MI PRIMERA POLLA A LOS 40 PARTE 1 Y 2
De como un día empece a desear ser penetrado por enorme verga.
MI PRIMERA POLLA A LOS 40
Historia real que sucedió hace dos años en una ciudad al norte de Mexico.
Soy Eduardo, de 42, casado desde hace 15 años con Alicia de 38. Alicia es dentista, de buen cuerpo, rubia de ojos verde. Yo, Ingeniero de profesión, delgado, alto, de buen ver. Llevamos una vida desahogada economicamente. Con dos hijos adolescentes, nuestra vida familiar y de pareja parecía perfecta. Hasta que un día….
Mi esposa empezó a tomar clases de yoga y pilates en las tardes, 4 días a la semana en el club del fraccionamiento donde vivimos. En pocas semanas su apariencia y su salud mejoraron tremendamente. Me dijo que el grupo había crecido a 10 señoras de edad similar y que la instructora era muy profesional.
Un día, la instructora les avisó que tuvo una emergencia y que en su lugar enviaría a un instructor para que no perdieran la clase. Grande fue la sorpresa, según me contó mi esposa, que el instructor resultó ser un joven de 25 años, guapísimo y de excelente cuerpo.
Al final de la clase el instructor se despidió del grupo y algunas señoras se quedaron a platicar en el jardín del club.
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Se fijaron en lo guapo que es el instructor, – dijo una de ellas.
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La verdad es guapísimo, si estuviera soltera me le hubiera echado encima. – dijo otra.
Todas rieron y en medio de la despreocupada conversación una se atrevió a decir.
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Y vieron el tremendo bulto que se le veía debajo del pants.
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Creo que traía unos calcetines ahí abajo, no es posible que un hombre tenga esa cosa tan abultada como se le veía. – dijo otra.
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Pues no se de que se asombran, estoy segura que el pene de mi marido es mucho mas grande que el del instructor. – dijo Sandra, la mejor amiga de mi esposa.
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Estas loca, mentirosa, – dijeron varias.
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Pues crean lo que quieran, que un día se los compruebo.
Hasta ahí quedó la conversación. Esto lo supe más adelante. Al llegar a casa después de la clase con el instructor mi esposa no me comentó nada en especial de él, tan solo que había sido el suplente de su instructora habitual.
Pasaron varias semanas y de las simples clases de yoga, pasaron, sobre todo los viernes, a reunirse en casa de alguna de ellas para tomarse un par de bebidas. Pasó que un día le tocó el turno a Sandra de ser la anfitriona del grupo. Se reunieron a las 7 de la tarde y el plan era estar ahí platicando 1 o 1 ½ horas. Pero, de repente, una recordó la promesa de Sandra…
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A ver mentirosilla, cuando nos dio clase el instructor guapo nos dijiste que tu esposo tenía un pene enorme y que nos lo ibas a comprobar.
Sandra no contestó, se dirigió a la recámara y a los pocos minutos regresó con una tablet en la mano para mostrarles un video.
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Miren, este video se lo tomé hace como un mes y aquí lo tienen bien desnudito.
Todas se acercaron a ver el video y la expresión de sus caras cambió repentinamente. El asombro de todas era evidente.
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Noooo,,, dijeron unas..
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Parece photoshop de lo grande que se ve.
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Y, así tan gordo lo aguantas???
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Cuando recien nos casamos me asusté al verlo, pero, el supo como convencerme y poco a poco me fui acostumbrando a su tamaño. Lo hacemos bien sabroso.
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Pues yo sigo con mis dudas, se ve irreal, sobre todo por lo gordo que lo tiene.
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No habrás editado el video, verdad.
Pasaba de las 8 de la noche y de las 7 señoras 3 se retiraron por cuestion de horarios.
Las 4 que quedaban, entre ellas mi esposa, siguieron bebiendo un poco más y,,, aprovechando que ya estaban desinhibidas …
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Pues si todavía creen que el video de mi esposo es falso le puedo decir a Daniel que se los muestre, ahí está llegando.
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Las mujeres se quedaron quietas, no supieron como reaccionar.
Daniel entró y las saludó amablemente. Luego Sandra les dijo que volvía en unos minutos, que se sirvieran un poco mas de bebidas y subió con su esposo a las recámaras en el piso superior.
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Las mujeres no se atrevían a decir ni una sola palabra. Ansiaban y temían que sucediera algo de lo que se pudieran arrepentir.
