Relatos del amigo caña hueca.
8=> 04: De cómo la panocha y culito de una niña se comporta teniendo tan cerca una verga tiesa y de qué forma el niño aprende a “jugar” más allá de lo que se imaginaba..
Se escucha el canto de los gallos en esa casa en la campiña, el quinceañero se despierta dando vueltas en la cama debido a un frío mañanero, eso hizo que su verga se entiese un poco, se estiraba brazos y piernas, y se metía las manos dentro del pijama manoseándose la verga que de poco en poco se entiesaba, bostezaba, se puso en pie viendo salir el sol, se bajó el pijama mostrándose lo tieso del miembro, sonreía al verle así de tieso, lo manoseaba a ojos cerrados, se jactaba de que su verga se “comía” el culo y panocha de madre e hija, a cada una en ausencia de la otra, movía la verga a la luz, escucha detrás unos pasos que se acercan, de súbito se mete la verga en el pijama, gira y para su sorpresa grata era la pequeña que se acercaba descalza bostezando y frotándose los ojos, “¡mi pequeña!” le marca dándole besos en las mejillas y frente, miraban el amanecer uniendo sus mejillas, le señalaba la salida del sol, ella continuaba bostezando, uno de sus piecitos descalzos rozaba la verga dentro del pijama, “¡lo estás tocando a papo!” le dijo a la tierna niña que continuaba rozando con su piecito, “¡oye!” “¿quieres ver cómo está papo?” ella asentía muy alegre, sin duda quería verle, “¡ven!” “¡siéntate para que lo veas!” el quinceañero dejaba sentada a la pequeña a filo de cama con sus piecitos agitándose al viento, sus manitos apoyadas en el borde de la cama, dio un par de pasos y se deslizaba el pijama mostrándole la prominente verga tiesa, le fue acercando “¡mira a papo!” “¡está muy feliz al verte mi pequeña!” “¡quiere jugar con cuqui!” señalándole con el dedo la panocha dentro del camisón de dormir, se acercó a acariciarle el rostro, a señal del quinceañero levanta los bracitos por donde se deslizaba el camisón de dormir quedando desnuda completamente, reía al verle desnuda en su delante, le abrió las piernas, la panocha se veía bien expuesta, el glande rozaba los labios vaginales, “¡toca a papo!” la verga rozaba la barriga y pecho de la niña “¡papo quiere jugar!” acercaba los labios para rozarle a los labios de la pequeña, le besaba de tal modo que ella iba aprendiendo sobre todo cuando le decía que abra la boca para introducirle la lengua, ella sentía extrañeza pero no paraba de sonreír, “¡mi pequeña!” le miraba a los ojos “¡qué linda eres!”, le acariciaba el pelo al mismo tiempo que le rozaba la verga en los labios, le fue besando desde el cuello pasando por el pecho, barriga hasta besar la pelvis y le lamía la entrada de la panocha, “¡papo va a jugar!” el glande punteaba la entrada de la panocha, la pelvis se movía, sentía la tibieza de esa piel, “¡vamos!” “¡acuéstate!”, le recuesta algo encorvada sobre la cama, empezaba a puntearle tratando de penetrarle.
