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Gays, Heterosexual, Incestos en Familia

Relatos del amigo caña hueca.

8=> 03: De cómo una niña siente que la jalea hace estragos en su panocha y culito virgen y un niño que descubre cómo ser culiado..
Para los habitantes de esa casa fue una sorpresa que el camionero jefe de familia haya llegado con muchos presentes para todos, por un par de días disfrutaban de su grata compañía, los hijos quedarían al cuidado del quinceañero para los posteriores tres días pues los esposos saldrían de viaje, el esposo había planificado el viaje de aniversario con su esposa.

La primera noche sin ellos el quinceañero durmió cómodamente en la cama amplia del cuarto de los esposos, para su sorpresa la pequeña se acercaba, gustoso la hacía meterse entre las sábanas, “¡ven, mi pequeña!” “¡la pasaremos bien jugando!” ahora ella solo tenía puesto el camisón de dormir con dibujitos infantiles que su padre le había comprado en su última visita, así que era más cómodo deslizarle el camisón dejándose tocar la panocha lampiña, se acostaban de perfil y la sabana se movía tras el movimiento de una pierna sobre la cadera de la pequeña, la acomodaba así para rozarle la verga, ella era muy pasiva, “¡qué linda eres!” bajaba su rostro y le daba besos, la carita rozaba el pecho, sentía el roce de la tiesa verga entre sus labios vaginales, giraba y ahora ella estaba acostada encima del pos púber, y así quedaban dormidos con sus genitales unidos.

A la mañana siguiente el pos púber sintió el movimiento de las manitos del pequeño en sus hombros, ese brusco movimiento casi desliza la sábana que cubría los dos cuerpos semidesnudos, era el momento de levantarse a desayunar, ya el sol aparecía por entre las montañas de esa mañana de campiña, al servirse dieron cuenta que faltaba la jalea, dio orden para que el niño traiga un pomo de la bodega, rato después el quinceañero reía ampliamente al ver la presencia del niño que se había caído y entraba con su ropa manchada de varios líquidos, le dijo de inmediato que se fuese a bañar, le dijo que espere sentado en la sala.

 

El quinceañero y la niña fueron a arreglar el desorden de la bodega, iban descalzos, ella tenía puesto su camisón y él sólo tenía puesto el pijama, ya terminaron de limpiar, al quinceañero s ele ocurre abrazarla por detrás, movía el bulto en el culito “¡eres una niña preciosa!” “¡muy buena!” “¡te quiero mucho!” le besaba el cuello deslizando su nariz por la mejilla, se notaba su felicidad, miraba el alrededor, fue a poner seguro a la puerta de la bodega, arrimado a la puerta se deslizaba el pijama hasta los tobillos “¡mira!” observaba la verga tiesa “¿te gusta?” sonreían “¿quieres jugar con papo?” ella seguía riendo “¡ven, tócalo!” pasaba las manitos por el tronco de la verga “¡papo quiere jugar allí!” el dedo del quinceañero señalaba la panocha vestida, vio que el quinceañero se quedaba completamente desnudo en su delante, ella alzaba los bracitos por donde se deslizaba el camisón quedando desnuda frente a él, ella se mostraba al natural a si desnuda, le tenía confianza, le marcó dando vueltas, “¡mi pequeña!” “¡te quiero mucho!”, teniéndola marcada le daba piquitos de besitos, “¿quieres jugar con papo?” ella asentía con su respuesta inocente, tenía rodeados los bracitos en el cuello del quinceañero.

Le hizo rodear las piernitas sobre sus caderas sosteniéndola de los glúteos, haciendo que la verga quede rozando la panocha, “¡así me gusta tenerte!” “¡mi preciosa!” “¡me gustas mucho!”, la verga rozaba esa panocha, la punteaba, después la puso en el suelo, le hizo encorvar en el filo de la mesa poniendo su carita sobre la mesa, untó un poco de jalea en el dedo y le fue pasando por la rajita del culo, luego pasaba la verga por la rajita “¡cómo me gustas mi pequeña!” ella sentía las punteadas del glande en la entrada de su culito, el glande estaba humedecido de jalea, la hizo girar para que su verga roce los labios con su glande y tronco, “¡abre la boquita!” ahora el glande por vez primera entraba en esa boquita, para ella era su primera vez, los restos de jalea quedaban en labios e interior de su boquita, “¡así!”, “¡prueba de tu culito!” el quinceañero reí de ver a la niña chupando ese glande y lamiendo el tronco del pene llegando a los huevos.