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Entonces que, lo quieren comprobar?
Ninguna dijo nada, ni se movieron, entonces Sandra llamó a su esposo y este bajó la escalera cubierto con una bata color azul. Se paró a media sala frente a las señoras y a una seña de su esposa abrió la bata dejando ver su enorme palo aún medio dormido.
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Vamos, acércate cariño, para que vean que es de verdad.
Daniel se puso al alcance de las señoras y éstas, una a una, fue tomando el preciado apéndice de aquél hombre tan apuesto. El pene se le puso duro de inmediato y las mujeres excalamaron un UHHHH ,,, casi al unisono.
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Bueno, alguna duda ahora? Preguntó Sandra.
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NO, claro que no,,, y,,, ya nos vamos, dijeron las nerviosas y excitadas señoras.
Daniel se retiró deseándoles buenas noches.
Ese día mi esposa llegó muy eufórica a casa, les pidió a nuestros hijos que se fueran a sus recámaras más temprano que de costumbre y en cuanto se fueron me hizo señas para que la siguiera a nuestra recámara, puso un poco de música en volumen bajo y sin más se abalanzó sobre mi a besuquearse, sobarme la entrepierna y acariciarme como si no hubiera un mañana.
Yo correspondí a sus caricias y después de una sesión de rico sexo quedamos los dos exahustos tendidos en la cama mirando al techo. Después de varios minutos de descanso me atreví a preguntar…
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Y eso, por qué tan ganosa?
Yo presentía que algo había pasado, aunque no lograba que mi esposa me contara. Entonces, sabiendo de donde venía, y sabiendo que había tomado algo de alcohol por el aliento que traía, se me ocurrió invitarle un par de copas más, y el truco surtió efecto.
Primero me contó lo del instructor y su abultado pene. Luego me contó la propuesta de su amiga Sandra y al final me contó, no sin antes prometerle que no me enojaría, que habían visto el video del marido de Sandra para comprobar si era cierto lo de su enorme verga. Por supuesto que omitió que le habían agarrado el pene bien duro a Daniel y que eso era lo que la había puesto bien caliente.
Al principio me dio un poco de coraje saber que hubiera visto a otro hombre desnudo, aunque fuera en video, y luego me atacó la inseguridad masculina tan común. Con mi pene de apenas 16 centimetros, la tendría más grande el tal Daniel?, Estaría mi esposa deseando esa verga por su tamaño? Todas esas y muchas otras preguntas me daban vuelta en la cabeza varios días después de lo sucedido.. Y entonces noté algo curioso, cada vez que nos alistabamos para una sesion de sexo, durante la etapa de precalentamiento, de besos y caricias, la imagen de un hombre con una enorme verga penetrando a mi esposa aparecía en mi mente, y lo más raro es que esa imagen me ponía a mil. Mi pene se ponía durísimo a tal grado que mi esposa llegó a preguntarme que era lo que me encendía así, que ella notaba que mi pene estaba mas duro y que mis embestidas eran mas bruscas. No podía revelarle lo que en mi mente me atormentaba.
Una de esas noches, mi mente me jugó trucos aún más perversos, en cierto momento, al estar con el mete y saca con mi esposa, empecé a sentir una sensación de cosquilleo en mi culo, y la en la imagen en mi mente era yo al que el vergudo hombre embestía mientras yo embestía a mi esposa. Me puso tan caliente esa sensación y esa imagen que me descargué dentro de mi esposa como nunca.
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Wow, eso fue maravilloso, me dijo Alicia. Dime que truco estás usando para ponerte asi de caliente cariño. – suplicó.
Y me atreví, le conté que desde el día en que me describió a Daniel en mi mente aparecía un hombre que la poseía mientras yo veía como su enorme verga desaparecía dentro de ella desde una esquina de la cama.
No dijimos más ese día y no tocamos el tema hasta un par de semanas después.
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Carino, sabes lo que me contó Sandra?
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Qué…dije yo con desgano.
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Pero, no te vayas a enojar conmigo, eh?
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Claro que no, dime ya.
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Me contó, que ella y su marido hacen reuniones con otras parejas para tener intimidad entre ellos, ,, ,,,tu que opinas de eso?
Por mi mente pasaron mil pensamientos, unos de enojo, otros de sorpresa, pero al final, se fijó firmemente en mi pensamiento la imagen del hombre vergudo penetrandonos a mi y a mi esposa.
