Relatos del amigo caña hueca.
8=> 13: De cómo la niña culea y culea, así como el niño con el muchacho hacen sexo duro y de cómo llega su fin la estadía de esos maravillosos meses en la campiña..
Estaban fascinado mirando como la nena desnuda y acuclillada con sus manitos jugaba con los pescados en balde, sus piecitos descalzos marcaban huella sobre la arena, de pronto el niño siente el mentón del muchacho que rozaba una de las mejillas y sin que la niña viese al instante los labios le dieron un beso fuerte en la infantil mejilla, se gira, le mira y le sonríe. Se notaba el apego, se sentía protegido cuando le abrazaba, se sentía muy cuidado, a través de sus roces piel a piel se sentía amado y deseado por él. A discreción de la niña, las manos se posaban en el muslo desnudo, se acerca para besarle los labios, quedando pegados por unos instantes, teniendo a espaldas a la pequeña que no miraba esa escena romántica, aún podía sentir la agitación de la respiración y se golpeaban en la piel, se cruzaron los alientos como muchas veces lo hacían al besarse con lengua. Por unos instantes las dos narices se rozaban con delicadeza insinuantes del deseo que se delataba con los ojos cerrados escuchando respirar, se sentía el aliento acariciando los labios.
Pasó sus manos por esa delicada y pequeña espalda, sabía que con eso le hacía tiritar la piel al roce de contacto en la estrecha cintura, le gustaba pasar sus manos por esa deliciosa piel completamente sin vellos, abrió la boca y chupa los dedos finos, vuelve a besar esos labios delgados y rosáceos, la niña seguía distraída.
Los escasos centímetros que separaban los labios dejaron de existir, la boca del pequeño fue absorbida, la lengua le lamía los labios y la comisura de ellos, el sabor de su saliva inundaba su boca, como si quisiera unirse en un beso lleno de pasión; su experta boca le daba placer maravilloso, lleno de todo. “¡Te amo mi pequeño!” “¡yo también te amo!”, “¡quiero hacerte mío de nuevo, mi pequeño!” “¡yo también quiero, soy tuyo!” le dio un fuerte beso apasionado “¡lo sé mi amor, lo sé!”, “¡quiero estar muy dentro de tí!” “¿Quieres qué te haga el amor?”, “¡sí quiero!”. El corazón comenzó a palpitar como queriendo salir, y la verga pequeña comenzó a dar erecciones con latidos, se contraía y junto con él ese culito, se abría y cerraba, como expectante de lo que vendría. Poco a poco se fueron alejando de la distraída niña que miraba los pescados, se adentraron al monte.
Llegaron para besarse apasionadamente “¡la otra semana te vas!” “¿verdad?” le preguntaba el niño, el muchacho asentía y posó su mano en la rodilla del pequeño, la mantuvo un momento mientras le daba agradables caricias con sus dedos en su pierna descubierta, “¡sí!” “¡por eso debo dejarte culiando bien!” el niño sonrió y se puso de rodillas, como un perrito “¡vamos a jugar con papo!” “¡quiere estar dentro de tí!” “¡ven!” “¡chúpalo!” y así le chupaba la verga del muchacho que estaba sentado en un tronco, el muchacho puso la mano en la cara del pequeño y la llevó hacia la de él y lo besó, “¡eres muy especial para mí!” “¡lo sabes!”.
Se pusieron de pie, para acomodarse de rodillas otra vez, el culo quedaba empinado a vista de esos voluminosos glúteos, se agachó dándole algunos golpes con su verga tiesa en los glúteos cuyos vellos púbicos se deslizaban por la piel del culito del niño precioso, al agacharse le abrió los glúteos y metió la cara entre ellos, gemían mucho, los dos, “¡ahora te voy a culiar rico!” “¡vamos a jugar!”, “¡también hay mucha leche para tí!” le recuesta bien poniéndole en posición adecuada, deliciosa “¡papo va a entrar en tu cuevita!”.
