Mi hijo, mi único alivio parte 8. El cumpleaños de Dani
Con nuestros niños en brazos, nos fuimos al cuarto de José. Juntos, él y yo les quitamos los trajes de baño para dejarlos como dios los trajo al mundo, yo hasta en cámara lenta para disfrutar cada parte de mi niño..
Hola, soy Gabito y finalmente Marco ha actualizado este relato. Si es tu primera vez leyendo está historia, apretando en la parte anterior encontrarás los links a cada relato antes que ese. Parte 7 aquí: https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/gays/mi-hijo-mi-unico-alivio-parte-7-la-iniciacion-del-padre-de-rodri/
¡Hey! ¿Qué pedo, amigos? Sé que los he tenido abandonados de hace un buen, pero las cosas se han normalizado en mi vida y eso quiere decir mucho trabajo.
Así que hay que ponernos al día.
Mi esposa y yo hablamos seriamente; resulta que ella se enamoró de su trabajo, no quería dejar de trabajar en el hotel y obviamente eso me convenía a mí. Así que ahora, ella sigue bajando los fines de semana y yo regresé al trabajo de 7 a 3 pm.
¿Mi pequeño príncipe? A él lo dejo en la primaria a las 7 am y mi mamá se queda con él cuando sale, de ahí hasta las 4pm que llego por él. Así que, de 4 hasta que su cuerpecito aguante, es todo mío para seguir cogiendo a libertad.
Me encantaría decirles que después del relato anterior, hemos estado teniendo encuentros con José y Rodri, pero lo cierto es que su esposa Sara casi no los deja solos para que vengan, así que han sido como unas 2 veces que hemos vuelto a coger juntos. Eso sí, cada cuanto me manda ricos videos de como le revienta el culo al puto de su hijo y viceversa. Así que, seguimos en las andadas.
Si bien, les conté esta historia este año, yo comencé a mediados de 2024 a pervertir a mi niño. Este noviembre, mi Dani cumplió 9 añitos y eso ameritaba un regalo especial.
Su cumpleaños cayó lunes, pero por el trabajo de mi esposa, lo celebramos el domingo. Una pequeña fiesta con nuestros familiares, José y Sara, y uno que otro amiguito de Dani. Todo normal, ya saben: familia modelo, ¿verdad? Jajaja
Pues lo chingón viene el lunes. Nuevamente, Sara dejó la ciudad por pedos de su familia y Rodri hizo tremendo berrinche para quedarse con José.
Así que solos y queriendo celebrar los 9 años de mi bebé como se debe, pedí permiso para un pequeño viaje de 2 días.
Así, José y Rodri viajarían a un Airbnb frente a la playa con nosotros.
Fue un pedo justificarle a mi esposa como me dieron ese permiso justo el día en que se fue, pero mi mente que solo piensa en el culito de mi pequeño, trabajó para decirle que era mi descanso inamovible y que era para celebrar a Dani. Fácil se lo tragó.
Para el lunes a las 8 am, estaba pasando por José a su casa. Acomodaron su maleta en la cajuela y mi amigo viajó de copiloto mientras nuestros putitos iban atrás jugando la switch de Rodri.
La casa que renté estaba como a dos horas en carretera, así que José y yo comenzamos a matar el tiempo platicando de diferentes temas.
– ¿Te sigues cogiendo duro a Rodri o ya le bajaste? -Le pregunté cuando la conversación se comenzó a ir a lo sexual-.
– Ya me la aguanta el putito como se ve en las fotos que te mandé jaja. Así que me reviento su culito así bien puercote. Pero sí es bien puto, anda pidiendo verga y cuando le ando reventando el culo, anda llorando.
– Así era Dani al principio, pero ahorita me la aguanta en cualquier posición.
– Pero neta cabrón, es puto puto ese chamaco, al principio llora, pero después anda cabalgando como si nada.
– Bien sabía que te salió putito jaja.
– Pero por tu culpa no dejo de pensar en el culito de mi Rodri, cabrón. –dijo después de un rato–. Antes de que me lo coja por primera vez, ya estaba bien con Sara, me la cogía cada noche y ya no andaba de pito suelto por ahí. Ahora, me caga que esté de encimosa cuando solo quiero sentir el culito de mi bebé.
—Te dije cabrón, cuando uno prueba el culito de un pollito, ya no hay vuelta atrás.