La pelvis del quinceañero cubría a la pelvis de la pequeña, la verga se deslizaba, ella daba cortos gemidos, sentía sobre su piernitas el roce de las piernas del quinceañero, la respiración aceleraba en el quinceañero, le gustaba tenerla así, a su dominio, a su necesidad de poseerla sutilmente, así de unidas las pieles desnudas, estaba logrando puntearle deliciosamente hasta que la niña empieza a moverse bruscamente al sentir el dolor, en eso se escuchan pasos sobre el entablado, el quinceañero reacciona a cubrirse de la sabana con la niña, el pequeño se acercó con ojos entreabiertos y bostezando, “¡tengo hambre!”, jalaba la sábana, quería estar dentro junto con ellos, vio el pijama junto al camisón en el suelo, el quinceañero responde rápidamente “¡espera en la cocina!” “¡ya bajo a servirte!” “¡estoy atendiendo a tu hermanita!” el niño miraba el movimiento de la sábana y la muestra de los pies del quinceañero salidos de la sábana, “¡anda!” “¡ve!” “¡ya te preparo!” mira al niño que gira su cuerpo en dirección a la puerta se mete la mano por detrás del pijama rozando el dedo en la raja del culito y de inmediato se saca el dedo pasándose por la nariz, al ver eso el quinceañero sonreía al verle que se metía la mano al pene y lo estiraba por dentro, el quinceañero se preguntaba en qué momento aprendió eso, pensó seguramente que lo habría visto, al ver salir al pequeño de la habitación reacciona rápidamente, “¡vamos mi niña!” “¡voltéate!” “¡así!” la pelvis del muchacho rozaba los voluminosos glúteos de la pequeña, el tronco del pene se deslizaba “¡ahora te voy a dar por el culo como a tu madre!” el tronco de verga se deslizaba entre la rajita del culo, le vino la sensación del gustito de acabar, lanza la sábana al piso, se veían descubiertos esos dos cuerpos desnudos, el quinceañero estaba encima de la nenita alzando y bajando la pelvis hacia adelante y atrás, la cama se movía, del glande sale semen, que impacta en la espalda y separación de los glúteos, estaba feliz eyaculando plácidamente, sobre el pecho estaba la cabeza de la niña, buscaba besarle, quedaba por unos instantes acostado sobre ella, pujaba a l sentir el peso del quinceañero de lo que dio cuenta al levantarse tenía en su barriga y pecho restos de semen, la dejó acostada en la cama diciéndole a la pequeña que no se mueva, pasó el pijama tratando de quitarle parte del semen de su piel, “¡ponte esto rápido!” le puso el camisón y la llevó de la mano a la cocina a preparar el desayuno.
Comían alegremente haciendo cosquillas a los pequeños, estaban pendientes de la llegada de los esposos, lo harían llegada la noche de ese domingo, el camisón de dormir empezaba a oler a semen, el quinceañero decidió bañarlos, lavaba la ropa mientras los niños jugaban en la tina con agua, les miraba los movimientos de caderas, le llamaba la atención que a cada momento el niño se rozaba el dedo en el culo, luego se estiraba la verguita que mostraba una puntita en la tela de la trusa, mientras que en la pantaleta de la niña se notaba amoldada los labios vaginales humedecidos que estaban chupados al molde de la tela humedecida, lo que le daban ganas de cogerla, los niños corrían descalzos con sus cuerpos humedecidos por la corta grama silvestre del lugar, se acostaban en el suelo mostrándose los culitos voluminosos, el quinceañero miraba en especial el de la pequeña cuya rajita de delineaba en la tela de la pantaleta, estaba bien chupada y la rajita era muy visible, alzaba sus piernitas poniendo los piecitos al viento, luego los bajaba dando vueltas con su cuerpo por el piso, no importaba llenarse de tierra húmeda si ya pronto vendría la ducha, brincaban alegres con sus pies descalzos sobre los charcos simulando ser sapitos, el quinceañero se unió a los juegos correteándoles, montándose sobre ellos haciéndoles cosquillas.