Lo agarra bien de las caderas notándose como el poto le quedó pegado a los pelos de la verga, porque como tenía más de quince años ya tenía muchos pelos y el pene muy grande, le cambia de postura, le acostó, y le levantó las piernas, se las puso en su pecho y lo penetró así, ahí se puede sentir como le entraba toda la verga. Se la sacaba y le golpeaba con su glande en las bolitas y en la verguita del niño precioso, le decía que estaba rico. “¿te gusta que te lo meta así?”, el niño respondía afirmativamente, entonces después de un momento que lo estuvo penetrando, se la sacó, “¡ahora, prueba tu culito!” le dijo al niño que se arrodille para que sostenga la verga, y de esa forma el niño empezaba a lamer y chupar verga, le pegaba con el glande y el tronco de verga en la frente, en los labios, en las mejillas; y de nuevo al glande se lo puso en la boca y le decía “ábrela, ábrela”, “¡prueba de tu culo!”. El niño sólo obedecía y abría la boca, el nene sacaba la lengua, de pronto sale semen de la verga, el líquido impactó en el rostro del travieso pequeño, “¡toda es para ti, mi pequeño!” las cejas y los pómulos fueron los lugares donde más se impactaba el semen, le puso en pie para luego recostarle y poner las piernas al hombro, así en forma de bulto le daba verga al pequeño, le dio hasta cansarse, los restos de semen lubricaban el culito y la verga se iba deslizando, “¡toma!”, empujaba con firmeza la pelvis metiendo la verga hasta donde más adentro del culo podía, “¡toma, para que te acuerdes de mi!”, su rostro marcado por el semen sonreía, “¡cuando defeques y orines acuérdate de mí!”, empujaba con firmeza su pelvis “¡acuérdate de papo!” la pelvis se movía “¡acuérdate de mi verga!” empezaba el me y saca “¡acuérdate!”, “¡llévala en mi mente hasta que yo venga a seguir dándote verga!”, y allí quedaron los dos cuerpos tendidos, exhausto de dar y recibir tanta verga.
Regresaron donde estaba la niña que continuaba maravillada jugando con los pescados, estaba sentada rodeando el balde con sus piernitas rellenitas, sus deditos alargados estaban cubiertos de arena, se notaba lo bronceada de su piel, se recostó sobre la arena, abrió sus piernas, se dejaba ver esa rajita de la panocha, se pasaba el dedo por los labios vaginales, el muchacho miraba atento esos movimientos de dedos, estaba dando vueltas con su cuerpo desnudo por la húmeda arena, la piel de su culo impregnaba la arena húmeda, su pelo brilloso al sol también tenía un poco, el niño y el muchacho se unieron a ese juego de roles sobre la arena, los marcaba y los lanzaba al agua, pedían que se repita eso por un buen rato, sólo el muchacho tenía puesta la trusa de baño, en ambas caderas los marcaba y disimuladamente le pasaba los dedos por la raja del culo, los lanzaba al agua y los atrapaba por detrás, se bajaba la trusa y le restregaba la verga por a rajita de los culitos, el niño se lanza mal y traga un poco de agua, tose constantemente y decide sentarse a la orilla hasta que le pase, el muchacho aprovecha para seguir lanzando a la niña desnuda, hace una pausa y al abrazarle le dice al oído, “¡papo quiere jugar en tus cuevitas!” “¿juegas?” ella que estaba muy alegre mueve afirmativamente al cabeza, la abraza por detrás, le abre el culo con una mano y con la otra mano sujeta el tronco de verga tiesa y se lo empieza a meter, la agarra bien de las caderas “¡siente como papo entra en tu cuevita!” “¿te gusta?” “¿verdad que sí?” la niña pujando asiente, empieza amover la cadera hacia adelante y hacia atrás, ambos cuerpos se movían así, ella fruncía el rostro, la tenía a la verga bien adentro de su culito, empujaba con fuerza asegurándose que la niña sienta todo el furor de su verga dentro de ese culito maravilloso, le besaba el cuello para relajarse, “¡eres mi favorita!” “¡nunca lo olvides!” con respiración acelerada hace que de vuelta, ahora sus manitos se apoyan en los hombros del muchacho, “¡ahora papo quiere entrar en tu otra cuevita!” la agarra de los glúteos, la hace que las piernas rodeen las caderas, toma el tronco de verga y empieza a meter con ganas, ella siente toda la verga dentro y empieza a gemir cuando ese glande hace furor en las entrañas d ela pequeña, “¿te acuerdas de este lugar?” “¿sí?” “¡aquí papo entró a tu cuevita!” “¿te acuerdas?”, la niña asentía alegremente “¡acuérdate de este lugar!” “¡cuando vengas a bañarte!” “¡mira los alrededores!” “¡nunca lo olvides!” “¡aquí papo te hizo feliz!” las pelvis se pegaban con furor del movimiento que hacia el muchacho ella se aferraba a él rodeando