Regalo de año nuevo
—Tío, me gusta. Mi sinceridad hizo sonreir al hombre encima mío y su respuesta fue penetrarme. Lento, ondulando su pelvis y abdomen para meter su pene suavemente, centímetro a centímetro de su polla gruesa y venuda..
Mis padres abrieron la puerta dejando pasar a mi tía con su ahora esposo.
Los ojos rasgados del hombre me miraron con cariño mientras me saludaba con su acento coreano.
Era un hombre de porte varonil. De espalda recta y figura fórnida. Habia servido a su nación como militar, y una vez se fue del ejercito, se mudó a nuestro país donde terminó conociendo a mi tía.
Ambos se hicieron amigos, y meses después pasaron a novios.
Dos años estuvieron viviendo juntos hasta que oficializaron su boda y se casaron.
Como estaba enfermo ese día, no estuve presente, tampoco mis padres. Pero cada 31 de diciembre, mi tía Marta y su pareja Jun venían para celebrar con nosotros el inicio de un nuevo año.
Papá lo recibía con un abrazo fraternal y mi mamá igual.
Luego, pasaba a saludarme a mi con un apretón de manos.
A mis 8 años, su apariencia me parecia curiosa y llamativa.
Sus ojos rasgados, característicos de su etnia, le daban un encanto de erudito. Tenia la mandíbula cuadrada, con un rostro bien alimentado. Cejas delgadas, nariz perfilada y labios finos.
Su cabello siempre lo tenia corto, al estilo militar.
A veces parecia tener entradas en la cabeza por lo fino que se veía su cabello.
Su musculatura se mantenía a pesar de no estar en el ejercito y comparándola con fotos que nos mostraba, se veia más voluminoso.
Según sabia porque le gustaba ir al gimnasio.
Mi tío Jun se fue con los adultos a charlar y yo me la pase jugando en la sala hasta la hora de comer.
No tenía más primos y siempre la pasaba solo en estas fechas.
Mi tío Jun salió de la cocina donde estaban los adultos y me miró.
Se acercó y se sentó enfrente mio cruzando sus piernas.
—¿Te sientes solo?
Su voz era grave y suave. No elevaba la voz ni se sentía aspero de escuchar.
—Estoy bien, tío ¿Quieres jugar conmigo?
Mi tío me miró con su iris penetrante y negó con la cabeza.
Se quedó sentado en su lugar viendome jugar y yo seguí con lo mio.
Cuando noté que se movía para acomodarse, le di un vistazo rapido.
Su mano derecha estaba en su entrepierna, acariciándola. Un grosor por dentro de la tela del pantalón se movió. Se veia largo y grande.
Trague saliva dejando de jugar y mirando como mi tio se tocaba ahí como si estuviera sobandose una herida.
Sus ojos estaban puestos en mí mientras lentamente me acercaba para ver.
Cuando estuve a un metro, mi tío dejó de tocarse y estiró sus brazos hacia atras, cruzados por su cabeza, exponiendo sus axilas por debajo de las mangas de su camisa manga corta.
Unos sobacos peludos estaban a mi vista, y me sentí tentado a meter mi cara en ellos
Con el rostro perdido y a medio metro de mi tío, este dejó caer sus brazos, acariciando sus pezones erectos por encima de su camisa.
Sus pectorales hinchados pasaron a mi vista. Tan abultados y firmes. Con dos pezones que se alzaban en la tela altivamente.
A centímetros de que mi cara tocara la tela, senti las manos de mi tio tomar mi rostro y obligarme a mirarle a la cara.
Sus ojos negros eran como dos pozos profundos y sus cejas delgadas delineaban un encanto mortal.
Exhaló por la boca antes de hablar en tono más grave.
—Esperame en tu cuarto desnudo después de las 2 AM.
Con esas palabras, me dió un rapido beso, metiendo su lengua adulta en mi boca.
Saboreó mi cavidad bocal, haciéndome tragar su saliva antes de soltarme e irse.
Mi respiración era errática mientras mis labios seguían calientes y salivando.
A los minutos fui llamado a cenar y miré a mi tio por sobre la mesa.
Se veía sereno, sin mostrar ninguna seña de lo que habia hecho.
Mis padres me sentaron a su lado y mi tía se sentó con mi mamá para charlar más de cerca.
La distribución era desigual. Tres adultos de un lado, mi tío y yo del otro.
Sentí la mano de mi tío en mi pierna, sobando mi entrepierna mientras con la otra comía con naturalidad.
Hice lo posible por comer viendo como mi familia empezaba a emborracharse con el vino.
A los diez minutos de comer, bajé la mano por que queria tocar mi pene erecto por encima de la mano de mi tío.
