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Gays, Masturbacion Masculina

Nico y Nicole (Prólogo)

El inicio de una historia que tardó años en escribirse. Esta no es la parte interesante, pero intentaré subir el nivel en la continuación.
Tenía 10 años cuando nos conocimos. Al ser de familia católica tradicional, estaba tomando clases para el catecismo en la iglesia, habíamos muchos jóvenes ahí, niños y niñas, y nadie mayor de edad en el grupo, pero estaba él, con quién compartía nombre; de ahí que nos hicieran bromas y nos emparejaran para algunos ejercicios, así que nos llevábamos bien. Nicolás tenía 17 años ya tenía bigote; era atlético, alto y fornido. Al contrario de mí que siempre fui delgado, de cintura y espalda esbeltas y rasgos ligeramente andróginos, aunque mi vestimenta y corte de pelo dejaban claro que no era una niña.

Un par de semanas antes de la misa importante, quedamos un pequeño grupo para jugar al fútbol saliendo de clases y me nació invitarlo, él trabajaba, pero decidió tomarse el día, según sus palabras, porque nunca nos volveríamos a ver y sería agradable conocernos un poco. Aunque algunos otros no estuvieron completamente contentos porque Nico los intimidaba un poco, no me importó, 6 de 10 estuvimos de acuerdo; era el mayor y lo veíamos un poco como a un héroe, siempre inteligente y atrevido, un poco altanero y algo irreverente en las clases.

Total que se dio el día con normalidad, y al terminar, un compañero del que no recuerdo su nombre, de los mayores, nos invitó a su casa a escuchar música y jugar a la play (o esa fue la excusa), y Nico dijo que nos alcanzaría, ya sólo quedábamos cinco y el resto dijo tener qué irse, subimos a su habitación y empezamos a jugar en pares. Pensé que Nico ya no volvería, así que me puse a pensar en cualquier excusa para irme. No quería nada con él, no me atraían los hombres, pero él y yo teníamos química, era como un hermano mayor para mí o eso sentía yo. Justo estaba parado en la puerta de la habitación, preparado para avisar en voz alta que acaba e recordar que tenía cosas importantes qué hacer, cuando vi por la ventana que él llegó, con una mochila, sacó de ella algunos discos con videojuegos piratas, se los mostró a la madre del anfitrión y subió; dejando a su madre con el ceño fruncido y supongo desconcertada, al ser al menos cinco años mayor que cualquiera de los demás. Entró a la habitación y me dijo «tocayo, no digas que ya te vas», le aclaré que no, que sólo iba al baño y, pues tuve qué ir, aunque no quería. Me tomé mi tiempo y volví, estaban viendo vídeos en MTV o eso pensé, eso se escuchaba desde fuera, pero al abrir la puerta, los vi esconder rápidamente una revisa. No era estúpido, sabía lo que estaban viendo y aunque era inexperto en lo sexual, tenía suficiente conocimiento teórico al respecto. Me reí y les dije que podían continuar. Así que volvieron a sacarlas, y las veían en pares, Nico sólo se acercó a la ventana a fumar y sonreía mientras nos miraba de reojo. Yo francamente no les presté demasiada atención, sólo de rojo las veía y había ahí poses tan raras e incómodas, que pasé del tema, preferí ponerme a jugar con la excusa de no llamar la atención de la madre de nuestro anfitrión. Estuvimos cerca de una hora, Nico y yo jugábamos en la consola y los demás devoraban revista tras revista y se sobaban la entrepierna, pasaban las páginas, él y yo los veíamos cada tanto y nos reíamos. Al terminar la tarde, nos fuimos juntos, vivíamos en la misma dirección con dos cuadras de diferencia, pero su casa quedaba antes de la mía.

Antes de llegar a su casa, me pidió pasar un momento, dijo que comiéramos juntos; lo habíamos hecho antes un par de veces, así que, como aún tenía tiempo, acepté. Entramos y me ofreció algo de comer, aunque no estaba lleno, le acepté un poco de refresco y me preguntó si no me gustaba el porno, si era gay, o qué tenía. Le aclaré que no, simplemente no me llamaba la atención, y ya. Lo había visto antes y lo disfrutaba, pero tampoco era de mi completo interés, me enseñó una enorme colección de revistas, me dijo que eligiera algunas, que se iría pronto de la ciudad y quería tener una cortesía. Hojeé las revistas y aunque no eran de mi interés, me topé con algunas de transexuales que me sorprendieron. Él me miró y soltó un «ah, ya entiendo» sonrió. Le aclaré que simplemente nunca había visto algo así, me sorprendió, pero a decir verdad, no me atraían esos cuerpos super operados y desproporcionados, sólo me sorprendió y ya. Nos sentamos un momento y tomó algunas, para enseñarme las que llamó sus favoritas, había modelos muy guapas, y otras no tanto. Sin darme cuenta, empecé a tener una erección y él también, me miró, me dijo «te importa?» mientras se quitaba el cinturón y desabrochaba sus pantalones, sólo moví la cabeza de lado a lado y o seguí. Se sacó la verga ahí mismo, y fácilmente doblaba en tamaño a la mía, aunque ya con el pene erecto se me veía más grande, la de él se veía inmensa (o así lo percibí) y no pude evitar echarle más de un vistazo. De la forma más orgánica y natural, de pronto estábamos ahí los dos, sentados masturbándonos uno junto al otro. Fue hermoso, emocionante y, la verdad, muy rico. Pero lo que fácil llega, fácil se va y fue la única vez que estuvimos juntos en la intimidad.

Llegó el día de la comunión, nos despedimos y no nos volvimos a ver durante 6 años. Pero cada tanto, pensaba en él, en su pene gigante; a veces para compararlo y me sentía diminuto, a veces simplemente tenía ganas de verlo nuevamente, tenerlo cerca y verlo correrse a chorros. Muchas veces me obligué a quitarme esos pensamientos de la mente, hasta que se me hizo algo natural y más de una vez me masturbé recordándolo, pero no de manera homosexual, no pensaba en hacerle algo en especial, simplemente lo recordaba y eso me motivaba.

6 Lecturas/18 junio, 2026/0 Comentarios/por Cursedwriter
Etiquetas: baño, compañero, gay, hermano, madre, mayor, mayores, verga
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