Mi primito y yo a solas.
Lo cargué y lo senté justo en mi base, dejando mi verga toda estirada detrás de su culito. Él me veía con una sonrisota sin entender qué estábamos haciendo. .
Relato de un seguidor. Todo está ocurriendo al mismos tiempo que les comparto este primer relato. Por favor, lean el mensaje final.
Tengo 20 años y me llamo Gabriel. Soy un chico gay versátil, de piel morena clara, nalgón, voy al gym y mido 1.70. Soy muy caliente desde los 12, siempre ando con ganas de pajearme. Cada que ando libre, me encierro en mi cuarto a ver pelis porno gay, cada que me baño, me deslecho con videos de X. Soy muy muy sexual.
Lamentablemente, casi no tengo encuentros con otros chavos por eso me la paso tan caliente.
Vivo actualmente con mi mamá, mi papá está trabajando en otra ciudad y vivo con mi hermano Gerardo. Él tiene 23 y se parece a mí, con la diferencia que mide 1.78 y tiene un cuerpo más masculino porque práctica fútbol casi cada semana.
Mi mamá cuida a mis primitos, los hijos de su hermana. Un niñito llamado Jesús, tiene 5 años y es blanquito, blanquito, muy bonito, además es bien curioso en todo sentido. Tiene trastorno del habla, así que aún con 5 años, habla como un niño de 3.
Y mi primo Alex, un preadolescente de 12 años.
Cuidamos a sus dos hijos hasta que mi tía salga de trabajar. A veces, solo de Jesús porque el mayor prefiere irse con su mamá al trabajo.
Cuando comenzamos a cuidarlo, era frustrante porque no podía encerrarme en mi cuarto para masturbarme, siempre tenía la casa llena y para mi mala suerte, siempre metidos en mi cuarto. Incluso había días que estaba encerrado en mi cuarto masturbándome con audífonos y una buena película, cuando llegaban y tocaban mi puerta. Siempre hacía corajes porque por disimular dejaba de masturbarme y dejaba mi verga a reventar.
Cuando Jesús cumplió 5 años, mi mamá comenzó a trabajar poniendo uñas y cosas de belleza a domicilio. Como Chucho ya era un niño y no un bebé, se quedaba conmigo o con mi hermano, dependiendo quien estuviera en la casa.
Un día, a mi mamá le salió trabajo y justo, mi hermano iba a ir a la uni a checar algo de su tesis. Se fueron juntos y me avisaron desde el piso de abajo, que yo cuidaría de Jesús.
Antes de que se vayan, yo estaba en mi cuarto viendo porno, así que ya sabrán lo enojado que estababa de tener que bajar a cuidar a Chucho.
Él estaba sentando en el sillón viendo la tele. Me senté a su lado mega emputado por no poder deslecharme. Cuando me vió, se me aventó jugando y comenzamos a jugar luchitas. Yo traía la verga semiparada por los videos, así que mientras se me encimaba, trataba de que no sienta mi verga. Pero en una de esas, aterrizó justo en mi entrepierna haciendo que brinque. Lo tomé de la cintura para apartarlo, pero él aún jugando sin malicia, me comenzó a hacer cosquillas sin bajarse de encima. Mi verga estaba a estallar otra vez. No sé que me pasó, pero aún teniendo ropa, sentirlo aplastar mi verga me puso mega caliente. Sabía que estaba mal, pero aún así lo dejé.
Aún fingiendo que jugaba con él, comencé a hacerle cosquillas también, pero levantándolo y sentándolo en mi. Mi verga estaba completamente erecta y acostada en mi entrepierna, mientras «jugando» obligaba a Cucho a darme sentones.
Él lo sintió, paró de brincar e intentó voltear a ver qué era eso que se le enterraba en la colita. Antes de que haga algo, lo tomé y lo bajé de mí. Era un niño muy curioso así que quería evitar que preguntara qué era. Pero traía la verga de lado y no había forma de disimular lo que estaba bajo mis pantalones.
— ¿Qué es eso? —me dijo Chucho desde el sillón y apuntando mi verga con su dedito—.
— Mi pilín, voy al baño. —le dije sin esperar que responda—.
Corriendo me encerré y comencé a masturbarme agresivamente sentado en el retrete. Sin más, me corrí dentro del inodoro. Le bajé la palanca y esperé qué mi verga bajara.
Salí del baño y seguí viendo la tele con chucho. No me preguntó nada y almorzamos juntos.
Como a las 3pm, cayó rendido y lo subí a mi cuarto. Cuando lo acosté, me puse a recordar lo que hice abajo. Otra vez me puse caliente y no pensé con claridad.
Chucho estaba dormidito en mi cama, viéndose precioso con esa piel blanquita, sus pestañas viéndose largas aún con los ojos cerrados. Y sobre todo, su boquita rosita y pequeña.
