Mi hijo, mi único alivio parte 9. Dani y Rodri, hermanos de leche.
— ¿Quién te coge más rico? ¿Tu papi o yo? —le pregunté jugando con sus labios—..
Parte 8 aquí:
Yo dormía plácidamente con mi niño a un lado, completamente desnudos.
Sentí peso en la cama y al abrir los ojos vi a Rodri gateando hacia mí.
Tomé mi teléfono que estaba en la mesita de noche y chequé la hora: 5:50 am
— Rodri, ¿qué haces tan temprano despierto?
— Ay, es que mi papá está roncando mucho. —dijo sorprendido. Al parecer creyó que estaba durmiendo—. Me preguntaba si pudiera jugar con su verga, Don Marco.
Me reí por su formalidad. Ya nos habíamos visto todo, pero como niño inocente siempre me decía así.
Lo cierto es que desde la vez que le mostramos como seducir a José, no me había cogido a Rodri.
A pesar del tiempo que llevábamos intercambiando fotos de nuestros bebés, nunca había salido a la conversación intercambiar a nuestros nenes.
— Claro que sí, papi. –le dije sonriendo—. A eso nunca le digo que no.
Intenté levantar a mi niño para que se una, pero pidió seguir durmiendo. Me levanté y llevando a Rodri de la mano, bajamos a la sala. Ambos íbamos sin una sola prenda, yo con mi verga dormida y el pequeño rebotando su culito al bajar las escaleras.
A penas salían rayos de sol. Cerré las ventanas solo por si acaso y la puerta de José para no molestarlo. O para que no me molestara a mí jeje.
Que por cierto, sí estaba roncando muy fuerte.
Me senté en el sofá y coloqué a Rodri en mi entrepierna. Lo tomé de las nalguitas y comencé a besarlo.
— ¿Por qué no levantaste a tu papá, pollito? ¿Por qué a mí sí? —le dije mientras amasaba su culito—. Ya extrañabas mi verga, ¿verdad, papi?
— No creo que se levantara mi papá. Está muy borrachito —me respondió muy tímido—. A demás me la mete muy fuerte, y quería que me la metiera suavecita como usted a Dani.
La neta José sí se pasaba a veces con Rodri, metiéndosela como si fuera una de sus viejas. Y pues siempre acababa gritando el pobre Rodri. A mí por el contrario, me gustaba suavecito para sentir su paredes anales rico y ya subirle a la velocidad.
Lo tomé de la cabeza y lo acerqué a mis labios. Lo inundé con mi saliva. Él me correspondió y ya iba mejorando, pero seguía besando torpemente.
Ya tenía el rabo como piedra parado justo en la rallita del niño. Comencé a mover mi pelvis para restregar mi mástil en el culito.
— ¿Quieres que te la meta ya? —le susurraba despacito en su oído—.
El putito solo decía: uhmju.
Chupé dos de mis deditos y los llevé a su culito. Gracias al cabrón de José y sus embestidas de anoche, Rodri ya estaba abierto y por los mecos de la corrida de su papi, ya hasta lubricado.
Le pedí que levanté tantito la colita y le inserté mi verga.
Tomándolo de las caderas, suavemente lo fuí clavando. Rodri comenzó a abrir su boquita y gemir.
Lo callé con mi mano mientras lo seguía ensartando.
Su culito rápido dejó entrar a mi verga, cuando llegué al fondo, Rodri comenzó a bufar en mis manos.
Después de tantas rondas con mi niño anoche y en la madrugada, tenía la verga sensible. Dejé a Rodri clavado un momento para dejar que la sensación me pegue. Pero pinche putito, rápidamente comenzó a moverse en círculos.
Me estremecí de sorpresa y riendo del placer lo agarré del culito.
Varios minutos dejé que Rodri se restregue en mi verga, lo solté de la boca y el niño mordía su labio para no gemir alto.
Eché mis brazos detrás de mi cabeza y dejé que el pequeño me use de jueguetito.
Después de un rato, lo tomé del culo y ahora sí comenzó mi turno.