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PUes,,, es interesante, no crees?
La mirada de mi esposa cambió por la sorpresa y por el gusto que le dio mi respuesta.
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Te animarías a ir? – preguntó en voz bajita.
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Tal vez solo a ver,,, agregó al darse cuenta de mi silencio.
Pero en mi mente ya se urdía un plan.
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Y porqué solo a ver? Si nos amamos y tu deseas hacerlo pues no veo ningun inconveniente.
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Eres lo máximo, te prometo que pase lo que pase siempre te amaré.
Nos besamos, como sellando un plan conjunto, una travesura de pareja. Esa noche tuvimos nuevamente una sesión de sexo que se prolongó hasta la madrugada.
Luego de un par de semanas Alicia me dijo que el siguiente fin de semana Sandra y Daniel tendrían una de sus fiestas en una finca alejada de la ciudad y que nos invitaban.
Sin demora dispusimos enviar a nuestros hijos a casa de su abuela con el pretexto de que Alicia y yo saldríamos un par de días de la ciudad por un asunto de mi trabajo.
Llegado el sábado de la fiesta, después de dejar a los niños la noche del viernes en casa de la abuela, pasamos a una tienda de artículos para fiesta con la idea de comprar unas máscaras ya que una de las reglas de la fiesta era usar máscara para proteger la identidad de los asistentes. Mi esposa escogió una máscara de gatúbela de color plateado y yo una del hombre araña que me tapaba completamente el cabello y la cara.
Llegamos a la finca indicada a eso de las 8 de la noche y en cuanto llegamos, ya con las máscaras puestas, nos presentaron a los asistentes con su primer nombre, sin los apellidos.
Me fijé y eramos 6 parejas, todas de edades similares a las nuestras. Pasamos a una sala donde un par de meseros jovenes nos sirvieron unas bebidas con un poco de alcohol para ir rompiendo el hielo entre nosotros. Luego, entre risas, un poco de musica y algo de bocadillos, Sandra nos indicó que habitación podríamso usar mi esposa y yo. Nos explicó que lo que decidieramos hacer no debía ser forzado ni forzar a nadie, ser respetuosos y amable siempre, y que la acción podría suceder tanto en la sala, en el patio con alberca o en nuestras recámaras.
El ambiente empezó a llenarse de alegría, Unas parejas compartían ya abrazos y besos entre ellos. Los hombres besaban a las esposas de sus amigos y se empezaban a quitar la ropa poco a poco. Mi esposa y yo estábamos emocionados y nerviosos.
A eso de las 9 30 nos invitaron a pasar a la alberca, la noche era calurosa. Primero decidimos pasar a la recámara que nos asignaron, nos dimos una ducha rápida y bajamos cubiertos con tan solo nuestras máscaras y una bata, siguiendo las instrucciones. En el jardín ya sonaba una música suave y se escuchaban las risas y la conversación.
Me paré en seco al llegar a la puerta y ver que la fiesta ya había empezado, un par de señoras se encontraban muy ocupadas chupando tremendos penes en el borde de la piscina. Otro par de parejas ya se encontraba en pleno sexo en un colchón inflable a un lado de la alberca. Los dos hombres y una de las mujeres le hacían el amor a una mujer que gemía quedito, en completo éxtasis.
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Por aquí. – me dijo Alicia.
La seguí y nos sentamos cómodamente en unas sillas de ratán. Al ver que eramos los únicos medio vestidos decidimos dejar de lado nuestras batas y mostrar nuestros modestos cuerpos.
En podos segundos apareció Sandra con una máscara de tigresa y un cuerpo escultural, mi esposa notó la respuesta de mi verga al ver a semejante hembra. Luego, apareció Daniel a su lado y mi boca se abrió abruptamente, quise decir algo pero no supe qué. El hombre era tal y como lo había imaginado en mi mente, escultural, alto, de piel blanca y con un pene realmente enorme y eso que aún no mostraba una erección. Varios de los presentes aplaudieron al ver a tan hermosa y excitante pareja. Luego, Sandra fue saludando uno a uno a los presentes dándoles un beso en la boca sin importar si eran hombres o mujeres, si estaban sentados o entretenidos con el cuerpo de alguien más. Daniel la seguía mostrando con orgullo su vergototota.
Al llegar a nuestro lugar nos pusimos de pie mi esposa y yo.