Él al notar lo que hacia, tomó mi mano y la llevó a su entrepierna. Sentí el grosor y el calor de lo que habia en su interior.
Solté un jadeo y me llené de nervios.
Mis padres estaban distraídos escuchando una anécdota de mi tía Marta.
Mi tío Jun aprovechó eso para usar mi mano para acariciar su pene por encima de la tela de su pantalon.
Toqué su grosor desde la base hasta el glande.
Era largo y gordo, me sentía confundido respecto a que hacer.
Mi tío se inclinó para susurrarme al oído fingiendo que lo hacia para tomar algo de la mesa.
—Me mide 18 centímetros. Serán tuyos esta noche.
Su tono sugerente me sopló al oído haciéndome enrojecer.
Pasé sobando su pene otros 15 minutos antes de que terminara la cena.
Lleno y con nervios, me fui a mi cuarto a las 11 de la noche.
Sabía que en una hora me llamarian para la cuenta atrás.
Estuve normalizando mis emociones en el cuarto hasta que habian pasado 40 minutos.
Alguien abrió la puerta de mi habitación. Era mi tío Jun.
—Tus padres te buscan. Vine a llevarte con ellos.
Asentí con la cabeza agachando la mirada y pasando al lado de él.
Me tomó del brazo, obligándome a detenerme a su lado.
Cerró la puerta, tomó mis caderas y me levantó a su altura.
Enrede mis piernas en su cintura, posando mis manos en sus hombros.
Sus ojos negros me veían con cariño mientras su rostro se acercaba al mio.
Giré mi cara para evitar sus labios con los mios
Mi tío Jun se rio y besó mi cuello con cariño.
—No te resistas, sobrino.
—Esto esta mal, tío.
—Yo te quiero mucho ¿Eso es malo para ti?
Su tono persuasivo me hizo verlo.
—Los besos son cosas de adultos. Yo soy un niño.
Su sonrisa al escuchar mis palabras era de ternura.
—Es cierto. Eres un niño. Pero no hay nada de malo en besarte. Es solo una muestra de afecto
Le miré confundido.
—Pero me besaste en los labios.
—¿No te gustó que lo hiciera?
Negué con la cabeza.
—Sí me gusto.
—¿Me dejarías besarte de nuevo?
Asentí con la cabeza y sentí sus labios de nuevo con los mios.
Su calor profundizó con el mio y sentí el roce de su lengua pidiéndome entrar en mi boca.
—Dejame amarte como solo un hombre puede hacerlo. Si lo haces, te haré el niño más feliz de todos.
Le miré a los ojos al escuchar sus palabras. Estaba a centímetros de mis labios cuando lo dijo, su aliento a licor golpeando ni rostro.
—¿Por qué?
Mi tío sonrió.
—Por qué desde que te vi la primera vez, no pude sacarte de mi cabeza. Amo a tu tía, pero desde que entré al ejercito, he tenido una fijación por niños como tú.
—¿En el ejercito hay niños?
Mi tío me besó suavemente antes de separarse.
—Los hay. Son usados para el placer de los soldados. Es secreto.
Me quedé pensando en sus palabras.
—¿Qué hay de mi tía? ¿No la amas?
Él me miró y parecía estar lleno de un amor profundo.
—La amo con todo mi corazón. Pero hay cosas de mí que me hacen quererte a ti también.
—Pero yo soy un niño, no una mujer como mi tía.
—No tienes porque ser una mujer. Te quiero por lo que eres. Eres un niño. Mi niño.
Sus labios volvieron a besarme y lo hizo con tal intensidad que me abrazó con sus fornidos brazos.
Su lengua se introdujo en mi boca, mezcló su aliento con el mio y me hizo seguir su ritmo de besos hasta que nos separamos por aire.
—Vamos con los demás. Ya tendremos el resto de la noche para nosotros.
Sujetó en sus brazos, mi tío me llevó con todos, disimulando mi vergüenza mirando a otro lado.
Nadie notó nada raro en mí. Estaban borrachos y eufóricos por el conteo atrás.
Estabamos en el jardin esperando los fuegos artificiales.
Cuando la noche marcó las 12 se escucharon gritos y sonidos de cohetes explotando por todo el vecindario.
Los adultos se abrazaron deseándose feliz año y luego me unieron a ellos.
Cuando fue el turno de mi tío, me abrazó, acercando sus labios a mi oído.
—No olvides esperarme desnudo en tu cuarto.
Con esas palabras, se separó dedicándome una sonrisa.
Le miré darse la vuelta para admirar los fuegos artificiales.
Ante los colores del cielo cubierto de pólvora, mi semblante se llenó de espectativa.
A la 1 AM me fui a mi cuarto y me desnude para estar listo.
Mientras me esperaba, me quedé dormido y solo desperté cuando escuché la puerta de mi cuarto cerrarse.
