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Bisexual, Fantasías / Parodias, Gays

Mi vida en los últimos meses

Esta es mi vida ahora mismo .
——100% Real ——

Tengo cuarenta y tres años, divorciado desde hace tres, y la verdad es que no sé ni cómo he llegado hasta aquí. No sé si llamarlo una transformación, una crisis, o simplemente haber encontrado lo que realmente me pone a cien. Porque eso es lo que pasa ahora: estoy a cien todo el puto día, pensando en lo mismo, en lo único que me importa ya.

 

Todo empezó hace unos meses, por curiosidad, por aburrimiento, por ver qué se sentía. Me compré un plug anal, uno de esos de silicona negra, mediano, con la base redondeada para que no se te meta entero. La primera vez que me lo puse fue una mezcla rara de vergüenza y excitación. Estaba solo en casa, un martes por la tarde, y me puse a cuatro patas en el suelo del salón, con el ordenador puesto en una página de vídeos, viendo cómo se follaban a un tío de mi edad más o menos. Me lubricqué bien, me costó un poco meterlo, y cuando por fin entró del todo y sentí esa presión llena, esa sensación de estar ocupado por dentro, casi me corro ahí mismo sin tocarme.

 

Desde entonces no he parado. Ahora tengo tres: el pequeño que ya casi no uso, el mediano que fue el primero, y uno grande, grueso, que me deja el culo abierto durante horas después de sacármelo. Me lo pongo por las mañanas, cuando trabajo desde casa, sentado en la silla de la oficina con ese bulto metido ahí dentro, presionando contra la próstata cada vez que me muevo. A veces ni siquiera me toco, solo voy apretando los músculos, sintiéndolo ahí, y siento cómo se me moja la ropa interior de precum, esa humedad constante que tengo ahora.

 

Pero los plugs son solo el principio. Lo que de verdad me tiene enganchado, lo que me hace despertarme con la polla dura aunque ya casi nunca me la toco, son los tíos. Los tengo a domicilio, como si pidiera pizza. Los encuentro en las apps, en sitios de cruising online, en algún chat. No quiero romanticismo, no quiero charlar, no quiero saber sus nombres la mayoría de veces. Quiero que entren por la puerta, que vean que estoy preparado, y que me usen.

 

Tengo un sistema ahora. Les digo que entren directo, que la puerta está abierta o que les abro en ropa interior, siempre con el culo preparado. A veces me pongo el plug grande una hora antes para estar bien abierto, para que entren y me lo saquen con los dedos y me metan la polla sin preliminares. Eso es lo que busco: la entrada directa, el dolorcillo inicial que se convierte en placer, esa sensación de ser un agujero para ellos.

 

La última vez fue el jueves pasado. Un tío de treinta y pico, moreno, con la polla de unos dieciocho centímetros y muy gruesa, de esas que tienen la cabeza más ancha que el palo. Entró, me saludó con la cabeza, yo estaba en el sofá boca abajo, desnudo, con el plug puesto. Se bajó los pantalones, se acercó, me sacó el plug de un tirón sin preguntar, y antes de que pudiera respirar ya tenía dos dedos metidos, abriéndome. No usamos condón, nunca uso. Quiero sentirlo todo, la piel contra piel, el calor, cuando se corre dentro y notas ese chorro caliente llenándote. Es lo que más me pone: que me dejen el culo lleno de leche, que me preñen, aunque sea imposible, esa fantasía de ser usado para que se descarguen.

 

Me folló durante veinte minutos. Primero despacio, casi aburrido, mirando el móvil mientras me clavaba. Yo estaba allí, agarrado al respaldo del sofá, la cara contra el cuero, gimiendo como una puta cada vez que embestía. Luego empezó a acelerar, a darme más duro, y sentí cómo cambiaba su respiración, cómo se tensaba. «Me voy a correr», dijo. «Dentro», le respondí, «correte dentro, lléname». Y lo hizo. Se quedó quieto, metido hasta las bolas, y sentí cómo pulsaba, cómo me vaciaba los huevos dentro de mi culo. Cuando sacó, la corrida se me escurrió por los muslos, y me la froté por el culo, metiéndome los dedos para sentirla dentro.

 

Pero no se fue todavía. Me dio la vuelta, me sentó en el sofá, y se puso de rodillas. Yo estaba blando, como casi siempre cuando me follan. No sé por qué, pero mi polla se queda dormida, no se me pone dura o se me pone un rato y luego se baja. A él no le importó. Me la cogió con la mano, me la restregó, y luego me dijo: «Ábreme». Abro la boca siempre que me lo piden. Me encanta. Me encanta el sabor, la textura, la humillación de estar de rodillas con la boca abierta mientras un desconocido se masturra delante de mi cara.