No me puse resistir, me acerqué y lo besé en la boca. Sentí su aliento a bebé y rápidamente mi verga reaccionó poniéndose maciza. Mi corazón me martillaba, pero no sé porqué no podía parar.
Más caliente que nunca, lo puse cuidadosamente boca abajo y le bajé su shortcito. Tenía un culo redondo, blanquito y tan apretado que su anito no se veía si no le abría las nalgas.
Acerqué mi nariz y cada vez me gustaba más lo que estaba haciendo.
En eso, escuché la puerta de la casa abrirse y rápidamente lo vestí, y me metí al baño del segundo piso a fingir que me bañaba.
Mi mamá llegó sin mi hermano. Cuando salí del baño, me dijo que se quedó con sus amigos y se encerró en su cuarto después de checar a Chucho.
Ya vestido, me acosté a su lado y me puse a ver tiktoks. Mi mamá abrió mi puerta y le dio un beso a Chucho en el cachete.
— ¿Cómo ves a tu tía? Que va llegar tarde porque va aprovechar a ir al super.
— ¿De qué te quejas? si ni lo cuidaste hoy. —le dije jugando—.
Me aventó una almohada y levantó a chucho para decirle que era hora de bañarse. Chucho entró otra vez después de un rato, mi cuarto cambiado y se subió a mi cama.
– Mira, yo bañé. ¿Tu bañaste? —me dijo—.
— Sí, yo me bañé cuando estabas dormido.
— Ahhh, sí. Tú bañar cuando yo mimir.
Mi mamá pasó por el pasillo y bajó hablando con mi papá por teléfono. Después, escuché que se encierre en su cuarto en la planta baja.
Yo apagué mi teléfono y lo quedé viendo. Él me sonreía viéndome tiernamente con sus ojitos bien abiertos por la siesta que se había tomado.
— Dame un abrazo. —le dije extendiendo mis brazos—.
Desde su posición, me abrazó pero yo lo jalé y lo volvi a sentar en mi entrepierna. Rápidamente, mi verga comenzó a crecer aplastada por su culito en short.
Para disimular, jugué a que lo levantaba con mis pies y cuando lo bajaba, lo volvía a sentar en mi entrepierna. Chucho se reía y pedía que siguiera. A mí ya me dolía la verga y quería masturbarme. Pero me dió miedo sacármela enfrente de él y que lo dijera.
Estuve un buen rato levantándolo y frotándolo en mi verga. Cuando lo bajé porque ya no aguantaba y quería irme a masturbar, Chucho me agarró mi tronco desde mi short.
— ¿Qué es eso? —me dijo riendo—.
— Es mi pilín, pero no lo puedes tocar, eh. —le dije bajándolo—.
Me encerré en el baño y me volví a correr en el inodoro.
Cuando regresé con Chucho ya deslechado, tranquilos jugamos mi Nintendo hasta que llegó mi tía y mi primo Alex.
Me la pasé varios días pensando en lo que hice. No tenía miedo porque no hice gran cosa y Chucho nunca entendió otra cosa que no fuera un juego.
Varios días después, por una razón que ya no recuerdo, nos volvimos a quedar solos en la casa. Esta vez, en la mañana.
Yo le terminé de dar desayuno y volvimos al sillón a ver tele.
Después de un rato, me pidió que la apagué porque ya no quería verla.
Mi corazón otra vez andaba latiendo, porque tenía ganas de hacer algo.
Cerré bien las ventanas de la sala y regresé al sillón.
Le pedí un abrazo e inocentemente me abrazó. Lo alcé y lo senté en mi entrepierna. Poco a poco la sentí crecer aplastada por el culito de Chucho.
Para que no se baje, le volví a hacer cosquillitas en sus axilas. Él solito por la risa comenzó a darme de sentones. Yo estaba callado sintiendo mi verga hinchada.
Pero mientras más caliente me ponía, más sensible sentía la verga. Así que cuando Chucho saltaba, me lastimaba un poco.
— ¿Qué tienes, Vlad? —me preguntó cuando me escuchó quejarme—.
— Nada, gordo. Es que, en que brincas, me lastimas aquí. —le dije señalando mi verga bien erecta marcada por mi short—.
— ¿Qué es eso?
— Mi pilin. Dónde hago pipí.
— Ah shi. Yo pipí también.
Alzó su playerita e intentó bajarse su shortcito, pero por la posición no pudo.
Lo bajé de mí e hice como que no entendí qué dijo para que lo repita.
Volvió a decir lo mismo pero esta vez se bajó su shortcito mostrándome su pitito diminuto.
