MIS QUERIDOS ANGELITOS (capítulo 3. MÁS de PAQUITO)
Seguimos con nuestra aventura de fin de semana.
Abrí los ojos y vi la claridad entrando por las rendijas de la persiana. Me encontraba de lado en la cama haciendo la cuchara con Paquito. Nada más salir del sueño y notar en mi polla la calidez de su trasero, la polla se me disparó. La acomodé en su entrada anal y así estuve un rato. De repente, sacó el culito y mi polla entró un poco con una facilidad inesperada. Debian de quedar restos de lubricante. Nada más tener el capullo dentro, empecé a embestirle suavemente hasta que entró toda. Adelanté la mano y le cogí la polla que estaba fofita. Mientras se la acariciaba, seguí embistiendo hasta que fue aumentando en tamaño que en su caso es mucho decir. Finalmente, eyaculó y a los pocos segundos hice lo mismo llenandole las tripas con mi semen. Cuando nos recuperamos, se caco mi polla y girándose me abrazó.
––No quiero que esto acabe Juan. No quiero volver con ellos.
––Desgraciadamente, eso no es posible cariño. Además, está tu hermanita: ¿la vas a dejar sola?
––Sé positivamente que ella estaría encantada de vivir con nosotros y sería mucho más feliz chupándotela a ti que a ese cabrón.
––Y te aseguro que yo estaría encantado de que lo hiciera, pero de todas maneras no deberías hablar en su nombre. Puede tener unas apetencias como las tuyas y que la gusten las chicas.
––Seguramente tengas razón, pero ¿sabes qué? Mi hermana es mi mejor amiga y hablamos continuamente. No tengo amigos, y…
––¿Y en el cole?
––Los del cole no hacen más que meterse conmigo. Me llaman mariquita.
––¿Y tus padres lo saben?
––Papa claro que lo sabe. Cuando se lo dije me dio una hostia por no saber defenderme. No le he vuelto a decir nada más.
––¡Joder tío!
––No te preocupes: estoy acostumbrado. Lo que más me duele es que los mismos han empezado a meterse con Sarita.
––Pues antes de volver a casa quiero que me hagas una lista con los nombres y apellidos de todos los que te hacen bullying. ¿Cómo te encuentras, estás cansado?
––No, pero me duele el culo y los huevos.
––Pues ya somos dos. A mí me duele la polla y la tengo inflamada.
––¿Qué vamos a hacer ahora?
––Pues vamos a improvisar ––dije soltando una carcajada––. Todo lo que tenía planeado, lo hicimos ayer. Así tienes tu el culo y yo la polla. No vamos a ir a comer al centro comercial y luego al cine. Esta noche ya veremos.
––¿A comer, bro?
––¿Has visto la hora que es, bro? ––pregunte enseñándole el móvil.
––¡Joder!
––Vete a la ducha que cuando salgas te voy a poner una pomada en el culito. Cuando me duche nos vamos.
Cuando regresamos por la noche ni siquiera cenamos. Después del cine picamos algo. Nos fuimos a la cama directamente. Intentamos no hacer algo muy intenso, pero no fue posible. Paquito se empeñó en que le atara otra vez, huevos incluidos y cuando termine de hacerlo, no me pude controlar y me lance sobre el cómo una bestia salvaje. Lo único que no hice fue golpearle en los huevecillos. No tenía ganas de que su madre viera algo raro y se mosqueara. El culo es otro cantar. Lo primero que vi es que no había rastro de las nalgadas que le había propinado. Su ano, también estaba en buenas condiciones y al hacerle una inspección cercana comprobé que no presentaba grietas o laceraciones. También tengo que decir que había tenido la precaución de siempre que le penetraba, que fueron unas pocas veces, casi metía la polla en el bote de lubricante.
Como ya he dicho empezamos suavemente. Un 69 que nos fue encendiendo y cuando ya no pude más me situé detrás y le penetre. Le estuve follando mientras le daba cachetadas en el trasero y puedo asegurar que yo disfrutaba, pero él mucho más. Cambiamos de posición porque la que más me gustaba era ponerle boca arriba, subirle las piernas y follarlo mientras veo la expresión de su carita. Tiempo después, me puse boca arriba y tumbe a Paquito sobre mi pecho, le agarre la pollita, me la puse en la entrada de mi ano, previamente lubricado y agarrándole por las caderas le obligue a penetrarme. Tenía su carita cerca porque como seguía con las manos atadas a la espalda no podía incorporarse. Empezó a follarme acuciado por los azotes que le daba en el trasero. Tardo mucho para mi delicia. Con el cuerpo brillante de sudor, apretaba los riñones. Para ayudarle, cogí el consolador (todos los juguetes estabas esparcido por la cama) y después de palpar su maravilloso ano se lo metí. Cuando se corrió, chilló como si le estuvieran despellejando. Después, le empujé hacia abajo y le metí la polla en la boca y a los pocos segundo yo también lo hice.
Le tuve a mi lado mientras me recuperaba y cuando me quise dar cuenta se había quedado dormido: atado y con el consolador en el culo. Como las cuerdas de los brazos no estaban fuertes, le desate los huevillos y con el cacharrillo metido le deje dormir. Mire la hora en el móvil y eran las 12:30. Grave un video recurriendo su cuerpecito y después apague la luz y me dormí.


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