Algo que le llamó la atención era actitud del niño que cuando estaba sentado sobre su entrepierna movía su culito en forma circular como que le agradaba mucho hacer eso, luego en espacios de tiempos mientras jugaba en el suelo con la niña dando roles le miraba al niño a distancia que se inclinaba y se punteaba graciosamente el dedo en el culo, en otras ocasiones al sentarse se recostaba estirándose la verguita, su acercamiento era cada vez más íntimo, se unían los cuerpos en un abrazo y el pequeño quedaba debajo del cuerpo del quinceañero y allí inocentemente traba de alzar y bajar las caderas insinuante ese movimiento en el sexo, le marcaba y dócilmente el pequeño ponía su carita en el pecho en señal de seguridad, sus dos manitas se apoyaban en sus hombros, esa ternura era evidente y que por vez primera así era como la percibía el pos púber, crecía inusitadamente esa atracción, le miraba y le sonreía volviendo a pegar su rostro en el pecho del quinceañero, estaba muy feliz que lo tenga así, lentamente le puso en el suelo y empezó a girar en el piso sujetándole, para el niño eso era como la gloria, la niña entra a la letrina, los dos varones siguen dando vuelta en el suelo, de pronto el niño queda encima, sorprendentemente alza y baja su pelvis, hace movimientos como de luchitas, en los que el muchacho sigue el juego, de pronto desde la letrina la niña llama al muchacho, no hace caso al llamado y sigue jugando con el pequeño, luego se ve a la niña arrimada al marco de la puerta de la letrina con la pantaleta en mano, le hizo señas volteándose y mostrando excremento que le recorría por los muslos de sus piernas rellenitas, de inmediato se mete a la letrina con ella, de verla así con el culito expuesto le calentó la idea de poseerla, le dice al niño que llene tienda la ropa.
El quinceañero cierra la puerta y le limpia el culo inclinándole de modo que sus manitos se apoyaban sobre la letrina, le pasaba jabón limpiándole la piel del excremento, se le ocurrió llenarle de espuma de jabón el culito, l trusa que llevaba puesta el quinceañero la deslizó por sus piernas, alzando los pies para quitársela, le toma de las caderas a la nena, “¡tranquila mi bebé!”, “¡quietecita!”, “¡papo quiere jugar contigo!”, “¡siéntelo un poco!”, “¡te va a encantar!”, la tenía bien agarrada de la cadera con la punta del glande entre la rajita que se deslizaba, ya ella sentía las puntadas, le golpeaba los glúteos con el glande y el tronco de la verga, se inclinaba para besarle la espaldita húmeda, “¡me estoy comiendo este potito!” decía con complacencia, se aparta de la pequeña y comienza a manosearse la verga, la gira de las caderas “¡ahora date vuelta!” “¡acuéstate!” se arrima de la letrina a piernas abiertas, le pone jabón en la panocha, el glande ahora puntea, “¡agárrate de mí!” “¡te voy a culiar rico!” ella se agarraba de los hombros, y él la sostiene de las caderas empujando la pelvis hasta sentir el roce de la verga por esa panocha con espuma de jabón, apretaban esas manos, el glande entraba un poquito por esos labios vaginales deformándolos con la presión del glande, la niña gemía “¡ya!” “¡duele!” “¡ya!” “¡duele!” le decía con angustia, le había metido unos milímetros más del glande.
Esos gemidos y chillidos hicieron alerta en el niño que se acercaba a ver por la hendija de la pared de madera qué estaba ocurriendo con su hermana, “¡tranquila mi bebé!” vio las piernas de su hermanita abiertas rodeando las caderas del quinceañero que la sujetaba haciéndole movimientos hacia adelante y hacia atrás, la estaba culiando, sí, eso estaba haciendo, tal como aquel muchacho le hizo en la hondonada cerca del río, miraba al cuerpo desnudo del quinceañero sentarse sobre la letrina, a ella la sentaba sobre sus muslos, ella miraba salir por debajo de su panocha la verga, “¡míralo a papo!” “¡quiere jugar con tu cuqui!”, “¡míralo, le caes bien para jugar!” el niño estaba muy atento a los movimientos del quinceañero y de su hermanita, de cómo le manoseaba los muslitos dándole besos en el pelo, vio que la levantaba de las caderas y la verga punteaba el culo al bajarle, ella bufaba y de nuevo gemía “¡ay!” “¡ay!” “¡ya!” “¡ya!” el quinceañero no paraba de besarla sentándola sobre los muslos velludos, “¡eres tan bonita!” “¡que eres mía!” el niño se sorprendió viendo el roce de los labios y luego esos besos apasionados, la lengua entraba en la boca abierta de la nena, “¡ya besas rico mi amor!” “¡ven sigamos haciendo jugar a papo y a cuqui!”, te voy a enseñar algo delicioso.
