Mi primera vez Bi con mi primo Heteroflexible
La historia esta basada en hechos reales. Hablare en primera persona y espero le guste mi historia 100% real..
Todo lo que voy a contar está basado en hechos reales; cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia. Por estrictas razones de seguridad y discreción, los nombres reales permanecerán en el anonimato.
Soy un hombre venezolano de 36 años, de contextura delgada pero atlética debido al ejercicio ocasional. Sin embargo, la historia que cambió el rumbo de mi vida ocurrió hace exactamente dieciséis años, durante mi juventud, en la fría capital merideña. En aquel entonces, yo era un joven sumamente inocente y no tenía conciencia alguna sobre el sexo. Mi primo, que hoy tiene 32 años pero que en esa época era un adolescente de cuerpo atlético por el ejercicio frecuente, se convirtió en mi mentor. Él se ofreció a enseñarme todo lo que sabía, marcando el inicio de mi bisexualidad.
Aquel primer encuentro ocurrió detrás de la cocina de un apartamento familiar, específicamente en el área del lavadero. Mientras el resto de la familia descansaba en sus habitaciones, la tensión entre nosotros estalló.
—Quiero que te bajes el pantalón y los boxers —me susurró mi primo.
—Ok —respondí, obedeciendo de inmediato.
Acto seguido, él hizo lo mismo, dejando al descubierto su miembro erecto y firme.
—Ahora, chúpamelo como si fuera una paleta, con suavidad, sin morder y sin usar los dientes —me ordenó con voz ronca.
Me arrodillé en el piso del lavadero y comenzó mi primera tarea, introduciendo su pene caliente en mi boca, saboreándolo lentamente mientras él contenía el aliento.
—Ah… sí, sigue así. Lo estás haciendo bien, marico —gimió en voz baja—. Ahora levántate.
Antes de pedirme lo siguiente, se volteó dándome la espalda. Agarró una barra de jabón azul de lavarropa, la mojó un poco y se la pasó por el ano para usarla como lubricante. Me miró invitándome a actuar. Lo agarré por las caderas y lo penetré por primera vez sin condón. Sentir su estrechez húmeda y caliente fue una locura.
—Mmm… ah, ah… —jadeé, embistiéndolo con fuerza pero cuidando de no hacer ruido.
—Mmm… —respondía él, apretando los dientes del placer.
Teníamos que hacerlo con el menor ruido posible porque los familiares dormían cerca. De pronto, antes de que me dijera qué seguía, decidí dejar de cogerlo. Retiré mi miembro lentamente para no lastimarlo antes de eyacular, dejándolo con las ganas de más. Fue entonces cuando él me pidió que me volteara. Agarró nuevamente la barra de jabón de lavarropa, me lubricó el ano con cuidado y procedió a metérmelo por el culo de un solo golpe.
—Mmm… —gemí ahogado por la tremenda sensación de llenura.
Él empezó a bombearme duro y en silencio dentro del lavadero. Después de unos minutos de pura fricción y placer intenso, decidió pararlo. Retirá su pene de mi culo chorreando lubricante y procedió a masturbarse rápidamente hasta eyacular en el suelo. Al ver su semen, yo hice exactamente lo mismo, pajéandome hasta correrme con fuerza. Al final de toda esa faena, por suerte nadie se asomó. Nos vestimos rápido y decidimos ir a hablar a solas al balcón, bajo el frío de Mérida. Allí acordamos mantener el secreto y no decirle a nadie lo sucedido.
Ese fue el inicio; tuvimos varios encuentros sexuales en diferentes lugares durante 3 años y 3 meses, manteniendo siempre la discreción. Al principio todo iba bien, pero luego sucedió el último encuentro íntimo que terminó de forma agridulce.
Sucedió exactamente en el mismo sitio donde todo había comenzado. Mi primo llegó de la calle tras jugar fútbol en la plazoleta de las residencias, sudado y lleno de adrenalina. En ese momento, yo me encontraba metido en el baño depilándome por completo el vello púbico. Al escucharlo llegar, lo llamé con picardía para mostrárselo. Nos encerramos en el baño del cuarto de estudio y, al enseñarle mi entrepierna totalmente lisa, quedó completamente impresionado. Por supuesto, se excitó al instante.
Sin decirme una sola palabra, se bajó el pantalón y los boxers, se volteó y me dio la espalda. Yo conocía perfectamente sus intenciones, así que decidí cogerlo ahí mismo. Sin embargo, cometí un grave error de principiante: olvidé por completo el detalle de que venía de correr y jugar fútbol, y no le avisé que se lavara el ano antes de empezar. Por culpa de ese descuido higiénico, me dio asco y no quise chuparle ni lamerle el ano para prepararlo. Lo penetré en seco y directo; debido a la falta de una buena lubricación y al sudor, él sintió un dolor insoportable en vez de placer. El encuentro terminó sumamente mal, cortando toda la excitación y dejándonos un ambiente muy tenso.
Tiempo después, las cosas se enfriaron, pero logramos hablar por teléfono. Aproveché esa llamada para disculparme sinceramente por lo sucedido en ese último encuentro y, sobre todo, para agradecerle de corazón por todo lo que hizo por mí, por haberme abierto las puertas de mi propia sexualidad y por los momentos compartidos.
Espero que lo hayas disfrutado, que te hayas excitado y que lo hayas leído con tantas ganas como yo al recordarlo. Gracias por su atención.



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