Mi profesor de computación me enseñó lo que es el sexo anal a los 12 años
Con el pretexto de expresar mis sentimientos, recuerdo esta “experiencia” que tuve cuando tenía 12 años, una familia que me odiaba y un profesor que vio en mi algo que le gustó: mi cuerpo. .
Para ser honestos, no estoy seguro del porqué necesito escribir este relato ¿Quizá porque ayer lloré hasta dormirme? ¿Quizá porque mi psicólogo de toda la vida me dijo que es bueno expresar todo lo que siento? En fin, supongo, sólo Dios sabrá.
Aún así, yo sé que muchos de los que entran a estos foros, lo hacen para eyecular luego de una gran sesión masturbatoria, así que los invito a hacer lo mismo con este relato, si desean, claro.
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Bueno, en ese tiempo, vivía en Lima Perú, en un distrito bastante decente y felizmente nunca tuve carencias económicas (Soy de esos chicos que puede viajar a Miami o New York con solo unos días de anticipación), recuerdo que nuestra casa era grande, teníamos dos empleadas, incluso un “backyard” (algo muy poco común en Perú). La verdad, económicamente hablando, vivía muy bien. Sin embargo, respecto a lo familiar, la situación no estaba muy bien. Mi padre era un alcoholico mujeriego que solo se dedicaba a pegarme cada vez que él sentía que yo hacía algo mal. Por ejemplo, para darles una idea de lo desgraciado que era mi viejo en esos tiempos, recuerdo tener ocho años, estábamos en la cocina y no se muy bien que estábamos haciendo pero yo siendo yo me río de mi hermano pequeño porque aún no se aprendía el abecedario, tremendo error ¿Porque? Pues, apenas me burle, mi padre volteó a mirarme con esos ojos furiosos que aún me dan pesadillas y, en un segundo, ya sentía que me ardía la cara, pues el me había dado una cachetada y, eso no era lo peor, me agarró del pelo, me llevó a mi habitación y recuerdo estar llorando, rogándole a mi padre que no me pegara pero, bueno, el era más grande que el, así que se sacó la correa y el, siempre sabido, me grita
– !Volteate chibolo de mierda! – mientras me mostraba la correa con la que me iba a pegar.
Yo solo lloraba y lloraba pero el vuelve a gritar la orden y no me queda más que voltearme, era verano, así que el solo tuvo que bajarme el short y esos horrorosos calzoncillos blancos que me compraban y odiaba porque eran muy apretados para así, con mi short y mi calzoncillo blanco compartiendo espacio con mis pies, mi trasero de pequeño de ocho años estuviera descubierto, listo para recibir los golpes de un padre que me odiaba.
Para variar, me costó muchas sesiones perdonar tremendo abuso de autoridad. Y, créanme expectadores, yo intentaba ser un chico normal pero no podía. Vivía asustado de mis padres, me daba miedo ver an mis compañeros siendo tan masculinos, jugando futbol, corriendo de aquí para haya, sacándose los penes al aire. Si, no se porque les encantaba hacer eso. Pero yo no reaccionaba, era totalmente invisible, en casa y en el colegio y eso, queridos lectores, hacía mi vida un infierno.
Otro trauma con el que tuve que aprender a vivir, era cuando ya tenía 11 años, mis notas aún estaban okay en ese tiempo, yo estudiaba en el Maristas de Barranco, así que era un logro para mí lograr buenas notas, pero una vez, recuerdo a mi madre recogiendo mis notas conmigo, yo estaba de lo más tranquilo pero la tranquilidad no duraba para siempre en mi casa, no señor.
– Señora, su hijo está bien en sus notas pero he visto que no tiene amigos – Decía la chismosa de mi profesora.
Luego de esa conversación, solo recuerdo estar en camino a casa con mi madre, recuerdo caminar hacia el segundo piso y veo a mi padre bebiendo con mi tío y sus amigos, en mi mente pensé “hoy me toca” y ya mi cuerpo se ponía en modo nervioso y no me equivoqué porque al bajar, le aviso a mi madre que mi padre estaba tomando arriba y yo me voy a mi habitación para inmediatamente escuchar los gritos de mi madre
– ¿Porque mierda no tienes amigos? ¿Porque eres tan raro? – Me gritaba con la escoba lista en la mano para romperme las piernas y los brazos.