Comencé a levantar mi pelvis para embestirlo. Rodri torcía su boquita lanzando gemidos bien bajitos.
Lo agarré fuerte de la cadera y despacito comencé a cogerlo.
A Rodri le estaba encantando porque recostaba su cabecita en mis hombros y movía su colita con desesperación.
— A ver tú solito, papi. —lo solté de la cadera y dejé de moverme—.
Rodri puso sus manitas en mis muslos y comenzó a cabalgarme. Lo hacía muy inexperto, a veces ni se levantaba.
Lo volví a tomar del culito y le mostré cómo.
Rápido agarró el ritmo y comenzó a ensartarse solito en mí.
Sentía su culito bien húmedo, lo abracé fuerte y comencé a embestirlo más rápido.
Otra vez tuve que taparle la boca porque comenzó a gemir en lapsos.
— Ah ah ah ah. —gemía el pequeño—.
Crucé mis manos en sus hombros y lo levanté del sofá, llevándolo a la mesita de la cocina donde lo acosté boca arriba y dejando su culito en la orilla.
Comencé a sacar mi verga pero me detuve antes de que el glande saliera y volví a embestirlo. Así le hice varias veces más mientras admiraba su carita de excitación. Yo ya estaba a full de calentura, andaba sudando y jadeando de tanto placer.
Sentía mis huevos bien comprimidos y mi verga ya toda babosa.
Le saqué la verga y sonó su culito por el destape. Rodri ya tenía el culito bien abierto, podía ver su interior rojito y pegajoso.
Nos regresamos al sofa pero esta vez lo puse en cuatro. Se la volví a ensartar y esta vez cada penetración sonaba chicloso de tantos fluidos en el anito de ese peque.
Lo tomé del culito con una mano y mientras seguía ensartándolo de a perrito, echaba mi cabeza hacia atrás.
Sentí que ya me estaba viniendo y comencé a penetrarlo más rápido.
— Ya viene la lechita, papi. —le dije jadeando—. Pon tu boquita.
En un saltito bien tierno, se arrodilló frente al sofá con la boquita abierta.
Ver a ese peque de 8 tan bonito, me puso como loco y comencé a jalarme el pito como si me lo quisiera arrancar.
No tardé y varios chorros espesos brincaron a la carita de Rodri. La mayoría a su boquita, pero unos en su cachetito y su ojito.
El niño se río y comenzó a sacar su lengüita para lamer lo restante.
Yo solté un largo suspiro mientras estiraba mi verga recolectando hasta la última gota de semen. Se lo restregué bien morboso en su boquita.
— ¿Te gustó, papi?
Con la respiración corta, comenzó a sentir.
— ¿Quién te coge más rico? ¿Tu papi o yo? —le pregunté jugando con sus labios—.
Solo se río apenado, me desvió la mirada y no me contestó.
Lo nalgueé y lo mandé a bañarse, que nos esperaba un día en la playa.
Cuando regresé a mi habitación, Dani seguía durmiendo boca abajo con la piernita flexionada y el culito al aire. Le besé una nalga y me puse a revisar mi teléfono. 7:10 am. 1 hora y 20 minutos dándole lechita a Rodri. Cerré los ojos y descansé.
Abrí mis ojos y mi niño me estaba sacudiendo para ir a la playa. Bajamos a desayunar, me cepillé y nos pusimos nuestros trajes de baño para ir a la orilla.
Dani llevaba un traje enterizo sin nada abajo, que cuando salía del agua se le metía en el culito y le marcaba su penesito. Me era muy difícil acomodar mi erección en mi traje mojado.
Así vivimos una divertida tarde en el mar, haciendo clavados, nadando y por supuesto, manoseando bajo los trajes a nuestros hijos. Todo discreto porque la orilla del terreno de a lado sí tenía gente.
A eso de las 5:30 pm, salimos de la playa y nos sentamos a lado de la piscina según para secarnos. Dani a penas se había quitado su enterizo cuando José lo agarró de atrás y desnudo lo aventó a la piscina.
Todos reímos y fue corriendo a hacerle lo mismo a Rodri, quitándole su shortcito en el aire.