La recuesta abriéndole de piernas, le pasa jalea por la panocha, ve que el glande y el tronco de verga se deslizan por los labios vaginales, la puntea suavemente, haciéndole gemir, “¡ah!”, ese gemido es prolongado, el glande ampliaba la forma de los labios vaginales, entró un poco más fue cuando exclamó “¡ay!” “¡ay!” se queda quieto en el movimiento, sonríe viéndole el rictus en su carita de niña inocente, desliza la verga hasta llegar a los labios “¡ahora prueba de tu panocha!” “¡chupa a papo!” “¡vamos!” “¡chúpale!”, obediente con suavidad como le había enseñado se metió el glande en la boca, la lengua pasaba por entre los huevos, la punta del glande rozaba la frente de la pequeña dejando hilillos de restos de jalea, el quinceañero se dedicó a chuparle la panocha tratando de lamerle todo el resto de jalea, “¡date vuelta!” le dijo ahora para chuparle el culito tratando de quitarle los restos de jalea.

Lo estaba haciendo de buen agrado y ella sentía una grata sensación hasta que fueron interrumpidos por los golpes en la puerta de la bodega, era el pequeño anunciando que se había bañado, de súbito el quinceañero hizo un poco de silencio, dio vuelta a la niña abriéndole de piernas al viento sujetándola de la cintura y cuando estaba rozándole la verga en la panocha le decía al niño que espere en la mesa de comedor, la pelvis y el pene rozaban en los glúteos, “¡así!” “¡me gusta culiarte!” “¡eres mía!” “¡sólo mía!” “¡mía!” exclamaba fuerte “¡igual que tu madre!” “¡igualita!” le besaba mientras rozaba el glande en la panocha “¡te parces mucho a ella!”, ya muy caliente toma el tronco del pene haciendo de puntadas tratando de penetrar aún más esa panocha virgen, “¡ay!”, “¡ya!”, “¡me duele!”, “¡me duele!” “¡ya, no!” el quinceañero escuchaba ese clamor de la pequeña, entendía que esa panocha estaba cerradita a su edad, le vino el gustito de lanzar el semen que se impactó el primer lance en la altura del ombligo y los dos lances más mojaban la pelvis y rajita de la panocha, ella quietecita se sentaba mientras el quinceañero apartaba su verga, ella se miraba el semen en su piel, la verga se agitaba, le puso una mano en el pelo y la otra agarra la verga para pasarla por los labios y mejillas, “¡abre!” “¡vamos!” “¡abre la boca!” ella obediente lo hace “¡prueba mi leche de macho varón!” ella lo prueba por vez primera con su sabor ligeramente salado, algo amargo, pero disimulado por los pocos restos de jalea.

Ya no se escuchaba el toque de la puerta, “¡ven!”, “¡vamos a lavarte!”, sorpresivamente en parte con su lengua y con el reverso del pijama le limpiaba el culo y la panocha, le manoseaba el culito, golpeaba su respiración el cuello de la pequeña, “¡esta noche jugaremos otro poco hasta quedar dormidos!” “¿quieres?” “¿sí?” la pequeña asentía dejándose llevar por los manoseos del quinceañero, con el pijama se limpiaba la verga, le puso el camisón llevando el pomo de jalea y con una mano guiaba en el camino a la pequeña.

Para su sorpresa, vio al niño que tenía puesto sólo una trusa, estaba acostado en el piso con sus bracitos estirados jugando con unos autitos, se notaba una mancha en la raja de su culito, al quinceañero le llamó la atención esa mancha, seguramente no se había limpiado bien el culo, en realidad mientras estaba a solas el niño se había punteado una zanahoria, quedando la mancha sin que lo notase por la inocencia del acto, pasaron a desayunar informando a los niños para ir al pueblo, muy contentos aplaudían, la pasaron muy bien allá, no sentían la ausencia de sus padres, se encargó de que fuese así.