sus bracitos al cuello, “¡así!” “¡mi pequeña!”, “¡siente que te lo meto a papo!”, “¡sé que te gusta!”, “¡sé que lo vas a extrañar!” “¿verdad?” la niña se aferraba con fuerza al sentir toda esa verga dentro de su panocha, dentro del agua la verga hacia movimientos, el cuerpo aligerado de la pequeña se acoplaba a la impetuosa manera de moverse del muchacho, “¡siente que te lo meto!” “¡así te hice mía!” “¡nunca lo olvide primor!” lentamente la aparta y hace que nade sobre la superficie, se sube la trusa, la niña llega a la orilla, el niño ya estaba bien y se mete al agua, el muchacho lo agarra por detrás, le abraza diciéndole al oído, “¡te voy a dar por el culo!” sin decir mas el niño siente manoseos en su culo, siente que la verga del muchacho va entrando en el recto, “¡vas a extrañar a papo!” “¿verdad?” el niño cabizbajo sonríe sintiendo que la verga entra en su culito, “¡debes cuidar tu hoyito hasta que yo regrese!” “¡me pertenece!” “¡es mío!” “¡nunca lo olvides mi amor!”, le daba verga deliciosamente, tomaba su tronco de verga para que le entre de mejor manera, “¡me gusta culiarte así!” “¡eres divino cuando te pones así!” “¡me gustas mucho mi precioso!”, la niña se lanzó al agua y rodeaba a los dos que estaban pegados dando sexo, a ambos marca, “¡mis dos tesoros!”, les daba besos en las mejillas, “¡los voy a extrañar!”, ellos lo abrazan, “¡te extrañaremos!” rieron de una manera muy abierta.
Al regresar a casa vieron el camión estacionado, los dos niños corrieron al encuentro de su padre dentro de la casa, lo encontraron marcando al niño, un cabizbajo muchacho se acercaba llevando el balde en la mano con pescados, la mujer los lleva a limpiarlos para prepararlos pues serán la cena de la noche, el muchacho sabía que tendría que partir, fue a arreglar sus pertenecías en las petacas, aquel hombre estaba de paso, al mediodía del día siguiente partiría a la ciudad llevando al muchacho a su trabajo, la madrugada la pasó sin dormir, escuchaba los resortes de la cama venido el sonido desde la habitación de los esposos, él entendía que seguramente estaban culiando, eso lo ponía molesto de celos, hacía puño en sus manos por su impotencia, respiraba hondo, al rato vino el silencio, se escuchaban pasos por el entablado, luego sonidos de orina sobre la bacinilla, seguramente eran las de ella, el silencio se presenta por largo rato, se oyen ronquidos de aquel hombre satisfecho seguramente de haberle dado verga a la mujer, vio una sábana que se deslizaba dejando ver el cuerpo de un niño que se dirigía caminando descalzo a su cama, “¿estás despierto?” “¡sí, mi pequeño!” la manito la pasó por el rostro del muchacho, “¿te vas al mediodía?” “¿verdad?” el muchacho tras la luz de luna asiente, “¡sí, me voy con tu padre!”, vuelve a pasarle la manito por el rostro, “¿Cuándo volverás?” el muchacho sonríe “¡quizás más pronto de lo que imaginas!” “¡de allá te traeré regalos!” “¡sí!” “¡muchos!” con su inocencia característica el niño brinca de gusto haciendo chirriar el entablado, “¡ven!” “¡acuéstate conmigo!” le abraza por detrás y pasa la nariz por su cuello, “¡eres mi favorito nunca lo olvides mi pequeño!” el niño asiente “¡sí, lo sé, por eso te extrañaré!” siente el pequeño que la verga empieza aponerse dura en la raja de su culito, siente que lentamente el pijama se desliza hasta llegar a sus muslos, su carita da con el colchón, “¡recuérdame así mi pequeño!”, abre el culo y le bota saliva, le mete el dedo, todo adentro, le hace gemir, le lubrica el culo con ese dedo, lo saca y lo huele, “¡es precioso!” “¡huele rico!” lo pasa por la nariz del pequeño “¡huele tu culo!” “¡promete que estando a solas te lo meterás así!” “¡al hacer eso te recordarás de mí!” “¿verdad mi pequeño?” el niño asentía al oler el dedo, se vio a la sabana caer al suelo junto con el pijama del muchacho y del niño, la verga entraba en el culo, el muchacho estaba encima del pequeño, alzaba y bajaba su pelvis, le estaba dando verga por el culo, “¡no me olvides!” “¡te amo mi pequeño!” “¡no me olvides!” lo gozaba deliciosamente, de pronto se detuvieron, se escuchaba toser, de inmediato el niño se baja de la cama tomando el pijama y se mete en la sabana poniéndose el pijama, lo mismo hizo el muchacho, se escuchaba el sonido del entablado, la mano de aquel padre orgulloso pasaba por el rostro de su hijo y luego por la de su única hija mujer a la que le dio un beso de buenas noches, luego se retiró cerrando la puerta, el muchacho quedaba inquieto, su verga humedecida, vio al niño que se quedaba dormido.