 

Se corrió en mi boca. Un montón, caliente, salado, con ese regusto a cloro que tienen algunos. Me lo echó todo en la lengua, y yo cerré los labios y me lo tragué sin dejar que se me escapara ni una gota. Lo hice despacio, saboreándolo, mirándolo a los ojos mientras lo hacía. Se limpió la polla con mis labios, se subió los pantalones, y se fue. Ni siquiera nos despedimos.

 

Y así es mi vida ahora. Tres, cuatro veces por semana. A veces uno solo, a veces dos seguidos. Una vez tuve a tres en una tarde. El primero me dejó lleno, el segundo me folló con la leche del primero de lubricante, y el tercero me hizo limpiarle la polla con la boca después de que se corriera en mi culo. Me sentí usada, sucia, convertida en un simple recipiente para su placer. Y esa noche, con el culo dolorido y todavía chorreando, me dormí mejor que en años.

 

No sé qué soy. No me siento gay, porque no me gustan los hombres. No me gustan sus cuerpos, sus caras, sus conversaciones. No quiero besarles, no quiero acariciarles, no quiero dormir abrazado a nadie. Lo que me vuelve loco son las pollas. Las pollas duras, las venas, las cabezas gordas, los huevos pesados. Quiero pollas grandes, pollas negras, pollas blancas, pollas de todos los tamaños pero que sean duras y que me llenen. Soy adicto a sentirme lleno, a que me abran, a que me dejen abierto y dolorido.

 

A veces pienso en mi ex mujer, en cómo era nuestra vida sexual. Correcta, aburrida, siempre los mismos movimientos. Nunca sentí esto con ella, nunca tuve esta necesidad constante, este hambre. Ahora me he convertido en algo que no reconozco y, al mismo tiempo, en lo que siempre fui pero no sabía. Un puto adicto al sexo sucio, al bareback, a tragarme la leche de desconocidos y a sentir cómo me llenan el culo.

 

Ayer estuve todo el día con el plug grande puesto. Trabajé ocho horas con esa presión constante, moviéndome en la silla para sentirlo más profundo. Por la tarde me duché, me lavé bien por dentro con la ducha anal, me puse ropa interior de encaje que me compré online, negra, que me deja el culo al aire, y llamé a un tío que tengo de contacto, uno de los pocos que repito porque tiene una polla gruesa y sabe usarla.

 

Vino, me encontró en la cama esta vez, a cuatro patas, con el plug puesto y el lubrificante al lado. Me lo sacó, me miró el culo abierto, y sin decir nada se puso detrás y me metió la polla de una embestida. Me hizo gritar. Me folló durante media hora, cambiando de posición, poniéndome de espaldas para ver mi cara mientras me penetraba, luego de lado, luego otra vez a cuatro patas. Cada vez que cambiaba sentía cómo me rebotaban las bolas contra el culo, cómo me abría más. Cuando se corrió, lo noté mucho, un chorro fuerte que me llenó. Luego me puso de rodillas y me hizo limpiarle la polla con la boca, saboreando mi propio culo mezclado con su semen.

 

Se fue, y yo me quedé en la cama, con las piernas abiertas, sintiendo cómo se me escapaba la corrida poco a poco. No me toqué. No necesito tocarme. Mi placer está ahí, en ser usado, en sentirme vacío de orgasmo propio pero lleno de los de otros. A veces me pregunto si esto es sano, si debería ver a alguien, si estoy destruyendo mi culo para siempre. Pero luego pienso en la siguiente polla, en el siguiente tío que entrará por esa puerta, y se me hace la boca agua.

 

Hoy he vuelto a ponerme el plug. Estoy escribiendo esto con el culo ocupado, pensando en quién vendrá esta noche. Tengo a uno que me ha dicho que es muy grande, que le gusta follar duro y sin piedad. Es justo lo que necesito. Que me deje el culo rojo, que me haga sangrar un poco, que me llene tanto que no pueda retenerlo todo y se me escurra por las piernas mientras me folla.

 

No sé qué soy. Bisexual, gay, hetero con una fijación anal, no me importa la etiqueta. Solo sé que vivo para esto ahora, para sentir pollas duras dentro de mí, para tragarme la leche de hombres a los que no volveré a ver, para acostarme cada noche con el culo dolorido y la boca sabiendo a semen ajeno.

 

Y mañana volveré a empezar. Porque esto no tiene fin. Cada vez quiero más, más grande, más duro, más sucio. Quiero que me usen como a una puta barata, que me traten como a un objeto, que me dejen tirado en el sofá con el culo chorreando y se vayan sin mirar atrás. Eso es lo que soy ahora. Eso es lo que elegí ser.

5 Lecturas/18 septiembre, 2026/0 Comentarios/por xufohi
Etiquetas: anal, bisexual, cruising, follar, gay, mayor, semen, sexo
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