Y, para que entren en contexto, yo nunca me portaba mal, yo era de esos niños que apenas salían del colegio iban corriendo a casa a jugar en su computadora o en la Nintendo DS. Yo odiaba a la gente, me gustaba estar encerrado a oscuras y supongo que eso odiaban mis padres. Sin embargo, sobretodo despues de esas golpizas, me di cuenta que en esa casa no me querían pero al mismo tiempo estaba en Perú, que si me escapo de mi cómoda casa con empleadas y abundante comida en la refri, iba a acabar en la calle, siendo recogido por alguna de las personas que cuentan su relato aquí. Así que decidí aguantarme y, quizá viéndolo en perspectiva, acercarme a otras personas que quizá no debí acercarme.
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Recuerdo que fue a mitad de año, ya en ese entonces tenía 12 años, era tímido, algo flaco y usaba lentes, en ese entonces estaba metido a tope en el anime y los doramas japoneses, recuerdo en esos días estar obsesionado con “YamadaTaro Monogatari” y buscaba información de ese drama hasta en las clases de cómputos y, uno de esos días, mi profesor de cómputo, me ve buscando esas cosas y me pregunta
– Alumno ¿Porque no estás en excel como tus compañeros? – Cuestionó haciéndose el indignado
Obvio no sabía que responder, así que me disculpé y cerré la página pero el seguía según el molesto así que como la clase de cómputo tocaba justo antes del lunch brake (Si, así le decían) que duraba casi una hora, así que me pide que me quedara después de clase y me pide mi agenda del colegio, que los papás tenían que firmar todos los días y eso significaba que el profesor le iba a escribir a mis padres y, o sea, sería noche de golpes. Ya a ese punto quería llorar pero no quería hacerlo frente an mis compañeros así que solo esperé.
Al acabar la clase, me acerqué a él y me pidió que esperé a que se fueran todos. Yo sudaba de los nervios.
– Bueno, alumno – mirando que no hubiera ningún alumno en el salón – ¿Te gusta el anime?
– Si profesor – recuerdo solo estar mirando el piso – Porfavor, no le escriba an mis papás, me van a pegar – decía mientras soltaba algunas lágrimas.
El se quedó en silencio, supongo pensando que hacer, para luego sentir su mano en mi hombro.
– Pequeño – levanta mi mirada con sus manos de adulto – No llores porfavor ¿Quieres que te diga un secreto? A mi también me gusta el anime.
Juro que en ese momento mis ojos se abrieron como platos y de llorar como un bebe pase hablarle de lo increíble que era Full Metal Alchemist. Estaba feliz ¡Este maldito infeliz había hecho un amigo! No importaba si era un profesor, al menos estaba hablando con alguien. A partir de ahí, empecé a buscarlo diario, el siempre paraba en el salón de computación, así que siempre iba a acompañarlo, las primeras semanas era feliz, el me mostró por primera vez Evangelion, Akira, Death Note y me veía todos lo más rápido posible.
Creo que pasó un mes de esa amistad y recuerdo un martes llegar donde el y me puse a llorar
– ¿Qué pasa pequeño? – Me dice todo preocupado.
– Mi padre me volvió a sacar la mierda ayer – decía llorando – y aún me duele los golpes profe.
Apenas le dije eso, me abrazo.
Literal me abrazo.
Mis ojos volvieron a sobresalirse, pero me sentí querido, no les voy a mentir. Ahora viéndolo en perspectiva, supongo que ese día fue el que ese profesor se habrá puesto de límite para tener un avance conmigo y el primer paso fue ese abrazo. Un abrazo que fue bajando hasta llegar por encima de mis nalgas de 12 años, recuerdo alejarme inmediatamente.
– Lo siento profesor – le digo – Es que me duele un poco ahí – Para que le dije eso.
– ¿Si? Si quieres puedo revisarte que tienes – Respondió para levantarse y cerrar el salón de clases con seguro.
Yo de verdad creía que podría ayudarme, confiaba plenamente en él, así que le acepto , el feliz, me vuelve a abrazar y recuerdo que me pide que confíe en él. Me voltea y, mientras él seguía sentado en su silla de su escritorio, me trae hacia el para empezar a rodearme con sus brazos y con sus grandes pero suaves manos busca la evilla de mi correa que tanto usaban mis padres para golpearme. Pero en ese momento, yo sentía las famosas cosquillas. Luego de quitarme la correa, con sus dedos me desabrocha el pantalón, tenía un poco de vergüenza porque no me había duchado y me daba miedo que me diga que olía feo hahaha. Pero no, de un momento a otro ya tenía el pantalón abajo, se sentían frescas mis piernas, no dejaba de temblar.