— Wow, ¿ahí haces pipí? —le dije—. ¿Quieres que te muestre el mío? Pero no le puedes decir ni a mamá, ni a tía, ni a Alex ni a Gerardo. A nadie. ¿Sale?
— No voy decir nadie, Vlad. —me dijo serio—.
— No, ¿sabes qué? Mejor no, porque tú sí le dices a todos.
— ¡No! No voy decir. —me dijo insistentemente—.
Me paré del sillón y me saqué la verga ya toda erecta. Me mide 17cm y es más morena que yo. Tengo el glande oscuro y en forma de pico.
— Wow —dijo Chucho—.
— Ok, te lo voy a mostrar, pero shhh.
Me quité el short que llevaba y le dije que lo podía tocar. Puso su manita en la cabeza y hasta me ericé.
Le mostré como masturbarme, pero solo jalaba mi verga porque no le salían los movimientos.
Lo cargué y lo senté justo en mi base, dejando mi verga toda estirada detrás de su culito. Él me veía con una sonrisota sin entender qué estábamos haciendo. Comencé a pellizcar su culito dentro de su shortcito. Lo amasaba, se lo acariciaba así bien erótico. Él solo se reía. Lo levanté con una mano y con la otra le quité su shortcito y su trusa.
Comencé a besarlo y él me correspondió torpemente. Yo estaba como nunca, con la verga babeada e hinchadisíma.
Comencé a hacerme una rusa en su culito, restregando mi tronco y glande en su rayita.
— ¿Qué hashes, Vlad? —me preguntó viendo hacia atrás—.
— Es un juego de grandes. ¿Te gusta? Si quieres te bajo. —le dije probándolo—.
Lo agarré de los costados para simular bajarlo y él se aferró a mi cuello diciendo que sí quería jugar. En ese momento, supe que si quería hacerlo y que no diría nada.
Seguíamos besándonos mientras yo levantaba mi pelvis y me frotaba en su culito. Chucho sacaba su lengüita e intentaba imitar como yo lo besaba.
Después lo cargué y lo acosté boca arriba. Me paré y le intenté llevar mi pito a su boquita. Él me detuvo con sus manitas y luego se tapó la boca.
– Pruébalo, gordo. Mételo a tu boca.
Intenté nuevamente, pero Chucho empezó a decir que no nuevamente. Para que confiara en mí, le dije que yo se lo haría primero.
Tomé su pequeño penecito y me lo llevé a la boca. Le lamí su prepucio, sus huevitos y me lo ensarté en la garganta. Chucho se reía y me empujaba de la cabeza.
Me saqué su verguita y le pregunté si le había gustado. Riendo tímidamente dijo que sí y me dejó meter mi verga a su boquita.
Nomás sentí su salivita calientita y juro que me dieron espasmos. No le entraba más del glande y no ocultaba sus dientitos. Pero le dije cómo y aunque no era una super mamada, todo el contexto era lo que me traía super babeado.
Estuvo un rato dejando que le penetre la boca con mi glande. Después me hinqué en el sillón y comencé a lamer su rajita.
Solito, Chucho levantó sus piernas y se reía cada que mi lengua entraba en su anito.
Intenté meterle un dedo, creyendo que mi saliva era suficiente, pero Chucho se quejaba y ya era tarde para ser paciente.
Lo coloqué frente mío, alcé sus piernas aún más y comencé a hacerme una rusa en su culito. A veces hacía presión con mi glande en su rajita, pero cuando se quejaba, lo sacaba y seguía restregándome en él.
No aguanté más y me corrí en su culito.
Chucho preguntó que era eso, pero no quiso probarlo cuando le respondí que leche. Lo limpié rápidamente y nos vestí.
Justo terminando, mi mamá llegó.
Yo estaba super nervioso pero Chucho nunca dijo nada. Cuando me veía, me hacía la seña de silencio.
Los siguientes meses, entrené a chucho para mejorar sus habilidades y a día de hoy, es mi pequeño noviecito.
*** Hola. Soy Gabito180 y quería avisar que este será mi último relato publicado. Agradezco su apoyo durante esta etapa, no saben lo mucho que amé hablar con ustedes y publicar sus historias. Sin embargo, por motivos personales he decidido apartarme de esta página. Nuevamente, gracias a todos aquellos que me compartían, mandaban mensajes y comentaban lo mucho que amaban el perfil.
Sobre todo, gracias a Duki, fiel lector y amigo. Javier, quién me entregó la historia que más amé escribir: Mi hijo, mi único alivio.
Pero aún más importante, gracias a Rey. Quien fue mi primera editor, amigo y compañero. Gracias a él, inició este perfil y me volví lo que soy.
También, gracias a Zeta por ser mi último editor y mi mejor amigo. Sin él, yo no sería ni la mitad de bueno que soy ahora.


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