 

— ¿Qué pasa, Larito? ¿Muy grande para ti? 

 

Sin darle tiempo para respirar, Mario lo tomó del cabello y estampó la cabeza del niño contra la pared para inmovilizarlo. Con la otra mano volvió a meter su verga gruesa en su boquita, empujando lo más que pudiera; la cavidad bucal de Larito se sentía viscosa, calientita y completamente invadida por su tío, quien, con cada empujón, le estiraba las comisuras de los labios hasta el ardor y le causaba dolor en la garganta al retener el reflejo del vómito. Por su parte, los ojos del niño se llenaron de lágrimas por el esfuerzo de contener la hombría de Mario y seguir la exigencia de su tío.

 

— Así mi niño, abre más la boquita y traga. Esta verga es tuya, agradece que tu tío te consiente.

 

Mario comenzó a intercalar los empujones con bofetadas; al principio eran golpecitos burlones para sacudirlo, pero rápidamente ganaron fuerza, dejando la piel del niño roja. Entre escupitajos de lujuria y perversión, lo obligaba a seguir mamando mientras disfrutaba del temblor desesperado de su sobrino; en los breves segundos en que le daba un respiro, le vaciaba la cerveza por la garganta a Larito. Lo quería ebrio y flojito para que el cuerpo del niño cediera y se entregara por completo a lo que su tío tenía planeado para él. 

 

Continuará…

 

—–

 

Esta fue mi primera vez escribiendo aquí. Espero que disfruten la historia y comenten para si les gustaría una segunda parte.

12 Lecturas/3 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Laroi64
Etiquetas: alcohol, baño, cumpleaños, ebrio, hijo, maduros, sobrino, verga
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