Laroi y su tío: Violación en una fiesta familiar 2
Continuación de la historia de Larito, un niño de 5 años embriagado por su tío que, tentado por sus pervertidos deseos, decide violar al pequeño en un baño durante una fiesta familiar..
Con Larito aturdido por el alcohol, sin aire y agotado, Mario lo tiene justo donde quería. Sintió la cabeza del niño ladearse torpemente, incapaz de sostenerse por sí mismo, mientras un hilo de saliva mezclado con cerveza le escurría por la barbilla. Mario contemplaba a su sobrino con una fascinación oscura, disfrutando ver como los ojos del pequeño ya no lograban fijar la mirada y cómo sus brazos se aferraban sin fuerza a su tío, no para pelear, sino para no caerse por el mareo.
— Mírate nada más, estás hecho una putita – murmuró Mario, restregando su verga por el rostro de Larito.
Sin dejar de burlarse de la sumisión del niño, y lo pendejito que el alcohol lo había dejado, Mario volvió a empujar su verga por la boca calientita del pequeño, notando como este cedía ante su fuerza y le permitía deslizarse más profundo. Mario aprovechó la tentadora facilidad para sobrepasar los límites de Larito: continuó empujando hasta sentir como la garganta del infante se abría para recibirlo por completo. Una descarga de placer elevado recorrió el cuerpo de Mario, disfrutando de lo caliente, húmedo y estrecho del canal.
Tirando del cabello a su sobrino, Mario retiró su miembro lo justo para dejarlo respirar; desesperado, Larito jadeó violentamente, sofocado aún por el impacto de sentir por primera vez la garganta completamente tomada. Sin darle tiempo a recuperarse, Mario se sentó en el inodoro, arrodilló al niño entre sus piernas, y sin aviso alguno, le cruzó la cara con una bofetada firme que lo desorientó; antes de que pudiera reaccionar, Mario volvió a atascarle la boca con su miembro, mientras con la mano libre acariciaba las nalgas de Laroi.
— Qué puta te veías con este pantalón… ¿Querías que te vieran, verdad Larito? — se burló Mario, apretándole la nuca con fuerza mientras le bajaba el pantalón, dejando expuesto un culito bien formado y paradito — Mira nada más lo que escondías…
Sin pensarlo, Mario le soltó un par de nalgadas secas que resonaron en las paredes del baño, dejando la piel al rojo vivo. Larito dio un brinco ahogado del dolor, reteniendo el aire con la garganta aún invadida. Su tío apretó la carne caliente una a la vez, abriéndole ligeramente los cachetes para admirar la cerrada entrada.
— Seguro andabas paseando el culito esperando que alguno de los pendejos de tus primos o tus tíos te pusiera atención — murmuró con con morbo, dándole una embestida profunda en la boca para cortarle el aliento — Pero te tocó algo mejor Larito… ¿A quién esperabas putito? ¿Tu tío Roberto…? ¿Tu tío Nacho…? ¿O alguno de tus primos?
Laroi intentó negar con la cabeza, pero la mano de Mario en su nuca le trancó cualquier movimiento, ahogando sus protestas contra la carne dura que le tapaba la garganta. Sin usar saliva, comenzó a presionar uno de sus dedos contra su entrada, forzando el esfínter del pequeño a ceder por las malas. La fricción áspera estiró el canal inexperto con un ardor punzante, clavándose sin piedad.
— Qué rico me aprietas el dedo Larito, ¿te gusta? — susurró con crueldad, hundiéndoselo más mientras le marcaba un ritmo pesado en la boca — ¿Ya te han rebentado el culito, o yo seré quien te estrene, mi niño? ¿Estuviste esperando a que la verga del tío Mario te violara primero?
El pervertido hombre comenzó a bombear el canal con frialdad; con su dedo bien adentro, buscó el ángulo para enganchar un segundo. Sin darle un segundo para adaptarse, le encajó el dedo medio a la par. La carne de Laroi, estrecha y seca, chilló en resistencia; por dentro, el canal virgen reaccionó tratando de expulsar a su tío: cada pliegue de piel se contrajo, seco y caliente, abrazando los dedos de su tío con una presión sofocante. Para Larito, el estiramiento se sintió como una quemadura limpia que se propagaba hacia el vientre, pero el alcohol que traía encima convirtió el desgarro en un pulso de calor líquido que le hacía temblar las piernas. Mario, por su parte, sintió la rigidez del anillo anal ceder, devolviéndole una pulsación apretada y febril que le dejó en claro lo intocado que estaba ese espacio.
Disfrutando de esa resistencia, forzó un tercer dedo con un movimiento torpe y agresivo, calentando aún más a Mario; ver la entrada de su sobrino violada de esa forma le nubló la cordura por completo, dejándolo sumergido en una lujuria absoluta. Con un tirón brusco, Mario expulsó finalmente su miembro de la boca del pequeño, dejando libre su garganta por primera vez en toda la sesión; Larito soltó un jadeo agónico y rasposo, buscando desesperadamente un hilo de aire mientras la cabeza le daba vueltas.
Sin más tiempo para recuperarse, Mario lo puso de pie a la fuerza para terminar de desnudarlo, mientras él mismo desabrochaba su cinturón para liberarse del pantalón. Luego, cargó el dócil cuerpo de Larito y lo acostó sobre el lavamanos, abriéndole las piernas de par frente al espejo; extendió la mano para tomar la cerveza sobrante que permanecía en el mueble, y vació el líquido en la entrada maltrecha del niño: el gas y el alcohol provocaron un ardor punzante que hizo temblar los muslos del pequeño. Para Laroi, sin embargo, la realidad ya no era clara; la cerveza terminó de asentarse de golpe en su sistema, haciendo que la habitación girara y le retumbaran los oídos. Incapaz de emitir un grito o de oponer resistencia, se quedó completamente ido, con la mirada perdida en el techo y lágrimas silenciosas bajándole por las mejillas, atrapado entre el dolor y un placer abrumador.
Mario ni siquiera se molestó en extender el líquido, la mínima lubricación de la cerveza le bastaba. Posicionó la cabeza de su miembro directo contra el orificio tenso y empujó con todo su peso; la estrechez virginal de Larito volvió la penetración dura y difíficll. Lejos de frenarse o ablandarse por el dolor ajeno, sentir la carne del niño desgarrarse ligeramente al apretarlo le dio un disparo de adrenalina y placer; apoyó las manos con fuerzas en la cintura del pequeño y hundió la mitad de su verga en él. La presión interna hizo que su sobrino ahogara un sollozo contra el aire del baño. Mario se inclinó sobre su cuello, respirándole agitado y besando con pasión la zona mientras saboreaba lo apretado de la entrada.
— ¿Siente como te voy a romper, mi niño? — susurró apretándole la cintura hasta hincarle las uñas — No me importa cuánto llores, de este baño no sales sin estar bien violado y con mi leche escurriendo de tu culito.
Sin darle tregua, Mario se impulsó hacia adelante y terminó de enterrar sus 19 cm en el niño, clavándose hasta el fondo para llenarlo por completo.
Continuará…
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Comenten si les gustaría la tercera parte de la historia, ¿creen que alguien pueda interrumpirlos o sospechar en la fiesta al notar la ausencia de los dos?

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