José río y seguimos el camino.
Después de unos minutos, revisé por el espejo interior que hacían los niños.
–Mira nomás a los chamacos. —le dije a José–.
Él volteó y se río.
Atrás, los niños ya habían apagado la switch para empezar a besarse con mucha pasión.
–Pero si salieron más calientes que los papás, mira nomás. –dijo José aún mirando como nuestros hijos se comían la boca–.
Mi Dani dijo que ya se habían aburrido de jugar la consola y querían jugar otra cosa. Y ya tan pervertidos por mí, que quisieron jugar con sus boquitas.
Sin dejar de estar atento a la carretera, pasaba gran parte de mi tiempo viendo como ni hijo abrazaba con cariño a su amiguito, mientras jugueteaban con sus lenguas.
Dani cubría el cuerpo de Rodri con sus piernas mientras lo sostenía del rostro para lamerle los labios. Rodri tenía abrazado a mi hijo de la espalda y sacaba su lengüita para recibir la de mi hijo.
José con una sonrisa que no se le borraba, comenzó a desabrochar su bermuda blanca.
– El conductor de pendejo solo mira, yo me voy a dar un chaquetón jajaja. –su verga ya estaba bien parada, escupió en su mano y comenzó a masturbarse viendo a nuestros niños—.
Yo solo me reí y le menté la madre, pero en realidad sí me daba coraje no poder jalarmela también. Mi verga ya estaba como piedra en mi pantalón y me dolía por como me apretada mi ropa.
Estaba tentado a parar en media carretera para cogerme a esos culitos, pero tendríamos una casa a la orilla para nosotros solos.
José seguía masturbando su pito moreno, mientras me decía lo afortunado que éramos por tener a esos niños.
Se quitó el cinturón de seguridad y llevó su mano a el shortcito de su niño, poco a poco fue dejando a Rodri con el culo al aire libre. El niño solo reía mientras su papá lo acariciaba.
— ¿Por qué no le haces lo mismo a Dani, mi vida? —le pidió José a su hijo—.
Como si fuera un juego normal, los niños rieron mientras Rodri se deshacía del shortcito playero de mi bebé.
Los dos morritos solo tenían sus playeras, con sus culitos desnudos y mostrando sus pititos pequeños. Yo estaba en el cielo, cabrones. Mi verga seguía creciendo en mi pantalón y recuerdo que ya hasta traía baboso el bóxer de tanto precum.
José puso a los niños en cuatro, desde su asiento los iba dedeando y los putitos le movían el culo a mi amigo.
Gracias a los polarizados del carro y que la carretera tenía poco flujo de coches, no me preocupé de que nos pudieran ver. Es más, me prendía ver como los carros nos arrebasaban ignorando qué podía estar pasando en nuestro carro.
Mientras los niños seguían moviendo su colita para nosotros, se seguían besando bien rico, que hasta me pongo duro escribiendo y recordándolo.
– ¿Te doy una mano, cabroncito? —José llevó su mano a mi erección—.
— Vete a la verga. —le dije apartando su mano—.
— ¿Qué? ¿Te coges a tu morrito pero te da cosa que otro wey te agarre el chile?
— No es lo mismo, cabrón.
Riéndose de mi reacción, comenzó a desabrochar mi pantalón. Esta vez me dejé, mi verga había crecido de forma incómoda y me gustó que me la sacara, al fin la tenía libre.
Efectivamente la traía bien babosa por el espectáculo de esos niños.
Mientras José me había soltado para llevar su mano atrás y dedearlos, yo llevaba discretamente una mano a mi erección que estaba a reventar.
— Papi, ya quiero que me cojas. —me suplicaba mi niño—.
— Seguimos en carretera, amor. Ya mero llegamos.
Mientras seguíamos jugando en el carro, comencé a ver la caseta de seguridad a lo lejos.
Los chamacos se taparon con una sábana que llevaban atrás por si les daba frío y José rápidamente se puso la bermuda tapando su erección con la gorra que llevaba.
Yo solo me guardé mi verga de lado ya que no había nada para que me tape.
Pasamos y un policía de acercó a nuestro carro. Me cagué de miedo y hasta empecé a sudar frío.
Solo miró enfrente y atrás, se río y me dijo que siguiera.