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Qué bueno que se decidieron a venir, siéntanse en confianza de hacer lo que les plazca.
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Mira quién te quiere saludar, – dijo Sandra al momento que con una mano le ofrecía el pene semierecto de Daniel a mi esposa.
Ella volteó a verme como pidiendo permiso, yo solo le sonreí. Lo tomó con delicadeza y solo atinó a decir,
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Que grandote.
Yo solo asentí con la cabeza. Mi mente ya volaba a otros universos. Y si me atreviera a darle mi culo virgen a ese macho vergudo? Y si me lastimaba? Y como reaccionaría mi esposa al verme ensartado en ese pedazo de carne? Qué se sentirá tener dentro tal vergota? Mi cola ya me hacía cosquillas y mi pene se mostraba muy contento.
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Pues este no está nada mal, – dijo Sandra al momento de darle un apretón leve a mi verga.
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Verdad, cariño?
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Claro, es de buen tamaño.- Agregó daniel mientras su mano tomaba mi pene con firmeza.
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Ojalá podamos disfrutarnos al rato, – dijo Sandra al momento de alejarse para seguir saludándo a los presentes.
La noche pintaba de maravilla. Mis ojos no podían apartarse de la increíble vista de aquel pene ya completamente erecto paseándose por el jardín. Debía medir fácil unos 25 centímetros, y era del grosor de una lata de refresco,,, parecía irreal.
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Está hermosa, verdad? – dijo mi esposa.
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Ehh,, qué,,,- dije torpemente mientras tragaba saliva sintiéndome descubierto.
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Que Sandra es una mujer muy hermosa. – aclaró mi mujer.
-
Sí, tremendamente hermosa. – agregué.
NO ÍBAMOS A DESPERDICIAR TAN AGRADABLE NOCHE…
CONTINUARÉ…
MI PRIMERA POLLA A LOS 40 CONTINUACION
Un par de bebidas más y la vista de aquellas personas mostrándose desnudas, acariciandose y penetrándose al aire libre surtieron efecto en mi y en mi esposa. Sin más Alicia se inclinó para darme una mamada deliciosa. En cuestión de segundos una pareja se acercó a nosotros y sin más la mujer se puso a mamarme las bolas mientras su marido acariciaba las nalgas de mi esposa.
Me fijé bien y vi que la recién llegada era una mujer de unos 27 años, hermosa y con unas grandes tetas. Su esposo era un hombre promedio con un pene duro que le apuntaba al cielo.
Después de masajear la vulva de mi esposa el hombre me hizo señas como pidiendome permiso,
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Si ella quiere,,, adelante.
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Quieres la verga de mi marido? Preguntó la mujer.
Sandra no respondió, volteó a verme con una sonrisa pícara y se empinó lo más que pudo en el pasto para que el hombre la penetrara con cuidado. Ver a mi esposa siendo poseída por otro hombre frente a mis ojos me pareció increíblemente excitante. Los jadeos de mis esposa me dieron a entender lo mucho que lo estaba disfrutando. La mujer no desaprovecho la tremenda erección que yo tenía y se sentó sobre mi de frente a mi cara, de un solo empujón se metió toda mi verga en su apretada vagina. Ufff,,, me sentía en las nubes. La mujer empezó a besarme con los ojos cerrados. Mi esposa tenía los ojos cerrados al igual que el hombre que ya la embestía rudamente. Yo no quería perderme la escena.
Volví a sentir un poco de miedo de lo que pudiera pasar ya que de pronto, al ver a aquel hombre cogiendose a mi esposa me vino a la mente que tal vez yo podría ponerme en 4 y ser penetrado ahí mismo frente a mi esposa. Intenté borrar de mi mente tan perturbadora imagen pero al escuchar al hombre decir lo mucho que lo estaba disfrutando la imagen se fijó aún más en mi imaginación.
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Así, así, putita, te gusta mi verga? – preguntó el hombre en voz baja…
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Si, si,,, mucho, dijo mi esposa
Esas palabras me provocaron un orgasmo intenso y me vine dentro de la mujer que me cabalgaba como desposeída.
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Agghh,,, aghhh,, que rico,,, asi ,,, así,,, dame tu leche papito.
La mujer gritaba sin ningun recato. Varios de los hombres presentes nos miraban mientras se masturbaban y sus mujeres se metían los dedos en la vagina.