– Creo que tus piernas están perfectas – Me decía mientras me sobaba las piernas hasta el inicio de mis nalgas, una y otra vez.
Luego, me voltea bruscamente y agarrándome los brazos, mirándome a la cara y yo con mi pantalón de colegio en mis rodillas y exponiendo mis nalgas y mi verga que felizmente aún estaban cubiertas con mi boxer negro, con el que yo, muy puerco, no me había cambiado en dos días (Lo siento) Pero aún así, quiero aclarar, era muy limpio yo, hasta ahora, mi PH hace que no sude y apeste tanto felizmente así que mi adolescencia nunca fue un problema, al menos, respecto a los olores. En fin, ya mirándonos me dice
– ¿Te gusto? – viendo la carpa que se había formado ahí abajo.
Yo no dije nada, estaba rojisimo como un tomate y como no me quejé, el continuó. Me volvió a poner de espaldas, sentí como agarro el borde de mi boxer y me empezó a bajarlo lentamente, con la excusa de que el necesitaba ver si me habían dejado alguna herida en la nalga.
O sea, imagínense lectores, el me tenía ya básicamente con el poto y el pito al aire, se sentía fresco pero estaba avergonzadisimo, al mismo tiempo ya me estaba frikieando pero también no quería que dejara de preocuparse por mi, aunque eso implique estar desnudo para el. La cosa, es que eventualmente el se fue acercando a mis nalgas hasta que puso su nariz entre la raya de mis nalgas y dio una gran olfateada, yo me encrispe pero, oh dios, se sentía tan rico y como no me queje, puso sus manos en mis nalgas las separo y empezó a olfatearme y lamerme la entrada del ano.
– Que rico sabe tu potito – me decía mientras escuchaba sus lengüetazos, las piernas me temblaban y mi pene estaba duro del placer.
– ah, aaaah, mmmm – solo podía hacer esos sonidos yo, que ya sabía que estaba abusando de mi pero no quería que se detuviera porque yo sé que me quería solo por mi edad.
En fin, así habrá estado unos cinco minutos hasta que me volvió a voltear y como me vio todo rojo y duro de la verga me dice
– Ahora te toca a ti ayudarme con mi dolor –
Y se saca su vergota.
Yo ya me masturbaba y ya veía mi porno gay, así que sabía muy bien que quería mi profesor, así que simplemente me arrodillé frente a él y me la meti a la boca, recuerdo que al comienzo me dio ganas de vomitar porque su pene sabía a orines y a ese olor que desprenden las vergas de machos que trabajan todo el día y eso al comienzo me desagradó pero el profe me decía todo su arsenal para que no me detuviera: Que era buen chico, que me quiere mucho, que le gusta que me porte bien, que siempre me va a cuidar. Todo eso mientras movía su cintura para meter todo lo que pudiera de su gran verga en mi boca. Yo estaba hipnotizado, querido lector, no podía dejar de hacer lo que estaba haciendo, en un colegio catolico, dentro del salón de cómputo con mi querido profesor.
– Te quiero cachar – me dice el profe después de tenerme casi como 10 minutos mamando su verga y sus huevos. Mi cara apestaba al sudor de sus testiculos de macho.
De nuevo yo siendo yo, me quedé callado y al saber que tenía miedo, me planta un beso, mi primer beso con mi profesor de cómputo y el primer beso de toda mi vida, no cerré los ojos, podía verle su carita, tan nervioso pero tan decidido, eso no volvió loco. Me imaginé viviendo con él en ese momento, me imaginaba ser su compañero, incluso me lo imaginaba durmiendo conmigo todas las noches, así que acepté.
El se puso muy feliz y como vio que todavía quedaba como 40 minutos, me dijo que me recueste en su escritorio panza abajo y que disfrute la experiencia, me volvió a mamar el culo y empezó a meter su lengua dentro de mi ano, yo en ese momento ya volteaba los ojos del placer y sacaba pequeños gemidos de mi cuerpo de 12 años. Hasta que metio un dedo, me empecé a morder el brazo del dolor, pero yo sabía que no tenía escapatoria, sabía que iba a pasar, en ese tiempo estaba obsesionado con Skins UK y yo sabía que eso hacían, así que sabía que tenía que hacerlo también. Así que me mordía mi chompa para no gemir del dolor, luego dos dedos y hasta tres metio, yo estaba en lágrimas por unos minutos hasta que me calmé, el profe hacía pequenos círculos en mi apretado y probablemente apestocito anito, me daba besitos en las nalguitas y me decía que estaba aguantando excelentemente, se sacó los dedos y me pidió que se los chupara, lo cual hice sin pudor, la verdad. Para luego, sentir un pedazo de carne caliente entre mis nalgas. Esa verga no era muy larga pero sí muy cabezona, en ese momento pensé en lo que me estaba convirtiendo “¿Será que ahora somos novios?” Pensaba yo ingenuamente a mis 12 años. La cosa es que empezó a empujar su verga y que ardor sentía, por Dios. No podía dejar de pensar en lo que sucedia, quería gritar y salir corriendo pero si ya estaba acostumbrado a las golpizas de mis padres, esto no estaba tan mal. Así que fue metiendo y metiendo, hasta que entró todo, queridos lectores. Este culito, cuando tenía 12 años ya se metia la verga apestosa de su profesor de computación. Luego, se empezó a mover lento, me sobaba mi espalda, mi pelo, me daba besitos, me decía que era el mejor alumno de este colegio y que me quería mucho, realmente le creía.