Los niños desnudos en la piscina, nos gritaban que ahora nosotros.
José llevaba un short de baño naranja, mostrando su cuerpo y sus brazotes. Mostrando su verga morena que hasta dormida parecía un titán, se aventó con los niños.
Dani gritaba que seguía yo.
— Dale pendejo. —me gritó José—.
Me quité mi traje de baño y me aventé a a la piscina.
Ahí jugamos y manoseamos a nuestros bebés sin restricción.
Mi teléfono en la orilla comenzó a sonar y salí.
Era una videollamada de Laura. Dejé a José y los niños que seguían echándose clavados desnudos y me fui a mi cuarto con una toalla.
— ¿Estás desnudo, amor? ¿Y el niño? —me preguntó mi esposa—.
— En la piscina con Rodri, amor. Yo salí para bañarme y ver si salgo a comprar cena.
Les voy a decir al chile. Coger a Dani es una delicia, pero mi vieja es mi vieja y me sigue prendiendo. Así que yo desnudo y ella sola en su cuarto, usamos toda la llamada para cachondear. Hasta ignoré los mensajes de José.
Cuando le colgué ya habían pasado casi dos horas. Abrí los mensajes de José y eran puras imágenes de mi Dani con la verga de él en su culo y Rodri disfrutando de una buena sesión de sexo en la piscina.
Mi niño en en agua siendo clavado por José. Rodri en un 69 con Dani en la orilla. Puras imágenes de su diversión.
Y su mensaje decía: te la cobro por mi Rodri en la mañana.
Me reí y lo mandé a la verga. No me enojó, pero como que sí me dió un pelín de celos. Pero no mames yo también, me clavé al suyo en la mañana jajaja.
Me bañé y bajé vestido para ir por cena.
José estaba acostado también vestido jugando su teléfono y los niños afuera en el patio jugando voleibol.
Hablé a mi bebé para ir a comprar y ya de encontraba vestidito con un sport y un shortcito azul.
El huevón no quiso acompañarme y no dejó ir a Rodri porque no quiso bañarse.
Nos subimos al coche y comenzamos a salir a la terraseria.
Dani iba viendo pasar los árboles en la oscuridad.
— ¿Andabas jugando con José? —rompí el silencio—.
— Sí, papi. Me dijo que si quería jugar con él y Rodri, y le dije que sí. —me contestó apenado—.
— Uhmm
— ¿Estás molesto, papi? José me dijo que no te ibas a enojar, que porque tú y Rodri jugaron en la mañana sólitos.
No estaba enojado, solo andaba chingando a Dani a ver qué decía.
— Ay, ora. ¿solo José? ¿Y esa confianza?
Dani se revolvió apenado y me dijo que durante el juego José le pidió que ya no lo llame «Don».
— ¿Y te gustó? —le pregunté sin verlo—.
— Sí papi. José la tiene muy gruesa. Al principio me dolió, pero después se sentía bien rico cuando me la clavaba duro en mi colita.
— Uhmmm.
— No te enojes, papi. Ya no lo vuelvo a hacer, pero no se vale porque tú jugaste sólito con Rodri.
— Ah pero te dije que juguemos los tres y quisiste dormir.
Mi niño se quedó callado unos minutos.
— Ya papi, no te enojes. —me dijo llevando su manita a mi entrepierna—.
Me reí y paré el carro en una parte del camino más ancha. Apagué las luces del carro y volteé hacia él.
— ¿Qué vas a hacer para que papi no se ponga celosito? —le dije jugando sus deditos que tenia en mi bermuda—.
Me sonrió y comenzó a desabrochar el botón de mi ropa, bajó el cierre, tiró de mi bermuda, mi bóxer y tomó mi pito que apenas iba emocionándose.
No lo ayudé, él hizo todo sólito porque creía que yo estaba molesto y me gustaba tener ese poder.
Eché el respaldo de la silla hacia atrás y dejé que me consintiera.