Terminamos con esa pareja y nos dispusimos a meternos bajo el chorro del agua de las regaderas contiguas para poder meternos a la alberca.
En cuanto me metí al chorro del agua un hombre se acercó como esperando a que yo terminara para entrar bajo el chorro del agua, volteé a verlo y le sonreí. Eso provocó que el hombre se atreviera a colocarse junto a mi para que lo mojara el mismo chorro de agua y sin más tomó mi semi erecta verga con ambas manos y me empezó a masturbar suavemente. Yo, instintivamente, volteé a mi alrededor para buscar a mi esposa y la vi en una de las regaderas a un par de metros de distancia, me veía mientras sonreía y tan solo me dijo, –disfrutalo cariño.
Eso le dio luz verde al hombre que ya me masturbaba y me besó sin previo aviso. Su beso me supo raro, no lo esperaba, no lo rechacé pero tampoco me pareció tan apetecible. Terminamos de enjuagarnos y nos metimos a la alberca. De ahí siguieron una serie de toqueteos, besos y mamadas, recibidas de parte de un par de señoras mientras sus esposos metían su lengua entre las piernas de mi esposa o le mordisqueaban los pezones, Los dos gemíamos suavemente. Después de algunos minutos salimos de la alberca porque Alicia quería ir al baño, Yo decidí quedarme acostado en la orilla de la alberca con los ojos cerrados y los pies dentro del agua. De pronto sentí unos labios que se apoderaban de mi polla flácida y la empezaban a mamar lentamente. Pensé que era una de las señoras que aún se encontraban en el agua pero luego de lograr una nueva y dura erección abrí los ojos, y grande fue mi sorpresa de ver que quién me daba tremenda mamada era nada más y nada menos que Daniel, el vergudo esposo de Sandra. Intenté decir algo pero Daniel tapó mi boca con su mano-
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Lo hice porque estoy seguro de que con eso te atreverás a probar algo nuevo, verdad?
No supe que decir, Daniel regresó a mi verga y en ese momento mi esposa se detuvo a mi lado. Intenté apretar a Daniel de mi verga pero mi esposa detuvo mis manos.
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Se ven hermosos los dos así… dijo antes de darme un beso.
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Bueno, si ya estamos los cuatro porqué no pasamos a un lugar más privado, – sugirió Sandra que se había acercado a nosotros sin que lo notaramos.
Me moví como autómata, sin protestar, sin preguntar, tal vez mi mente quería decir que no, pero mi excitación, mi verga y el cosquilleo en mi culo me empujaban a lo que siguiera.
Llegamos a una de las habitaciones y Daniel me hizo señas para que me sentar a la orilla de la cama. Sandra prendió una lámpara y la habitación quedó a media luz, luego encendio un aparato de sonido y puso música suave. Luego, Sandra se acercó a mi esposa y le quitó la máscara, le dio un beso apasionado. Yo no perdía detalle de lo que ellas hacían y por lo mismo no me di cuenta en que momento Daniel se sentó a mi lado y sin más empezó a chuparme las tetillas, a morderme el cuello y a besarme apasionadamente. Me dejé llevar.
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Vengan aquí, ordenó Daniel a las mujeres.
Ellas, sonrientes, se recostaron en la cama y en pocos minutos tenían nuestras lenguas mojandoles sus rajitas, alternándonos entre ambas hembras. De vez en cuando las manos de Daniel se desviavan de las tetas de las mujeres para acariciar mis nalgas, o para masajear suavemente mis huevos. Me tenía a mil.
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Estás lista cariño? Preguntó Daniel a mi esposa.
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Para qué? Preguntó inocentemente Alicia.
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Para esto,,, dijo Daniel mientras le ponía la enorme y dura verga sobre la cara.
Mi esposa no respondió, abrió lo más que pudo la boca y sacó la lengua, la invitación era obvia. Empezó a intentar mamar la enorme cabeza roja del vergon de Daniel mientras Sandra le chupaba la vagina. Yo no supe que hacer, seguía ahí masturbándome mientras veía como mi esposa intentaba tragar más y más verga.
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Vamos, qué esperas? Ordenó Daniel.
No estaba seguro de lo que quería que hiciera y Alicia me ayudó a entenderlo. COn una mano tomó la enorme verga de Daniel y me la ofreció descaradamente. No pude más, no sabía como mamar una verga y menos una de ese tamaño pero el haber visto lo que vi en el jardín y recordar la forma en la que Daniel me había mamado el pene me dio una idea. Alicia y yo nos alternamos en meter la cabezota de la verga en nuestras torpes bocas. Sandra seguía metiendo la lengua en mi esposa y de vez en cuanto pasaba su lengua por mis bolas.