La nena se sienta en la letrina abierta de piernas, el quinceañero le chupa la panocha, el niño estaba inquieto, sintió parársele la verga, miraba que el quinceañero le acariciaba el rostro a su hermanita, “¡abre la boca!”, “¡vas a chupar a papo!”, el glande entraba por la boquita, la mitad se pudo, lo sacó con el temor que roce los dientes de la pequeña, el niño observaba y recordaba lo que hizo en la hondonada, el glande rozaba circularmente los labios de la pequeña, “¡te gusta papo!” “¿verdad que sí mi pequeña?” ella tímidamente sonreía y asentía, el pequeño de cinco años miraba esa expresión del rostro de su hermanita, entendía que le gustaba ese “juego”, el quinceañero la marcaba alegre “¡mi pequeña!” “¡te gusta papo!” “¡te gusta papo!” “¡a mi me gusta tu cuquita!” “¡es muy preciosa!” “¡déjame cogértela!”, el niño vio a través de la hendija de madera que el quinceañero hacia que las piernitas de la nenita rodeasen las caderas, con muna la sostenía y la llevaba a puntearle la panocha con el glande, “¡ah!” ella gemía “¡ah!” abriendo ampliamente la boca, “¡ah!” a ojos abiertos con extrañeza sentía ser punteada en su panocha, trataba de apartarse por el dolor, “¡tranquila!”, “¡ven!” “¡siéntate acá!”, el niño vio a su hermanita sentada sobre la letrina, abre la boca y ve que el glande se introducía de a poco en su boca, “¡que linda boca tienes mi hermosura!”, el glande apenas entraba y salía al mismo tiempo que se masturbaba la verga, le vino el gustito, el glande estaba cerca de la boca abierta, un chorro de semen cayó en las mejillas y en uno de los ojos, otro en el maxilar y otros en el resto de la carita y dentro de la boca, la saliva al escupir salía con el semen, rápidamente le enjabonaba el cuerpo y le bañaba, “¡vamos!” “¡tu hermanito nos espera!” al escuchar que se referían a él salió corriendo del lugar.
Se quedaba tendiendo la ropa, el quinceañero lo toma por detrás de las caderas, se deja marcar, recibe besos en el cuello, le hacía mimos marcándole, daban vueltas por el suelo, quedó de carita al suelo, sintió la mano del quinceañero dentro de su trusa, luego el pase del dedo sobre el culito, “¡te gusta metértelo!” “¡travieso!”, se dejó manosear el culo, le pasó el dedo por la nariz, sintió que le deslizaba la trusa y que le manoseaba el culito, luego sentía mordidas en sus glúteos, “¡qué lindo potito!” sintió leves cachetadas en los glúteos, le gustaba mucho, de pronto le levanta, la niña estaba sentada pensativa viéndoles jugar de ese modo, “¡arriba campeón!”, “¡vamos a almorzar y después la siesta!” “¡esperaremos a sus padres al anochecer!”, los tres se bañaban y fueron al interior de la casa.
