Papi y yo: 7 El día después
Después de que papas me empujara hacia su pene cuando me estaba dando lechita .
Papi y yo: 7 El día después.
Hola, cómo están?! Ya sé que me tarde un poquito más de lo normal, pero es que tuve unos pedillos…
Antes de seguir, gracias por sus mensajes, por los que me comparten material y por los que me preguntan cosas. Sigo leyendo todo, aunque a veces tarde. Y sí, ya me dijeron que debería abrir un canal o algo, pero primero quiero terminar de contar mi historia como se merece, sin brincarme nada.
Cuando papito terminó de darme lechita por primera vez, me quedé congelado, sintiendo como se contaría la vergota que me dio la vida, sintiendo ese sabor espeso, saladito, calientito, sentía como bajaba por mi garganta, papito más me empujaba hacías sus pelos de la verga, yo tragaba y tragaba, cerré lo ojos, ya saben, si no veo no pasa nada…
No se cuanto tiempo pasó, a se me hizo eterno el momento, no es queja, se ría la manota de papi sobre mi, sus dedos gruesos atrapándome, respiraba pesado, su quejido lento y profundo, su vergota aún muy parada, yo no quería dejar de soltar eso, era mi vida, está mi amor, loq he yo deseaba.
Entonces papi empezó a hablarme.
Papi: Chaparrito…
Su voz estaba ronca, más grave que de costumbre, como si le costara trabajo sacar las palabras. Yo abrí los ojos, lo miré desde abajo, sin sacarme su verga de la boca, porque no me atrevía,
Papi: ¿Qué haces?
Yo no contesté, porque tenía la boca ocupada, obvio. Él se rió, una risa baja, cansada, y me acarició la nuca con el pulgar, un gesto que no había sentido nunca de él, un gesto suave, casi cariñoso, y eso me derritió.
Papi: Suéltala, chiquito.
Yo la saqué despacio, con cuidado, y cuando su verga salió de mi boca hizo un ruidito húmedo que me dio mucha pena. Me limpié la boca con la manga de mi playera, me incorporé y senté sobre mis talones, y lo miré, estaba increíble. Él seguía recostado, con los brazos detrás de la cabeza, mostrando su mata de pelos debajo de su axila y su pene, ya medio dormido, descansaba sobre su vientre peludo, brillante por mi saliva y por lo que había salido, el olor, olía casi como cuando papi le hacía el amor a mamá, después se cubrió el pene con su short.
Papi: ¿Y eso? ¿De dónde aprendiste? ¿Alguien te obligó a hacérselo?
Pp: De la peli que pusieron el domingo.
Papi: Ah, ¿Me saliste putita?, por eso tenías mis calzones en tu cara, verdad?
Yo empecé a sentir calientes las orejas d ella vergüenza que tenía.
Pp: Es que huelen rico, papi, me encantan.
Él se rió otra vez, pero esta vez más fuerte, y yo me asusté porque podía despertar a mi hermanito, pero no, el bebé seguía dormido como un tronco. Papi volteó a ver la cuna, luego a mí, y se pasó la mano por la cara, como enojado, tratando de despertar bien.
Luego se quedó callado un rato, viendo al techo, y yo lo miraba a él, esperando algo, no sabía qué, pero algo. Sentía que en cualquier momento me iba a decir algo, que me iba a regañar, o a golpear, que me iba a preguntar más, pero nada, solo silencio, y ese silencio me empezó a comer por dentro.
Papi: Ok, duérmete ya.
Y se volteó de lado, me dio la espalda, y yo me quedé ahí, sentado, sin poder creer que después de todo lo que había pasado él me dijera simplemente «ok» y se volteara. Como si nada. Como si no acabara de vaciarse en la boca de su hijo, de su sangre, de su creación, Como si el mundo no se hubiera volteado de cabeza.
Me acosté a su lado, irnos su espalda, hasta quedarme dormido, en la mañana, él ya no estaba cuando desperté, me despertó mi hermano, tenía hambre, por lo que salí con él buscando a mamá.
Pp: Ma y papá?
Mamá: Salió temprano
Pp: a bueno.

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