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Esperen, esperen, me tienen a mil pero esto apenas empieza.
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Estás lista para aguantarla. – preguntó, o casi ordenó Daniel.
Mi esposa solo asintió con la cabeza, una rápida mirada directo a mis ojos como buscando aprobación, y luego abrió las piernas. YO me dispuse a ver, y a aprender, como aquel enorme pene podía entrar en el delgado cuerpo de mi esposa. Daniel lo hizo con mucha delicadeza, primero restregó el enorme pedazo de carne en toda la rajita de mi señora para provocar que se mojara lo suficiente. Yo pude ver como la verga de Daniel se ponía cada vez más brillosa con los jugos íntimos de mi señora. Luego, colocó la cabeza enrojecida en la entrada de la estrecha vagina y empezó a empujar lentamente, vi como se abrían los labios de la vulva de Alicia y como absorbía centímetro a centímetro aquel inmenso monstruo. Al llegar a la mitad, Daniel preguntó.
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Estás bien? Quieres que siga?
-
S,,,,iii,,, dijo ALicia con voz temblorosa.
Daniel continuó empujando lentamente su verga dentro de mi esposa, lento pero firme, sin detnenerse a pesar de los quejidos de mi señora. Empujaba un poco y luego se detenía unos instantes, luego, a la señal de mi señora, Daniel continuaba empujando hasta que mi señora dijo,,,ya,,, no puedo más,,,me duele… Aún quedaban unos 6 o 7 centímetros de rica verga de fuera. Daniel se empezó a mover lentamente para meter y sacar su grueso palo, provocándole espasmos de placer a Alicia. Yo estaba tan absorto viendo la escena desde muy cerca que ni cuenta me había dado de que Sandra se había montado en mi verga hasta que sentí como su vagina apretaba mi pene por los espasmos que le provocaba su propio orgasmo. Tomé sus pechos con mis manos y le di unas ultimas ensartadas hasta que me descargué dentro de ella.
Terminé y Daniel seguía taladrando suavemente a mi esposa, nunca le metió toda la verga, no le cabía. Pero si le provocó dos o tres orgasmos intensos que hicieron que mi esposa rugiera como bestia herida. Mi cola se abría y se cerraba casi al mismo ritmo que Daniel enterraba su vergota en Alicia. Esto no podía quedarse así.
Sin pensar en mis acciones, me coloqué detrás de Daniel y empezé a chuparle los huevos. El se sonrió. Un ultimo gemido de mi esposa nos dio a entender que por el momento estaba totalmente satisfecha.
-
Ahora sigues tu…ven chiquito,,, mira lo que tengo para ti…- me dijo el muy descarado.
Sin más me abalancé a chuparle su vergota mojada con los jugos de mi esposa. Mi excitación no podía ser mayor.
-
Estás listo? Preguntó Daniel
-
Para esto tan grande? No lo creo, dije,,,- Mi culito es virgen.
-
En serio? Wowww,, que excitante,,, te lo voy a abrir despacito, confía en mi.
Sabiendo lo que seguía, Sandra se nos había adelantado y ya tenía en sus manos tres dildos de diferente tamaño. Alicia estaba en extasis, semidormida y no se daba cuenta de lo que estaba por suceder.
-
Mira cariño, tu esposo es bien machito y valiente…
Instintivament me recosté boca abajo y abrí mis piernas. Daniel se colocó de rodillas entre mis piernas y se inclinó hasta que su lengua entró en mi culito que, sorpresivamente, ya se empezaba a abrir.
-
O tienes muchas ganas de mi verga o me mentiste al decir que tu culito es virgen, esta un poco abierto de lo normal.
-
Te lo juro, por favor dale despacio, nunca he tenido nada ahí adentro.
Su lengua volvió a atacar mi hoyito. Alicia se sentó a mi lado y empezó a acariciarme el cabello y la nuca.
-
Tranquilo, Daniel lo hará con mucho cuidado, si no quieres pues nomás lo dices y ya.