Mi niño tomó mi verga del tronco ya poniéndose dura y la olió. La estiró para llevar su nariz a mis huevos y los lamió. Cerré mis ojos y me dejé llevar.
Dani llevó su boquita a mi uretra y comenzó a puntearla con su lengüita. Me moví lleno de placer y me reí.
— ¿Ya no estás molesto, papi?
— No sé, depende de cuando me consientas ahorita.
Mi niño finalmente se llevó mi verga a su boquita, se la ensartó toda como la puta que ya había criado. Me la dejó bien babosa y comenzó a masturbarme expandiendo sus babitas por todo mi palo.
Corrí mi asiento hacia atrás para ganar un espacio frente a los pedales del carro.
Mi niño se pasó a mi silla y lo senté en mi entrepierna. Él solito comenzó a moverse despacio, frotándose en mí. La telita de su short era tan ligera que sentía su culito bien firme.
Lo pegué al volante para alzar su colita hacia mí y le quité su shortcito infantil. No llevaba bóxer el muy putito. Tiré su short al asiento del copiloto y comencé a jugar con su anito.
Mi niño estaba curvado para poder poner su culito justo enfrente de mi verga.
La levanté y comencé a azotarla en su entrada.
Yo veía fijamente sus reacciones, pero él solo tenía ojos para ver qué hacía con mi verga y su culito. No sabía quién se excitaba más cada que jugábamos, yo el adulto o él, de ahora 9 añitos.
Comencé a frotar mi glande en su entradita, cuando intenté insertarla, no pude.
— Le falta babitas a mi verga, hijo.
Sin responderme, rápido se bajó a mamármela otra vez, esta vez con desesperación, haciendo que los sonidos de chupe sonaran bien ricos.
Una luz comenzó a acercarse.
Empujé a Dani al fondo de los pedales, jalé la sábana con la que los niños se taparon en el camino y acomodé el respaldo de mi silla.
Saqué mi teléfono y fingí mensajear.
Era una pareja de señores que cruzaban el camino, seguramente de alguno de los otros dos terrenos.
Cruzaron mirada conmigo y se pararon.
Con los huevos en la garganta y Dani escondido, bajé el cristal.
Me sonrió el señor y me preguntó si todo bien, si necesitaba ayuda.
Ya yo le dije que no, que me estacioné porque buscaba señal para contactar a mi amigo a ver que quería para cenar.
Dani confiado de que estaba tapada, volvió a tragarse mi verga, lamiendo en círculos mi glande.
Yo siseé de sorpresa y la pareja me quedó viendo.
– Perdonen, el clima lo tengo muy fuerte.
La pareja se despidió y siguió su camino.
— No mames, hijo. Ya se me estaba subiendo la presión. —bromeé con Dani—.
— Hasta se te hizo chiquita la verga otra vez, papi. —me dijo mi niño—.
Ambos nos carcajeamos de mi reacción y seguimos nuestro jueguito.
Ahora ya con la verga hecha piedra otra vez, cargué a mi niño poniendo su penecito justo en mi verga.
Lo comencé a frotar suavemente mientras lo besaba con tantas ganas y saliva.
Abrí un compartimento del carro y saqué un condón que había guardado una vez que Laura y yo salimos sin Dani. Nunca usaba protección con él, pero como ahorita iríamos a comprar, no quería correrme en él para luego andar cuidando de que no queden pruebas.
— ¿Qué es eso, papi?
— Es para coger, amor —le respondí mientras me lo ponía—. Es para que un hombre no embarace a una mujer.
— ¿Y por qué te lo pones para jugar conmigo, papi?
— Ahorita vamos a comprar, mi vida. No puedo dejarte la carita ni el culito cumeados.
— ¿Y se siente igual que sin eso?
Acomodé mi verga en su culito y comencé a clavarlo.
Mi niño abrió su boquita y me agarró de los hombros.
— Tú dime. —le dije sonriendo—.
Lo tomé de la colita cuando ya tenía toda mi verga dentro y comencé a embestirlo levantándome de mi asiento.
Mi niño sacaba su lengüita para que se la lama mientras lo clavaba.
— ¿Qué hicieron en la piscina?