Los sonidos de los resortes de la cama continuaron en el dormitorio de los esposos, el muchacho hacía puños en la cama, ya se escuchaba el primer cantar de gallos, el alba aparecería pronto, vio hacia donde estaba la niña, se sentó en el extremo de la cama, sus pies descalzos tocaron el frio entablado, caminó hacia ella, lentamente se fue acostando detrás de ella, se cubrió con la sábana, le baja la pantaleta hasta la rodilla, le desliza el camisón de dormir, toca ese culito suave, pone los labios sobre la oreja diciéndole “¡todo esto es mío, soy el primero en comérmelo!”, al pasar las manos por el culito la niña se despierta, gira para verle, “¡sh!” “¡papo viene a jugar contigo!” ella se deja abrir las piernas, le acomodo para que roce sus caderas, la verga roza los labios vaginales y el monte de venus, de pronto siente que es penetrada, la verga va entrando y ella va gimiendo, “¡sh!” “¡vamos a jugar en silencio!”, “¡déjate culiar!” ya bien adentro la verga empieza a moverse en ese mete y saca, “¡así acuérdate de mi cuando orines!” “¡cuando botes orina!” “¡acuérdate de papo!” le daba con furos verga por esa panocha, ella se aferraba a los brazos de su iniciador, estaba acostumbrada a esas embestidas, “¡acuérdate de mí!” “¡acuérdate!” “¡vendré pronto para seguir jugando con papo!”, “¡acuérdate de papo!” “¡acuérdate!” le dio verga hasta detenerse dejándole el semen adentro, “¡si fueras mas grande te dejaría preñada!” “¡tendríamos hijos bonitos!” le dio un beso en la frente y con respiración acelerada le decía “¿sabes que yo hago hijos bonitos?” “¡con el tiempo te haría uno!” le miró “¿quieres tener un hijo conmigo?” ella asintió, estaba enamorada, se limitó a seguirle dando verga, la agarra bien de la cadera para que la verga entre con firmeza en esa panocha, “¡cuando regrese te haré un hijo!” “¡ya lo verás!” “¡pero mientras tanto debes guardar nuestro secreto!” le seguía dando verga, ella se dejaba complaciente pues ya estaba acostumbrada a la verga del muchacho que seguía embistiéndola, “¡tu panocha es mía!” “¡sólo mía!” “¡nadie más debe tocarla!” “¿me lo prometes?” la niña asentía, venían los gemidos cortos cuidando de no ser escuchado, era delicioso tenerla así a piernas abiertas a pies lanzados al air, bien agarrada de las caderas, esa verga entró en lo más profundo dejándole el semen, “¡ya está!”, “¡ya está mi pequeña!” “¡acuérdate de papo!” “¡míralo como sale!” por entre las piernas abiertas sale la verga con semen, la mira fijamente “¡papo está feliz de haber jugado contigo!” “¡pronto te hará un hijo!” “¡así del tamaño de tu hermanito!” “¿quieres?” ella asentía alegre mirando esa erecta verga “¡quiero orinar!” se baja de la cama, se acuclilla buscando la bacinilla debajo de la cama, su cuerpo desnudo se mostraba a la luz de luna, su culito voluminoso expresaba el deseo de la coja por ahí, el muchacho se sentó en la cama a verle a la niña sentada sobre la bacinilla, a distancia s escuchaba los ronquidos de los adultos, al levantarse se notaba algunas gotas de orina que se deslizaban por los labios vaginales, “¡ven aquí mi pequeña!”, la puso encorvada por el extremo de la cama “¡papo quiere jugar en tu otra cuevita!” se puso sobre ella, la toma de la espalda fijándole en la cama con la otra mano lleva el tronco de verga a la entrada del culo y procede a meterla, “¡recuerda a papo!” “¡recuérdalo!” ella gemía “¿lo vas a