Yo solo le sonreí. Para ese momento ya eran un par de dedos los que entraban y salían de mi culito sin mayor problema. No me di cuenta en que momento me había lubricado tanto el culo que el primer dildo, de color negro, se abrió paso suave y firmemente en mi cuerpo hasta que lo tuve todo dentro. Se sentía increíble, mi cuerpo reaccionaba al excitante estímulo que ese pedazo de plástico le transmitía. Unos cuantos mete y saca y luego.
-
Tienes un culito muy tragoncito, cabroncito. – agregó Daniel.
El segundo dildo, más grueso que el anterior, de color morado, se encontró con un poco más de resistencia que el anterior.
-
Relaja tu culito como si quisieras hacer del baño. – sugirió Daniel.
Seguí sus instrucciones y al tercer o cuarto intento mi culito aceptó un poco del dildo haciendome gemir levemente.
-
Te duele, quieres que pare?
-
N…o…h, solo que vaya despacio,,, atiné a decir.
-
Lo que quieras, dijo Daniel.
Un poco más de empujones y mi carne cedió. Todo el dildo, de unos 16 centímetros fue devorado por mi ya hambriento culito. Mis gemidos de placer eran constantes.
-
Te está gustando? Preguntó mi esposa,
-
S..ii….mu…cho,,,
Sandra y ALicia se entregaron a una sesión de caricias mutuas mientras miraban como mi culito era desflorado.
-
Uno más y estarás listo para lo mejor. Dijo Daniel
El tercer dildo, de color carne y de un grosor considerable parecía imposible de entrar en mi cuerpo. Pero la destreza de Daniel, litros de lubricante y muchos intentos después me encontraba completamente empalado con mas de 20 centímetros de frio plástico. Mis caderas se movían por si solas, intentando sacarle el máximo provecho a tan intensa arremetida contra mi culo.
-
Ya quieres mi verga? Cabroncito.
-
Ya, ya,,, ya dame tu verga cabron,,, rápido,,,, dámela toda,,, con cuidado, pero toda.
Daniel me dirigió para ponerme en cuatro patas justo en la orilla de la cama. Luego se colocó detrás de mi y al instante sentí la caliente punta de su vergota intentando abrir mi culo, que se cerró instintivamente. Daniel sabía qué hacer. Con su lengua empezó a bordear mi abierto culito provocandome oleadas de placer en todo el cuerpo. Sandra también sabía que hacer. Acercó el ultimo y mas grande dildo a mi boca y lo empecé a chupar desesperadamente. Alicia se acariciaba el clítoris con desesperación mientras Sandra le chupaba las tetas. Se escuchaban gemidos de todo tipo, mios al lamer el dildo, de ALicia al tocarse ella sola, de Sandra al chupetear las tetas de Alicia y de Daniel que ya no podía espera a ensartar su vergota en mi aun estrecho culo.
-
Ahí voy, abrete y disfruta. Me ordenó.
Esta vez, la gruesa verga se fue abriendo paso por mi carne, no sin dolor, pero provocandome intensas oleadas de un placer desconocido hasta entonces.
A medio camino Daniel preguntó.
-
Le seguimos o ya me salgo.
-
Dame toda tu verga por favor, no pares— rogué.
-
QUe putito me saliste, cabroncito.
Unos empujones más y sentí como los huevos de Daniel se estrellaban en mis nalgas. Me sentía tremenda y deliciosamente lleno. Mi verga estaba a punto de explotar, mi mente nublada de tanto placer.
-
Miren, miren, es bien valiente este cabrón, me la aguantó toda. – Exclamó Daniel sinceramente sorprendido.
Sandra y ALicia aplaudieron al comprobar que efectivamente yo había sido capaz de aceptar toda la verga de Daniel en mi culito. Pequeñas lágrimas salían de mis ojos y gemidos de dolor y placer salían de mi boca.
Y entonces me sorprendí yo mismo diciendo.
-
Dale, dale, cogeme con tu vergota cabron,,,,,ya.
-
Eso quieres? —- asentí con la cabeza.
Daniel se empezó a mover unos cuantos centímetros fuera de mi culo, se detenía un instante y luego me enterraba su vergota sin piedad hasta el fondo,,, mis gemidos y jadeos se podían escucha en toda la finca, sin duda.
-
Algo se aconsejaron Alicia y Sandra mientras yo era partido en dos por la primera y gran vergota que inundaba mi culito.
Mientras Sandra salía del cuarto, Alicia me colocaba la máscara de spiderman y se poní su propia máscara. Luego, supe lo que habían planeado ese par de perversas mujeres.