Y les quiero contar que no sé si sea mi paranoia, pero siento que el poli sí desifró lo que pasaba dentro. Porque nos veíamos sospechosos, con dos niños tapados de la cintura para abajo y yo con mi vergota marcada de lado. José dice que me lo imaginé, pero siento que sí lo notó. En fin, si esa sonrisa era de complicidad, un saludo al vato que ojalá ande leyendo esto jajaja.
— Por sus mamadas casi nos ven. —les dije—.
— No mames, ni por el miedo de la caseta se me baja la erección, cabrón.
Seguimos nuestro camino y llegamos a una calle de terrasería que nos llevaba a la casa. El camino estaba bien feo la neta, pero por eso elegí el lugar, para más privacidad.
Llegamos y eran unas 3 casas en fila, la nuestra siendo la última.
Bajamos del carro y ahí nos estaba esperando el dueño, nos dió las llaves, nos dio números de emergencia y nos comentó cositas que debíamos saber. Se subió a su carro y finalmente, nos dejó solos en nuestro paraíso.
La casa estaba muy bonita, era blanca, con dos pisos y orilla al mar. Tenía hamacas en la orilla y una piscina en el patio.
Además las otras dos casas no podían vernos porque tenía muros altos en el patio. En fin, la casa perfecta.
José y Rodri tomaron el cuarto de abajo y nosotros el de arriba.
Los dejamos instalándose y subimos a hacer lo mismo.
— Papi, ¿vamos a coger ahorita o primero nos vamos meter al agua? Es que me quiero meter a la piscina. —dijo mi niño cuando dejábamos las maletas—.
— No te preocupes, mi amor. El día es tuyo, ya en las noches serán nuestros juegos.
Mi bebé brincó de felicidad y comenzó a ponerse su trajecito de baño.
Bajé para guardar el pastel y los refrescos en el refri. No oía ruido abajo, me pareció raro, así que me puse a buscar a José y a Rodri.
— Este vato… —dije abriendo la puerta de su cuarto—.
José tenía a Rodri boca abajo mientras le insertaba la verga en su boca y el putito le comía la mitad.
José se río y me dijo que seguía caliente desde la carretera.
— Déjame me deslecho en su boquita y salimos.
— No tarden, Dani quiere bañarse en la piscina con Rodri.
El resto del día fue normal. José bajo después de unos 15 minutos, almorzamos comida china que trajimos del camino y estuvimos jugando en la orilla toda la tarde.
Ya en la noche, estábamos en la sala cenando. José y yo compartíamos unas cervezas, aunque no tomé mucho para disfrutar mi noche.
Saqué el pastel y comenzamos a cantarle las mañanitas a Dani. Mi niño se veía muy feliz, con una sonrisota mientras le cantábamos.
Sopló las velas y la diversión comenzó.
— Mordida, mordida. —comenzamos a decir—.
Me levanté y de un tirón me quité el short playero. Tenía la verga semi erecta, la agarré y la ensarté en el pastel.
— Da mordida, bebé. —le dije ofreciéndole mi verga llena de pastel—.
Rodri se empezó a reír junto con Dani.
— Pero muérdesela de verdad, hijo. Para que se le quite. —bromeó el cabrón de José que ya se veía borracho–.
Mi niño abrió su boquita y comenzó a mamar mi verga, comiéndose el pastel encima. Tomé la cabeza de mi niño guiando sus mamadas. Le saqué la verga y la había dejado limpiecita. Ahora tenía la boca azul por el chantilly.
— ¿Más pastel? —le dije extendiendo la crema por su boquita—.
— Sí papi.
Tomé más crema y la embarré en mi glande. Mi niño me veía lleno de morbo, yo ya estaba a mil, con la verga hinchada.
— Déjala limpiecita, bebé.
Dani tomó mi tronco y se tragó mi verga por completo, haciéndome gemir de placer. Lo tomé del cabello con los ojos cerrados y lo ensarté aun más en mi pito, mi niño tan buen mamador ni se inmutó. Sentía su lengüita lamer mi tronco, glande y uretra para limpiar todo el dulce.
Cuando abrí los ojos, vi a José ponerse crema batida de esa en aerosol en la verga y dejar que Rodri se la limpiara todita.
El pequeño aún no podía con el grosor de la verga morena de su papá, así que solo mamaba la mitad, pero con muchas ganas.