recordar?” ella asentía tras recibir las embestidas de verga por su culito, la verga humedecida entraba y salía por ese culito, era firme la entrada de ese tronco de verga, los huevos rozaban la piel de los glúteos, la tenía sometida a sus embestidas, ella recibía con agrado, la pelvis chocaba con ese voluminoso culito, “¡ah!” “¡cómo me gustas!” “¡te voy a extrañar mi pequeña!” “¡me gustas!” “¡mucho!”, “¡mucho!”, la verga rígida entraba en ese delicioso culito, ella suspiraba profundamente, le dio verga en esa postura hasta cansarse, lo hacía en venganza a la madre de la pequeña que no soportaba que se entregue a ese hombre, lentamente se aparta de ella, con papel la limpia, “¡anda a acostarte!” “¡jugamos muy lindo!” “¡como siempre!” le dio un beso en la frente y se fue a acostar.
El sol sale con todo su esplendor, al mediodía la mesa es un silencio, sólo hay miradas, el padre se despide de sus hijos sobre todo lo hace con más cariño de su tierno hijo, ante la mirada del muchacho y la mujer, los niños rodean con sus bracitos de las caderas del muchacho, los marca y les da un beso en la mejilla, “¡volveremos a vernos!” “¡muy pronto!” “¡les traeré regalitos!” ellos acariciaban las mejillas “¡deben portarse bien!”, “¡no se olviden de lo que les dije!” ellos sonreían de una manera cómplice, la mujer marcando a su tierno hijo junto a sus dos hijos agitaban las manos en señal de despedida, desde la ventana del camión el muchacho se despedía agitando las manos, atrás quedaba parte de su vida.
Esa noche era muy estrellada, la mujer acostaba a su hija y de pronto sintió una pesadez en su vientre, era igual que cuando estaba en espera de su último hijo, se sentó en una silla junto a la ventana tocándose el vientre, en el rostro se dibuja una amplia sonrisa, mira al cielo estrellado “¡es nuestro hijo!” “¡mi amor!” se crea la esperanza de un próximo encuentro, quizá para presentarle a su segundo hijo, lo tendría antes de que el muchacho cumpla la mayoría de edad, miraba hacia el pasillo donde estaba su cuarto, era aquel lugar testigo de su entrega.
En aquella hondonada un niño con su respiración acelerada, a su lado estaba la bicicleta, estaba descalzo, dio unos pasos y su pijama la bajaba a los muslos, estaba en cuclillas, había pedaleado hasta ese lugar y le ganó el micciar y defecar, pujaba recordando las palabras del muchacho “¡cuando defeques y orines acuérdate de mí!” así lo hacía cerrando los ojos pujando y jadeando, era gusto hacerlo pues con eso recordaba la verga del muchacho, miraba el cielo estrellado, se pasaba el papel para limpiarse, veía el resto de gotas de orina salir por su verguita, luego estaba acostado en posición fetal, con una mano se abría el culo y con la otra se pasaba limpiando la raja con el dedo que se lo llevaba a oler, respiró hondo, “¡te extraño!”, “¡regresa pronto!”, “¡te extraño!”, esas palabras viajaron por el viento, le hicieron abrir los ojos ala pequeña que a voz baja decía “¡te extraño!”, “¡regresa pronto!” y a la distancia pero al mismo tiempo se escuchaba a voz baja decir “¡pronto!”, al mismo tiempo los dedos del niño y la niña rozaban dentro de sus culitos, sus ojitos lentamente se cerraban, así se dibujaba el cuerpo en posición fetal de la niña en la cama y el del niño en aquella hondonada bajo la luz de las estrellas.
8=> ES EL FIN DEL PRIMER RELATO <=8

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