Era el momento de la siesta, el pequeño se había quedado dormido recostado en un sillón, por su lado el quinceañero llevaba marcada a la nenita que se quedó dormida en el otro sillón, la lleva a acostarle en la cama de los esposos, justo allí donde el quinceañero y la tía política hacen sexo, la carita inocente se mostraba en la pequeña con sus ojitos entreabiertos, bostezaba, se notaban esos labios brillosos de saliva, le besaba desde los pies hasta la cabellera, a voz baja en el oído le decía “¡eres tan linda!” “¡mi preciosa!”, le besaba las mejillas “¡me acostaré contigo!” se metieron entre la sábana, salían los pies de ambos, la sábana se movía ante el movimiento de las manos del quinceañero, salía la pantaleta hasta el borde de la cama, la acostó encima de su cuerpo, la carita se apoyaba en el pecho, le acariciaba el pelo diciéndole tiernamente “¡vamos a hacer jugar a papo y a la cuqui!” “¿quieres?” asentía la niña viéndole a los ojos al levantar su carita, la sábana empezó a alzarse y bajarse, por dentro sujeta de las caderas la nena se movía, su panocha rozaba la verga, los piecitos se movían, al roce de uno de los pies la pantaleta caía al piso, se incrementaban los movimientos, la alzaba y la bajaba, cerraba los ojos “¡así mi nena!” “¡culéame!” “¡culéame!” “¡así!” “¡muévete!”, le animaba a seguir a la nena, ella ahora lo hacía voluntariamente sola, la sábana comenzó a deslizarse de tanto movimiento brusco de la pequeña que de a poco se deslizó cayendo en el suelo junto con la pantaleta, se notaba a la nena que alzaba y bajaba la pelvis chocándola con la del quinceañero, “¡vírate!”, la nena ahora estaba con su carita rozando la verga tiesa mientras el quinceañero tenía a su gusto el culito de la pequeña empezando a chuparle la rajita, “¡papo quiere que le des besitos!” “¡vamos, dale!” ella con sus manitos tomaba el tronco de verga y se llevaba el glande a los labios besando con prisa, “¡despacio mi pequeña!” “¡despacio!” le alzaba y le chupaba la panocha y ella seguía besándole la verga tiesa, “¡ahora papo quiere dejarte leche!” “¡ven!”, “¡date vuelta!”, el culo visible brilloso de la nena se mostraba a vista del quinceañero, estaba feliz sosteniéndola de la cintura y viendo puntear y deslizarse al tronco de verga por entre la rajita del culito de esa preciosa nenita, “¡ah!” “¡ya casi!” “¡mi pequeña!” “¡ya casi!” se movía más la verga por el culito “¡ah!” “¡ya!” “¡ya!” “¡ah!” el semen salía a la espalda y culito de la nena, “¡ah!” “¡ah!” “¡tu culo es mío!” y así punteaba el glande en el culito, toda esa parte del cuerpo de la nena quedaba mojado del semen, se inclinó a besarle el pene “¡eres muy linda y valiente!” “¡te quiero!”.
No dio cuenta de la entrada del pequeño, curiosamente se sentó en su cama sin decir palabra alguna, el quinceañero estaba sorprendido de verlo allí despierto luego de la siesta, el quinceañero sólo atinó a decirle que: ”¡estaba ayudándole a dormir a tu hermanita!” ”¡estábamos jugando!”, al apartarse de la nenita se daba a mostrar que la verga estaba humedecida de semen, el pequeño recordaba la verga de aquel muchacho de la hondonada junto al río cuya verga estaba humedecida goteando semen, miraba al quinceañero que tomaba papel para limpiarse la verga, bailaba al hacerlo con la idea de que el niño lo tome como algo natural de juego, vio que las manos del quinceañero pasaban por el culo de la niña sacándole el semen, ”¡ayúdame a limpiarle!” las manitos del pequeño pasaban por la piel del glúteo de la hermanita, ”¡lo haces bien!”, le tomaba de la manito conduciendo los dedos a rozar el glúteo de la hermanita, ”¡siente lo suave que lo tiene!” “¿le hiciste antes esto?” el niño movía negativamente el rostro con algo de curiosidad y sorpresa, “¡deberías de hacerlo más seguido para ayudarle!” le tomaban de las piernitas a la pequeña doblándola cuyas rodillas llegaban al pecho, pasaba el papel viendo esos rozagantes labios vaginales, allí quedaba dormida la pequeña luego de recibir sexo del quinceañero, le marcaba al pequeño llevándole a su cama, le decía, ”¡ven!” ”¡vamos a que te acuestes acá!” “¡duerme conmigo mi pequeño!”, el niño quedaba complacido abrazado por detrás de aquel muchacho, movía las caderas y el culito buscando el bulto del muchacho para sentir el roce, le gustaba que le abracen por detrás, se sentía seguro en sus brazos, de poco en poco el quinceañero le iba tomando cariño al pequeño.


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