Lumeria: El Capitán y el Nerd – Capítulo 3
Capítulo 2, terminamos terminamos con el enorme nudo de Nick llenando al pequeño zorrito Nerd durante casi una hora.
Habían pasado nueve meses desde aquella primera noche en la que todo cambió.
A partir de esa noche, el sexo se volvió una necesidad diaria.
Durante las primeras semanas follaban como animales en celo: en la habitación de Alex, en la ducha, contra el escritorio donde antes estudiaban, e incluso una vez en los vestidores del equipo después de un entrenamiento, cuando Nick no aguantó más y penetró a su zorro contra las taquillas mientras le tapaba la boca para que no gritaran. Nick era insaciable. Su nudo se hinchaba dentro de Alex casi todas las noches, a veces dos o tres veces por día. Alex, aunque pequeño y delgado, descubrió que adoraba esa sensación de estar completamente lleno, estirado y marcado por su lobo.
Al mes y medio, Alex empezó a sentirse raro: náuseas por las mañanas, sueño constante y un hambre voraz. Cuando se hizo la prueba en Lumeria (donde los embarazos entre machos no eran raros cuando el lazo era fuerte), el resultado fue positivo. Estaba embarazado.
La noticia los dejó en shock durante unos minutos. Nick, el capitán fuerte y seguro de sí mismo, se arrodilló frente a su pequeño zorro con los ojos húmedos y besó su vientre todavía plano.
—Voy a ser papá… —susurró con la voz rota—. Y tú vas a ser el mejor padre del mundo, mi nerd hermoso.
A partir de ese momento, Nick se volvió aún más protector. Decidieron que Alex no podía seguir viviendo solo en su pequeña habitación cerca del campus. Dos semanas después de confirmar el embarazo, Nick rompió su contrato de residencia en la casa del equipo y se mudaron juntos a un departamento más amplio y cómodo en las afueras del campus, pagado en parte con la beca de Nick y el dinero que Alex ganaba dando tutorías.
La convivencia fue intensa y dulce. Nick cocinaba, limpiaba y cargaba a Alex en brazos cuando las piernas le fallaban. Y el sexo… no paró. De hecho, aumentó.
Durante el segundo y tercer mes, Alex estaba más caliente que nunca por las hormonas. Pedía que Nick lo follara casi todas las noches, a veces incluso dormido, despertando con el nudo ya hinchado dentro de él. Nick aprendió a ser más cuidadoso conforme la barriga crecía, pero nunca dejó de penetrarlo profundamente. Descubrieron que al pequeño zorro le encantaba cabalgar sobre su lobo mientras su vientre redondo se balanceaba entre ellos.
En el cuarto mes, la barriga de Alex ya se notaba claramente. Sus clases las tomaba en línea porque caminar se le hacía cada vez más difícil. Nick faltaba a algunos entrenamientos para acompañarlo a las revisiones médicas. En la quinta y sexta luna, el sexo se volvió más lento y profundo: Nick pasaba horas con su nudo hinchado dentro de Alex, meciéndose suavemente mientras le acariciaba la enorme barriga y le hablaba al cachorro que crecía dentro.
—Te quiero tanto… —le susurraba Nick mientras lo llenaba una y otra vez—. Eres mío, Alex. Los dos son míos.
Para el séptimo y octavo mes, Alex ya estaba enorme. Su vientre redondo y pesado hacía que su miembro pequeño quedara casi oculto debajo. Aun así, seguían haciendo el amor casi a diario. Nick lo penetraba con cuidado, siempre desde atrás o de lado para no presionar demasiado la barriga, y terminaban unidos por el nudo durante largos ratos, besándose y acariciándose mientras el cachorro pateaba fuerte contra las paredes internas.
Ahora, en el noveno mes, Alex estaba a punto de explotar. La barriga era tan grande que apenas podía caminar sin apoyo. Sus pezones se habían oscurecido y a veces soltaba gotitas de leche cuando Nick los chupaba con demasiada pasión. El doctor les había advertido que el parto en Lumeria requería una estimulación profunda y constante: Nick tendría que estar dentro de Alex, penetrándolo y manteniendo el nudo hinchado durante todo el proceso para que el canal se abriera correctamente y el parto fuera seguro.
Y ese día había llegado.
Estaban en la sala de parto de la clínica especializada. Alex, con su enorme barriga descansando entre las piernas abiertas, miraba a su lobo con una mezcla de miedo, deseo y amor infinito. Nick, ya desnudo de cintura para abajo, con el miembro grueso y completamente erecto, se acercó a su zorro.
—Estoy aquí, mi amor —gruñó suavemente, acariciando esa barriga tensa—. Voy a estar bien adentro de ti todo el tiempo… como siempre.
Alex solo pudo gemir bajito y abrir más las piernas, sabiendo que en pocos minutos el nudo de su capitán volvería a hincharse dentro de él, esta vez para traer a su hijo al mundo.
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