Tomé a mi hijo y lo cargué, dejándolo sentado justo sobre mi verga parada y me lo besé como nunca. Su boquita sabía a pastel, le invadí cada parte de su boca. Mordiéndole suavemente la lengua, el labio, metiéndole la mía casi a la garganta y mi niño ya toda una putita experta, se dejó hacer de todo.
Con nuestros niños en brazos, nos fuimos al cuarto de José. Juntos, él y yo les quitamos los trajes de baño para dejarlos como dios los trajo al mundo, yo hasta en cámara lenta para disfrutar cada parte de mi niño.
José abrió su maleta y sacó todo lo necesario. Una botella de lubricante y el enema para limpiar a los niños.
Yo rara vez le hacía el lavado a Dani, porque me ganaba la calentura, pero a José si le gustaba tener el culito de Rodri limpio.
Saliendo del baño, pusimos a los niños boca abajo, con las colitas curvadas para nosotros. Se veían hermosos; dos niños blanquitos, con sus culitos respingones y sus anitos abiertos por sus papis.
Yo ya iba completamente desnudo, pero José se terminó de quitar toda su ropa.
Sacó la crema en aerosol e hizo una montañita del dulce justo en los anitos de los peques. Rodri y Dani, ahora estaban en cuatro, abriendo sus colita llenas de crema y riéndose de cómo se sentía.
El cabrón de José ya bien caliente, comenzó a comerse el culo de su niño.
Yo por comodidad, decidí expandir la crema batida en todo el culito de Dani.
Con solo la puntita de mi lengua, fui lamiendo la crema en sus dos nalguitas.
Tomé su pitito lampiño y comencé a chupar de su pequeño glande, subiendo por sus huevitos rosas hasta comenzar a limpiar la crema que estaba en su anito.
Poco a poco y de puro lengüeteazo, dejé el culito de Dani completamente limpio.
Me concentré en su anito abriéndole y dejándome ver sus pliegues y seguí lamiendo todo su hoyito. Levanté el rostro y vi mi delicioso manjar, el culito blanco de mi niño todo babeado y con el anito ya rojito de tanto que se lo andaba mamando.
José besaba a su hijo con crema en la boca mientras le iba metiendo dos deditos para preparar a su culito.
— Papi, ya métemelo. Ya quiero que me cojas, papi.
— Ya sé, bebé. Paciencia. —Tomé el rostro de mi niño y esta vez lo besé románticamente—.
Lo volví a acostar y curvé su cadera, escupí en el ano de mi hijo y comencé a expandir mi saliva. No tenía ni ganas de levantarme por la botella de lubricante, yo ya quería estar dentro de mi niño.
De rodillas en la cama, dejé caer un escupitajo en mi glande y lo restregué en toda mi verga.
Punteé el anito de Dani y fácilmente, pero de poco en poco, mi verga comenzó a entrar en su culito.
Suspiré y tomé a mi niño de las caderas. Le apreté sus dos nalgas y dejé ir mi verga hasta su pequeña próstata. Mi bebé gimió de la manera más tierna y lentamente, comencé a penetrarlo con tanto amor, que sentía como si Dani fuera mi esposa, mi mujercita.
Eché la cabeza hacía atrás sacudiéndola de tanto placer, porque como José, desde la carretera traía unas ganas de preñar a mi bebé.
José se levantó por el lubricante con la verga morcillona. Colocó un poco en sus dedos y comenzó a puntear otra vez a Rodri. Su pequeño hijo bufaba y le pedía a su papi que le metiera más deditos.
Lo puso boca arriba y dejó que Rodri agarre sus piernitas dejando su anito expuesto. Después de que ya le cabían dos dedos a Rodri, José metió el tercero, el anular en el culito de su hijo.
Rodri echaba su cabecita hacia atrás gimiendo. Ya con tres dentro, José comenzó a meter y sacárselos, haciendo que suene húmedo el anito y que Rodri gimiera más alto.
Yo apreciaba todo el espectáculo de mi amigo y su hijo, mientras seguía taladrando el culito de Dani.
Cuando los dedos completos de José entraban y salían, él se los sacó y comenzó a masturbar su verga para prepararla.
Acercó a Rodri a la orilla y llevó su verga a su entrada. El niño se quejó, pero ya dilatado, la verga de 20cm de este cabrón fue entrando. Su verga quedó enterrada por la mitad.