Al llegar la segunda noche del cuidado de los niños, el quinceañero estaba acostado escuchando radio en el dormitorio de los esposos los cuales habían confiado el cuidado de los niños, esperaba que el niño se duerma para traerla a la cama a la pequeña, ya pensaba en lo que esa noche haría con ella, le puntearía un poco más el culo y la panocha, estaba con la intención de poco a poco tratando de hundirle más la verga, pensaba como comerse ese culito y esa panochita, de pronto se escucha sonidos de pasos en el entablado, luego se ve el movimiento de la puerta de la habitación, luego una silueta que se arrima al marco de la puerta que estaba entreabierta, era el pequeño algo asustado, “¡soñé algo feo!” le dijo con cierta respiración acelerada, al verle tembloroso el quinceañero sonrió amigablemente diciéndole que se acerque, se metió en la cama debajo de la sábana, se acostó de perfil delante del quinceañero, sentía el bulto del quinceañero sobre su culito, recordaba lo que le hizo aquel muchacho en la hondonada cerca del río, en su mente infantil inocentemente asociaba la idea que estaba jugando y que ese bulto era como el de aquel muchacho, el pequeño suspiraba, sintió el roce de los labios del quinceañero por su pelo, su carita estaba apoyada sobre sus bracitos, le acariciaba el pelo al pequeño que de nuevo suspiraba de gusto,  “¡no debes tener miedo mi pequeño!” “¡calma!”, “¡todo está bien!” poco a poco el pequeño se iba durmiendo con las caricias que recibía en su pelo y los frotes de los brazos junto con el canto del ro, tiempo después ya estaba dormido profundamente, lentamente se apartó del pequeño, vio la entrepierna del pijama algo húmeda, se había orinado, se detuvo a olerle, era orina, vio sus pies bien formados con esos dedos alargados igual que sus manitos, se parecían mucho a los de su hermana, sin duda que esos dedos los niños lo habían heredado de su madre, quién más que él para ratificarlo pues conocía a la madre de los pequeños de una forma muy íntima

Recordó que debía ir a donde estaba la pequeña, pero no pudo pues ella pues para su grata sorpresa ella se encontraba en la puerta, sus manitos se movían circularmente en los ojos y además de su boquita salían bostezos, sin perder tiempo le marcó, le dio besos en el cuello y las mejillas, ”¡mi pequeña!” ”¡mi bebita!” le daba repetidos besos en la frente que le hacían reír, ”¡viniste a verme!” “¿quieres jugar?” vieron al niño tendido en la cama a piernas abiertas con una manchita de orina en la entrepierna, sus bracitos estirados acostado boca arriba mostrándose los labios humedecidos, ”¡aquí ya no podemos!”, ”¡está tu hermanito!” le dio un beso en el pechito ”¡mejor vamos a mi cama!” “¿quieres?” ella asintió algo dormida ”¡bien!” ”¡vamos, mi pequeña!”, le llevó marcada hacia la habitación donde dormían, ”¡aquí jugaremos, mi pequeña!” despacio le acuesta en la cama, ella mira que el quinceañero se baja el pijama, ”¡mira a papo!” ”¡quiere jugar allí!” le decía señalando con el dedo la panocha vestida, “¿quieres jugar con papo?” le preguntaba sonriente, movía a los lados ese tronco de verga tieso, estaba deseosa de poseerla, ella sonreía moviendo afirmativamente la cabeza con rezago de sueño, ya estaba próxima la llegada de la medianoche, tiempo ene l cual el quinceañero desliza el camisón de la pequeña hasta su pechito, ve cómo se pone encima suyo, puja levente al sentir el peso del muchacho, siente el roce de esa verga tiesa en la entrada de la panocha, las pelvis empiezan a moverse, el glande puntea los labios vaginales, ”¡que bien que juegas mi nenita preciosa!” le decía para estimularle su pasividad de niña inocente, ”¡eres una niña buena!” ”¡eres muy bonita!” ”¡te quiero!” le decía para entrar en confianza y afincar la leve penetrada en la panocha que le hacía algo gemir.