En la penumbra del cuarto, con la luz del exterior iluminando la estancia desde la ventana lateral, se veía la silueta de un hombre.
Mi tío se acercó a mi cama sin nada de ropa.
Estaba desnudo de los pies a la cabeza, fijándome en el suelo, vi su ropa ordenada en un rincón.
Al parecer se habia desnudado primero y luego hizo ruido para despertarme.
Con semblante tranquilo y con parsimonia, mi tio Jun caminó hasta mi cuerpecito desnudo.
Su figura musculosa relucia ante la poca luz, al ser lampiño su piel brillaba más, dándole una apariencia etérea
Cada fibra de musculo se veía fuerte y tonificada, era un hombre tentador para mis ojos.
Desde sus piernas musculosas, sus muslos gordos, abdomen definido en tres pares de abdominales. Dos pectorales inflados, sus bíceps gordos, su cintura estrecha, espalda ancha y hombros grandes. De sus axilas, las únicas matas de pelo sobresalian como una zona negra pecaminosa. La zona de su pene estaba libre de pelo, pero su polla estaba erguida, con una bolsa de testículos pequeña por debajo.
La curva de su fisico era exuberante y su forma de caminar delataba su fijación militar.
Bien entrenado y disciplinado, mi tío se subió a la cama, imponiendose a mí.
Su rostro sereno era estoico, su figura daba miedo y la sombra de su cuerpo opacaba al mío.
—¿Listo para conocer el amor de un hombre?
Tragué saliva y asentí. Rápidamente se agachó, tomando mi trasero y exponiendolo.
Su rostro pasó a meterse y lo sentí, el primer contacto de su boca en mi culo.
Su lengua pasaba por los pliegues de mis nalguitas, haciendo palpitar mi ano y causando escalofríos en mi cuerpo.
Mi cara estaba roja de la excitación mientras veía a ese hombre coreano meter su cara en mi culo.
Sentí el calor de su aliento y su respiración calar en mi ano.
Su lengua aspera pasó por todo mi agujero probando y tentando mi carne rosada y tierna.
Mi agujero se frunció de gusto, teniendo un camino de saliva por donde habia pasado la lengua adulta.
Una segunda lamida hizo que mi ano se abriera y una tercera terminó con los labios de mi tío besando los pliegues de mi culo rosadito.
Su lengua totalmente metida en las paredes de mi carne trasera, hurgando entre los pliegues y escupiendo su saliva en mi interior.
El calor de su boca, el escosor de su saliva en mi culo y su aliento varonil me hicieron gemir en voz alta.
—Se siente tan bien, tío.
—Lo adoro, tío.
El hombre no dijo nada mientras seguía usando su lengua para llenar mi culo de su lubricante bucal.
Su cuerpo lampiño y blanco como la leche estaba encorvado, toda su musculatura aplastada en mi dirección, tensa y llena de venas. Lista para saltar encima mío con su polla de 18 centímetros.
Las venas eran lineas gruesas que se marcaban de manera animal en su piel. Dandole una apariencia salvaje.
El sudor en su piel lo hacia destacar en la penumbra y su calor corporal era un infierno para mi pequeño cuerpo.
Lo sentí hurgar en mi culo por horas, aunque solo fueran 30 minutos.
Su lengua no daba tregua y parecía tener la misión de estirar la carne de mi culo hasta donde pudiera.
La saliva era abundante, escurriendose por los pliegues abiertos de mi culo.
Podía sentir los dedos de mi tío amasar mis nalguitas, separandolas y jugueteando con la carne exterior de mi ano.
Estirando la piel rosada y formando una vagina con ella.
Mi culo pasó de ser de un redondo fino a un ovalo abierto.
Mi tío levantó la cara, con saliva escurriendose de su barbilla y la mirada brillante.
—Voy a penetrarte.
Con esas palabras, lo ví subirse encima mío. Su cuerpo haciendome sombra.
Sus labios humedos besaron los mios mientras sus piernas se posicionaban a los lados de mis caderas.
Sus manos se apoyaron a los lados de mi cara, sentí como su pelvis golpeaba la mia, su pene punzando en los pliegues de mi culo.
Sus labios amazaron los míos con cariño. No era brusco, parecia un amante besando a su mujer.
Su calor embriagaba mis belfos, su lengua jugaba con la mía y su aliento hipnotizaba mis sentidos.
Ese hombre estaba drogandome con su toque carnal.
Lo vi a los ojos y me sentí inexplicablemente feliz.
Un cosquilleo nació en mi abdomen y me sentía nervioso.
Su beso me hizo ignorar que la punta de su glande estaba golpeando la entrada de mi ano.