— ¿No que ya se la metías toda? —pregunté mientras Dani seguía gimiendo con mi verga en el culo—.
— Lo mejor de mi bebé, no importa cuántas veces se la clave entera, siempre vuelve a quedar apretadito.
Tomó las dos nalgas de Rodri y siguió empujando su verga dentro.
— ¡Ya papi! DespacitOo. —Rodri intentaba safarse—.
— Aguántese puto. —se la dejó ir entera haciendo que Rodri grite—.
Le tapó la boca y empezó el mete y saca lento por lo estrecho del anito de su pequeño.
— Estamos solo, wey. Deja que grite. —sugerí—. Nadie nos va oír.
José me sonrió en complicidad y soltó la boca de su pequeño, que comenzó a quejarse con fuerza mientras le imploraba a su padre que se la metiera despacito.
Me encantaba ver la diferencias entre José y yo. Yo cogiéndome a mi niño bien despacito y sensual, contra José cogiéndose a Rodri como una bestia.
Mientras se la dejaba en el fondo a Dani y le comía las tetitas, notaba que estaba muy pendiente de como José de cogía a su amiguito y llenaba el cuarto de los golpes de sus huevos y ese culito.
— Feliz cumpleaños, mi amor —le susurré en el oído mientras lo cogía cada vez más suave—. ¿Te está gustando tu regalo?
— Sí, papi. —la vocecita de mi niño toda entrecortada por el placer—.
Le comencé a morder la oreja mientras él me abrazaba y movía sus manitas en mi espalda con desesperación.
Cuando Rodri dejó de gritar por el ardor, su papá lo levantó sin salir de su culito y comenzó a clavarlo en el aire.
— AyyYyy Papá NoO —gritaba el niño—.
Pero José ya ni le respondía, solo siseaba mientras usaba a su pequeño como jueguetito.
Tomó a Rodri del rostro y le escupió en la boca mientras lo cacheteaba. El niño ya tenía la carita roja pero bien que se aguantaba con tal de que su papi lo siguiera clavando.
Salí del culito de Dani el cual ya estaba bien dilatadito y húmedo. Lo puse en cuatro en una orilla y rápido José puso a Rodri en otra.
Dani tenía enfrente a Rodri, lo tomó de la cara y lo besó, pero en cuanto comenzamos a cogerlos, por el movimiento solo sacaban sus lengüitas para juguetar.
Yo ya no aguantaba más, mis huevos me dolían de retener la leche para no venirme, tomé a Dani de las caderas, se las apreté con ganas y comencé a embestirlo más rápido.
Mi niño me pidió que por favor me corra en su boquita, con mi verga ya aventando mecos se la saqué y terminé corriéndome en su boquita.
Dani tenía bien abierta la boquita, se la llené por completo y se lo tragó.
Del otro lado, el borracho de José seguía taladrando a su bebé lleno de sudor. Gritó de placer y supe que se había corrido en el culito de Rodri.
Se la sacó y se dejó caer en la cama.
— No mames, cabrón. Pinche corrida más deliciosa. —dijo—.
Tomé la cabecita de mi niño e hice que le comiera la boca a Rodri quien ya estaba agotado en la cama. Rápido comenzaron a besarse y compartir un beso blanco con mi lechita fresca en la boquita de Dani.
Si no lo habían notado por todas las veces que ya les conté, a mí me prende ver a esos niños comiéndose la boca como dos adultos. Así que otra vez duro, cargué a mi niño por una segunda ronda. Tenía los huevso bien cargados para toda la noche, pero viendo a José ya roncando y a Rodri acostado en su pecho, me llevé a mi niño a nuestro cuarto para unos 5 o 6 rondas más jajaja.
Me lo cogí de veinte maneras diferentes en nuestra cama, nos acostamos como a las 2am con el clima apagado y completamente desnudos.
Yo dormía plácidamente cuando sentí un peso en la cama, abrí mis ojos y vi a Rodri subirse en nosotros.
Que niño más puto diría el papá, así que comenzó nuestro segundo día en la casa.
Si como Marco quieres contar tu experiencia, Yes12098 en Tl. Agradezco que me manden mensajes diciendo que amaron el relato, pero para entregarles lo mejor, estaría padre que usen el user para compartir sus relatos.


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