Luego empezó a darme con más constancia, ahí yo ya empecé a disfrutar, soltaba pequenos gemidos que llenaba el salón de clases y el profesor ya solo bufaba mientras sonaba el “plap, plap, plap” de una verga penetrando constante y sonante el culito de algún hijo mayor de algún padre. Yo solo gemia, a veces me dolía un poco pero más era el placer. Hasta que empezó el mete saca más veloz y yo ya solo hacía el típico
– AyAyAaaaaayAaaaayayayayayayaya ayyyyy ay ay ay mi potito – algo así recuerdo que estaba mientras el plap plap plap de mi profesor aumentaba la velocidad, hasta venirse dentro de mi, yo solté un fuerte gemido y de verdad, sentía como mi hueco se iba poniendo húmedo y caliente, mientras el me daba unas embestidas más y más profundas, hasta que se vino todo y sacó su verga flácida.
Para ese punto yo ni podía moverme, estaba totalmente ido.
– Pequeño, que rico estuvo ¿te gustó?- me decía mientras Me limpiaba la cola con papel higiénico.
– Si profesor – apenas le dije, aún recostado en su escritorio, con el culo apuntando hacia la puerta del salón, ya desflorado.
El me subió mi boxer negro que luego tuve que tirarlo para que la empleada no vea la mancha de semen que había dejado algún degenerado en la ropa interior de un chibolo de 12 años y mi pantalón, me levanto del escritorio y me dio un beso que nunca olvidaré.
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Felizmente, como era invisible en el colegio, no tuve necesidad de caminar mucho así que los compañeros de colegio no me vieron cojear después de tremenda cojida que me dio ese día, recuerdo como sentía su semen salía de mi hueco anal y iba manchando mi ropa interior, así que solo atiné ir al baño a tirar a sus hijos por el inodoro y luego quitarme el pantalón y hacerme una de las mejores pajas que me pude hacer en el baño del colegio Maristas. Me limpié con esa misma ropa interior y, porque no soy tan tonto, envolví esa ropa interior con papeles higiénicos y lo tire al fondo del tacho de papeles sucios en el baño. Felizmente ese día no me manche el pantalón porque probablemente no estuviera contando esto.
Ese día mi padre también me pegó … pero al menos no fue en el trasero porque se hubiera dado cuenta enseguida que a su hijo de 12 años, su primogénito, ya sabía entregarle el potito a hombres que le triplican la edad.
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Como epílogo, seguí acostandome con el por al menos dos años más, yo me sentía su noviecito, hasta que descubrí que grababa nuestras sesiones amoras y luego pues me di cuenta que realmente no era su novio, solo su muñeco sexual.
Finalmente, aunque suene muy excitante querido lector, yo siempre estuve confundido respecto a esto, el al comienzo me ilusionó para luego actuar igual de frío que mi padre, solo que en vez de pegarme con la correa, me daba verga hasta saciarse.
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¿Y ahora que hago? Se preguntarán. Pues, ahora soy activo, pronto me casaré con un chico lindo, también peruano, que nos mudamos a UK hace años y quizá la nostalgia anda a tope debido a todo el tema de la boda.
Please, yo sé que puede ser rico hacer cositas con chicos como yo, pero trátenlos bien, yo lloraba mucho por lo poco cariñoso que era conmigo, no entendía porque me trataba así si le entregaba todo mi cuerpo. Eso me dejó traumas, no me imagino cómo serán las historias de otros peques…
En fin, gracias por leer esta historia y espero hayan podido venirse imaginándose la escena sexual que experimente ya hace algunos años atrás, cuídense, bye.


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