Uno a uno, los asistentes a la fiesta empezaron a entrar a la habitación para admirar como aquel hombre tan serio con máscara de spider man, había sido capaz de absorber la enorme verga del anfitrión, algo que nadie, aparte de su esposa jamás había logrado. Algunos me dieron una palmada en la espalda, algunos me sobaron suavemente la verga y los huevos, otros se atrevieron a comprobar con la mano que ya no había más carne que meter en mi culo, y otros besar a Daniel en la boca, quién no dejó de moverse mientras yo gemía de placer sin importarle las miradas de los visitantes.
-
Dale, dale, rápido, me voy a venir, dije.
Las embestidas de Daniel me estaban provocando un gran dolor, pero también un gran placer al mismo tiempo.
-
Date la vuelta, aun no he terminado, dijo Daniel al abandonar mi cuerpo.
Me recosté boca arriba en la orilla de la cama y Daniel dirigió mis piernas hacia la cabecera de la cama, frente a mi cara. Sandra y Alicia ayudaron a sostener mis piernas mientras la enorme verga de Daniel volvía a penetrarme sin piedad. Lancé un grito. Algunos de los visitantes que se habían quedado a ver la escena se masturbaban descaradamente a un lado de la cama. Después de varios minutos de mete y saca no pude aguantar más. Daniel dijo que estaba por llenarme de esperma y eso provocó mi éxtasis. Aventé no menos de 6 chorros de caliente semen que lebaron mi estómago y mis piernas. Sentir los chorros de leche de Daniel derramándose dentro de mi cuerpo fue algo maravilloso, mi pene segúia despidiendo líquido sin parar. Con los ojos entrecerraos pude ver como Daniel se inclinaba sobre mí para tomar mi leche con la lengua y saborearla sin ninguna pena.
-
Rica leche, cabroncito, …dijo mientras me sonreía.
Me quedé exhausto, recostado de lado mientras Daniel salía de la habitación. ALicia me seguía acariciando el cabello y Sandra seguía recostada a nuestro lado.
-
Puedo? Preguntó una voz desconocida.
No alcancé a ver quién era, pero al sentir su dura verga intentando entrar en mi culito solo atiné a acomodarme para facilitarle la maniobra. Su verga se sentía bien dentro de mí pero no me provocaba ni la mitad de placer que la verga de Daniel. Aún así el hombre intentaba terminar lo antes posible.
-
Así que todavía quieres verga? Escuché la voz de Daniel que regresaba a la habitación-
El hombre que me estaba cogiendo terminó me dio las gracias y se retiró. Daniel entonces le dijo a otro de los hombres que se acercara. Daniel le pidió que se recostara en cuatro sobre la cama y me pidió que lo penetrara. NO estaba seguro de lo que seguía pero ya mi pene estaba dispuesto a obedecer. Sin chistar penetré a ese hombre y la sensación de su culito apretado rodeando mi verga, algo nuevo para mí, me puso la excitación a mil.
-
Recuéstense en la cama, ordenó Daniel.
En cuanto me recosté sobre el tipo, sin sacar mi verga de su culo, sentí como el pene de Daniel volvía a penetrarme hasta el fondo sin parar, gemí yo, gimió Daniel, y gimió el tipo al que le ensarté la verga. Hicimos el trenecito hasta que los tres nos descargamos. Uno a uno se fueron retirando de la habitación todos hasta que solo quedamos mi esposa y yo.
-
Te gustó cariño? Preguntó.
-
Si, mucho,
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Porqué no me habías dicho que querías hacer esto? Me preguntó
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Por que no sabía que lo deseaba.
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Te arrepientes?
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Para nada, y tu?
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Yo, de qué?
De tener un marido tan putito como yo, dije en son de broma.
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Es que una verga como esa no se encuentra a diario, verdad?
Nos sonreímos y nos besamos antes de dormir desnudos, plácidamente hasta el amanecer.
Al siguiente día tuve la oportunidad de disfrutar la verga de Daniel una vez más, un par de vergas de otros de los invitados, un par de vaginas más y hasta me animé a penetrar a mi esposa por el culo, algo que ni se nos había ocurrido antes, alentados por Daniel quién terminó dándole por el culo a ALicia mientras yo le ensartaba la verga una última vez.
Pero eso ya suena rutinario después de mi primera verga a los 40.


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