Deseaba abrirse más las piernas para cogerla mejor a la niña, dio cuenta que mejor era quitarse la ropa, le sentó en el extremo de la cama, ”¡déjame quitarte esto!” ”¡bien!” ”¡eso!”  ”¡así está mejor!” le vio esa rajita humedecida ”¡abre las piernas!” le fue recostando dejando los piecitos al aire sobre el filo de cama, lentamente su cuerpo descansaba sutilmente sobre el de la pequeña, ”¡quiero sentirte piel a piel!” ”¡así jugamos mejor mi pequeña!” la pelvis se alzaba y bajaba se notaba la raja del culo del quinceañero cuya cadera iba arriba y abajo haciendo que en ese movimiento se deslice el pene sobre la panocha de la nena, ”¡ahora date la vuelta!” ”¡vamos a jugar en tu potito!”, con la lengua le pasaba saliva por la rajita, le chupaba el culo, mordía suavemente los glúteos, ”¡está precioso!” ”¡me gusta mucho jugar aquí!”, con placer disfruta el deslizamiento del glande, el tronco de la verga y los huevos que deslizaba en ese culito, la nena se dejaba, en eso que escuchan pasos en el entablado, de manera rápida toma a la niña y junto a ella se cubren con la sábana, el niño se acercaba, vio el camisón y el pijama en el suelo, sigue su camino hasta el filo de la cama del quinceañero, bosteza diciendo ”¡me da miedo!” ”¡no quiero estar solo!” el quinceañero le indica la cama, ”¡ve a tu cama, acuéstate, de aquí te observo!” el nene movía negativamente la carita, ”¡quiero estar con ustedes!” el quinceañero sonrió, ”¡bueno!” le hizo acostar de perfil a un lado de ellos fuera de la sábana, sus manitas trataban de cubrirse con la sábana, el quinceañero logra cubrirle, ”¡no te muevas mi pequeño!” ”¡quédate quietecito!” empezó a hacerlo dormir, al rato vio a su lado que la niña también dormía, lentamente se aparta de la cama, así desnudo maraca a la pequeña desnuda, no dio cuenta el momento en que el niño entreabrió los ojos viendo que el quinceañero acostaba a su hermanita en la camita de sábanas con bordados y encajes rosados, la acostó y el quinceañero se acuesta encima de ella teniendo sujeto el pene y con el otro brazo estirado con la mano apoyada en el colchón apunta el glande en dirección a la panocha ”¡debo acabar!” ”¡te voy a dejar mi  leche en tu panocha!” la niña no escuchaba estaba profundamente dormida, empezaron los roces en la panocha, punteaba y en esas punteadas ella se despierta, sin perder tiempo le dijo ”¡vamos!” ”¡date vuelta!” ”¡mejor te doy por el potito!”, ella lo hizo, el niño miraba que su hermanita ponía su carita sobre sus manitos  apoyadas en el colchón, se notaba ese culito desnudo, sus piernitas rellenitas,  el quinceañero ahora tomaba su pene punteando la entrada del culito, el movimiento de pelvis se incrementaba, así como el deslizamiento del pene por entre la raja del culito, encima de ella se veía la pelvis alzándose y bajándose, ”¡qué rico culo tienes, mi niña!” el niño miraba el rostro relajado de su hermanita cuyo cuerpo se movía adelante y atrás suavemente, se mostraba como que parecía gustarle, de pronto se escucha un gemido del quinceañero ”¡ahh!” ”¡ya está!” ”¡ya me comí ese culito!” para el niño esa frase era igual a la que le recordaba aquella vez que le salió de boca de aquel niño en la hondonada luego de dejarle semen en los glúteos, continuaba mirando al quinceañero que le limpiaba la panocha “¡eres muy linda!” “¡ya tendrás tu premio por jugar conmigo!” “¡muy pronto!” “¡ya lo verás!” le dio un beso en la frente cubriéndola con la sábana, sintió que se acercaba, marcaba al pequeño dejándole en la cama, se hizo el dormido, le acarició el pelo y la frente dándole un beso en la mejilla “¡duerme mi campeón!” “¡tú también eres un niño muy bonito!” ese halago caló hondo en su ser, al quinceañero le vio acostarse en la cama, suspiraba hondo, el niño se metía la manito deslizándola por el coxis y llegando a la raja de su culito, se punteaba el culito recordando los consejos que aquel muchacho le dijo en la hondonada, con la otra mano se estiraba la verga estando así acostado de perfil, sentía el descubrimiento del placer al hacerlo, notaba lo erecto de su verguita lampiña, y el latir de su culito al meterse el dedo, seguía suspirando, vio que el quinceañero le miraba esos movimientos, rápidamente se saca la mano del pijama y luego la otra, el quinceañero miraba con detenimiento la carita del niño, sonrió, instintivamente el pequeño se llevó a oler el dedo luego de haber tenido punteando su culito, el quinceañero le sonreía, el pequeño tímidamente logra deslizarse la sábana cubriéndose el rostro.

5 Lecturas/28 julio, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: culo, hermana, hermanita, hermanito, madre, padre, semen, viaje
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