El calor y sudor de su cuerpo aplacaban mis nuevos sentimientos, pero en un momento de respiro, no pude evitar decirlo.
—Tio, me gusta.
Mi sinceridad hizo sonreir al hombre encima mío y su respuesta fue penetrarme.
Lento, ondulando su pelvis y abdomen para meter su pene suavemente, centímetro a centímetro de su polla gruesa y venuda.
Me quedé sin aliento y mi tío me besó.
Lo hizo como solo el sabia hacerlo. Haciéndome sentir querido. Como su mujer.
Su pene entraba en mi con naturalidad y salía con suavidad.
No era sexo brusco, él buscaba algo más.
Su pene activaba en mi ano descargas de placer que hacian palpitar mi pequeño pene de niño.
Gemí adolorido recibiendo el golpe de su pelvis en mi trasero.
El pelo de sus axilas a veces me rosaba cuando se inclinaba para besarme.
Su aroma a desodorante se iba diluyendo, para ser sustituido por un hedor templado. No sucio, sino de un olor acre.
El espesor de su carne y el movimiento de su cuerpo sobre el mio adormeció mis sentidos, haciéndome sentir en las nubes.
Podía notar su glande golpeando mis paredes anales, cada vena punzando de sangre en el grosor de su pene e incluso el ardor de mi ano siendo abierto, pero en vez de sentirme incomodo, me sentía eufórico.
Mi tío Jun se movía con parsimonia, me besaba como un amante y dejaba marcas en mi cuerpo con sus manos con sutileza.
Desde las marcas de sus dedos en mis caderas, los pezones rojos por sus pellizcos, los moretones en mi mentón cuando nos separamos para respirar entre cada beso y que aprovechaba para aplastar con sus labios esa zona.
Mi tío Jun me estaba mostrando un mundo nuevo y en vez de sentirme confundido, deseaba conocerlo todo de él.
—Me gusta, tío.
—Quiero más.
Le escuche soltar un sonido de afirmación con los labios, sin decir nada.
Sus ojos negros no se despegaban de mi cuerpo.
De sus labios con los mios, su polla entrando en suaves embestidas en mi ano.
Todo de él me estaba reclamando.
Le escuché jadear y moverse en la cama.
Dejó de penetrarme. Sacó su pene lentamente haciendo un camino en mi ano.
Solté un jadeo al sentir mi culo libre del intruso. Una ráfaga de frio golpeó mi ano abierto.
Me tomó de la cintura y me acostó con él. Esta vez con mi cara en sus pectorales y de lado.
Su mano derecha agarró mi pierna izquierda y la levantó, moviendo mi cuerpo hacia abajo con el suyo, hizo que su pene erecto entrara de nuevo en mi ano.
El glande rompió la carne y dejó que cada centímetro de los 18 de su polla pasaran al interior de mi culo lentamente.
El calor abrasador de su hombria me hizo jadear.
Mi tío se encorvó para besar mis labios mientras movía sus caderas.
Las penetraciones empezaron y me sumí en otro extasis.
Su polla se arrastraba por mis entrañas, su calor me cubrió con su manto y sus labios devoraban los míos.
Le escuché jadear con más fuerza mientras me obligaba a abrazarle. Mi cara se enterró en medio de sus pectorales sintiendo como las embestidas aceleraban de golpe.
Fueron rapidas y secas, la piel entrando en contacto con la carne y creando fricción.
Gemí ante cada golpe y mis labios besaron el pecho izquierdo de mi tío Jun.
Sus jadeos eran graves y altos, opacando los mios.
La cama se movía ante su acelerado vaivén y yo estaba feliz en contacto con su calor.
Me sentía como un bebe tan cerca de su pecho.
Su abdomen se ondulaba, dándome cosquillas en mi estomago.
Un jadeo fuerte salió de sus labios y se detuvo.
La primera descarga fue como un chorro de orina. Sentí un liquido golpear mi interior seguido de otro.
El calor en mi ano se mezclaba con la espesa sustancia que salia del pene de mi tío.
Ambos soltamos un gemido al estar tan unidos y nos miramos en la oscuridad.
—Tus padres se irán a dormir pronto y no podremos hacer ruido ¿Qué tal si vamos a un motel que conozco y te sigo haciendo el amor ahí con más libertad, sobrino?
Mis mejillas rojas por la excitación se mezclaron con la vergüenza de escuchar las palabras de mi tío.
Sonreí y asentí con la cabeza.
—Bien. Tus padres no se darán cuenta de nuestra ausencia hasta mañana en la tarde.
Con esas palabras nos levantamos de la cama. Nos pusimos la ropa con nuestros fluidos todavia escurriendose y salimos de casa por la puerta trasera.
Gracias por leer. Si desean charlar, pueden hablarme por telegram.
@Remaster64TL28



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