— José se sentó en la orilla y nos hizo chuparsela. —intentaba decir Dani con mi verga en él—.
— ¿Qué más?
— AyyY. Me chupó la colita y me la metió de golpe, papi.
— ¿Así? —acabando la pregunta, se la clavé con fuerza hasta el fondo—.
Mi putito gritó y echó su cabecita para atrás tomando aire.
— ¿Quién te la mete más rico? —le dije apretando su culito con mi verga hasta el fondo—.
— Tú, papi. Ay, AyyY.
— Entonces, ¿por qué andas buscando otra verga, ah? —comencé a mover mi pelvis en círculos—.
— Ay, es que se le veía grande y se la metía duro a Rodri, y quería ver que se siente.
— ¿Ah, quieres duro, amorcito?
Lo tomé fuerte de la cadera y comencé a sentarlo agresivamente en mi verga. Mi niño comenzó a gemir en intervalos.
— Ah. Ah. Ah. —puso sus ojitos en blancos y se dejó caer en mi hombro—.
— ¿Así o más duro? —lo tomé y mientras lo levantaba para clavarlo, también levantaba mi pelvis—.
Dani ahora gritaba y se mordía la boquita diciendo: Uhmmmm.
— Ay, papi. Espérame tantito. —dijo—.
Eché mi respaldo hasta acostarme y se dejó caer en el pecho.
— ¿Qué? ¿No que te gusta fuerte?
— Ay, papito. Me gusta que tú me lo hagas despacito. —me dijo jadeando—. Porque tú me lo haces con besitos y suavecito. También me gusta duro papito, pero contigo así despacito.
Me reí y lo dejé descansar. Pues al putito le gustaba fuerte pero con José, que conmigo suavecito porque se lo hago con amor jajaja.
Ahorita que lo pienso, miren que mamada. A mi Dani le gusta José porque le da duro y a Rodri le gusté yo porque le doy despacito. Salgo ganón yo, porque mi bebé prefiere como se lo hago y sé que a Rodri le gustó más que le diera suavecito.
Después de unos minutos que Dani se tomó en mi pecho pero aún clavado, se levantó poniendo sus manitas en mi abdomen y comenzó a cabalgarme.
Lo tomé de la cadera y seguí embistiéndolo. Ya sentía mis huevos duros y bombeando mi leche a mi glande.
Cuándo sentí que ya era hora, abracé a mi hijo y me corrí. El orgasmo más prolongado, cabrón. Varios chorros calentitos inundaron el condón, mientras yo bufaba retorciéndome.
Mi Dani solo decía Ay con sus vocecita excitada.
Sentí hasta que me fuí, me dejé caer en el asiento deshecho.
— Ay, mi amor. Que rico.
Mi niño se pegó hacia mí y me besó. Se bajó de mí se pasó al otro asiento.
Lo tomé y me lo besé lenta y deliciosamente. Dani movía su lengüita dentro, me mordía un labio. Me tenía orgulloso en lo experto y complaciente que se había vuelto.
Me senté para quitarme el condón, que estaba todo lleno y con unas manchitas cafés por clavarsela hasta el fondo.
Envolví el preservativo en un papel y limpié mi verga manchada de mecos.
— Vamos que si no, José y Rodri se van a emputar.
Nos acomodamos y nos fuimos por la cena. Ya en el camino le dije que no me molestaba que cogiera con José, mientras su favorito siempre sea yo.
Compramos una pizza en la ciudad y regresamos al Airbnb.
Cuando entramos, José y Rodri salían del baño desnudos.
— ¿Cenaron en la calle o qué pedo? —dijo José—. Tardaron un vergo.
Nos reímos Dani y yo y él comenzó a carcajearse.
— Hijos de la verga, sí comieron pero otra cosa, ¿verdad?
— ¿Y tú con Rodri o solo se bañaron juntitos?
— Ah, pues para pasar el ratito jaja.
Cenamos la pizza, José abrió el último six de chelas y ya deslechados nos durmimos temprano disfrutando nuestra última noche en la casa.



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